POV Draco
—Y que hacías sola esa noche que te encontré, ¿por
qué no estabas con tus padres? —le pregunté.
No me respondió, solo empezó a llorar, otra vez
lloraba, cuando la conocí también estaba llorando, pero verla llorar frente a
mí hizo que algo dentro de mí se rompiera, me dolía su dolor, me dolía ver en
ese estado de tristeza. Así que sin importarme su reacción me acerque a ella y
me senté al borde de la coma y la tome de la manos, su temperatura estaba
elevada, parecía que estaba con fiebre.
—Escapaba… —respondió, con esfuerzo.
—¿De tu familia? —indagué.
—No. Escapaba de la culpa y el dolor.
Escapaba «de la culpa y el dolor» dijo, pero ¿culpa
de qué? Ella no parecía una mala persona. También escapaba del dolor, eso no me
gusta, porque eso significaba que alguien la había lastimado. Lo único que hice
fue apretarle un poco las manos para hacerle saber que no estaba sola, que de
ahora en adelante ella podía contar conmigo.
Ella continúo llorando. ¡Rayos! No me gustaba esta
sensación en mi pecho al verla llorar, pero menos me gustaba verla llorar, sus
hermosos ojos chocolates estaban tristes y rojos. Sin pensarla la abrace, sentí
recorrer como una electricidad cuando sentí su cuerpo pegado al mío, ella al
comienzo ella se quedó quieta, me imagino debido a la sorpresa, pero luego
apoyo su cabeza en mi pecho y siguió llorando, no me importo que mojara mi
camisa con sus lágrimas, yo le daba suaves palmadas en la espalda para
calmarla. Me daba ganas de meterla dentro de una burbuja para que nada ni nadie
la volviera a lastimar.
«¿Pero qué te pasa con ella, Draco?», me preguntaba.
Nunca me había comportado de esta manera con nadie, pero desde el primer
momento que la vi, siento que debería de protegerla, de quererla, porque sin
ella mi vida no tendría sentido.
—No llores más, Renesmee —le susurré, estaba vez
pronunciando bien su nombre.
—Yo tengo la culpa, yo tengo la culpa de todo, su
tan solo le hubiera hecho caso cuando él me dijo que me fuera a casa, nada le
hubiera pasado —dijo entre sollozos.
«¿Él? ¿Quién será ese “él”?», me preguntaba.
—Sea lo que sea que haya pasado, no creo que tú
tengas la culpa —la anime.
Se separó un poco de mí, y me miró a los ojos.
—Sí, soy culpable. Yo soy la única culpable, fui
muy testadura, no le hice caso, pero es que yo solo quería ayudarlo —siguió
llorando.
Saque un pañuelo del velador y se lo di.
—Gracias —susurró.
—Si recordar lo que paso te hace llorar, mejor
cambiemos de tema o prefieres contarme, yo te podría escuchar —le dije, pero
ella negó con la cabeza—. Está bien, cuando te quieras desahogar, yo estaré
aquí —ella hizo un amago de sonrisa.
—Muchas gracias por todo, señor Malfoy —dijo, con
voz suave.
«Señor Malfoy», otra vez me llamaba de esa manera,
y no me gustaba, no era un viejo como para que ella me llame “señor”.
—«Señor Malfoy» —repetí—, no soy tan viejo como
para que me trates de señor. Solo dime Draco.
—Lo siento —se disculpó. No tenía por qué
disculparse, no ha había hecho nada malo—. Pero yo solo lo trato con respeto.
Me quede sorprendido por lo que dijo.
—También me respetas llamándome por mi nombre
—sonreí—, no me vuelvas a llamar señor, me haces sentir viejo y no lo soy,
¿verdad?
Ella negó con la cabeza.
—Bueno, te traeré algo de comer para que recuperes
tus fuerzas.
—No, gracias, pero es que no tengo hambre. Siento
que no me pasa nada de alimento ahora —dijo tímidamente.
—Tienes que comer —la regañé, pero ella me dedico
una mirada tierna, y con solo una mirada me doblego, simplemente no pude
obligarla a hacer algo que no quería—. Está bien, pero mañana si comerás —le
advertí. Ella asintió.
