domingo, 24 de abril de 2016

Conociéndola un poco más

POV Draco
Después de desayunar y del interrogatorio tan incómodo de mi madre para la pobre de Renesmee, decidí llevarla al jardín, y le dije que me esperada ahí, porque iba hacer unas cosas, que pretexto más deprimente, pero ni modo. Regrese a la casa y me fui directo a la biblioteca, sabía que mis padres estaban ahí. Entre sin llamar a la puerta y cuando la cerré tras de mí, empecé a reclamarle a mi madre.
—Madre, ¿por qué hiciste eso? —la cuestioné, con el tono más duro de voz. Estaba enojado con ella.
—¿Hacer el qué? Ah, ya sé, te refieres a esa chica Renesmee, pues tengo que averiguar todo sobre ella, siento que oculta algo, es rara, hasta su nombre es raro —dijo con el mismo tono de voz que yo use al hablar.
—No, madre, no tienes que averiguar nada sobre ella. Sabes que la incomodaste con todas tus preguntas.
—Pues si no tuviera nada que ocultar no se habría incomodado —contratacó.
—Ella no oculta nada, solo está un poco deprimida por algo que le paso y…
—¿Y qué es ese algo que le paso? ¿Ya te lo dijo? No, ¿verdad? —mi madre me interrumpió. Yo solo la miré, había veces en que madre se ponía verdaderamente necia.
—No —reconocí—, pero tú no tenías ningún derecho a…
—Ya basta los dos —gritó mi padre, que hasta el momento se había mantenido callado escuchando todo lo que decíamos—. Draco, no le hables de ese modo a tu madre, y tú, Cissy deja de meterte en los asuntos de Draco —su voz era firme.
—Soy su madre, por eso me meto —objetó mi madre.
—Pero Draco ya no es un niño para que estés metiéndote en sus cosas, él ya es un hombre hecho y derecho, y ya sabrá que hacer respecto a esa chica, entiende de una vez, Cissy —objetó mi padre, sorprendiéndome por su actitud. ¿Acaso me estaba apoyando a que esté con una muggle? Esto sí que era extraño, Lucius Malfoy defensor de la pureza de la sangre, está aceptando que su hijo trate con una muggle, de la cual no sabe mucho. Bueno, también es raro para mí, yo pensaba igual que él respecto a la pureza de la sangre, pero desde que la guerra acabo y gano el bien, poco a poco hemos cambiado.
Giré mi rostro para mirar a mi madre, no pude evitar sonreír de medio lado al ver su desconformidad.
—Luego no digas que no te lo advertí, Draco, y tú también Lucius por apoyarlo en sus locuras —madre me miró—, y borra esa sonrisa burlona, Draco —diciendo esto último salió de la biblioteca dando un portazo. Ya se le pasara el enojo.
—Gracias por apoyarme en esto, padre —le dije, aun asombrado por su nueva actitud.
—No me agradezcas, Draco, porque lo que tengas planeado hacer con ella no sale bien o descubre que somos magos, tú tendrás que solucionarlo —me dijo, con seriedad en su voz.
—Si esto sale mal, por supuesto que yo lo solucionare, padre. Pero de todas formas gracias por apoyarme —luego de decir esto último fui a reunirme con Renesmee al jardín.
Cuando llegue al jardín empecé a buscar por todas partes a Renesmee. Unos segundos después la encontré, ella estaba sentada en una banca; así que como la serpiente que fui, camine muy silenciosamente hasta donde estaba. No se dio cuenta que estaba a espaldas de ella, me pregunté en que estaría pensando, pero al instante me desconcerté por lo que oí.
—Jacob —susurró, y parecía que estaba llorando—, yo tengo la culpa de todo, lo siento tanto, Jacob; lo siento, mi lobito… Te extraño… —otra vez menciono ese nombre y otra vez estaba llorando por él. Un momento, ¿acaso lo llamo «mi lobito»? Y que lo extrañaba, ¿sería su novio y él la había dejado?
