POV Renesmee
Después de nuestra pequeña conversación, Draco y yo
bajamos a almorzar, y aunque yo no quería bajar porque me sentía incomoda con
su madre, lo tuve que hacer con pesar, al parecer Draco se dio cuenta de estaba
incomoda y me sonrió y me dijo: “Tranquila, mi madre no está, se ha ido con mi padre
a almorzar con unos amigos”, yo solo le sonreí como respuesta.
El almuerzo fue tranquilo, platicamos un poco, pero
todavía no me podía quitar de la cabeza que cuando le pregunte a Draco si tenía
otra casa se puso un poco raro, parecía nervioso como si ocultara algo, pero
después me dije que eran cosas mías, y que la única que ocultaba cosas era yo.
Esta era la primera vez en que me sentía una
verdadera humana, compartiendo la mesa con un humano, que estoy segura que si
supiera o solo sospechara de lo que soy saldría corriendo o me echaría de su
casa.
Nunca le diría que soy realmente a Draco, primero
porque tengo miedo de su reacción, y segundo y más importante es que los
Vulturis no perdonarían mi proceder.
—Estás muy callada —me dijo Draco.
Yo salí de mis pensamientos y lo miré a los ojos. A
sus ojos grises, tan grises como el cielo de Forks.
—Estaba pensando —respondí.
—¿Y puedo saber en qué? —me preguntó.
Asentí.
—En que hace tiempo que no me sentía tan bien y en
paz con otra persona que no sea mi familia. Creo que tu compañía me hace bien.
¡Por Dios! No debí de haberle dicho eso último,
Draco puede confundir las cosas.
Eres una
tonta, Renesmee Cullen, me regañé mentalmente.
—Tu compañía también me hace bien —dijo Draco,
poniendo una mano sobre mi mano, yo al instante tuve que poner mi mente en
blanco para que no vea mis pensamientos.
Luego de ese maravilloso e incómodo momento
seguimos almorzando. Pero ese latir más acelerado de mi corazón cuando él me
dijo que mi compañía también le hacía bien, no solo lo había sentido en ese
momento. Había sentido ese latir acelerado cuando hace unos momentos me dijo
que yo era importante para él.
Pero lo más extraño era que esa aceleramiento en el
latir de mi corazón solo lo había experimentado cuando mi Jacob estaba junto a
mí, o cuando me decía palabras dulces.
¿Por qué mi corazón se acelera también con Draco?
¿Sería acaso que Draco y Jacob tendrán algo en común? ¿Pero qué?
Después de almorzar salimos otra vez al jardín. Me
encantaba esa parte de la casa, me acerque a oler las rosas —las cuales
parecían ser mucho más hermosas que todas las rosas que había visto en mi vida—
tenían un olor exquisito. Draco estaba a mi lado, estábamos en silencio, pero
no era un silencio incómodo, con él me sentía bien, tranquila, tal vez se deba
al hecho de que él fue quien me ayudo aquella noche donde me sentía muy
angustiada.
Sentía su mirada sobre mí, aunque estaba de
espaldas a él, él siempre me mira y me hace sonrojar, giré mi cabeza para
mirarlo y me sonrió, yo también le sonreí. ¡Oh, no! otra vez me sonrojé, siento
mis mejillas calientes, debo de hacer algo para ocultar mi sonrojo. Así que
volví mi vista a las rosas, apenas me giré escuché su risa, si fuera humana no
lo habría podido identificar, pero gracias a mis genes vampíricos hacia que mis
sentidos sean más sensibles que el de los humanos; también podía escuchar el
latido de su corazón, era apaciguado. Los latidos del corazón de Draco eran
como una melodía para mí, que me llenaba de paz y a la vez me llamaba. Pero el
olor de su sangre era especial… distinta al olor de la sangre de los otros
humanos. Era como si me invitara a probarla.
No, no,
Renesmee, ni se te ocurra pensar esas cosas. Tú no puedes atacar a Draco, me regañé mentalmente
nuevamente.
Respiré profundo el olor de las rosas para
distraerme.
Minutos después, cuando sentí que mi rostro volvía
a su color natural, me giré para mirarlo nuevamente, y él como siempre me
miraba, pero no me miraba con esa adoración como solían mirarme mis compañeros
de instituto, no él me miraba con cariño podría decir, como si me conociera de
toda una vida.
¡Oh, santos cielos!, me sonrojé de nuevo.
¡Gracias,
mamá!,
pensé con sarcasmo.
Pero no entiendo, ¿por qué me sonrojó cuando lo
descubro mirándome? Esto solo me pasa con Draco, pero ¿por qué?
¡Dios! No me di cuenta de que lo seguía mirando y
él igual, y ahora también me sonríe. Siento mi rostro arder, eso debe ser a que
estoy muy sonrojada, seguramente si hubiera un tomate cerca de mí, no
diferenciarían cual es el tomate verdadero.
Y mientras tanto, él seguía sonriéndome.
—Nessie… —dijo, pero no pudo seguir hablando porque
en ese momento sonó su celular. Salvada por la campana o mejor dicho por el
celular. ¡Sí! ¡Bendita sea la tecnología!
Draco saco su celular del bolsillo de su pantalón y
miró la pantalla y dijo:
—No es un número conocido para mí, quizás sean tus
padres —me paso el celular e hizo un ademan de dejarme sola.