—¿De quién es esta habitación? —me preguntó
segundos después.
—Es mi habitación —le contesté.
—Pero… ¿dónde ha estado… —la miré—, perdón
—susurró—, donde has estado durmiendo tú? —preguntó.
—Aquí, junto a ti —respondí. Ella me miró con
confusión—. No pienses mal —le aclaré—, esta cama es muy grande, además,
prácticamente no dormía, velaba tus sueños por si habría indicios de que
despertaras.
—Ah… sí, entiendo —susurró, bajo la mirada y note
que se dio cuenta de que traía puesto un camisón en vez de su anterior ropa—,
¿y mi ropa? ¿Quién me cambio de ropa? No fuiste tú, ¿verdad? —preguntó
alarmada. Quise reírme en su cara de su expresión, pero no lo hice.
—Claro que no fui yo, fue mi madre, mi madre te
cambio de ropa —le mentí. Primero, porque mi madre no estaba de acuerdo de que
Renesmee estuviera en el mundo mágico y segundo, porque ni modo que le dijera
que mi elfo le había cambiado de ropa con magia. Seguro si le decía eso me
tomaría por un loco.
Su rostro se volvió a relajar.
—Muy amable por parte de tu madre preocuparse por
mí, una desconocida —dijo. Sí, claro, Narcissa Malfoy ayudando a una muggle,
pensé, y sonreí con ironía—. Le tengo que dar las gracias por lo que ha hecho
por mí.
—No —casi grite, ella me miró confusa—. A ella… no
le gusta que le estén… agradeciendo cuando ayuda a… alguien —me molesto que mi
voz no sonara segura.
—Está bien. Entonces no lo haré —dijo confusa, y yo
asentí.
—Eh, iré a traerte ropa limpia para que mañana te
puedas cambiar el camisón —dije.
—¿Y dónde está la ropa que tenía antes? —preguntó.
—No sé dónde la puso mi madre —dije—. Pero una
amiga dejo ropa cuando paso una temporada aquí. No te molesta ponerte su ropa,
¿verdad? —le pregunté, ella negó con la cabeza.
—Gracias —dijo.
—Vamos, creo que ya me has agradecido mucho durante
todo este rato —le dije, sonreí. Estar con Renesmee me hacía sonreír con mucha
facilidad—. Ya vengo —dije, y salí de mi habitación.
Espero que ponerse la ropa de Astoria no la
convierta en una loca como ella. Entre a la habitación que siempre ocupaba
Astoria cuando venía aquí, aunque no sé porque le asignábamos esta habitación,
cuando ella siempre dormía en la mía; bueno, dormir era lo último que hacíamos.
Entré en el vestidor y abrí un cajón de una cómoda,
y saque lo que le podría quedar mejor a Renesmee. Encontré un vestido blanco,
hasta las rodillas, me fije en donde Astoria guardaba los zapatos y encontré
unos de tocón no muy alto color blanco. Ya con todo lo necesario para que
mañana Renesmee se cambiara, salí de la habitación. Creo que esta ropa le
sentaría mejor a Renesmee que a Astoria.
Cuando volví a mi habitación, me di cuenta de que
Renesmee se había quedado dormida otra vez. Así que me di una ducha, me puse mi
pijama y me acosté a su lado como todas las noches, pero ahora sabiendo que
despertaría dentro de unas horas más, y como todas las noches antes de dormir
miraba su rostro angelical por un buen rato, hasta que sin darme cuenta se me
cerraron los ojos.
***
Desperté temprano, y lo primero que hice fue volver
a mi tarea favorita, mirarla, mirar dormir a Renesmee —que bien me sentía al
ahora poderla llamar por su nombre, un bello nombre igual que ella— y como aún
seguía dormida, me dirigí al baño para darme una ducha rápida, me puse unos de
mis trajes negros, una camisa gris, y una corbata de un gris más oscuro que la
camisa, y para terminar me calce unos zapatos negros.
Me acerqué a ella, y note que ya se estaba
despertando.
