POV Draco
Definitivamente nunca había conocido a una mujer
como Renesmee Cullen. Tan tímida y dulce; se ve encantadora cuando se sonroja,
y lo mejor de todo, era que ese sonrojo lo había causo yo. Y eso que solo le
había acariciado la mejilla y luego me había despedido de ella con un beso en
la frente. Una acción sin malicia, por primera vez en la vida podría decir que
estaba actuando bien, no tenía segundas intenciones con Nessie, o por lo menos
no solo quería acostarme con ella. Con ella quería llegar a más. La quiero. La
quiero para mí. Estoy enamorado de ella.
Al comienzo he de admitir que su belleza
sobrenatural me deslumbro, ¿cómo podría no hacerlo?, si ella es perfecta. Pero
es su inocencia lo que me vuelve loco, parece una niña atrapada en un cuerpo de
adolescente, de una mujer. Me fascina todo de ella, cuando sonríe, cuando se
muerde el labio inferior de forma nerviosa, cuando me mira, cuando frunce el
ceño, y hasta cuando se enoja. Me tiene hechizado, sí, me tiene completamente
hechizado, una muggle hechizo al mago más mujeriego.
Eso sonó muy irónico, pero es la verdad.
Estoy feliz de tenerla junto a mí, feliz de haberla
encontrado aquella noche —y casi no bajo de mi auto esa noche, habría sido un
completo idiota—. Ella hizo magia en mí apenas sus ojos chocolates hicieron
contacto con los míos, y mi corazón inmediatamente empezó a sufrir los extraños
síntomas de esa enfermedad —tan desconocida antes para mí— que todos llaman: Amor. No sé cómo paso, pero solo sé que
me enamore perdidamente de Renesmee Cullen, por eso la protegía de los
desplantes de mi madre, no quería que nadie la dañara.
Aun no puedo creerlo. ¿Yo, Draco Malfoy, enamorado?
Nunca creí enamorarme, siempre creí que ese sentimiento estaba negado a mí, era
por eso que solo me importaba el sexo, la pasión; pasarla bien con una de mis
amantes de turno; claro que yo tenía pensado casarme, pero solo para cumplir
con los intereses de mi familia, intereses que había pasado de generación en
generación, lo que significaba que tenía que casarme con una bruja sangre pura,
para luego tener un heredero, el cual sería el único heredero de fortuna
Malfoy. Pero eso ahora ya no importaba, ahora lo único importante en mi vida
era ella, con la única con lo que si me casaría y por amor, y con la cual me
gustaría tener hijos es con ella, solo con Nessie.
Aunque una parte de mí me hace sentirme un maldito
bastardo tratando de alejarla de su familia solo para tenerla junto a mí, y por
otra parte me siento un degenerado, un pedófilo por desearla como un hombre
desea a una mujer, a ella que recién está empezando a vivir, ¡por Merlín!, le
llevo como diez años, pero aun sabiendo eso no quiero alejarla de mí. Sí,
reconozco que soy un puto egoísta —aunque no debería sorprenderme tanto,
siempre he sido un egoísta— para no querer que regrese con su familia, y la
única forma que tengo para que Nessie se quede, es que ella se enamore
perdidamente de mí. Eso es lo que debo empezar hacer desde este momento,
enamorarla.
Eso debería suponer un trabajo fácil para mí, pero
con Nessie no lo es tanto, ya que ella no ha mostrado ni un interés romántico
hacia mí como cualquier otra hubiera hecho.
***
Desperté con la luz de un nuevo día, no me había
dado cuenta de que me había quedado dormido, tan concentrado estaba en mis
pensamientos que ni siquiera me dio tiempo de ponerme la pijama, solo recuerdo
que antes de perderme en la inconsciencia vi el hermoso rostro de Nessie.
Sonreí.
Nessie, repetí en mi mente.
Me levante de un salto al acordarme que le había
prometido a Nessie llevarla a conocer mi mundo; miré la hora en mi reloj, eran
las 8 de la mañana, todavía era temprano. Me di un baño rápido, y me vestí con
una de mis trajes oscuros, cogí la túnica del vestidor y me dirigí a la
habitación de mi hermosa ángel de rizos cobrizos.
Toque la puerta, y entre luego de escuchar un
«adelante» de su voz melodiosa.