Tome el celular de su mano al mismo tiempo que
decía:
—No es necesario que te vayas, es solo mi padre.
Él asintió y se quedó junto a mí. Yo pulse la tecla
digital para contestar.
—Hola, ¿papá? —dije con calma.
—Hija
—contestó—. Nessie, princesa, ¿estás
segura que quieres quedarte allí unos días en vez de regresar a casa con
nosotros?
—Sí, quiero quedarme aquí, además… —me interrumpió.
—Además…
—dijo.
—Además, solo serán unos días, no me voy a quedar
para siempre —dije tratando de calmarlo, porque parecía que papá estaba
haciendo un buen esfuerzo para estar sereno—. Por favor solo serán unos días
—le supliqué.
—Bella y tú
son obstinadas, tercas y cabezotas, pero… —ahora fui yo quien lo
interrumpió.
—Eso es un sí —tanteé.
Lo escuché suspirar.
—Lo dicho,
son cabezotas las dos, pero no lo sé, Nessie, tu madre dice que te hará bien
tomarte unos días libres a solas contigo misma para pensar, y que tal vez ese
«tipo» te puede distraer de todo lo que ha ocurrido.
—Eso es un sí —repetí un poco más confiada con su
respuesta.
—Sí, eso es
un sí, pero prométeme que solo serán unos días, y sobre todo tendrás mucho
cuidado en que no te descubran, guardar el secreto familiar es primordial.
Sabía a lo que se refería con «el secreto
familiar».
—Por supuesto que tendré cuidado. Lo prometo, papá.
Gracias, gracias —dije feliz, y sin darme cuenta empecé a dar saltitos
emocionada, igual que tía Alice, escuché la risa de mamá junto a papá—. Gracias
a ti también, mamá —dije.
—No sé cómo
me dejo convencer siempre por ustedes dos, porque…
—Porque nos amas —complete lo que iba a decir.
—En eso
tienes razón —dijo papá—, ahora pon
al teléfono a Malfoy —su tono de voz ahora era de seriedad—, quiero hablar de unas cosas con él, y no me
digas que no está porque escuchó su respiración muy cerca de ti.
No tuve de otra más que entregarle el celular a
Draco, y él me miró confundido.
—Papá quiere hablar contigo —le avisé. Draco cogió
el celular y se lo llevo a la oreja.
—Hola —dijo Draco, con tono serio, se quedó callado
un rato—. Sí, soy Draco Malfoy —confirmó.
A medida que papá hablaba, Draco iba poniéndose más
serio. Por favor, por favor, que papá no lo esté amenazando con matarlo o
arrancarle la cabeza, rogaba al cielo.
—Renesmee estará bien, estando a mi lado no le
pasara nada, no lo dude —me sorprendí cuando escuche el tono arrogante en la
voz de Draco, me temo que ese tonito de voz no le gustara nada a mi padre.
Se quedó en silencio unos momentos.
—Por supuesto —dijo Draco—. Su hija regresara sana
y salva a su casa, señor Cullen, y prometo cuidarla como la joya más valiosa de
todas —hizo una pausa—, bien, adiós —diciendo esto último, con el mismo tono
arrogante con el que había empezado a hablar, me volvió a pasar el celular.
—Nessie
—dijo mi padre, y su voz era de molestia, podía jurar que tenía el ceño
fruncido.
—Papi —dije con precaución.
—Bien, por el
tono de voz de tu amigo, noto que es un arrogante de lo peor y eso no me gusta,
pero ya te dije que si podías quedar, así que no me queda de otra más que
decirte: suerte hija. Porque debe ser
insoportable convivir con un humano como él, aunque sea solo unos días.
—Papá —dije, con tono de regaño.
Escuché que se rió entre dientes.
—Adiós, hija,
nos vemos dentro de unos días. Te quiero.
—Adiós, papá, yo también te quiero, despídeme de
todos en la casa, y diles que los quiero mucho.
—Claro
—dijo papá y luego colgó.
Me volví hacia Draco.
—Lo siento —le dije, a la vez que le devolvía su
celular.
—¿Por qué te disculpas? —me preguntó confundido.
—Es que, conozco a mi padre y seguramente te
amenazó con matarte o arrancarte la cabeza, ¿verdad?
Él sonrió.
Desde cuando
es gracioso que te amenacen de muerte, pensé.
—Algo así, pero no te preocupes, tú no tienes la
culpa, tu padre solo se preocupa por ti. Además, dudo mucho que me pueda hacer
daño —dijo muy seguro de sí mismo, y volvió a sonreír.
Definitivamente Draco no conoce a un vampiro
enojado, él no conoce a Edward Cullen enojado.
—No conoces a mi padre, cuando Edward Cullen se
enoja, puede ser realmente peligroso —le previne—, mi padre es muy fuerte
—murmuré.
—Yo también lo soy —me dijo. Cielos había escuchado
lo último que dije—. Además, tengo algunos trucos bajo la manga.
Sí, claro, pero aun así solo eres un humano, Draco.
Y mi padre es un vampiro, y con un solo puñetazo podría arrancarte la cabeza, o
hasta podría clavar sus colmillos en tu cuello, y aunque papá nunca lastime a
un humano, por defenderme, a mí, a su única hija, lo haría.
—Cambia esa cara de preocupación, nada malo pasara
—dijo Draco, sacándome de mis pensamientos.
—Es que estoy preocupada por ti —admití.