—Buenos días, Renesmee —la saludé.
Ella parpadeó un par de veces.
—Oh, buenos días, Draco —me respondió. Un momento,
me llamo por mi nombre y mi nombre pronunciado por ella se sentía como un canto
de ángeles. Le sonreí.
—Cuando regrese ayer, ya estabas dormida, pero la
ropa está aquí, sobre el baúl —le señale.
—Gracias —dijo tímidamente.
—Bueno, te dejo para que te bañes y te cambies, ya
vuelvo para llevarte al comedor —le dije, y salí de la habitación para darle
privacidad, pero apenas cerré la puerta me aparecí en el jardín, ya que todavía
no quería encontrarme con mis padres, y sobre todo con mi madre, ya me tenía
cansado con sus preguntas y reclamos.
Me entretuve viendo a los pavos reales por unos
minutos, pero luego los pavos dejaron de interesarme y quise volver a mi
habitación para encontrarme con esa bella mujer, pero no debía, no aun. Así que
estuve unos 40 minutos más en el jardín, hasta que ya no aguante más y volví
aparecerme en la puerta de mi habitación, solo espero que Renesmee ya esté
lista. Toque la puerta y escuche un «adelante», así que entré y lo primero que
vi fue a un ángel con cabellos cobrizos y rizados que caía en cascada por su espalda,
llevaba puesto el vestido y se había calzado los zapatos, al parecer si eran de
su talla. Ella giro y me vio y me sonrió, esta es la primera vez que la veía
sonreír, y era una sonrisa tan cálida, sus ojos chocolates ya no estaban rojos,
y si antes la creí hermosa ahora la veía como si fuera una diosa mitológica, es
sencillamente PERFECTA.
«¿Cómo una muggle puede verse de esa manera?», me
preguntaba.
—Hola —dijo, y volvió a sonreír.
—… Estás realmente hermosa… —no pude evitar decirle
lo que pensaba.
—Gracias, Draco —dijo, con su voz cantarina.
Me acerque a ella.
—Vamos —dije, y la tome de la mano, y nuevamente
sentí esa descarga de electricidad corres por mi cuerpo—, bajemos al comedor,
ahora si comerás —le advertí, y ella asintió—. Ah…, mis padres tienen el
carácter un poco difícil, no te vayas a incomodar —le avisé para que no se
sorprenda o se asuste con el carácter de mis padres.
—No te preocupes, entiendo —dijo, y seguimos
caminando directo hacia el comedor. Ya me había asegurado de que Kreacher no
apareciera mientras Renesmee este en Malfoy Manor.
POV Narcissa
Estaba en la biblioteca con Lucius, hablando sobre
Draco y esa chica muggle, en realidad estaba muy enojada con Draco por haberla
traído aquí, en que estaba pensando, si en realidad la hubiera querido ayudar
la hubiera dejado en un hospital muggle, pero no traerla aquí al mundo mágico.
¿Qué era lo que le pasaba por la cabeza a mi hijo cuando decidió traerla aquí?
¿Qué le pasaba con esa muggle? Lo veo muy preocupado por esa chica, apenas llega
del trabajo se va directo a su habitación, ya no tiene vida, ¿acaso quiere algo
más con ella? No, no lo creo, ¿mi hijo ilusionado con una muggle? No podría
asegurarlo, pero tampoco negarlo. Estaba segura de una cosa y eso era que Draco
siente algo más por esa chica muggle, a la cual él asegura que solo quiere
ayudarla.
—¿Qué vamos hacer con Draco, Lucius? —le pregunté.
—¿Qué vamos hacer de qué? —dijo. ¿Qué acaso no se
daba cuenta de las cosas que estaban ocurriendo en estos últimos días?
—¿Cómo que vamos hacer de qué? ¿Qué vamos hacer con
Draco y esa chica muggle? ¿Qué va a pasar cuando despierte y se quiera ir a su
casa con su familia? ¿O cuándo pregunte en dónde está? ¿Qué le vamos a decir?
