POV Renesmee
¡Oh, santos cielos! Eso de aparecerse no me agrada
mucho. Siento que mi estómago se retuerce y todo me da vueltas.
—Nessie. ¡Nessie! —escuchaba la voz de Draco a lo
lejos, pero yo aún seguía con los ojos cerrados, recuperándome del malestar que
me había causado aparecer—. ¡NESSIE! —gritó.
Abrí los ojos al instante. Draco me miraba con
preocupación.
—Ah… lo siento, es que…
—¿Te mareaste? —preguntó, yo asentí. Y aun con su
brazo rodeando mi cintura entramos a su casa, y cuando estábamos en su gran
sala, me ayudo a sentarme en el sofá, él se sentó a mi costado—. No estas
acostumbrada a aparecerte, pero ya te acostumbraras —comentó como si estuviera
hablando del clima. Y no sé qué expresión habré puesto porque luego él se rió—.
O tal vez podríamos viajar vía red flu.
Parpadeé confundida.
—¿Red flu? —pregunté.
—Eso quiere decir que viajaremos por la chimenea.
—¿Así como tu amigo? —pregunté, él asintió. Lo
pensé por unos segundos—. Sí, creo que eso estaría mejor —afirmé.
—¿Ya te sientes mejor? —me preguntó.
—Sí, no te preocupes —le respondí—. Ah, y muchas
gracias por llevarme al Callejón Diagon, me divertí mucho.
Él sonrió de lado, y por un momento no pude dejar
de mirarlo, pero cuando él se volvió hacia mí, aparte mi mirada rápidamente.
—Y eso que aun te falta conocer muchas cosas más.
Como por ejemplo volar en escoba —comentó.
¿Volar en escoba? ¿Escuche bien o es que mis oídos
súper dotados están empezando a fallarme?
—¿Volar en escoba? —pregunté.
—Sí.
—¿Pueden volar con escobas? —él asintió. Vaya, increíble, vuelan en escobas como las
brujas de los cuentos, pensé—. Yo creí que ustedes los magos ya no volaban
en escobas, sino que eran más modernos y volaban en… aspiradoras —bromeé,
recordando que una vez tía Alice, tía Rose y yo vimos una maratón de Sabrina, la bruja adolescente, y esta
volaba sobre una aspiradora.
—¿Aspiradoras? —preguntó Draco, alzando una de sus
rubias cejas, y después rió—. No usamos aparatos muggles aquí.
—Sí, eso creí —dije detallando la sala, no había
electricidad en esta casa, había lámparas de cera en las habitaciones y las
lámparas que colgaban del techo tenían velas—. Las aspiradoras suelen ser muy
ruidosas, no me agradan porque lastiman mis finos oídos —dije más para mí
misma—. Pero en serio ¿es posible volar sobre una escoba? —pregunté.
Porque si es verdad, eso sería fantástico.
—Por supuesto. Si quieres alguna noche podríamos ir
a volar —me propuso.
—Oh, eso sería maravilloso —exclamé levantándome
del sofá—, me imagino que será mucho más divertido, mucho más fascinante que el
salto de acantilado —sin darme cuenta empecé a dar saltitos emocionada. Una
costumbre que tenía desde pequeña y que aprendí de tía Alice.
Ya me imagino estar sobre una escoba y volando. Una
híbrida volando. Sonreí por mi pensamiento.
—Sobre eso, Nessie —escuché la voz de Draco
sacándome de mis pensamientos.
—¿Sobre qué? —pregunté, ya que no había escuchado
lo que había dicho antes.
—Sobre el salto de acantilado —dijo repentinamente
serio, yo lo miré con atención—, me parece que no lo deberías seguir
practicándolo. Es peligroso —concluyó.
¿Peligroso?
¿Peligroso el salto de acantilado? No, no es peligroso, es divertido, pensé.
—No es peligroso, es divertido. Tal vez algún día
los dos podríamos hacer salto de acantilado…
Oh, no,
Renesmee, ¿qué estás diciendo? El salto de acantilado es especial, solo lo
hacíamos Jake y yo, y por supuesto también la manada.
