POV Renesmee
Esta casa es enorme, bueno, que digo casa esto es
una mansión, aunque es un poco oscura y fría, tiene algo que atrae. Me
sorprendió el gran comedor que tenían, la mesa era de 24 sillas, dos familias
podrían caber allí. Ahora estoy en el jardín, sentada en una banca y admirando
todo que es tan hermoso, muy amplio, y me encantan los distintos tipos de flores,
me encantan las flores, pero eso no fue lo que me llamo la atención, lo que más
me llamo la atención fue ver pavos reales blanco andando por el jardín, nunca
había visto que en alguna casa tuvieran pavos reales en sus jardines. Aunque he
de admitir que son preciosos.
Después de desayunar, Draco me tomo de la mano y al
instante tuve que poner mi mente en blanco —igual que ayer— para no
transmitirle ninguno de mis pensamientos, porque si no que pretexto buscaría
para que no se diera cuenta de que no soy de su misma especie.
«Espérame aquí. Tengo que hacer unas cosas», me
dijo Draco. Seguramente iría a habar en privado con sus padres. Pero un olor
familiar en él, me llamo la atención, y no era su perfume —el cual tampoco
había olido antes— ese olor era fresco e intenso, era como… —mi mente viajo al
pasado, viajo a Forks— claro, era menta. Cada vez que Draco hablaba, una
fragancia a menta salía de su boca. Recuerdo ese olor. Una vez corrí hasta
llegar al corazón del bosque y que acosté sobre las el grass, pero entre el
grass había pequeñas plantas de menta, y cuando volví a casa, mi cabello y mi
ropa aun olía a menta.
Suspiré, y trate de no pensar mucho en Forks,
porque si seguía con ese pensamiento, también se me vendrían a la mente otras
cosas.
Y volviendo mis pensamientos a la familia Malfoy,
me di cuenta de que no le caí muy bien a la madre de Draco, porque desde que
entre al comedor me miró de una manera nada educada, si hasta me hizo sonrojar.
Y luego empezó con sus preguntas, fue el desayuno más incómodo de toda mi vida;
me puso en un aprieto cuando me pregunto mi edad, le tuve que decir que en once
días había cumplido 17 años, me molesto un poco que mi voz no sonara muy
convincente, pero ni modo que le dijera que en once días había cumplido 7 años
y que aparentaba tener 17 años porque soy una híbrida, mitad humana mitad
vampira, y que toda mi eternidad iba aparentar ser una adolescente de 17 años,
al igual que mi padre.
Y cuando me pregunto qué a que se dedicaba mi
familia, debo reconocer que me divertí un poco cuando le invente profesiones a
mis tíos. Dije que mi tío Jasper era psicólogo, eso lo dije porque lo
relaciones algo con su don de controlar y sentir las emociones, él siempre nos
daba tranquilidad y paz cuando nuestras emociones estaban algo alteradas; y
después dije que tía Rose era modelo, es que ella es tan hermosa, tiene una
belleza pura y eso fue lo único que se me ocurrió en ese momento, y por último
mi tío Emmett —o como yo le digo “tío Oso”— dije que él era jugador de béisbol,
como a él le encanta los deportes y sobre todo el béisbol.
En lo único que no mentí fue en decir que mi
abuelito Carlisle es médico, que mi abuelita Esme es ama de casa, que mi tía
Alice es diseñadora de modas, que mi abuelito Charlie es el jefe de policía de
Forks y que está casado con Sue, que la abuelita Renée vive en
Jacksonville–Florida con su esposo Phil que es entrenador de béisbol, y bueno,
no mentí mucho cuando dije la profesión de mis padres, ya que mi padre es
médico igual que mi abuelito Carlisle. Y aunque papá tiene dos licenciaturas en
Medicina no ejerce su profesión, tal vez sea porque tiene una apariencia de
adolescente y nadie creería que es licenciado en medicina; por otra parte está
mi madre, cuando dije que ella es escritora tampoco mentí, ya que mamá había
estudiado Literatura en la Universidad de Alaska.
Pero cuando me pregunto el motivo por el que mi
familia se había mudado a Londres, una enorme tristeza me invadió, así que tuve
que sacar fuerzas para responder. Le dije que nos habíamos mudado para cambiar
de ambiente, me da mucha tristeza recordar el verdadero motivo de nuestra
mudanza, mi familia se mudó por mí, por mi bienestar, porque sabían que seguir
viviendo en Forks me recordaba a mi lobito.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al recordarlo,
parpadeé varias veces para evitar llorar.