¿Qué te pasa, Draco? No debería de importarte si ese tal Jacob es el novio de Renesmee, me dije, pero a quien trato de engañar. Si me importa y mucho.
Negué con la cabeza, no quería pensar en el supuesto novio de Renesmee. Así que di unos cuantos pasos y me posesione al frente de ella.
—Renesmee —dije, y ella rápidamente se secó las lágrimas—. ¿Estabas llorando? —pregunté.
—No —contestó, pero su voz la delataba—, ¿por qué lloraría? —agachó la cabeza y trato de ocultar su cara de mí—, no te sentí llegar —dijo, queriendo cambiar de tema, pero no le resultaría.
—Llegue hace unos segundos —le contesté—. Y su estabas llorando —puse mi mano debajo de su barbilla y la subí para mirarla a los ojos—, tus ojos están rojos y ligeramente hinchados, como la noche que te encontré.
—Solo son tonterías de chicas —susurró.
—Ah… no sabía que por «tonterías de chicas» se lloraba —dije, y ella se sonrojó. Quite mi mano de su barbilla y me senté a su lado.
—Recordaba a mi familia, los extraño, ¿crees que ya pueda volver a casa con ellos? —me preguntó. Y al escuchar esas palabras me hizo sentir algo extraño, como cierta tristeza. Yo no quería que se vaya, no quería que se aleje de mí.
Tengo que encontrar una manera de retenerla aquí, me dije.
—No lo creo, todavía estás débil —y eso fue lo único que se me ocurrió para que no se fuera. Que patético soy.
—Ya me siento bien. Además deben de estar muy preocupados por mí, ya llevo 4 días desaparecida —dijo, con cierta confusión, como si esperada que su familia la hubiera encontrado desde hace mucho—. Y si por lo menos los llamara por teléfono para decirles que no se preocupen por mí, que estoy bien, así ellos ya estarían más tranquilos al saber que estoy bien.
Si esa podría ser una buena idea, si Renesmee hablaba por teléfono con su familia y le dice que está bien, quizás ella esté más tranquila y así la podría convencer de que se quede una temporada a mi lado.
—En mi habitación tengo un celular, si quieres cuando subamos te lo presto para que puedas comunicarte con tu familia.
Renesmee asintió y sonrió. Sonrisa que me transporto a otro mundo.
—Muchas gracias, Draco, eres muy buena persona —me dijo. Si supieras que no quiero que regreses con tu familia, y que quiero que te quedes conmigo siempre, no dirías eso.
—No tienes nada que agradecer, Renesmee —le sonreí, cosa rara en mí, ya que yo no era mucho de sonreír y menos a personas que recién conocía, pero ella tenía el don de que yo dejara atrás todo lo malo que había hecho en mi vida—, creo que ya somos amigos, ¿verdad? —ella asintió—. Y los amigos se ayudan.
—Sí, ya eres mi amigo, Draco —afirmó—. Y ya que somos amigos puedes llamarme Nessie o Ness, solo mis amigos y familiares me llaman de esa manera.
—¿Nessie? ¿Ness? Pero «Nessie» no es el nombre con que llaman al monstruo del lago Ness —le dije, al recordar que una vez leí un libro muggle que hablaba sobre ese monstruo—. Y tú para nada eres un monstruo —ella sonrió como si se estuviera acordando de algo—. No te llamare de esa manera, te seguiré llamando Renesmee.
—Oh, vamos, me gusta que llamen Nessie o Ness, y eso no significa que sea un… monstruo —dijo todavía sonriendo.
—Pero… —trate de refutarle.
—Por favor solo mi padre me dice Renesmee cuando he hecho alguna travesura con el tío Emmett o cuando mi madre me manda a hacer algo y no quiero hacerlo —hizo un puchero y no me pude negar.
Sonreí.
—Está bien —dije, pero note que mi voz sonó como la de un estúpido, así que carraspeé para poder hablar con normalidad—, me costara un poco de trabaja llamarte así, pero si a ti te gusta, de acuerdo —volví a sonreír—. ¿Quién te puso tu nombre? —pregunté con curiosidad, ya que nunca había escuchado su nombre en otra chica.