Tranquila niña, estás en el mundo mágico, pero Draco luego te llevara a tu
mundo y seguirás con tu sosa vida como si nada hubiera pasado —dije con
sarcasmo y amargura, es que Lucius ya se contagió de Draco y ya no le importa
que sucederá después.
—Cissy, Draco ya es un adulto, él sabe lo que hace
y aceptara las consecuencias de sus actos, y si todo no se resuelve como él
cree —hablaba tan calmadamente que ni siquiera reconocí a mi esposo, con el que
estoy casada hace más de 30 años.
—¿Qué él sabe lo que hace? Sí, claro —murmuré.
—Ya basta, Cissy. No sigas abrumándolo con tus
reclamos, Draco ya sabrá cómo resolver esta… situación —concluyó—. Mejor vamos
a desayunar, y por favor deja de angustiarlo.
—De acuerdo, pero luego no digan que no se lo
advertí —salimos de la biblioteca y fuimos directo al comedor. La mesa ya estaba
servida, pero había cuatro platos en vez de tres, ¿acaso teníamos visita? O es
que esa chica ya despertó, miré a Lucius, y él parecía igual de sorprendido que
yo.
Lucius no dijo nada y se sentó en la cabecera de la
mesa, yo a su lado izquierdo, y esperamos a Draco, tal vez esa chica no había
despertado y el otro puesto en la mesa seria de algún amigo de mi hijo. Luego
sentimos unos pasos, eran los pasos de Draco y el otro parecía unos zapatos de
tacones, giré para ver a mi hijo y a esa chica de la mano de él.
—Buen día, padre, madre —saludó mi hijo. Y no me
gusto esa sonrisa que tenía en su rostro, y no porque no me gustara ver feliz a
mi hijo, sino porque sabía que la causante de esa sonrisa era esa muggle, a la
cual tenía de la mano.
—Buen día —dijimos Lucius y yo a la vez, nos
habíamos quedado sorprendidos de ver a la chica que creía seguía dormida de la
mano de Draco.
—Vaya, así que despertó la bella durmiente —dije
con sarcasmo.
—Madre… —dijo Draco con voz fría, levante una mano
para que me dejara seguir hablando—. Por lo menos nos podrías decir tu nombre…
niña —me dirigí a ella.
—Sí, claro, lo siento. Soy Renesmee Cullen
—respondió, y me sorprendió su voz cantarina. La miré de arriba abajo, ella se
sonrojo, esa ropa se me hacía conocida, lo pensé unos minutos, hasta que lo
recordé. Claro, era de Astoria, seguro que Draco se la había dado, pero debo
reconocer que a ella le quedaba mejor que a Astoria, como una muggle puede
lucir mejor que una bruja sangre pura, esta niña hasta tiene el porte de una…,
no encontraba el termino para describirla, pero no parecía una simple muggle.
—Renesmee, ellos son mis padres, Lucius y Narcisa
Malfoy —dijo mi hijo y me dirigió una mirada de advertencia.
—Mucho gusto señores Malfoy —dijo la tal Renesmee,
que nombre tan extraño tiene.
—Mucho gusto, Renesmee —dijo mi esposo.
—Mucho gusto —le respondí a medias.
—Ven Renesmee, sentémonos —le dijo, Draco se sentó
al lado derecho de Lucius y ella se sentó al lado de Draco.
—Y bien, Renesmee, ¿ya estas mejor? —preguntó
Lucius.
—Sí, gracias por preguntar, señor Malfoy —dijo.
—Ya que estás mejor podrías contarnos un poco de
ti, por ejemplo de dónde vienes —le dije.
—Por supuesto, yo soy de Forks–Washington —la miré y ella siguió
hablando—, en la península de Olympic, al noreste del Estado de Washington,
existe un pequeño pueblecito llamado Forks, cuyo cielo casi siempre permanece
encapotado. En esa localidad llueve más que en cualquier otro sitio de los
Estados Unidos, es un lugar muy bello, yo nací ahí, en Forks, me gustaba vivir
allí, pero hace unos meses mi familia se mudó a Londres —terminó de hablar,
pero note melancolía en su voz.
¿Pero por qué?