Él volvió a sonreír.
—Me gusta que te preocupes por mí, pero ya te lo
dije, nada malo me pasara —habló a la vez que levantaba una mano y la posaba en
mi mejilla. Su mano tibia y suave acaricio mi caliente mejilla, y su tacto me
hizo cosquillas en la piel.
Nos miramos directamente a los ojos, y yo me
sonrojé más, baje la mirada. Nuevamente escuché su queda risa y lentamente fue
retirando su mano de mi rostro.
—Vamos a dentro, ya está empezando a hacer un poco
de frío —comentó, y yo no pude más que asentir, aunque en realidad yo no
sintiera nada de frío. Me tomo de la mano para ir a casa, y como acto reflejo
puse mi mente en blanco.
Nos dirigimos a su gran sala, esta era la primera
vez que entraba en su sala, y me asombro ver varios objetos raros y lujosos,
las lámparas que colgaban del techo eran de cristal en el cual había unas
cuantas velas sobre ellas, me pareció raro que se alumbraran con velas y no
usaran la electricidad, los muebles eran lujosos, la mesa de centro era de una
madera dura, parecía cedro, pero no era ese tipo de madera, sus sillones eran
majestuosos, parecían antiguos, pero al detallarlos bien, noté que estaban como
nuevos, y por último sus paredes y suelo, eran de un color oscuro. Y claro, los
cuadros con personajes pintados ahí parecía que seguir todos mi movimientos.
Estás
completamente demente, Renesmee, me dije internamente. Los cuadros, son solo eso cuadros, no tienen vida propia.
Nos sentamos sobre los sillones y me di cuenta que
sobre la mesita de centro había una bandeja con una tetera de la cual salía
humo, dos tazas y unas servilletas, volteé a ver a Draco sorprendida, ¿en qué
momento mando a traer todo esto?, me pregunté.
—A estas horas la chica de servicio trae el té, y
lo deja sobre la mesita —respondió a me pregunta que había hecho en mi fuero
interno, o es que sin darme cuenta lo dije en voz alta.
Lo único que pude hacer es asentir como respuesta.
—¿Quieres tu té con miel o con azúcar o tal vez con
leche? —me preguntó.
—Oh, no te preocupes, con miel está bien —respondí.
Draco llenó las dos tazas con té, y luego me paso
la taza a la cual le había puesto miel.
—Gracias —dije cuando tomé la taza.
Y mientras tomábamos el té y platicábamos un poco,
pude darme cuenta de que Draco tenía la educación de un príncipe, su manera de
tomar la taza, de sentarse, de hablar, de tratarme, nunca había conocido a
alguien como él.
Me quede mirando a mí alrededor sin poder evitarlo,
y la vez que escuchaba el fuego de la chimenea.
—No te gusta la decoración —dijo Draco.
Me sonrojé, tal vez no era educado observar tanto.
—Eh, no todo lo contrario, me gusta la decoración…
es singular —dije.
—¿Singular? —preguntó Draco.
—Sí, ya sabes… todo es tan único. Único en su
especie —sonreí ante mi secreta broma.
—Tú eres única —dijo Draco.
Lo miré.
—¿Estás tratando de decirme que soy rara?
—pregunté. Hablar con él a veces era tan fácil, casi como hablar con…
No, no,
Renesmee,
me dije.
—No, no eres rara —buscó mi mirada, y cuando la
encontró, sus penetrantes ojos se clavaron en los míos—, tú eres especial.
Mis mejillas ardieron nuevamente, y no era a causa
del calor que nos brindaba la chimenea.
—Vaya, gracias… creo.
Él sonrió.
Minutos después, Draco tuvo la amabilidad de
mostrarme toda su mansión, conocí su gran biblioteca, el pequeño salón —aunque
de pequeño no tenía nada— donde le gustaba pasar las tardes a su madre, y todas
las habitaciones, inclusive entre a un salón donde había muchos cuadros, según
lo que Draco me dijo es que eran sus antepasados. Pero he de reconocer que me
sentí un poco rara en ese salón, ya que me sentía observada, y cuando volteaba
a ver quién era el que me observaba solo me encontraba con más cuadros.
Sí, estás
demente, paranoica diría, Renesmee, me regañé.
Draco noto mi incomodidad y me escoltó hacia su
habitación, apenas entre en la habitación, él se excusó diciendo que tenía que
enviar un documento urgente, supuse que en la biblioteca tendría alguna
computadora portátil, aunque no vi ninguna cuando estuve allí. Pero antes de
que él saliera me volvió a sonreír.
Yo aproveche para entrar al baño y mojar mi cara,
ya que la sentía caliente, y cuando me miré en el espejo pude darme cuenta de
lo sonrojada que estaba. Sí, los genes Swan siempre estaban presentes. Volví a
mojarme la cara para refrescarme un poco.
Y gracias a mis sentidos vampíricos pude escuchar
dos latidos de corazones aparte de la de Draco y la de los empleados —ya que
también escuchaba seis latidos de corazones más— eso quería decir que los
señores Malfoy habían regresado de su visita a sus amigos.
Hice una mueca de molestia al recordar que la
señora Malfoy y sus preguntas.
Lo que quería decir que seguramente dentro de unos
minutos tendría que bajar a cenar y eso significaba que nuevamente tendría que
contestar a la preguntas de la madre de Draco. Pero bueno, dentro de lo que
cabe me siento más tranquila, porque mi familia ya sabe que estoy bien y así
ellos ya no estarán tan preocupados.