—Fue mi madre, ella y sus locas ideas de nombres. Combino los nombres de mis abuelitas Renée y Esme y salió «Renesmee» y mi segundo nombre «Carlie» también es la combinación de los nombres de mis abuelitos Carlisle y Charlie —hizo una pausa—, y si hubiera sido un varón me hubiera llamado Edward Jacob —al mencionar el nombre de «Jacob» su mirada se entristeció, y otra vez por ese maldito nombre, o debería de decir por ese maldito hombre, que no sé quién es, pero siento que lo detesto.
¿Por qué querrían ponerle ese nombre?, me pregunté luego.
—Edward por tu padre, ¿verdad? —dije, recordando el nombre de su padre, ella asintió—. ¿Y por qué «Jacob»? —le pregunté, con verdadera curiosidad.
—Por… el mejor amigo de mi madre —hizo una pausa al hablar, parecía que había algo más detrás de ese nombre o mejor dicho esa persona. Tal vez mi madre tenga un poco de razón al decir que Renesmee oculta algo, o puede que también ella haya estado o está enamorada del mejor amigo de su madre y esté la había rechazado, ¿pero porque dice que tiene la culpa de todo?
—Bueno, ya que somos amigos —repetí lo que ella había dicho hace unos minutos—, me gustaría saber más de ti, y ya que gracias a mi madre —se sonrojó, y yo sonreí—, ya sé que eres de Forks, que tienes 17 años, se los nombre de tus padres, tíos abuelos, y también a que se dedican —hice una pausa—. ¿Y ahora dime tienes hermanos, primos? —pregunté.
—Soy hija única y no, no tengo primos, así que soy la más pequeña de la familia y como dice tía Rosalie «la consentida de la casa» —sonrió al decir la última frase, como si se estuviera acordando de algo—. ¿Y tú también eres hijo único o tienes hermanos? —me preguntó.
—Sí, yo también soy hijo único, creo que tenemos algo en común —la miré y sonreí, ella se volvió a sonrojar, ¿acaso se sonrojo por lo que le dije? Creo que me está gustando verla sonrojarse por mí. Pero mejor cambie de tema—. ¿Y cuál es tu color favorito?
—El rosa, me encanta ese color, mi habitación es rosa y cuando voy de compras con tía Alice —hizo un gesto de terror, me dio gracia—, siempre compro prendas rosas, y también compro prendas azules, vestidos, blusas, zapatos. A mi padre le gusta que me vista de azul, dice que ese color me queda bien, como a mamá —volvió a sonreír.
—¿Por qué pusiste cara de terror cuando dijiste que ibas de compras con tu tía? —le pregunté, con curiosidad—, a todas las mujeres le gusta ir de compras —afirmé.
—Sí, ir de compras es divertido, pero ir casa dos semanas es un poco tedioso, y más si tienes una tía que es adicta a las compras, a veces tía Alice se pasa. Tú no sabes lo que es un día de compras con ella. Me despierta a las 9 de la mañana para que me duche y me cambie, a las 9:30 tengo que bajar a desayunar, y en solo diez minutos, porque a las 10 en punto tenemos que estar en el centro comercial, y estamos regresando a casa a las 9 de la noche, el auto queda repleto de bolsas, a las justas entramos las dos, te juro que mi tía deja todos los centro comerciales de Forks vacíos.
No podía creer lo que me decía.
—¿Te lleva de compras cada dos semanas? ¿Por qué tan seguido? ¿Y tus padres no dicen nada? —pregunté.
