POV Renesmee
—Somos una familia de magos —dijo el señor Malfoy.
Yo giré al instante que escuché sus palabras, para mirarlo a la cara, y esperar
que riera, pero lo único que descubrí en el rostro del señor Malfoy, fue
seriedad y rigor—. Somos una familia de magos —repitió—, hechiceros, brujos o
como quieras llamarnos. La magia corre por nuestras venas desde hace miles de
generaciones —concluyó.
—¿Qué? —susurré.
Eso no puede
ser cierto,
pensé.
Miré a Draco y a su madre, esperando una negación
de su parte, pero sus expresiones impresionadas me hicieron dudar.
—Sí, somos magos —confirmó Draco—. Y vivimos en el
mundo mágico, en este momento tú te encuentras en mi mundo, Renesmee.
—Magos, mundo mágico —repetí como una autómata.
¿Acaso la magia existe en verdad? No, eso no puede
ser verdad. Pero que estoy pensando, yo
existo, mi familia existe, los metamorfos existen, no me sorprendería que los
duendes, las hadas, las sirenas, los centauros, los gigantes y hasta los ogros
existieran.
Claro, si tú
y los tuyos existen, porque no podrían existir los magos, dijo nuevamente mi
subconsciente. Tú eres una leyenda
viviente, Renesmee, perteneces a un mundo mítico, continuó.
—Padre, madre, iré a mi habitación a hablar a solas
con Renesmee —dijo Draco, pude ver que sus padres asentían, aunque la señora
Malfoy todavía parecía sorprendida de que su esposo haya confesado el secreto
familiar.
Draco me ofreció su mano para que la tomara, yo me
le quede mirando por unos segundos, y lentamente la tomé, pero antes nuevamente
puse mi mente en blanco. Caminamos lentamente hacia su habitación, yo no miraba
a Draco, solo me dejaba arrastrar por él, pero si sentía que él de vez en
cuando me dirigía miradas.
Entramos a su habitación, y él me indico que me
sentara en su cama, así lo hice; pero Draco se quedó de pie mirándome, como si
estuviera pensando que palabras seria las correctas para empezar esta
conversación.
—Nessie —dijo—, no sé por dónde empezar —se pasó
una mano por sus rubios cabellos—. Seguramente estás confundida.
—Muy confundida —afirmé.
Suspiró.
—Bien, como ya sabes, somos magos —hizo una pausa
para mirarme—, por nuestras venas corre magia, somos unos magos sangre pura
—volvió a suspirar. Mientras yo no me sacaba de la cabeza: «¿Magos sangre pura?
¿La magia corría por sus venas?». Es por eso que su sangre tiene un olor
diferente, especial, atrayente.
Permanecí callada unos minutos digiriendo todo lo
que me había enterado.
—¿No dirás nada? —me preguntó.
—¿Qué quieres que te diga?
—No lo sé, cualquier cosa, pero no te quedes
callada —Draco estaba tenso, y tenía una mirada dura, nunca lo había visto
así—. ¿Te molesta lo que soy? ¿Me tienes miedo? —cuestionó.
¿Molestarme? ¿Tenerle miedo? Quise reír ante sus
preguntas, una semi-vampira como yo, tenerle miedo a un humano. Eso hubiera
sido demasiado irónico.
—¿Molestarme? ¿Tenerte miedo? ¿Por qué? Cada quien
es como es, y yo no soy nadie para juzgarte por algo que estoy segura tú no
escogiste —le contesté lentamente, y eso pareció relajarlo un poco—. Puedo
preguntarte algo —dije, y él asintió—, ¿el Obliviate
es un hechizo?
—Sí —contestó.
—¿Y por qué me hechizaste? —pregunte con
curiosidad.
Draco relajo su mirada.
—El Obliviate
sirve para borrar la memoria. Y yo no quería que recordaras lo último que
presenciaste —así que por eso sentí que mis recuerdos se iban de mi cabeza, me
sentí muy rara, como vacía y al final no pude más y me desmayé.
—Vaya —susurré.