—Así que eres americana —dije, y ella asintió—, si
con razón tu acento. ¿Y por qué se mudaron? Como dices que ese pueblo era bello
y te gustaba vivir allí, ¿cuál fue el motivo por el que se mudaron? —le
pregunté. Es que sentía que algo no encajaba en el rompecabezas. Y tenía que
saber más de ella.
—Madre/Cissy —dijeron Lucius y Draco a la vez.
—No se preocupen, creo que tiene todo el derecho de
saber a quién está hospedando en su casa —dijo la chiquilla, la miré y note que
estaba sonrojada.
—Nos mudamos para cambiar de ambiente…, conocer
nuevos lugares —dudo un poco al responder.
—¿Cuántos años tienes, niña? —pregunté, y me miró
con un poco de molestia. Creo que no le gusta que le digan así, es bueno
saberlo.
—Hace… once días cumplí… 17 años —me contestó, y
nuevamente tuve la sensación de que dudaba.
—¿Cómo se llaman tus padres? ¿A qué se dedica tu
familia? —volví a preguntar, ignorando las miradas de advertencia de mi hijo y
de Lucius.
Pero es que ellos no entendían que yo tenía que
saber sobre esta chica. No se dan cuenta que es una muggle extraña. Hasta ahora
lo que he notado es que ella tiene buenos modales, casi como el de una princesa,
lo que me da a entender que viene de una familia adinerada, también he notado
que se sonroja con mucha facilidad, que duda algunas veces al hablar, como si
estuviera mintiendo, y esa voz, es tan suave, melodiosa podría decir.
—Bueno… mi madre se llama Isabella Cullen, Swan de
soltera, pero a ella no le gusta que la llamen Isabella, prefiere que le digan
Bella —«Bella», eso me hizo acordar de mi hermana. Trate de sacármela de la
cabeza, no me gustaba recordarla—, dice que es mucho más corto, y mi padre se
llama Edward Cullen —hizo una pausa, y aproveche para ver a mi hijo, no me
sorprendió mucho verlo contemplándola—. Y bueno, mi abuelito Carlisle es médico
y mi abuelita Esme es ama de casa, ellos son los padres de mi padre; mis
abuelos maternos están separados, pero mi abuelito Charlie Swan es el jefe de
policía en el pueblo de Forks, él está casado con una buena mujer llamada Sue
—me di cuenta que cuando nombro a esa mujer, una sombra de tristeza tiñó sus
ojos—, mi abuelita Renée vive en Jacksonville–Florida con su esposo Phil, Phil
es entrenador de béisbol. Luego esta mi tía Alice Cullen, ella es diseñadora de
modas y tío Jasper, su esposo es psicólogo, mi otra tía Rosalie, que es como
una segunda madre para mí, es modelo y su esposo Emmett, es jugador de béisbol,
él parece un niño pequeño siempre me echaba la culpa de sus travesuras cuando
era más pequeña. Ah, y mi padre también es médico y mi madre es escritora, y
bueno, mi familia también se dedica a invertir a la bolsa —concluyó. La sombra
de tristeza desapareció de sus ojos y una mirada soñadora se instaló cada vez
que mencionaba a algún miembro de su familia.
—¿A la bolsa? Inversiones —pregunté, y ella
asintió—, pero en las inversiones nunca estás segura que resultara. No a todas
les va bien.
—Sí, es cierto, pero mi tía Alice tiene como un
sexto sentido para esas cosas y nunca ha fallado, nunca hemos tenido una
perdida gracias a ella —respondió, y tenía una pequeña sonrisa en sus labios,
como si se estuviera acordando de algo.
—Y… —no pude seguir hablando porque Draco me
interrumpió.
—Ya basta, madre, déjala desayunar tranquila
—estaba enojado, arrastraba las palabras al hablar y solo hacia eso cuando
estaba enojado o cuando alguien no era de su agrado.
—Está bien. Luego seguiremos hablando, Renesmee —le
advertí, y ella volvió a asentir. Tenía que saber más cosas sobre ella, con lo
que ahora sabía no me bastaba.