Escuché unos pasos y sentí un efluvio a menta y
lavanda. Efluvio que me es muy fácil identificar. Draco. Podría reconocer sus
pasos y su efluvio a más de 30 kilómetros.
La puerta se abrió y él entró a la habitación.
—Nessie —me llamó, medio sonreí al escuchar su voz
diciendo mi sobrenombre.
—Aquí —le contesté saliendo del baño.
POV Draco
En cuanto deje a Nessie —ahora ya la empecé a llamar por su sobrenombre, porque a
ella le agrada que la llamen de ese modo— en mi habitación, a los pocos minutos
Aparecieron mis padres, eso fue una suerte, porque si ella y yo hubiéramos
demorado esos minutos en subir a mi habitación, Nessie habría presenciado la
Aparición de mis padres, y no hubiera sabido que explicación darle en ese
momento.
—Menos mal que Nessie está en mi habitación, porque
si no que explicación le hubiera dado por su repentina Aparición —les reclamé a
mis padres.
—¿Nessie? ¿Quién es Nessie? —preguntó mi madre.
—Nessie es Renesmee, a ella le gusta que la llamen
así —respondí.
Mi madre sonrió con burla.
—Vaya, hasta su sobrenombre es raro, tan raro como ella —susurró esto
último—. Hijo, por favor no hagas tanto drama que si esa niñita ve algo raro,
con un Obliviate se soluciona todo
—dijo mi madre, y pude detectar el sarcasmo en su voz.
Miré con seriedad a mi madre. Aunque, por supuesto
que usaría el Obliviate, si Nessie
veía o descubría cosas que no debería saber por ahora.
—Había olvidado que Renesmee estaba aquí, para la
próxima tendremos que ser más cuidadosos y entrar por la puerta, Cissy —dijo mi
padre, sorprendiendo no solo a mi madre, sino también a mí.
Padre nunca había sido un hombre que se preocupara
por si un muggle notaba cosas raras, él simplemente los ignoraba o los trataba
como basura, pero ahora ese cambio me ha dejado anonadado.
Miré a mi madre, ella estaba callada, pero con una
expresión de incredulidad en sus facciones.
—No puedo creerlo, Lucius, tantas consideraciones
por una simple muggle —dijo mi madre con frialdad, luego de unos segundos.
—Madre… —no pude seguir hablando porque Kreacher
apareció.
—Ama —el elfo hizo una reverencia. Él estaba aquí
desde hace diez años, ya que Potter tuvo un “ataque” de caridad con el elfo al
verlo que no se sentía a gusto con él, le ordeno que se vaya con mi familia—,
¿desea que Kreacher ya sirva la cena? —preguntó.
—Sí, Kreacher —contestó mi madre.
—Voy por Nessie —dije sin esperar respuesta de mis
padres y me dirigí a mi habitación.
Cuando entre a mi habitación me preocupo no ver a
Nessie por ningún lado.
—Nessie —la llamé.
—Aquí —dijo ella, saliendo del baño.
—Ya es hora de cenar y mis padres ya regresaron —le
dije, pero ella parecía saberlo, porque su expresión seguía igual de tranquila
y no estaba nerviosa por la presencia de mi madre.
Pero ¿cómo lo va a saber? Si ella no estaba cuando
mis padres aparecieron.
—Estaba bien, bajemos, entonces —respondió con su
voz aterciopelada, que tanto me atraía.
—Espera un momento, Nessie, antes quisiera decirte
algo —ella asintió para que continuara hablando—. Esta noche también tendrás
que dormir a mi habitación, porque tu habitación todavía la están terminando de
arreglar.
Ella se quedó muda, y note que se quedó mirando la
cama.
—Eh… está bien, no hay problema —dijo, dudando un
poco.
—Tal vez te incomoda que comportamos la cama, ¿te
molesta mi presencia o desconfías de mí?
Ella volvió su mirada a mis ojos.
—No, claro que no me molesta tu presencia, además,
como tú dijiste ayer, la cama es muy grande, no pasara nada porque compartamos
la cama una noche más, y por supuesto que confió en ti, ya te lo dije antes,
eres una buena persona, Draco —Sí
supieras mi pasado, pensé—, nadie ayuda a una desconocida, le ofrece su
casa para pasar unos días así como así. Sabes, siento que tienes el alma pura
de bondad —lo dijo con tanta cr5edibilidad que me sorprendió. Ella piensa que
yo tengo el «alma pura de bondad». Y vuelvo a lo mismo, si ella supiera mi
pasado no diría eso. Si el mal hubiera ganada en la guerra de hace diez años,
estoy seguro que ella, su familia y todos los muggles serían nuestros esclavos,
o en el peor de los casos, estarían muertos.
Lo único que pude hacer es sonreír ligeramente. La
tomé de la mano como de costumbre y bajamos al comedor.
—Buenas noches, señores Malfoy —saludó Nessie.
—Buenas noches, Renesmee —respondió mi padre.
—Buenas noches, niña —dijo mi madre, con un tono de
superioridad en la voz. Nessie asintió, pero note que le molesto que mi madre
la llame «niña».
La ayude a sentarse como todo el caballero que soy,
y luego yo me senté al lado de mi padre.