Cuando entre a la habitación, lo primero que vi fue
a una hermosa mujer que vestía un vestido rojo escarlata de tirantes y zapatos
de tacón negro; su rojo vestido hacia aún más notoria su hermosa figura esbelta
y combinaba con el color cobrizo de sus cabellos y sus ojos chocolates. Ella
estaba frete al espejo cepillando su larga cabellera.
—Buenos días, Draco —dijo volviéndose hacia a mí, y
una sonrisa sincera apareció en su joven rostro.
—Buenos días, Nessie —le devolví la sonrisa—. Te
vez hermosa —la alagué, y eso era quedarse corto, ya que ella estaba más que
hermosa. Estaba deslumbrante.
—Gracias —contestó, y un hermoso sonrojo tiñó sus
mejillas—. Tú también te vez bien.
Fije bien mi vista en sus ojos, y allí había algo
que no me gustó nada.
—Pero ¿qué fue lo que te sucedió? —le pregunté. Sus
ojos estaban ligeramente rojos e hinchados, señal de que había llorado.
—¿Qué? —preguntó confundida.
—Tus ojos —le señalé—, están rojos e hinchados.
¿Estuviste llorando?
Bajo la mirada.
—Tuve pesadillas otra vez —dijo en tono bajo—. Nada
nuevo e importante.
—Tuviste pesadillas —repetí—. ¿Qué es lo que te
atormenta, Nessie? —me acerque a ella, puse una mano en su barbilla y la subí
para que me mirara a los ojos—. ¿No quieres contarme el motivo de tus
pesadillas?
Negó con la cabeza.
—Es algo… muy doloroso para mí —susurró—. Yo…
—Shh… está bien —puse un dedo en sus labios, que
estaban calientes—, no me cuentes si no te sientes preparada aun, pero ya sabes
que yo te escucharía sin juzgarte —quite mi dedo de sus labios. Y al instante
ella se lanzó a mis brazos en un abrazo, yo la rodeé por la cintura.
—Muchas gracias por ser tan bueno conmigo, Draco
—dijo comenzando a llorar—. Eres un buen amigo.
Un buen amigo, repetí mentalmente. Yo quiero ser algo más que un buen amigo
para ti, Nessie. Yo quiero ser tu compañero de vida. Yo quiero que me ames
tanto como yo te amo a ti.
—Vamos, no quiero que llores —le dije saliendo de
mis pensamientos. Respiré y el olor de fresas que despedía su cabello combinado
con la fragancia a vainilla de su piel me cautivo a un mas—. Recuerdas que te
tengo una sorpresa, o es que ya no la quieres.
—Sí, sí la quiero —respondió desasiendo el abrazo
lentamente.
Le sonreí.
—Bueno, entonces vamos, pero primero bajemos a
desayunar —ella asintió, la tomé de la mano como de costumbre y bajamos al
comedor.
—Buenos días, amo. Buenos días, ama —saludó
Kreacher haciendo una reverencia.
—Buenos días —contestamos Nessie y yo a coro,
sonreímos por eso.
—¿Y mis padres? —le pregunté luego al elfo.
—Los amos aun no bajan de su habitación, amo —respondió
Kreacher.
Que mis padres no bajaran a desayunar aún me
pareció raro, ya que ellos desayunaban a las 8 y ya eran más de las 9 de la
mañana.
—Está bien, ya puedes servir el desayuno —le dije.
Nessie y yo nos sentamos y el desayuno apareció al
instante.
Ella sonrió.
—El desayuno apareció más rápido de lo que lo
prepara y lo sirve mi abuela en mi casa —comentó, y volvió a sonreír, me
pareció que recordaba algún chiste privado. Pero no le pregunte cual era la
causa de esa sonrisa, me basta con verla de mejor humor.
El resto del desayuno fue en silencio, note a
Nessie muy pensativa, hasta que al pareció decidirse a preguntar.
—Eh, Draco, tengo curiosidad en saber, que clase de
criatura es Kreacher, porque él no es un mago, ¿o sí?
Ahora fui yo el que sonrió.
—Kreacher es un elfo doméstico —me miró
sorprendida—. Los elfos se encargan de los quehaceres de las casas, para eso
han nacido.
—Uhm… —asintió con el ceño ligeramente fruncido—,
pero ellos también pueden hacer magia.