Porque la vida tenía que ser tan injusta conmigo,
justo cuando Jake me confiesa que se había imprimado de mí desde que me vio en
los brazos de mi tía Rose el día que nací, la vida me lo arrebata.
Yo estaba tan feliz cuando me lo confeso. Aun puedo
escuchar el sonido de su voz en mi cabeza…
Flashback
Jake y yo estábamos al borde de las rocas donde
hacíamos salto de acantilado, cuando mi lobito llamo mi atención.
—Te quiero contar algo muy importante, Nessie —me
dijo, yo giré mi rostro para mirarlo y vi que sus ojos tenían un brillo
especial, pero también lo note un poco nervioso—, le había prometido a tus
padres que te lo iba a decir cuando cumplas los 7 años, pero adelantar unos
meses no creo que sea tan malo —sonrió nerviosamente.
—Sí, dime, Jake. ¿Qué pasa? —le pregunté con
curiosidad.
—Tú sabes de la imprimación de los lobos —murmuró,
y yo asentí para que continuara—. Bueno, te quería decir que yo estoy imprimado
de la chica más especial y hermosa de este planeta —terminó de hablar con una
sonrisa en sus labios; y en ese momento a mí se me partió el corazón al
imaginar que mi Jake quería a otra. Porque eso significaba que ya no lo vería
tan seguido, y hasta tal vez se olvide de mí.
—Que bien por ti —le dije, con mucho esfuerzo—,
puedo saber quién es la afortunada, o mejor no me lo digas, déjame adivinar, es
Leah, ¿verdad? —afirmé, y a él se le borró la sonrisa de su rostro.
—¿Leah? —repitió confundido—. ¿Por qué crees que me
imprime de ella? —preguntó.
—Siempre paran juntos, es una Quileute y sobre todo
es una loba —le respondí, y aparte la mirada de él porque sentía que unas
lágrimas traicioneras querían salir de mis ojos.
—Que siempre pare con ella no quiere decir que ella
sea la chica de la cual me imprime. Y si paro con ella es porque es una
intrigante de mi manada, al igual que Seth, Quil, y los demás; y que sea una
Quileute y una loba tampoco quiere decir que necesariamente ella sea mi objeto
de impronta, recuerda que nosotros no elegimos de quien imprimarnos —me aclaró.
Yo asentí.
—¿Entonces de quien te has imprimado? —pregunté, y
volví a mirarlo.
—Ya te lo dije, estoy imprimado de la chica más
especial y hermosa de este planeta, ¿acaso no lo adivinas? —me sonrió.
No le respondí, estaba tratando de recordar a Jake hablar
de alguna chica, pero nada se me venía a la cabeza. Él me miraba expectante.
Me volvió a sonreír.
—Sí que eres distraída —me dijo, acomodándome un
rizo rebelde detrás de mi oreja—. Esa chica especial y la más hermosa de este
planeta de la que estoy imprimado… eres tú, Nessie —lo miré sorprendida—, me
imprime de ti cuando te vi en los brazos de tu tía la rubita el día que naciste
—yo seguía sorprendida, no podía creer lo que me había dicho. Pero luego una
alegría me invadió el pecho y unas maripositas empezaron a revolotear en mi
estómago, reaccione y me abalancé sobre él abrazándolo, pero me abalance con
tanta fuerza que caímos.
—¿Yo soy tu imprimación? —quería asegurarme de que
era verdad lo que me dijo, y que sus palabras no eran solo producto de un
suelo, un hermoso sueño.
Jake asintió.
—Sí, Nessie, tú eres mi imprimación. Y te quiero.
Te quiero —me dijo—. Estaremos juntos toda la eternidad.
—Yo también te quiero, Jake —le dije—, y ahora eso
quiere decir que somos novios —le pregunté, llena de emoción.
—Eh… no… —me respondió, estaba algo confusa, ¿acaso
dijo que «no»?—, quiero decir que esperemos hasta que cumplas los 7 años, y
recién ahí te pediré que seas mi novia formalmente. Además, así no corremos el
riesgo de que tu padre me arranque la cabeza —bromeó, yo asentí de mala gana,
pero en el fondo sabía que era lo mejor.
—Está bien —le dije, nos paramos y empezamos a
caminar hacia el bosque.
Fin de Flashback
Yo nunca imagine que después de que estaba tan
feliz con Jake, tan dichosa, unos segundos después nos estaríamos enfrentando a
un ejército de neófitos, y ni siquiera un beso de novios nos pudimos dar.
Sin darme cuenta las lágrimas empezaron a caer de
mis ojos.
—Jacob —susurré entre lágrimas—, yo tengo la culpa
de todo, lo siento tanto, Jacob; lo siento, mi lobito… Te extraño…