Empezamos a como cuando mi madre habló:
—Renesmee —ella levanto la mirada hacia mi madre—,
tal vez podríamos platicar un rato —empezó otra vez con sus preguntas. Yo le
dirigí una mirada seria, pero mi madre me ignoró—. No te molestan mis
preguntas, ¿verdad?
—No, por supuesto que no, señora Malfoy —contestó
Nessie.
—Bien, entonces, me imagino que debes de extrañar a
tu familia y sobre todo tus padres deben de estar muy preocupados por ti
porque…
—Nessie ya se comunicó con su familia, madre, y
también se va a quedar unos días más aquí. Su padre le dio permiso —interrumpí
el discurso de mi madre.
—Así, ¿y cómo? —preguntó sorprendida, y mi padre
también estaba igual de sorprendido que mi madre.
—Bueno, es que Draco fue tan amable de prestarme su
celular y así pude comunicarme con mi padre, para decirle que estoy bien, y así
mi familia ya no estén tan preocupados por mí —respondió Nessie.
—Y así de fácil tu padre te dejo quedarte con
personas que no conoces y sobre todo con persona que él no conoce —contra atacó
mi madre.
—Es que también hable con mi madre, y le dije que
convenciera a papá que me dejara quedarme unos días aquí, en su casa.
—Y tu padre accedió que te quedes —murmuró mi
madre.
—Sí, aunque mi padre es muy sobreprotector conmigo,
accedió que pasara unos días aquí, ya que él y mi madre saben que yo nunca les
pediría permiso de quedarme en una casa, de la cual yo no supiera que viven
personas honorables y amables —dijo Nessie, y yo sonreí. Con eso de «honorables
y amables» ya se había ganado un punto con mi madre. La miré y note que su
rostro se había relajado un poco—. Pero mi padre se quedó más tranquilo cuando
hablo con Draco —agregó.
Madre volvió a su semblante serio y me dirigió una
mirada acusadora.
—Así es, madre, hable con el padre de Nessie
—confirmé—, y le prometí que la cuidaría y que regresaría sana y salva a su
casa —agregué, antes de que me hiciera una pregunta que incomodaría a Nessie.
Nos quedamos un par de minutos en silencio, hasta
que la voz de mi padre se escuchó.
—En ese caso, siéntete bienvenida a la mansión
Malfoy, Renesmee.
Madre hizo un gesto de molestia, pero no dijo nada.
—Muchas gracias, señor Malfoy contestó Nessie, y le
sonrió a mi padre. Y noté que padre se quedó como deslumbrado por su sonrisa,
porque la miró más de la cuenta, y eso no me agrado.
—¿Y tus profesores no te dirán nada por faltar
tanto tiempo a clase? —preguntó mi madre, con doble intención—, como eres una
niña, me imagino que aun vas al colegio, ¿verdad?
Cuando madre quería incomodar a las personas, era
una experta.
—No soy una niña, señora Malfoy. Ya tengo 17 años,
ya termine de estudiar en el colegio —Nessie estaba un poco seria cuando le
contestó a mi madre. Pero madre no se inmuto, y sonrió al verla seria, parecía
que disfrutaba haciéndola enojar.
Y ahora fui yo quien se quedó deslumbrado al verla.
Renesmee Cullen hasta seria se veía hermosa.
—Así es, madre, Nessie ya no va al colegio, ahora
ella va estudiar en la Accademia Teatro alla Scala y luego en la Academia de
Bellas Artes en Italia, es que no les dije, ¿verdad?, Nessie es una artista
—comenté y sonreí con suficiencia.
Madre se quedó mirando a Nessie fijamente.
—No soy una artista, Draco —dijo Nessie, con
modestia.
—Claro que lo eres, tocas el piano, y bailas ballet
—le recordé.
—Vaya, si lo que dice Draco es cierto, eso quiere
decir que si lo eres. No todos cuentas con dones artísticos —dijo mi padre en
tono amable, raro en él, ya que no con todos se comporta de esa manera.
—Entonces, que te parece si mañana tocas el piano
para nosotros, y así comprobaré si eres una artista como dice mi hijo —dijo mi
madre.
—Por supuesto, señora —contestó Nessie, y le sonrió
a mi madre. Y ella se puso seria.
—¿Quién te enseño a tocar el piano? —preguntó
padre.
—Fue papá, él es aficionado a tocas el piano,
compone sus propias melodías —respondió Nessie, y la vi sonreír ligeramente
cuando termino de hablar, seguramente se estaría acordando de su padre.
Terminamos de cenar y fue un alivio que mi madre ya
no hostigara a Nessie con preguntas. Acompañamos a mis padres a la sala por una
hora, y luego nos excusamos y subimos a mi habitación.
Nessie se metió al baño para darse una ducha, y
minutos después salió con el mismo camisón que tenía en la mañana; camino hacia
la cama con pasos gráciles, casi como el de una bailarina. Entonces, ¿por qué
cuando despertó me dijo que era un poco torpe? Yo la noto muy diestra.
Mis
pensamientos de desvanecieron cuando la vi acostarse en mi cama, su mirada
busco la mía, y cuando la encontró, parecían que me decía que esperaba que yo
la acompañara. Y al instante una sensación de bienestar y felicidad se instaló
en mi corazón, el cual empezó a latir como nunca antes había latido.
La mirada de Nessie cambió a una de preocupación.