—No lo creo —dijo firmemente Draco. Uff, que bueno, pensé—. Te lo pido no lo
vuelvas hacer.
—Pero… —De
todas maneras, ahora no puedes practicarlo, me dije—. Bueno, de todas
maneras no tienes de que preocuparte, porque para hacer salto de acantilado
tendríamos que estar en La Push.
Bocazas,
bocazas, bocazas,
me reprendía mentalmente por haber mencionado la playa de los Quileutes.
—¿La Push? —preguntó Draco.
—Eh, sí, es una playa de Forks —contesté como
quitándole importancia.
—Ya veo —susurró pensativo.
—Creo que subiré un rato a mi habitación, estoy
cansada y quisiera descansar —respiré profundo, y una fragancia agradable,
demasiado agradable inundaron mis fosas nasales—. Y muchas gracias otra vez,
fue un paseo estupendo —me acerqué a él y le di un abrazo, el cual él me
correspondió.
Pero tarde descubrí el gran error que había
cometido al abrazarlo. El olor tan agradable que había sentido antes se
intensifico cuando mi nariz roso el cuello de Draco y respiré; al instante mi
garganta empezó arder, reclamándome que por ella pasara ese delicioso líquido
rojo que se ocultaba en las venas de Draco.
Pero ¿qué pasaría si pruebo solo un poco de su
sangre? No lo mataría, ni tampoco lo condenaría a una vida eterna donde viviría
por la sangre y nada más que para la sangre. Yo no soy ponzoñosa. Es un humano. ¿En serio beberías la sangre
de un humano? ¿De verdad podrías clavar tus colmillos en el cuello de Draco,
del hombre que te ayudo aquella noche? Otra vez la odiosa voz de mi
consciencia se hacía presente. Pero no, no era una voz odiosa, mi consciencia
tenía razón, yo nunca le clavaria mis colmillos a un humano, y mucho menos a
Draco.
Lentamente me fui alejando de Draco. Contuve la
respiración, pero aun así el ardor que se había instalado en mi garganta no
menguaba, lleve mi mano derecha a mi garganta tratando de hacer desaparecer el
ardor. No funcionó.
Ya no soportaba estar en esa sala acompañada de
Draco; lo único que quería en ese momento era correr, correr muy lejos para no
sentir su efluvio.
—Te acompaño hasta tu habitación —escuché la voz de
Draco a lo lejos. No lo miré, solo asentí. No podía hablar, no podía mirarlo y
no debía de respirar. Además, como podría negarme a su ofrecimiento tan amable,
si siempre me acompañaba a mi habitación.
No respires.
No respires. No respires. No respires, me repetía una y otra vez en mi mente.
Draco como de costumbre me tomo de la mano, apenas
sentí su piel rosando con la mía puse mi mente en blanco, no se vaya a asustar
con mis pensamientos. El camino de las escaleras hasta la habitación se mi hizo
eterno, en este momento sí que odiaba la lentitud de los humanos. Yo en menos
de un minuto ya estaría dentro de mi habitación, y lo bueno de toda esta
tortura era que a Draco no se le ocurrió hablar, porque si lo hubiera hecho,
estoy segura de que me consideraría una maleducada porque no le habría
respondido.
Varios minutos después por fin llegamos a la puerta
de mi habitación. Draco me soltó de la mano —cosa que agradecí a Dios— y se
puso frente a mí, demasiado cerca para mi gusto.
—¿Estás bien? —me preguntó, note preocupación en su
voz.
Por favor
aléjate de mí,
pensé.
—Sí, ¿por qué? —me fue muy difícil responderle.
—Estás muy pálida —comentó a la vez que alzaba su
mano y la posaba sobre mi frente—. Parece que tienes fiebre, no, estás ardiendo
—dijo alarmado.
Mi
temperatura es así. Por favor, Draco aléjate de mí. Corre, grité en mi fueron
interno.
Si supieras lo que en verdad me pasa, estarías
alarmado más por ti que por mí. Quizás yo no pueda controlarme y termine
saltando encima de ti.
—No tengo fiebre, creo que estás equivocado… Solo
me duele un poco la cabeza.