—Sí —acepté—, pero es distinto —al ver que tanto
ella como yo habíamos terminado de desayunar, me levante—. Bueno, ¿estás lista?
—le pregunté.
Ella asintió con entusiasmo, se levantó de la
silla. Me puse mi túnica y aparecí otra para ella. La coloque sobre sus hombre,
le quedaba un poco grande, así que saque mi varita y la apunte —ella se quedó
helada al ver que nuevamente la apuntaba con mi varita— y con un simple hechizo
la túnica quedo de su tamaño.
Sonreí al verla confundida.
—No pongas esa cara —le dije—, es que en mi mundo
todos usamos túnica —le informé.
Relajo su expresión. Le sonreí y la tome de la
cintura para luego aparecernos en el Callejón Diagon. Nessie estaba con los
ojos cerrado y su rostro estaba un poco pálido, sus manos se aferraban a mí con
fuerza, me quede sorprendido porque nunca creí posible que una chica tan menuda
como Nessie tuviera tanta fuerza; seguramente debe ser el miedo por la nueva
experiencia.
—Nessie, pequeña, vamos, ya puedes abrir los ojos
—le susurré en el oído. Ella lentamente fue abriendo los ojos, a la vez con que
iba relajando sus manos y soltaba mi túnica.
—¡Oh, my God! —exclamó—. Esto es increíble —sonrió
mirando en todas direcciones.
—Sabía que te iba a gustar.
—Gustarme es poco —dio un paso hacia adelante—, me
encanta este lugar, pero ¿cómo se llama? ¿Adónde me trajiste? —preguntó, y note
que sus ojos chocolates brillaban llenos de emoción.
—Es el Callejón Diagon —le contesté.
—¿Callejón Diagonal? —preguntó aun mirando a todo.
—No, Diagonal, no, es Diagon —le corregí, ella
asintió—. Mira si vamos por la derecha podemos encontrar la tienda del señor
Ollivander, el fabricante de varitas —Nessie miró emocionada el lugar que le
indiqué—, por aquel lado está la tienda donde venden túnicas para todas las
ocasiones de Madame Malkin, allí también venden los uniformes de Hogwarts. Si
vamos de frente puedes ver el Banco Mágico Gringotts.
—Un momento, dijiste Hogwarts, ¿qué clase de lugar
es ese Hogwarts? —preguntó.
—Hogwarts, es el colegio de magia y hechicería
donde todos los magos y brujas asisten. Yo también estudie en ese colegio.
—Vaya, sí que debe de haber sido muy interesante y
emocionante ir a ese colegio, ¿verdad? —preguntó. Yo solo asentí, porque había
cosas que no quería recordar de mi estadía en Hogwarts.
—También mencionaste un banco —dijo luego—. ¿Qué
acaso los magos no guardan su dinero en los magos de los… muggles? —preguntó
con curiosidad.
—En realidad no, los magos y los muggles tienen
distintos clases de monedas, por no hablar de los billetes, nosotros carecemos
de ellos.
—Sorprendente. ¿Así que tienen diferentes monedas?
—Sí, está el galeón que es la moneda de más valor
en el mundo mágico, luego sigue los sickles, y por último los Knuts, la moneda
con menos valor.
—Cada vez me gusta más tu mundo, Draco —dijo
Nessie.
Sonreí.
Seguimos caminando, y cada vez que entrabamos en
alguna tienda, las brujas y sobre todo los magos se quedaban mirando a Nessie
por donde pasaba. Claro, se la quedaban mirando porque ella es hermosa y
también porque ella caminaba de mi mano. Me sentí orgulloso de eso, ya que era
yo quien estaba al lado de tan hermosa chica, pero a la vez también me sentía
un poco enojado, porque algunos magos eran muy insistentes con Nessie, la
miraban con la esperanza de que ella les devolviera la mirada. Pero para mi
suerte, Nessie no les devolvía la mirada, ella caminaba de mi mano y solo me
prestaba atención a mí.
Pero olvidando por un momento las miradas de esos
magos sobre mi Nessie, me di cuenta de que a ella todo le sorprendía y le
emocionaba, era lógico, siendo ella una muggle que nunca había pensado que
existía lo sobrenatural; me recordaba a mí cuando fui por primera vez al mundo
muggle, todo me llamaba la atención, y algunas cosas sí que me eran
interesante, sobre todo su tecnología.