—Sí, me lleva de compras cada dos semanas, y cuando yo digo: «pero tía Alice fuimos de compras hace dos semanas», ella me responde: «Sí, Nessie, y todo es tan viejo ya, además sabes que los Cullen no repetimos ropa y que cambiamos de ropa tres veces al día». Y si mamá dice: «Alice, deja de torturar a mi hija», ella responde: «Bella, no seas aguafiestas, Nessie no es como tú de aburrida y a ella si le gusta ir de compras. Oh… ya sé, tal vez tú quieres tomar su lugar», y luego mamá dice: «Lo siento, hija, trate de salvarte», me da un beso en la frente y se va lo más lejos posible de tía Alice, y papá solo dice: «Lo siento, cariño, yo prefiero no meterme en eso, la última vez que fui de compras con Alice, fue fatal», me da un beso en la frente igual que mamá y se va tras ella. Y bueno, tío Jasper, su esposo, él si nunca se salva de ir de compras, recuerdo que una vez, tío Jasper y tío Emmett se escondieron para no ir, y cuando tía Alice los encontró los llevo de compras tres días seguidos, y a mí me dejo libre. La única que disfruta de las compras es tía Rosalie, ella es muy vanidosa —hizo una pausa deteniéndose a mirar una flor—. A los únicos que no obliga a ir de compras con ella, es a mis abuelitos, y solo porque son sus padres. Pero definitivamente se pone peor cuando vamos a Francia, eso sí que es una tortura.
Soltó un suspiró de pesar.
—Te compadezco, y disculpa, pero tu tía está un poco demente —le dije. Creo que todos tenemos una tía que está mal de la cabeza, pensé recodando a Bellatrix. Aunque ella no solo estaba loca, también era una asesina, disfrutaba asesinando.
—Sí, creo que está un poquito loca —hizo un gesto gracioso—, pero igual la adoro, y dejando de hablar de mi tía; yo ya adivine cuáles son tus colores favoritos —comentó.
—Así, ¿y cuáles son? —pregunté.
—Uhm… pues, el verde, plateado —me miró—, el negro, gris, y podría apostar que todos los colores oscuros —afirmó.
—¿Cómo lo sabes? —le pregunté asombrado, porque había acertado con mis colores favoritos, ¿acaso es una adivina?
La miré fijamente, cosa que hizo que sus mejillas teñirse de un color rosa.
—Lo sé, porque tu habitación tiene las paredes verdes, y por los colores que sueles vestir —contestó, y una ligera sonrisa se le formo.
Seguimos conversando, pero no sabía porque no podía apartar mis ojos de ella, simplemente no podía, algo me atraía a mirarla —Basta, Draco, se va a dar cuenta, me regañaba a mí mismo—, así que para no incomodarla, dirigí mi vista a las flores, pero la belleza de Renesmee opacaba a las flores.
—¿Y qué te gusta hacer en tus ratos libres? —pregunté, luego de estar unos minutos en silencio. Ella volvió su mirada a mí, al parecer también se había quedado viendo las flores.
—Ah, pues, me gusta leer libros, obras —Vaya, espero que no sea una sabelotodo como lo era la insufrible de Granger en Hogwarts, pensé—, mis favoritas son “Cumbres Borrascosas” y “Romeo y Julieta”, también me gusta ir al cine, jugar videojuegos con tío Emmett, yo siempre gano, me gusta jugar ajedrez con tío Jasper, ir a la playa, hacer salto de acantilado —¿Qué? ¿Acaso dijo «hacer salto de acantilado»? ese deporte muggle es muy peligroso. Yo no permitiría que lo vuelva hacer—, y con toda mi familia siempre jugamos al béisbol, también toco el piano…
—¿Sabes tocas el piano? —le pregunté, interrumpiendo su relato.
—Sí, papá me enseño —sonrió levemente—, mamá dice que herede los dotes de artista de mi padre.
—Creía que tu padre era médico —pregunté, con confusión.
—Sí, es médico, pero es aficionado al piano, y toca muy bien. La abuelita Esme dice que papá es el artista de la familia, y que bueno, que yo herede su talento.
—Espero que algún día pueda escuchar alguna melodía tocada por ti —comenté.
—Cuando quieras —dijo.
—¿Y en que más eres buena? —pregunté.
—Uhm…, en el ballet, también estudio ballet.
—¿Eres bailarina? —pregunté asombrado, de verdad me sorprendía, no solo toca el piano, sino que también es bailarina de ballet. Sí que tiene dotes de artista.