—No, Nessie, ¿acaso no te das cuenta que estás
ardiendo en fiebre? —preguntó con preocupación.
—Solo me duele… la cabeza —murmuré—. En verdad
—aseguré.
—Pero…
—Dormiré un poco y se me pasara.
Negó con la cabeza.
—Iré a buscar una poción para que se te quite el
dolor de cabeza —insistió.
—¿Una poción? —pregunté sin poder evitarlo.
Renesmee no seas tonta, deja de estar preguntando
cosas. Qué importancia tiene esa palabra, este no es momento de ser curiosa.
Ahora solo debes concentrarte en no hacerle daño a Draco.
—Son mezclas mágicas, y sirven para curar
enfermedades —contestó.
—Entiendo. Pero no te preocupes, dormiré un poco y
cuando despierte estaré como nueva. No es la primera vez que pasa —dije
haciendo referencia a mi sed, aunque he de reconocer que si era la primera vez
que no podía resistir los deseos de probar la sangre de un humano.
—¿En serio?
—Sí —responder esta vez me fue más difícil, pero yo
tenía que convencer a Draco de que lo mejor era que me dejara sola, así que
trate de sonreír.
Y al parecer mi intento de sonrisa funciono porque
él asintió.
—Está bien, te dejare dormir —retrocedió un paso, y
antes de ir, agregó—: A la hora de la cena vengo por ti —levanto su brazo y
poso su mano en mi rostro, haciendo una caricia con su dedo pulgar, y yo lo
único que quería era empujarlo, alejarlo de mí.
Resiste,
Renesmee,
me dije.
Apenas Draco se fue caminando por el pasillo, yo al
instante entre en mi habitación, cerré la puerta y le puse el seguro. Camine
hacia mi cama y me senté, tratando de controlarme, tratando de controlar mi
sed. Pero me era muy difícil controlarme, ya que, aunque sabía que Draco estaba
lejos de mí —en la primera planta de la mansión— yo todavía podía sentir el
exquisito aroma de su sangre en mis fosas nasales. Su sangre tiene un olor
distinto al de los demás humanos, incluso es distinto al olor de la sangre de
sus padres; no entendía, ¿por qué la sangre de Draco me es tan atrayente? ¿Por
qué siento que llama? ¿Por qué siento que me ínsita a probarla?
Nunca había deseado beber la sangre humana como en
este momento, ni siquiera en mis primeros meses de vida. Ni siquiera cuando iba
al instituto y estaba rodeada de humanos, pero ¿por qué con él es distinto?
¿Por qué? Será por su condición de mago, si tenía que ser eso… aunque también
pude ser porque hace como… ¡Cielos! No sé cuánto tiempo llevo sin ir de caza.
Tal vez semanas, un mes, no lo sé con precisión en este momento.
Me levante de la cama y empecé a andar de un lado a
otro con desesperación. Podía escuchar su respiración que venía de la sala,
podía escuchar su corazón latiendo acompasadamente, bombeando cinco litros de
sangre por minuto.
Nunca debí haberme quedado aquí. Debí haberme ido
cuando pude, pero ahora ya es demasiado tarda. ¿Por qué me quede? Ah, cierto,
me quede porque la voz de Jake me lo pidió. Soy una estúpida, no debí haberle
hecho casa la voz de Jake que solo está en mi cabeza. Pero es que quería
complacerlo, quería complacer a la voz de Jake.
¡Ahhh!, grité en mi fuero
interno.
Soy una irresponsable, antes de aceptar quedarme,
debí haber inventado algo e ir de caza. Y este ardor en la garganta cada vez me
es más insoportable.
—Tengo que controlarme —susurré.
—Tienes que
controlarte —dijo una voz igual que la mía. Era la voz de mi subconsciente.
—¿Por qué te metes? —le pregunté en un susurró.
—Me meto
porque soy tu subconsciente. Y todo lo que te digo es por tu bien, ¿no pensaras
beber la sangre del hombre que te ayudo, verdad? ¿Del hombre que te abrió las
puertas de su casa?