Lo que más le gusto a Nessie fue ir a la librería,
le llamaron la tensión los libros de magia, pero uno en especial le llamo la
atención: “Los cuentos de Beedle el Bardo”, que para mí mala suerte la autora
de aquel libro era la ex leona y sabelotodo de Hogwarts. Ella había traducido
aquel libro que estaba en Runas, que le
dejo el viejo Dumbledore.
Luego de salir de la librería seguimos caminando
hasta que ella dirigió su mirada a una tienda, y cuando me di cuenta ella me
estaba jalando hacia la tienda de bromas de Weasley.
¡Oh, no puede
ser que quiera entrar allí!, pensé.
A regañadientes tuve que entrar, porque ni modo de
negarme, ya que eso causaría un montón de preguntas por parte de ella, y yo no
quería entrar en detalles, no era el momento aun de que sepa algunas cosas de
mí.
Entramos a la dichosa tienda de Weasley, y Nessie
empezó a dirigir su mirada por todos los artículos de broma del pelirrojo.
—Buenos días, hermosa dama, ¿puedo ayudarla en
algo? —preguntó Weasley, yo le dedique una mirada de advertencia, pero al
parecer él no se percató de mi presencia, por estar mirando descaradamente a mi
Nessie.
—Buenos días —contestó Nessie amablemente—. Y no se
preocupe, yo solo estaba mirando —le sonrió, y el tonto de Weasley, puso más
cara de tonto.
Estúpida
comadreja,
pensé.
—Bueno, si te animas por algo no dudes en… —y en
ese momento la comadreja se dio cuenta de que yo estaba allí también. Primero
puso cara de sorpresa y luego parecía un poco a la defensiva. No lo culpaba, es
obvio que si no fuera por Nessie, yo nunca habría puesto un solo pie en su tienda—.
Malfoy —dijo.
—Weasley —respondí, no muy amablemente, pero aún le
decía con la mirada que dejara de mirar de ese modo a Nessie.
—Draco —me llamó Nessie—, ya viste esto —me señaló
con su dedo unas varitas falsas.
Le sonreí.
—Sí, pero no son de verdad —le contesté—. Eh,
Nessie, espérame aquí, no te muevas —sentía la mirada de Weasley y de Nessie
sobre mí.
—¿Adónde vas? —me preguntó Nessie.
—Voy a comprar algo que olvide —respondí y salí de
la tienda de la comadreja antes de que Nessie dijera algo más.
No me agradaba nada dejar a Nessie con el idiota de
Weasley, pero por lo menos me quedaba tranquilo de que ese tonto no intentaría
nada con ella, porque su sentido de la moralidad estaba siempre presente. Él
podría ser un bromista empedernido, pero nunca le seria infiel a su esposa, y
ni siquiera por una chica tan hermosa como Nessie.
Ya fuera de la tienda de Weasley camine hacia la
joyería, porque quería hacerle un regalo a Nessie. No era tonto y me había dado
cuenta de que a pesar de que pasear por el Callejón Diagon había entusiasmado a
Nessie, ese entusiasmo no le llegaba a los ojos, aun se podía ver una profunda
tristeza en sus chocolates ojos, y era más notario al tener las huellas de
haber estado llorando durante la noche. Y no había día que no me preguntara el
motivo de su tristeza, lo único que sabía era que parte de esa tristeza tenía
un odioso nombre: Jacob.
Negué con la cabeza; poco a poco haría que Nessie
se sintiera más en confianza conmigo y ella sola me contaría lo que la ponía
tan mal.
Miré todas las gargantillas, brazaletes y aretes
que había en la joyería, pero nada me parecía digno de ella, digno de su
belleza. A decir verdad, todas esas joyas eran nada en comparación con ella,
que valía mil veces más que todas esas joyas juntas.
Está a punto de darme por vencido, cuando el
dependiente se acercó a mí y me dijo que tenía una gargantilla exquisita, digno
de una reina. No estaba muy seguro, pero nada perdía con comprobar si era
cierto o no.
Me guio a un cuarto especial y de un estante saco
un estuche de rectangular que parecía estar bañado en oro. Abrió el estuche y
dentro de ella había una gargantilla de plata con esmeraldas a todo alrededor y
en centro una pieza de esmeralda más grande que las otras. Si, esa era el
regalo perfecto para Nessie.
No me fije en el precio; Nessie se merecía lo
mejor, así que simplemente lo compre.