—Algo me tiene confundido —su voz profunda me saco
de mis pensamientos—. ¿Qué eres tú, y porque mi magia no funciona contigo? Con
todos funciona, menos contigo. Así que ahora dime tú, ¿qué eres, Renesmee
Cullen? —preguntó.
—Yo… no sé porque tu magia no funciona conmigo… tal
vez solo se debe a que soy un bicho raro —mentí, pero en verdad no sabía porque
su magia no funcionaba conmigo, aunque tal vez se debía a que yo no soy
completamente humana, soy un vampiro, bueno, mitad vampiro—. Solo sé que tu
magia al comienzo si funciono —Draco me miró expectante—, todos mis recuerdos
se desvanecieron y mi cabeza no lo pudo soportar y perdí el conocimiento, pero
cuando desperté aun no recordaba nada, me sentí confundida, y luego de un
momento a otro, todos mis recuerdos vinieron como una avalancha.
—Ya lo vez, mi magia no funciona contigo, ¿por qué?
—Ya te dije… que no sé… porque paso eso —respondí
haciendo pausas.
—¿No lo sabes en verdad? —me cuestionó.
Negué con la cabeza, porque temía que si decía la
verdad, Draco me despreciaría por mi naturaleza. Vaya, grandiosa vampira que
era, en estos momentos el león cobardica del mago de oz sería más valiente que
yo.
Draco puso una silla frente a mí y se sentó, para
luego mirarme a los ojos, de una manera que hacía que mis nervios se alteraran.
¿Será posible
que descubra que no soy completamente humana?, pensé.
—Tal vez se deba a que eres especial — comentó, sin
dejar de mirarme. Decir que no me sonrojé seria mentir, ya que nuevamente Draco
podría confundirme con un tomate. Otra vez mi parte humana salió a la luz.
Escuché que Draco rió entre dientes—, no eres una muggle común —susurró.
Muggle. Nuevamente me llaman de
esa manera.
—¿Muggle? ¿Qué significa «Muggle»? No es la primera
vez que escucho esa palabra.
—¿Cómo que no es la primera vez que escuchas esa
palabra? ¿Acaso ya te habían llamado así antes? —preguntó.
—Bueno, cuando estaba desmayada, escuchaba
murmullos, escuchaba que tú y tus padres hablaban, y tu madre me llamo muggle dos veces —confesé.
Ahora Draco me miró expectante.
—¿Me escuchaste? —preguntó—, nadie puede escuchar
cuando esta inconsciente.
—Pues yo si pude.
—¿Qué fue lo que escuchaste?
—En realidad no mucho, pero lo que más llamó mi
atención fue esa palabra: Muggle —lo
escuché suspirar con alivio, parecía temer que hubiera escuchado algo que no
debería haber escuchado. ¿Pero que podría escuchar? Sí ya se su secreto. Cambie
de tema porque parecía que se sentía incómodo—. Pero dime, por favor, ¿qué
significa muggle?
—Personas sin magia —respondió.
Asentí lentamente.
—Entonces yo soy una muggle —afirmé.
—No, no lo eres.
—Pero no poseo magia.
—Tú eres especial.
—Soy un bicho raro.
—Yo debería decir eso, mi familia y mis amigos son
magos —sonrió.
No más que mi
familia, mis amigos, y yo, pensé. Y no solo eso,
también somos muy peligrosos con sed.
Sed. Esa palabra me hizo
reaccionar. Yo soy peligrosa para Draco y su familia. Ellos eran magos, pero su
magia no funcionaba conmigo, y si no funcionaba conmigo, mucho menos con mi
familia.
Tenía que regresar a casa, porque qué pasaría si me
da sed y no encuentro nada que cazar.
Me levante de la cama y camine hacia la puerta ante
la atenta mirada de Draco.
—¿Adónde vas? —preguntó, levantándose de la silla.
—Ya te lo había dicho, me voy a casa —respondí, sin
mirarlo, porque por una extraña razón sabía que si lo miraba a los ojos, Draco
me convencería para quedarme en su casa, lo cual significaba peligro para él y sus padres.
Camino los pasos que yo había dado hasta la puerta.
—No, tú no te vas a ir de aquí. No te vas a ir
—rugió, mientras me tomaba de brazo y lo apretaba con fuerza. Aunque su fuerza
no me hacía ningún daño.