—Yo…
—Y para
cerrar con broche de oro, también dejarías secos a sus padres.
—Yo no haría eso.
—¿Ah, no? Se
lo que estás pensando, quieres probar un poco de la sangre de Draco. Pero te
digo algo, apenas claves tus colmillos en su cuello, no podrás detenerte y
terminaras matándolo, y ¿sabes por qué? Porque hace como un mes que no cazas.
¿Y qué harás luego de que mates a Draco? Seguirás teniendo sed, y entonces iras
a por sus padres.
—No, no, cállate —grité poniéndome las manos en las
orejas, no quería seguir escuchando a mi subconsciente, pero no funciono, aun
la seguía escuchando—. Por favor, cállate —le supliqué.
A los minutos escuché los pasos de Draco por el
pasillo. Seguramente habría escuchado mi grito y ahora tocara la puerta. Esperé
a que tocara o me llamara, pero no paso ninguna de las dos cosas. Él
simplemente camino hacia mi habitación, pero no intento nada, solo se quedó
parado allí.
Yo no pude soportar tenerlo tan cerca a mí, el olor
de su sangre golpeaba mis pulmones. No podría contenerme, no podría. Camine
hacia la puerta de mi habitación dispuesta a abrirla, pero antes de poner mi
mano en el pomo, corrí hacia el baño y me encerré ahí.
Los minutos pasaban y Draco seguía parado en mi
puerta, no hacía nada, parecía indeciso.
Vete por
favor. Vete, Draco,
rogaba.
Y al parecer mis ruegos funcionaron porque al
instante escuché los pasos de Draco, y luego una puerta abrirse y cerrarse.
No tenerlo tan cerca me calmo un poco, pero solo un
poco.
—Vamos, Renesmee —me susurré—, tienes que tener
autocontrol de ti misma. Tu sed no te puede vencer. Tienes que calmarte, porque
si pierdes la calma podrías matar a tres personas inocentes. Y si lo haces,
luego que explicación le darías a tu familia, que explicación te darías a ti
misma; un simple «no pude contener mi sed». Que patético seria eso. Y eso que
no he mencionado la decepción que le causaría a mi familia, sobre todo al
abuelo Carlisle, y mis padres. Y todo por tu maldita irresponsabilidad de no ir
a cazar antes de convivir plenamente con humanos.
Sin contar que después de cometer tal atrocidad, yo
misma moriría al ver el cuerpo de Draco y sus padres sin vida.
Miré a mí alrededor, detuve mi mirada en la tina.
Sí, un largo baño me tranquilizaría.
Llené la tina de agua tibia y vertí jabón líquido
para que se haga espuma. Unos minutos después me despoje de mis ropas y me metí
en la tina, apenas el agua tibia toco mi piel, sentí la mejoría, y aunque la
ansiedad no me abandonaba, por lo menos era soportable. Cerré mis ojos y me
obligue a poner mi mente en blanco. No quería pensar en nada relacionado con mi
sed.
No sé cuánto tiempo estuve metida en la tina, pero
cuando abrí los ojos, ya estaba oscureciendo, así que salí de la tina y envolví
mi cuerpo con una toalla. Y dando un suspiro abrí la puerta del baño y salí,
caminé lentamente hacia el cambiador evitando escuchar los latidos del corazón
de Draco, y para conseguirlo empecé a rememorar los momentos en el Callejón
Diagon. Me puse lo primero que encontré un jean pitillo, una blusa de gasa
color negro y por último me calce unos botines planos negros, me cambie a
velocidad humana aun pensando el paseo que di en la mañana.
Pero llego un momento en que el paseo de la mañana
no fue suficiente, y los latidos del corazón de Draco se colaron en mis oídos,
y no solo de él, ahora lo acompañaban dos corazones más. Sus padres habían
regresado.
Esto se estaba poniendo cada vez peor.
Empecé a tararear una melodía que compuso papá con
la esperanza de que eso me distrajera lo suficiente. Y mientras tarareaba cogí
mi peine del tocador para cepillar mis cabellos.