Guarde el estuche en el bolsillo de mi túnica y
salí del local. Esta gargantilla estaría adornando su perfecto cuello el día en
que anunciemos a todos nuestro compromiso. Y lo podía decir con toda seguridad,
porque Renesmee Cullen se convertiría en mi esposa, no sabía cuándo, pero
estaba seguro de ello. Me costara conquistarla, por supuesto, pero igual
siempre tendrá un solo fin, Nessie dejaría de ser Renesmee Cullen para pasar a
ser Renesmee Malfoy.
Caminaba tan metido en mis pensamientos, detallando
lo que sería mi vida al lado de Nessie, que solo salí de mis cavilaciones
cuando sentí un cuerpo chocar contra el mío.
—Lo siento —dijimos la persona con la que había
chocado y yo a la vez.
Pero esa voz se me hacía muy familiar. Levante la
mirada y grande fue mi sorpresa al ver con quien había chocado. Era nada más y
nada menos que Daphne Greengrass, ahora Schnitzler. Se había casado con un mago
alemán, Gunther Schnitzler. El cual había venido de visita a Londres hace
cuatro años, pero en una de esas salidas de turista se conoció con Daphne, y a
los cinco meses ya se estaban casando.
—Daphne —dije con sorpresa.
—Draco —dijo ella igual de sorprendida que yo—.
Hace mucho tiempo que no nos veíamos.
—Sí, hace más de una año —calcule.
Ella asintió.
—Sí, creo que desde que terminaron su compromiso
Tori y tú —puse mala cara al escuchar el nombre de su loca hermana.
—¿Y qué es de ella? —pregunté más por educación que
por interés.
—Tori esta…
—Draco —dijo la voz melodiosa de Nessie detrás de
mí, a la vez que posa una de sus cálidas manos en mi hombro, me volví para
mirarla—, eh… esto… lo siento, no quise interrumpir —se sonrojó al ver que
estaba acompañado de Daphne.
—No te preocupes —le dije, tomándola de la mano—.
Mira te presento a Daphne Schnitzler.
—Hola, mucho gusto, soy Renesmee Cullen —se
presentó Nessie.
—Igualmente —contestó Daphne, pero note que ella
miraba con suspicacia a Nessie y luego a mí—. Bueno, me tengo que ir, deje a mi
hijo solo con el elfo… eh… me alegro de haberte visto de nuevo, Draco —sonrió—.
Adiós —le dijo a Nessie.
—Adiós —contestamos los dos a la vez.
—Nessie, ¿por qué te saliste de la tienda? —la
regañé después de que Daphne había desaparecido—. Te podrías haber perdido.
Se sonrojo.
—Me salí porque te vi pasar, pero no me di cuenta
de que estabas ocupado —respondió en voz baja.
—Bueno, ya no importa —le dije—. Vamos.
La volví a tomar de la mano, y pasamos unos minutos
en silencio, hasta que ella preguntó.
—¿Esa chica, Daphne, es tu amiga?
—Sí, es mi amiga desde que tenía 11 años.
Estudiamos juntos en Hogwarts, ¿por qué?
—No, por nada, me pareció… amable —dijo. Sonreí.
Si, Daphne era amable, distinta a las chicas Slytherin que conocí, todo lo
contrario a la loca de su hermana Astoria—. Y también te conoces con el chico
pelirrojo de la tienda, ¿verdad?
—Sí —respondí.
—¿Él también es tu amigo?
—No. Weasley no es mi amigo, pero tampoco mi
enemigo.
—No te cae bien —no fue una pregunta, más parecía
una afirmación.
No le contesté, porque hacerlo significaría
hablarle de su familia, lo que conllevaba hablar de Potter también.
—A mí me pareció muy simpático —rodé los ojos—.
Aunque dijo algo que me molesto un poco.
—¿Qué te dijo? —preguntó con preocupación. Temía
que ese Weasley le hubiera contado algo de mi pasado a Nessie.
—Me preguntó que si yo… era tu nueva conquista —se
sonrojó al decir eso último. Fruncí el ceño. Maldito Weasley, pensé—. También me aconsejo que no me confiara en
tus promesas de amor… ¿Por qué dijo eso?
—No hagas a nada de lo que te diga el tonto de
Weasley. Siempre suele hacer bromas pesadas.