—¿Te encuentras bien? —me preguntó.
¿Acaso mi
corazón late tan fuerte que ella lo puede escuchar?, me pregunté. No por supuesto que no, me respondí
luego.
—Sí, estoy bien —le contesté.
—¿Seguro?
—Sí —le aseguré.
Luego de eso yo también me di una ducha, me demoré
más de lo habitual porque estuve pensando todas las sensaciones que Nessie
lograba que yo sintiera por ella. Es que ella era tan especial, nunca había
conocido a alguien como ella, así, tan limpia y con esa aura tan…
Oh, rayos,
Draco, ¿en serio «aura»? ya te pareces a la loca de la profesora Trelawney.
Cuando salí del baño con la pijama puesta, me di
cuenta de que Nessie ya estaba dormida. Y sin poder evitarlo me quede como
petrificado en mi lugar, simplemente observándola, nunca me cansaría de verla.
Me obligue a mí mismo a caminar nuevamente. Me acosté a su lado, y otra vez me
la quede mirando, se le veía tranquila y en paz, y por supuesto se le veía
realmente hermosa. Su pecho subía y bajaba por su respiración acompasada.
Todavía no sé qué me pasa con ella. Una chica
muggle. Nunca me había sentido tan bien, tan cómodo con una muggle;
generalmente solo me las llevaba a la cama y después de que se iban de mi casa
ya ni me acordaba de sus nombres, pero con Nessie era distinto. Ella me gusta
aunque sea más joven que yo, me gusta, me gusta demasiado, y hasta creo que es
más que un gusto. No quisiera que nunca se vaya de mi lado. Ya he de
reconocerlo, me he enamorada de Nessie Cullen. Pero ¡por Merlín! Ella es una
niña como dice mi madre, me siento un degenerado, un pedófilo al sentir todo
esto por ella, le llevo como 10 años.
Y la sigo mirando, esta vez no me guanto y me
acercó peligrosamente a sus labios, pero cuando estoy a milímetros de sus rojos
labios desisto de mis deseos, y lo único que hago es besarle la frente, y
apenas mis labios hacen contacto con su piel, siento su temperatura elevada,
como si tuviera fiebre, me fijo bien en ella, tratando de encontrar algún
síntoma de malestar, pero ella sigue profundamente dormida.
Tal vez soy
yo, el que tengo la temperatura un poco baja, pienso.
Me acomodo bien junto a ella, cierro los ojos,
tratando de conciliar el sueño, pero tenerla a mi lado me lo impide, así que
abro nuevamente mis ojos y la observo. No sé cuánto tiempo llevo mirándola,
minutos, horas, el tiempo no me importa cuando Nessie está a mi lado. De pronto
el ángel que está a mi lado, hace un gesto.
—¿Qué te pasa? —susurró. Y ella vuelve hacer ese
gesto, la expresión de su cara angelical ha cambiado, ahora esta como asustada,
nerviosa.
—No, no, no te muera, Jacob… —susurró, y su voz
melodiosa se distorsionó por el llanto.
Pero lo que dijo me sorprendió: «no te mueras»
¿Acaso ese tal Jacob está muerto?
—No te mueras, por favor… quédate a mi lado…, l-lo
prometiste… dijiste que es-estaríamos juntos toda… ¡No! ¡Jacob! —gritó, y me
dolió ver su dolor.
—Nessie, Nessie —la desperté para que dejara de
llorar, pero cuando abrió los ojos siguió llorando—. Shhh… tranquila solo fue
una pesadilla —la tranquilice, mientras la abrazaba, pero ella temblaba como
una hoja en invierno, se abrazó a mí, buscando apoyo.
—Tengo miedo —dijo aun llorando.
—¿A qué? —le pregunté.
—A dormir y soñar cosas feas —dijo como una niña de
cuatro años.
—Pues entonces no pienses en cosas feas —le dije—.
Piensa en las cosas buenas y feliz que has vivido —tome mi pañuelo del cajón
del buro, y seque sus lágrimas.
Respiró tratando de tranquilizarse.
—Siento haberte despertado, Draco —susurró.
—No dormía aun, tranquila.
—¿Todavía crees que sea una buena idea que me quede
aquí? Tal vez solo te busque problemas o no te deje dormir, creo que debería
regresar a casa con mi familia, y no ser una molestia para ti —dijo.
¿Molestia? Ella no es una molestia.
La tome de la barbilla y le levanté la cara para
mirarla a los ojos directamente.
—Escúchame bien, Renesmee, tú no eres una molestia
para mí, y quiero que te quedes aquí conmigo —le hablé seriamente. Solo evite
decirle «Quiero que te quedes para siempre conmigo?», no quería asustarla con
mis pensamientos tan posesivos sobre ella.
Ella me miró con gratitud, se recostó sobre mi
pecho y yo pase mi brazo por su cintura, cerró los ojos, no sé si dormía o solo
meditaba.
Su cuerpo era tan cálido y se amoldaba bien al mío.
Esa noche no dormí, me quede vigilándola, no quería
que tuviera otra pesadilla —sonreí—. Esto era tan ilógico, si hace más de una
década alguien me hubiera dicho que estaría vigilando los sueños de una chica
muggle, seguramente lo habría hecho pagar por decir tales blasfemias. Pero
ahora todo era tan natural para mí.