Cuando termine de cepillarme el cabellos deje el
peine sobre el tocador, camine por la habitación ahora tarareando el nana que
papá le compuso a mamá cuando eran novios. Pero la ansiedad estaba apoderándose
de mí otra vez y las melodías no me distraían, miré la hora en el reloj que
estaba en el velador, ya eran las 7 de la noche, y eso significaba que Draco
vendría a buscarme para bajar a cenar. ¿Qué voy hacer? No me apetece nada de
comida humana.
Tengo que
buscar una excusa creíble para que no me insista a bajar a cenar, pensé.
Estaba pensando en cómo librarme de la cena y de
estar muy cerca de tres personas con una sangre muy apetitosa, sobre todo la
sangre de mi rubio amigo, cuando de pronto sentí el efluvio y los pasos de
Draco muy cerca.
Oh, Dios.
Me acorde que la puerta estaba con seguro así que
lo quite, luego corrí hacia la cama y me acosté en ella, fingiendo dormir.
Patético, lo sabía, pero eso fue lo único que se me ocurrió, y esperaba que
funcionara.
Evite respirar lo más posible cuando Draco se paró
frente a la puerta de mi habitación, toco tres veces y espero a que le abriera
la puerta, cosa que no ocurrió. Volvió a tocar, y nuevamente yo no me moví;
pero luego él no volvió a tocar, simplemente abrió la puerta y entro, despacio
se fue acercando hasta sentarse en el borde de mi cama —Tienes que alejarte, Draco. ¡Vamos, aléjate!, pensé— me acarició la
cara, y yo al instante volví a poner mi mente en blanco.
—Nessie —susurró, pero yo no me moví, ni mucho
menos respiraba—. Nessie, despierta, ya es hora de cenar —volvió a hablar a la
vez que me sacudía del hombre levemente—. Nessie —volvió a sacudirme del
hombro.
No tuve más remedio que abrir los ojos y fingir
sorpresa al verlo.
—¿Uhm? ¿Draco? —froté mis ojos fingiendo que recién
despertaba.
Y aun en la obscuridad de mi habitación pude ver
que sonreía cuando le hable.
—Ya es hora de bajar a cenar —me avisó, pero luego
su sonrisa desapareció—. ¿Te sigue doliendo la cabeza? —me preguntó.
—Solo un poco.
Draco volvió a tocar mi frente y el olor de su
sangre invadió mis pulmones de lleno. Fui una estúpida, no debí de respirar,
pero ya era demasiado tarde el ardor de mi garganta se incrementó.
¡No, Nessie!
Me quede helada. Esa era nuevamente la voz de Jake.
Y me había detenido justo a tiempo, casi me abalanzo sobre Draco y… No resisto
ni siquiera pensarlo.
—Tu temperatura aun es elevada, pero no tanto como
antes —dijo Draco. Ignorando de lo que yo estuve a punto de hacerle.
Asentí. ¿Qué podría decirle?
—Te daré la poción para que se te quite el dolor
—dijo.
—¡No! —exclamé demasiado rápido, él me miró con
seriedad—. Quiero decir… que si duermo un poco más, toda la noche para ser
precisos, mañana amaneceré como nueva.
Frunció el ceño.
—¿No bajaras a cenar? —preguntó.
—No. No tengo apetito, gracias. Eh, lo siento,
podrías disculparme con tus padres —le pedí, casi le rogué para que así de una
vez se vaya—. Mira, si mañana no se ha pasado el dolor de cabeza, te juro que
me tomaré esa poción que me dices —Draco seguía con el ceño fruncido, parecía
que no se daría por vencido.
¿Qué voy hacer? ¿Qué haría tía Alice en mi lugar?
¿Qué haría ella para salirse con la suya? Lo pensé por unos minutos. Siempre
que tía Alice quiere salirse con la suya recurre a… ¡Claro! ¡¿Cómo pude
olvidarlo?!
—Estaré bien —dije poniendo mi cara de cachorrito
en medio de la lluvia.
Funcionó. Ya que vi a Draco sonreír ligeramente.
—De acuerdo, pero sí en el transcurso de la noche
te sigue doliendo la cabeza, no dudes en ir a mi habitación por la poción.