—¿En serio? ¿Solo fue una broma? —preguntó.
—Sí.
La tomé nuevamente de la cintura y al instante
aparecimos en el jardín de Malfoy Manor.
POV Astoria
Otra vez en Londres, otra vez en casa, otra vez
vería a mis padres, a mi hermana Daphne, a mi cuñadito Gunther, y a mi sobrino
Alaric. Sí, ya extrañaba a mi familia, porque aunque no lo admita los amo a
todos.
Pero eso no quiere decir que me arrepienta de
haberme dado la gran vida por durante un año en Francia. Sí que me divertí en
los brazos de mis amantes —Damien, Bastien, Gwendal, Jules, y muchos otros más
que ni siquiera me acuerdo de sus nombres—, pero ya había llegado la hora de
recuperar lo mío. Ya era hora de recuperar a Draco Malfoy; espero que todo este
año que pasamos separados le haya servido para recapacitar por haberme dejado.
¿Cómo pudo dejarme? ¿A mí, una bruja sangre pura? Es ilógico, él sabía
perfectamente que ambos nos complementábamos.
Aunque he de reconocer que yo también estaba un
poco aburrida de él, por eso acepte nuestra separación, lo amenace, claro, pero
para no perder mi orgullo.
Pero ahora vengo dispuesta a casarme con él, como
debió haber desde hace un año —sonreí al recordar lo apasionado que era Draco.
Ninguno de mis anteriores amantes eran tan insaciables y apasionados como él, y
mi cuerpo lo reclama—. Muy pronto, a lo mucho dentro de unos cinco meses
dejaría de ser Astoria Greengrass para ser Astoria Malfoy. Porque por las
buenas o por las malas Draco se casaría conmigo. Él volvería a ser mío. Y
aunque no me guste la idea de perder mi hermosa figura por unos meses, yo sería
la madre del heredero de los Malfoy.
Prepárate
para volver a mí, Draco Malfoy, pensé, mientras aparecía en la sala de la mansión
Greengrass.
—Hola, familia, ya llegue —grité al ver que no
había nadie en la sala.
Escuché un plop.
—Oh, ama, Pinky se alegra de verla de regreso en su
casa —dijo el elfo haciendo una reverencia al verme. No le tome importancia.
—Sí, sí, Pinky. Pero llama a mi familia, que es a
ellos a quien deseo ver no a ti —le ordene, pero el estúpido elfo se quedó
parado como tonto—. ¿Qué esperas?
—Sí, ama, Pinky llamara a su familia. Y cuando suba
a su habitación, Pinky le tendrá el baño caliente, como a la ama le gusta —el
elfo cogió mi túnica que había dejado sobre el sofá y desapareció con un plop.
A los minutos mi hermana entraba apresurada a la
sala.
—¡Tori! ¡Hermana! —me abrazo y yo le respondí el
abrazo—. Qué alegría que hayas vuelto, te extrañe tanto —su voz era entre
cortada lo que me dio a entender de que estaba llorando.
A veces Daphne era tan… ¿Cómo decirlo para que no
se escuche mal? Ah, sí, a veces Daphne era tan débil.
—Yo también te extrañe, Daphne —dije deshaciendo el
abrazo.
—¿Por qué tardaste tanto en regresar, Tori? —me
regañó, no le tome importancia, pero vi rostro y efectivamente había llorado.
Apareció un pañuelo y seco sus lágrimas.
—Ya sabes, todo fue por culpa de Draco, me deprimí
mucho cuando él me dejo —fingí sentirme dolida por eso—. Y luego de eso yo solo
quería distraerme, por eso no volví hasta estar segura de haberlo olvidado.
—¿Y lograste olvidarlo? —preguntó mi hermana.
La miré a los ojos. Aquí empezaría el show, ya que
sabía que tener a Daphne haría que Draco volviera a mí más rápido.
—La verdad es que no. creo que nunca lo olvidare,
lo amo demasiado —dije fingiendo tristeza—. Pero no por el hecho de no haberlo
olvidado, eso no significa que yo no pueda regresar con ustedes, con mi familia
—la abracé para hacer más creíble mi dolor.
—Lo siento tanto, Tori —seguía abrazándome—. Lo
bueno es que ya estás aquí, con tu familia. ¿Sabes? Nuestros padres te
extrañaban mucho; será una sorpresa para ellos encontrarte aquí.