POV Renesmee
No pude dormir bien, temía que las pesadillas
volvieran, y con ella una crisis nerviosa. Draco me tenía abrazada mientras yo
tenía la cabeza sobre su pecho. Hice un gran esfuerzo para poner mi mente en
blanco, esta vez me fue muy difícil, temía mostrarle algunos recuerdos mediante
el tacto. Tal vez hubiera sido diferente si hubiera tenido el valor de sepárame
de él, pero no pude, necesitaba sentirme protegida, ya que sabía que él estaba
despierto.
En verdad Draco era una buena persona. El mejor
humano después de mis abuelos maternos.
El amanecer llego, y Draco despertó cuando la luz
del sol se filtró por la ventana, me observo y luego de varios minutos se
separó de mí con demasiada delicadeza, parecía que temiera romperme —cosa que
era imposible—, me cubrió con las mantas, y escuché que se metió al baño. Luego
escuché el agua de la ducha caer, y nuevamente el corazón de Draco empezó a
latir con demasiada rapidez, como la noche anterior. ¿Qué le sucedería? En
estos momentos me gustaría tener el don de mi padre para saber qué es lo que
piensa, para así poder ayudarlo.
Minutos después salió del baño, lo escuché caminar
y rebuscar entre sus cosas, para luego salir de la habitación. Pero aun así
seguía escuchando su corazón latir con desesperación, y luego de eso, lo deje
de escuchar, eso me alarmo, y me levante de golpe de la cama.
—Draco —susurré. Temí lo peor. Apenas hace unos
días que lo conocía, pero ya me había encariñado con él, y no quería que nada
malo le sucediera.
Empecé a caminar por la habitación, no sabía qué
hacer. No podía simplemente bajar hacia la sala y preguntar por él, me creerían
una loca al verme en este estado nervioso. Pero de pronto detuve mis pasos al
escuchar nuevamente los latidos del corazón de Draco, me concentre mejor y
escuché sus pasos y sentí su efluvio muy cerca de la habitación.
Eso me tranquilizó, ya que sabía que Draco se
encontraba bien.
La puerta se abrió y Draco entro a la habitación,
con sus pasos elegantes y característica pose aristocrática. Él me miró y me
dedicó una sonrisa, yo le respondí con una ligera sonrisa, pero he de reconocer
que estaba un poco avergonzada por lo de anoche, por la pesadilla que siempre
me atormentaba. Veía nuevamente a esos neófitos atacando a Jake, y yo no
parada, sin poder hacer nada para ayudarlo.
Mejor ya no recuerdo la pesadilla, porque si no
volvería a llorar.
—Buenos días, Nessie —me saludó Draco—. ¿Cómo
amaneciste?
Me contuve al decirle que no muy bien, que parecía
que esa pesadilla nunca me dejaría.
—Buenos días, Draco —contesté—, amanecí bien,
gracias por preguntar. Y siento lo de anoche, trataré de que no vuelva a pasar.
—Tú no tienes la culpa de que te den pesadillas —me
contestó, con tono serio, como si me estuviera regañando—. Ven te tengo una
sorpresa —me dijo cambiando su cara de seriedad a una más amable.
—¿Una sorpresa? —pregunté con curiosidad.
—Sí, ven —me tomo de la mano (como de costumbre
puse mi mente en blanco) y caminamos todo el corredor hasta llegar a una puerta
de madera—. Cierra los ojos —me pidió.
Lo miré ante su petición, y luego le obedecí.
Escuché como abría la puerta que estaba frente a nosotros, y me ayuda a pasar.
—Ya puedes abrir los ojos —susurra en mi oído, su
voz me hizo estremecer. Pero lentamente fui abriendo los ojos, y que vi,
primero me sorprendió. Estaba en una hermosa habitación, con las paredes
tapizadas de un color rosa claro. La cama era tan amplia como la de Draco, pero
la cubrecama era de un rosa un tono más oscuro que el de las paredes, las
fundas de las almohadas eran blancas. Seguí mirando la habitación, y las
cortinas de la ventana también eran rosas y de hilo, parecía ser muy suave al
tacto; los buros que estaban a cada lado de la cama, eran de madera caoba, pero
de color blanco. Miré a mi derecha y había una puerta de madera color blanco,
supuse que era el baño.
—Espero que te guste tu nueva habitación, y como ya
sabía que el rosa era tu color favorito lo mande a tapizar de ese color
—continuó hablando Draco al ver que yo seguía callada, admirando la habitación.
Yo giré emocionada para verlo a los ojos.
—Me encanta, me gusta. Gracias, Draco —chillé, y
sin pensarlo lo abracé, me puse de puntillas para llegar a su altura y
depositar un beso en su mejilla. Él primero me miró sorprendido por mi
atrevimiento, pero luego sonrió.
¡Oh, cielos! ¿Qué hice? Qué vergüenza. Me separé de
Draco al instante y me puse de espaldas a él, no quería que me viera porque sabía
que estaba sonrojada, sentía mi cara arder, y aun dándole la espalda, dije:
—Lo siento, Draco, a veces soy muy efusiva, creo
que me sobrepase.
—No te preocupes, Nessie —su voz condescendiente—,
no pasa nada —hizo una pausa—, entonces, ¿eso significa que si te gusta tu
nueva habitación? —me tomó de la mano para hacerme girar, para que lo mirara,
todavía sentía mi cara arder cuando él me miró directamente a los ojos. Al
parecer de dio cuenta de mi sonrojo, porque sonrió, pero tratando de cambiar de
tema y dirigiéndome hacia la otra puerta que estaba al lado derecho, dijo—:
ven, para que veas tu vestidor.