Asentí, aunque en realidad lo menos que haría sería
poner un pie en su habitación.
—Claro —susurré.
—Buenas noches, Nessie —se inclinó sobre mí y
deposito un beso en mi frente. Eso fue un martirio para mí, lo tenía demasiado
cerca y era peligro, tanto para él como para mí.
Después de que saliera de mi habitación, y de
escuchar sus pasos por las escaleras, recién en ese momento empecé a respirar.
—Jake —susurré al recordar su voz—. Me detuviste
cuando estuve a punto de cometer una locura. Gracias.
Pero aun no sé, no entiendo, ¿cómo es que puedo
escucharte? ¿Acaso ya estoy loca? Y lo más sorprendente de todo es que…
—Ah —suspiré. El ardor de mi garganta se me hace
cada vez más insoportable. Ya no lo resisto.
Tengo que
cazar algo, lo que sea, así sean conejos, pensé.
Me acerque a la ventana dispuesta a saltar, pero
cuando estaba a punto de saltar y correr, desistí. ¿Qué pasaría si Draco se le
ocurría volver a mi habitación y no me encontraba? En definitiva no sabría qué
explicación darle.
Nuevamente empecé a caminar por la habitación,
pensando en la manera de saciar mi sed sin que los Malfoy salgan lastimados en
el proceso. Pero por más que pensaba, no le encontraba ninguna solución.
Llama a esa
pequeña criatura. Creo que se llama… Kreacher.
Me sobresalte al volver a escuchar la voz de Jacob.
—¿Jacob? —pregunté esperanzada, tal vez podría
verlo, tal vez no estaba… mu-muerto.
Ilusa.
Vi su cadáver, lo vi caer al suelo sin vida luego
de que esos neófitos lo atacaran.
Solo estás
loca, Renesmee,
me dije, con las lágrimas a punto de salir de mis ojos, y no solo por no poder
volver a ver a Jake, sino también por el ardor de mi garganta.
—Si tan solo pudiera encontrar un bosque aquí… pero
ni siquiera se trasladarme en este mundo.
Un bosque. ¿Habría un bosque en este mundo? ¿Y
porque no lo habría? Pero ¿qué clase de animales habitaría en el bosque del
mundo mágico? ¿Podría cazarlos? Tal vez no.
Paso una eterna hora en donde por más que dejara de
respirar para no sentir el efluvio de Draco y sus padres, eso no quería decir
que dejara de escuchar. El latido de sus corazones me incitaban. Yo no podía
más.
—Tengo que regresar a mi mundo —susurré, más bien
deseé—. Pero ¿cómo hago para regresar a mi mundo? Draco no me dijo como
regresar, y ni modo que vaya a buscarlo y preguntarle.
¿Qué hago?
«Llama a esa pequeña criatura. Creo que se llama…
Kreacher», esas fueron las palabras que Jacob, o la voz de Jacob me dijo, pero
en ese momento no le preste la debida atención. Que tonta, como no me di
cuenta, él era el único que podía ayudarme.
Gracias otra
vez, mi lobito,
pensé. Esta era la segunda vez que me salvaba de cometer una locura.
Pero antes de llamarlo tenía que esperar a que los
Malfoy se durmieran, ya que no podía arriesgarme a que me descubran. Así que
tuve que controlar mi ansiedad por un par de horas más, aunque en vez de horas
a mí me parecieron años.
Hasta que por fin escuché sus respiraciones
acompasadas. Sonreí, había llegado el momento de llamar a Kreacher, a mi única
esperanza.
—Kreacher —dije en tono bajo, y al instante escuché
un plop.
Parpadeé y allí, frente a mí, estaba la pequeña
criatura.
—La ama llamo a Kreacher —dijo la pequeña criatura
haciendo una reverencia.
—Sí, Kreacher. Necesito tu ayuda, por favor —mi voz
sonó a ruego.
—¿Cómo puede Kreacher, ayudarla, ama?
—Ya te dije que no me llames ama, solo dime
Renesmee —le aclaré—. Pero ahora ese no es lo más importante —inconscientemente
lleve mi mano derecha a mi garganta.