—Yo también los extrañe mucho —deshicimos el abrazo
y nos sentamos en el sofá—. ¿Y dónde están nuestros padres? ¿Cómo esta Gunther
y mi sobrino? —le pregunté.
—Nuestros padres están de visita en casa de uno de
sus amigos, pero ya no tardan en regresar, Gunther está en el ministerio,
últimamente llega muy tarde del trabajo —note cierta preocupación en mi hermana
al mencionar a su esposo—, y Alaric ahora está durmiendo, es que se quedó
agotado de estar casi toda la mañana subido en su escoba de juguete, creo que
será un buen jugador de quidditch cuando entre a Hogwarts —su tono preocupado
cambio a uno emocionado al hablar de su hijo.
—Por supuesto, hermana, Alaric será el mejor
jugador de quidditch, y claro estará en Slytherin —afirmé.
Me quede mirando a la nada, y otra vez mis
pensamientos fueron ocupados por Draco, y como recuperarlo. ¿Qué habría sido de su vida durante este
tiempo separados?, me pregunté. ¡Por Merlín! Solo espero que no se haya
casado, eso solo arruinaría mis planes, aunque si Draco está casado ya
encontraría la manera de quitar de mi camino a esa bruja.
Tengo que saber si Draco está casado o no. Daphne
sabría algo de Draco, pero así lo supiera seguro que no querrá contarme nada
para que según ella no sufra…
—Tori, ¿qué te pasa? —la voz de mi hermana me saco
de mis pensamientos.
—Ah… no es nada —susurré.
—¿Nada? Dime, por favor, tal vez pueda ayudarte.
Quise sonreír.
—Es que… yo… yo quería pregúntate… por alguien
—fingí estar nerviosa.
—¿Por quién me querías preguntar?
—Por… Draco… —Daphne se levantó de sofá y frunció
el ceño—, hermana, por favor, dime ¿qué sabes de él?
Negó con la cabeza.
—Lo siento, Tori, pero no creo que eso sea lo mejor
para ti.
No creo que
eso sea bueno para ti,
repetí en mi mente. ¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso Draco estaba con alguien?
—Por favor —insistí.
—Pero para que saber de Draco, si ya terminaron…
—Yo solo quiero saber si se casó…, porque si no
está casado, entonces, tal vez yo podría conquistarlo de nuevo… siento que él
es el hombre de mi vida, Daphne.
Daphne negó con la cabeza y me miró desconcertada.
—Hermana, ya sabes que Draco es un hombre muy
atractivo —Claro que lo sé, no estoy
ciega, pensé—, las mujeres lo asedian, a pesar de su oscuro pasado como
mortífago, y él ha tenido muchas amantes, pero nada serio…
—¿Adónde quieres llegar? Yo solo quiero saber si
Draco aún sigue soltero —le exigí, ya estaba empezando a fastidiarme sus
rodeos.
Suspiró.
—No, Astoria; Draco no se ha casado, todavía… pero
podría hacerlo —susurró esa última frase.
—¿Qué quieres decir con que Draco se podría casar?
¿Acaso tiene novia? —pregunté un poco alterada.
Cálmate,
Astoria, cálmate. No pierdas los estribos, me dije.
—Cálmate, ¿quieres? Porque si te vas a poner así de
alterada, no te cuento nada —dijo seriamente mi hermana.
—Está bien, está bien, me calmaré, pero por favor
cuéntame, ¿sí? —insistí.
—Ayer fui al Callejón Diagon a comprar algunas
cosas que necesitaba, pero cuando caminaba hacia una tienda, sin querer me
choque con alguien, y cuando levante la mirada, me sorprendí al ver a Draco
Malfoy frente a mí.
—¿Y qué más paso?
—Ambos nos disculpamos, pero cuando nos reconocimos
nos saludamos y empezamos a platicar un poco hasta que…
—¿Hasta que, qué?
—Quieres dejar de interrumpirme, porque si lo vas a
seguir haciendo mejor no te cuento nada —me amenazó, yo solo asentí dándole a
entender que ya no lo haría.
—Como te decía empezamos a platicar… hasta que
alguien se acercó a nosotros, ese alguien puso una mano sobre el hombro de
Draco y le sonrió, y al darse cuenta de que Draco no estaba solo se sonrojo y
se disculpó por interrumpir, y en verdad parecía apenada.