—Sí. Iba a entras a la Accademia Teatro alla Scala en Milán–Italia, y después iba a ingresar a la Academia de Bellas Artes de Brera, también en Milán–Italia.
—¿Ibas? —no pude evitar preguntar, al escucharla hablar en tiempo pasado.
—Sí, iba, creo que lo pospondré unos meses —bajo la mirada entristecida.
—¿Y sabes hablar italiano? —pregunté, para distraerla.
Se, forse, si pensava che stava andando a studiare in Italia senza parlare italiano, io non credo giusto? (Sí, acaso creías que iba a estudiar en Italia sin hablar italiano, yo creo que no, ¿verdad?) —hablo un perfecto italiano, su pronunciación era sorprendente.
—Vaya, apuesto a que no es el único idioma que sabes —afirmé.
—También hablo francés, portugués, y un poco de ruso —dijo, y volví a quedarme asombrado, no solo era una artista, sino también bilingüe.
—¿Ibas a Italia con toda tu familia o solo con tus padres? —pregunté.
—No, iba a ir sola —respondió como si nada. ¿Qué iba hacer una chica de 17 años sola en Milán? Podría estar en constante peligro.
—¿Sola? ¿Por qué ibas a ir sola?
Se quedó callada unos minutos, pero luego respondió.
—Tengo… amigos en Italia–Volterra.
—¿Pero tú ibas a Milán?
—Sí, pero Aro… —calló de repente, como si hubiera dicho algo malo.
—¿Aro? ¿Quién es Aro? ¿Un familiar? —pregunté, y sin poder evitarlo, me estaba comportando como madre.
—Es un amigo de mi abuelito Carlisle, ambos se conocen desde hace muchos años —dijo en un susurró—, bueno, él iba a mandar a su hijo adoptivo, Alec, para que me cuidara. Alec es un buen amigo mío —en su voz se podía notar el nerviosismo.
Y me preguntó porque se pone nerviosa. Pero luego entendí, quizás ese Alec era su novio; y algo que nunca había sentido por nadie me descoloco. Sentía celos de ese tal Alec, celos porque conocía a Renesmee más que yo, sabía de ella más que yo y hasta podría haber tenido una relación con ella.
—¿Tu amigo o tu novio?
—No cómo crees que Alec-soy-el-más-sexy-del-mundo-Vulturi es mi novio. Él solo es un amigo, además, es tan presumido, egocéntrico y se cree el ombligo del mundo, que dudo que una chica en sus cabales se metiera con él —sonrió al decir todo eso.
Vaya, creo que ese tal Alec, se parece a mí, aunque me cueste decirlo, se parece en carácter y forma de ser a mí. Y eso no me gusta nada.
Luego de nuestra amena charla subimos a mi habitación para que Renesmee se pudiera comunicar con su familia.
—Aquí tienes —le tendí el celular, ella lo tomo y marco los dígitos con una rapidez que me sorprendió. Se puso el móvil en la oreja y espero unos segundos.
—Papi… —dijo, y me salí de la habitación para darle privacidad. Aunque algo muy dentro de mí se quería quedar a escuchar todo lo que decía.
Negué con la cabeza ante tal pensamiento y aproveche para meterme en la biblioteca y escribir una carta a mi secretaria para que se fuera al mundo muggle y comprara todo un nuevo guardarropa para una chica de 17 años, y ahora que ya se sus colores favoritos le encargare que comprara ropa en colores variados, pero en especial en rosa y azul, y también que comprara todo lo necesario para la nueva habitación de Renesmee.
Espero que le guste su nueva habitación, porque creo que ya no accedería a seguir compartiendo habitación conmigo, ahora que ya está consciente, pero creo que tendrá que acceder a una noche más, porque su habitación recién estará lista mañana.


3 comentarios:

  1. me encanto el capitulo, por favor actualiza ♥

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  2. hola, Merodeadora, soy tu nueva lectora, y dejame decirte (escribirte) que me gusta mucho tu fic, Draco y Renesmee son una pareja inusual, pero me agrada
    saludos, que estes bien

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  3. ah, y por favor actualiza pronto
    besos

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