El viejo elfo fue muy listo, porque comprendió al
instante mi necesidad.
—Se encuentra sedienta —dijo Kreacher, yo asentí.
—Estuve pensando —evite mencionar que escuché la
voz de mi mejor amigo muerto. Eso no se lo contaría a nadie—, que quizás
podrías llevarme a uno de los bosque de este mundo… pero también pensé que
podría haber otros animales desconocidos para mí —suspiré—, mi idea es… si
podrías llevarme a un bosque de mi mundo —me contuve para que voz no sonara tan
desesperada, pero falle.
Kreacher se acercó a mí y con cautela me tomo de la
mano, al instante puse mi mente en blanco. Y en un parpadeo volví a sentir esa
horrible sensación al aparecerse, abrí los ojos, ya que los había cerrado
rápidamente al sentir un retorcijón en mi estómago.
Me di cuenta que estaba en un bosque, no me era
familiar, pero era un bosque al fin y al cabo.
—Es un bosque de Londres muggle, aquí podrá cazar
—dijo el elfo.
Sonreí al sentir el viento fresco en mis mejillas y
al escuchar varios latidos de corazones, lo que me hacía suponer que había
ciervos o venados y si tenía suerte hasta podría cazar un puma.
—Muchas gracias, Kreacher —en verdad le estaba muy
agradecida—. Esto… no es necesario que te quedes a esperarme —le avisé—, en dos
horas podrías venir por mí, yo estaré en este mismo lugar esperándote —Kreacher
trono los dedos y desapareció.
Respiré profundo, con más libertad, ya que sabía
que ningún humano correría peligro. Salí corriendo a velocidad vampírica y me
interne en el centro del bosque.
Corrí, corrí mucho, la libertad que sentía en ese
momento me inundaba. Pero de pronto pare de corren al escuchar el latir de
corazones de una manada de venados, al instante fui tras ellos. Cacé al más
grande de ellos, y cada gota de sangre que pasaba por mi garganta era tan
placentero que el ardor fue disminuyendo, a la vez que sentía que me
fortalecía. No me había dado cuenta que tan débil estaba, quizás no era una
debilidad que me mandaría a la cama, pero a comparación con la vitalidad que
tenía antes de llegar a Londres, era bastante.
Luego de terminar con el primer venado, cacé uno
segundo, y luego otro, pero ya me había cansado del sabor de esa sangre, así
que me dispuse a buscar a mi preciado puma, lo halle varios metros más a dentro
del bosque. Sonreí en cuanto lo vi, el puma noto mi presencia y retrocedió unos
cuantos pasos, me imagino que su instinto de supervivencia le decía que yo era
mucho más fuerte que él. Trato de correr lejos de mí, pero yo fui mucho más
rápida, y saltando encima del puma le clave mis colmillos en su caliente
cuello, el puma trato de rasguñarme, pero yo fui mucho más hábil y lo
inmovilicé succionando su sangre, hasta dejarlo completamente seco.
Deje caer el cuerpo del puma sintiendo mi sed
saciada. Miré a mí alrededor y respiré profundo antes de volver al lugar donde
Kreacher me había dejado, ya se había cumplido las dos horas que le pedí.
Llegue al lugar pactado con Kreacher, pero él aun
no llegaba. Así que me entretuve arreglando las pequeñas arrugas de mi blusa,
la cual no tenía ni una sola gota de sangre en ella.
Suspiré.
Me deje caer sobre el pasto, satisfecha, ahora
podría volver a casa de los Malfoy, ya que ellos no correrían peligro
teniéndome cerca. Eso era lo mejor de todo.
Y ahora que me sentía renovada —sin ese horrible
ardor en mi garganta— caí en la cuenta de que estaba en Londres, de mi mundo,
lo cual quería decir que podría llegar corriendo a casa de mi familia. Con mi
familia que tanto extraño, aunque pensándolo bien, si yo regreso ahora con
ellos, entonces mi padre ya no me dejaría salir nuevamente, y no podría
regresar a casa de Draco. Y mi buen amigo Draco estaría muy preocupado por mí
si no me encontraba dentro de unas horas en su casa. No, lo siento en verdad,
familia, pero todavía no puedo regresar con ustedes, pero les prometo que lo
haré dentro de unos días.