—¿Apenada? ¿Entonces era una mujer?
Daphne asintió.
—Pero ¿quién era? ¿La conozco? —pregunté,
maquinando lo que le haría a esa estúpida bruja por acercarse a mi futuro
esposo.
—No creo que la conozcas, ni siquiera yo lo
reconocí de nada… parece que es americana porque tiene un acento diferente.
—¿Y cómo es físicamente? ¿Es bonita? ¿Qué edad
tiene?
—¡Basta, Astoria! ¿Puedes hacerme una pregunta a la
vez? —movió su cabeza de manera negativa, asentí a regañadientes—. Y si, es
bonita, es muy bonita —agregó. Cada vez que decía que esa estúpida era bonita
la furia empezaba a burbujear dentro de mí, sentía mis uñas clavarse en las
palmas de mis manos, sin darme cuenta había hecho puños y me estaba
lastimando—, su cara tiene forma de corazón, con pómulos sonrosados, su cabello
es de un extraño color cobre, con rizos, nariz respingada y perfilada, labios
semi-gruesos y rojos, sus ojos son de un color chocolate, como de un metro
sesenta de estatura, esbelta y tendrá como unos 16 o 17 años, ¿contenta con la
descripción?
Vaya, pero si era solo una mocosa, una estúpida
mocosa que nada tenía que ver conmigo. Yo solo una mujer, una mujer de verdad,
y Draco solo está jugando con esa.
—La has descrito como una mocosa perfecta, Daphne,
pero… dudo mucho que Draco sienta algo por esa,
a él no le gustan las niñitas, a él le gustan las mujeres de verdad, como yo
—sonreí—. Creo que no tengo nada de qué preocuparme, Draco regresara conmigo.
—Pues te diré… —suspiró—. Tori, lo mejor será que
no te hagas ilusiones con Draco, él la miraba de una manera tierna, casi con
adoración, y en sus grises ojos pude ver amor, amor por ella; y tú sabes
perfectamente que Draco nunca demuestra sus sentimientos por nadie… pero por
esa chica parecía no darle importancia si la gente descubre o no sus sentimientos
por ella.
—DEBES DE ESTAR CONFUNDIDA, DAPHNE. DRACO NUNCA SE
ENAMORARÍA DE UNA MOCOSA ESTÚPIDA A LA CUAL LE LLEVA COMO 10 AÑOS —grité, ya
fuera de control, simplemente no soportaba que Draco se haya enamorado de una
mocosa. Era imposible.
Tenía que hacer algo para que él vuelva a mí, y
tenía que hacerlo ¡ya!
—¿Y tú como puedes asegurarlo? No puedes saber lo
que Draco siente, y ya cálmate parecer una loca, ¿qué es lo que te pasa? ¿Eh?
Si hubiera sabido cómo te ibas a poner no te hubiera contado nada.
Daphne también parecía enojada. Así que me obligue
a calmarme.
Respiré profundo varias veces.
—Lo siento, Daphne, no quise gritarte, pero es solo
que me puse nerviosa.
¡Maldita sea!
No podía pelearme con mi hermana por esa estúpida y el idiota de Draco. Tienes
que calmarte, Astoria, tienes que calmarte, me decía a mí misma.
—¿Y cómo se
llama esa mocosa? —pregunté conteniendo la ira. Daphne me miró seria—. No haré
ninguna tontería, solo quiero saber su nombre.
—No lo recuerdo, no le preste mucha atención cuando
se presentó, estaba más atenta a la mirada que Draco le dirigía a la chica —Estúpida mocosa, me las pagaras, pensé—.
Lo único que recuerdo es su apellido: Cullen. Pero su nombre, simplemente no lo
recuerdo, sonaba raro, empezaba con la letra “R”. Ren… Reen-see, no, ya lo
olvide, lo siento.
R. Cullen.
¿Quién rayos será? Ese apellido no me suena de nada. ¿Acaso será un asquerosa
sangre sucia? Tal vez, no, no creo que Draco haya caído tan bajo, como para
meterse con una sangre sucia, pensé.
—No importa, hermana —le dije fingiendo
desinterés—. Bueno, creo que voy a mi habitación, estoy muy cansada y quiero
darme un buen baño —y antes de que Daphne pudiera decir algo más, yo salí de la
sala con rapidez.

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