Abrió la puerta del vestidor, y me quede lela
cuando vi todo la ropa, accesorios y zapatos que había dentro.
—Guau, ¿acaso tía Alice fue quien hizo las compras?
—pregunté.
—¿Por qué dices eso? —preguntó él.
—Porque hay mucha ropa y zapatos para toda ocasión…
y de mis colores favoritos —me volvía hacia él—, no debiste gastar tanto dinero
por mí, Draco. Porque supongo que todo esto debió costar mucho.
—El dinero no tiene importancia, Nessie. Además, yo
quiero que te sientas cómoda estando aquí —dijo, y yo le sonreí. ¿Cómo una persona que recién me conoce puede
ser tan amable? ¿Qué acaso no siente temor por mí? ¿Qué acaso no tiene
instintos de supervivencia? Yo soy un monstruo, pensé—. Y eso no es todo,
como me dijiste que te gusta leer, te traje esto —me tendió una bolsa. La abrí
y allí dentro había libros, pude reconocer tres de ellos: “Cumbres
Borrascosas”, “Romeo y Julieta” y “Sueño de una noche de verano”. Las dos
primeras eran mis favoritas.
—Muchas gracias, Draco —le dije.
—Ayer mencionaste algunas de tus obras favoritas,
por eso las compre —se quedó mirándome por unos minutos—. Bueno, te dejo para
que te cambies —diciendo eso último salió de mi nueva habitación.
***
Ya había pasado una semana desde que me mude de la
habitación de Draco, y lo más extraño es que cada vez que me acuesto en la
cama, anhelo su presencia, anhelo escuchar su voz antes de dormirme.
—Vamos, Renesmee, ¿qué te pasa? Eso no está bien
—me regañé.
Negué con la cabeza, sacándome esas ideas que
últimamente rondaban por mi mente.
Draco, dije en mi mente. Él es
un buen amigo, siempre se preocupa por mí, y me rescata de los molestos
interrogatorios de su madre.
Él trabaja de lunes a viernes, se levanta a las 7
am, desayuna las 7:30, y cinco para las ocho se va a trabajar, junto con su
padre, luego regresa a la 1 pm para almorzar con sus padres y conmigo, y a las
2 pm regresa de nuevo a su trabajo, y llega a los 8 en punto para la cena, solo
los domingos no va a trabajar —muy humano—. Bueno, y yo prácticamente no hago
nada —no es que en casa de mi familia hiciera muchas cosas, pero al menos allí
no tengo que aparentar ser humana—, me levanto a las 8 am, cumplo con mis
necesidades humanas, luego bajo a desayunar con la madre de Draco, gracias al
cielo, y ya no esta tan insistente con sus preguntas o tal vez ya le empiezo a
caer mejor. Luego me paso las mañanas en el jardín, esa es la parte que más me
gusta de la mansión, me siento bajo un árbol a leer las obras que Draco me
regalo —que a decir verdad ya las había leído muchas veces, pero nunca me
cansaba de leerlas— de vez en cuando me quedo observando a los pavos reales,
son unos animales muy curiosos.
El señor Lucius va a trabajar un par de horas, y en
las tardes está en su despacho o con su esposa. Y la señora Narcissa a veces
sale, pero la mayor parte del día se queda en casa, a veces habla conmigo, pero
siempre manteniendo la distancia, aunque su voz ya no es tan fría como al
principio.
Lo raro es que nunca he visto a las chicas de
servicio, y por el tamaño de la mansión me imagino que debe haber muchas, solo
escucho sus corazones latir.
Me encogí de hombros, seguramente que las chicas de
servicio tienen prohibido estar paseándose por la mansión.
Ayer Draco me dijo que hoy día se iba a ir un poco
más tarde a trabajar porque un amigo lo iba a venir a visitar, y por supuesto
que se, que el amigo de Draco ya está aquí, porque escuchó otro corazón
latiendo aparte de los acostumbrados. Y como hoy día me levante un poco tarde
porque me quede dormida, decidí bajar sin hacer ruido, bueno, eso es fácil para
mí ya que poseo genes vampíricos.
Escuchó las risas de Draco, de sus padres y una
carta risa, que seguramente debe ser del amigo de Draco. Con curiosidad caminé
hacia la entrada de la sala para ver al amigo de Draco, pero justo en el
momento en que me asomó, paso algo raro, irreal…
—¡Ah! ¡Ese chico desapareció por la chimenea!
—grité, y mi voz sonó como el de una histérica, y no es para menos, no todos
los días se ve a un chico desaparecer en una chimenea.
—Renesmee —susurró Draco, y su rostro tenía una
expresión que no pude descifrar, y sus padres de repente parecían tensos.


oh, actualizaste, que alegria, me fascina tu historia, es algo tan inusual ver a estos personajes relacionarse, pero eso no quiere decir que sea incomodo leer, asi que por favor no te demores tanto en actualizar esta vez
ResponderEliminarsaludos
oh, cielo me fascino este capitulo, así que por favor actualiza lo mas pronto posible
ResponderEliminarun lindo capitulo ;D
ResponderEliminarexcelente, excelente... por favor no te demores en actualizar
ResponderEliminarbesos