Plop.
Ese sonido seco me hizo volver la mirada hacia
atrás, a unos cuantos pasos estaba Kreacher. Me levante del pasto y me acerque
a él, me tomo la mano, yo cerré mis ojos preparada para sentir esa molestia en
mi ombligo por la aparición, y cuando abrí los ojos estaba nuevamente en mi
habitación.
—Nuevamente muchas gracias, Kreacher —me puse a su
altura y lo abracé. El elfo se quedó estático, como si no esperara que hiciera
algo como eso, y me pregunté desde cuando que no recibía un abrazo.
—Oh, la ama abrazo al viejo elfo Kreacher —susurró
con voz cortada, me separé de él y vi sus ojos muy brillantes, como si quisiera
llorar.
—Por supuesto, Kreacher, los amigos se abrazan
—Kreacher abrió sus ojos, mucho más de los que ya los tenía—. Porque lo que tú
hiciste por mí, solo lo hacen los amigos, tú y yo somos amigos —le dedique una
sonrisa amistosa—. Kreacher si algún día tú necesitas de mí, nunca dudes en
correr a pedirme ayuda, ya que yo siempre te ayudaré —le prometí.
Kreacher sorbió su larga nariz.
—Oh, gracias, ama. Kreacher debe toda su lealtad y
respeto a la familia Malfoy, pero ahora también le debe lealtad y respeto a la
ama, Renesmee Cullen —dijo haciendo una reverencia hacia mí.
—Kreacher, yo no soy tu ama, yo soy tu amiga. No lo
olvides —le recordé.
Y Kreacher que siempre parecía estar enojado, me
sonrió, y luego dijo:
—Kreacher también será un buen amigo para usted.
Buenas noches, a… Renesmee —hizo una reverencia y desapareció.
Somos amigos, no tenía que hacer una reverencia,
pero me imagino que nunca se le quitara la costumbre de hacer reverencias.
Respiré ahora sin temor a herir a Draco o sus
padres.
Me puse la pijama y luego me acosté en la cama,
dispuesta a dormir.
Londres Muggle
POV Alice
Estaba sentada viendo una revista de moda, cuando
de pronto me llego una visión. Y entonces la vi, Nessie corría por el bosque,
parecía que estaba de caza, se le veía de un ánimo mucho mejor del que tenía la
última vez que la vi, toda deprimida. Nessie se debatía entre venir o no a
casa, pero luego ya no pude ver nada, ella así como apareció desapareció.
Que extraño, pensé.
—¿Cómo pudo desaparecer así tan de repente? —esa
era la voz de Edward, que como siempre había estaba metido en mi mente, ante
cualquier visión de su hija.
—No lo sé, Edward —le respondí, él estaba frente a
mí, tenía el ceño fruncido, pensativo o preocupado. Tal vez las dos cosas—.
Solo apareció y luego desapareció, tú también lo viste —le recordé.
—¿Nessie? ¿Qué pasa con mi hija? —soltó Bella, y en
un abrir y cerrar de ojos, ella también estaba frente a mí.
—¿Está bien? —preguntó Rose.
—Por lo poco que vi, fue que estaba de caza en un
bosque cercano de nuestra casa. Se le veía de un mucho mejor ánimo, pero luego
desapareció —le s conté a todos, ya que Jasper, Emmett, Esme y Carlisle se me
habían acercado.
—¿Desapareció? —susurró Jasper.
—Sí —afirmé.
—Pero ¿desapareció así nada más por qué si?
—preguntó Esme.
Yo asentí.
—Desapareció de la nada… como si se tratara de
magia —dijo Emmett, quien luego rió por su ocurrencia.
—Emmett —le dijo Rosalie, con tono de advertencia.
—Pues aunque te burles, Emmett, eso me pareció —le
dije.
Carlisle era el único que no había abierto la boca
para comentar algo al respecto. Lo miré por el rabillo de ojo y lo noté
pensativo.