Miré mi brazo sujetado por su mano y luego a él.
—¿Y porque no me puedo ir? —lo reté, no me gustó
nada el tono de voz que uso al hablarme—. Suéltame —le exigí.
Draco pareció darse cuenta de lo que estaba
haciendo y me soltó.
—Lo siento, Nessie, no quise lastimarte —se
disculpó, pasándose una mano por su rubio cabello—. Es solo que, aun estoy un
poco nervioso por todo esto. ¿Te hice daño? —me preguntó, yo negué con la
cabeza—. ¿Por qué te quieres ir? ¿Le temes a la magia?
El poco enojo que había sentido hace unos minutos
por su manera de hablarme se desvaneció en cuanto escuche sus dudas. Sonreí
para infundirle confianza.
—La magia me parece genial, Draco —admití—. Es solo
que ya debo regresar con mi familia, ya llevo muchos días aquí.
—No uses a tu familia como pretexto para alejarte
de mí —graznó.
—No uso a mi familia de pretexto, Draco. Pero es
que le dije a papá que me quedaría unos días y ya llevo una semana aquí, creo
que ya es hora de regresar.
—Solo quédate unos días más y después yo mismo te llevo
a tu casa y hablo con tus padres para que no te regañen —se ofreció.
Creo que eso no sería una buena idea. Ya me
imaginaba la cara que pondría Draco al ver a mis padres prácticamente de mi
misma edad, y no hablar de cuando conociera a mis tíos y abuelos; ahí sabría
que algo raro pasaba con mi familia, sobre todo al ver a mis abuelos que
parecía que solo eran unos cuantos años mayor que yo.
Di algo,
Renesmee, di algo, ¡ya!, me apremié.
—Eh, no creo que sirva de nada, Draco, igual me
regañaran y me castigaran por tiempo indefinido, y si tengo buena suerte, solo
estaré castigada unos meses, y ni tu magia podrá hacerlos cambiar de parecer.
—¿Crees que mi magia tampoco funcione con tus
padres? —preguntó Draco.
—Bueno, pues de alguien lo debo de haber heredado
un escudo ante tu magia, ¿no?
Draco pareció meditarlo un momento, pero a mí me
pareció muy irónico, siendo mi madre un escudo.
—Puede que tengas razón —aceptó.
Nuestras miradas se encontraron, y… ¡Oh, cielos!
¿Qué me sucedía? ¿Qué sucedía? ¿Por qué esa mirada que me dedicaba se parecía
tanto a la mirada que me dedicaba Jake?
Me estoy
volviendo loca.
—Nessie —me llamó.
—¿Sí?
—¿Te encuentras bien? —me preguntó.
Asentí.
—¿Aun quieres irte? —preguntó, con un tono de voz
que no pude identificar.
—Yo… —empecé a hablar, pero una voz demasiado
familiar me interrumpió. «Debes quedarte,
Nessie. Mi Nessie».
Parpadeé evitando que las lágrimas que tenía
acumulado en los ojos se derramaran. Esa era la voz de Jake. Mi lobito.
—¿Nessie? —escuchaba la voz de Draco a lo lejos.
«Quédate mi
Nessie… aquí encontraras lo que perdiste»
—¿Qué? —le pregunté a la voz de Jake.
—¿Aun quieres irte? —me preguntó Draco, pensando
que le hablaba a él.
«Aquí estarás
bien, Ness. Quédate»
Haciendo un gran esfuerzo por no soltarme a llorar,
respondí:
—No, no me iré —Está
bien, voy hacerte caso, mi lobito, pensé.
—¿De verdad?
—Sí. Además, igual seré castigada cuando vuelva a
casa, y por unos días más que me quede aquí, no cambiara nada —Draco me sonrió,
y yo trate de devolverle la sonrisa.
Y aunque sabía que estaba arriesgando la seguridad
de la familia Malfoy si me quedaba, pero la voz de Jake me había convencido, no
sabía cómo había podido escuchar la voz de Jake, pero después de muchos meses
volvía a escuchar esa voz, así que no le desobedecería.
—Me alegra que hayas aceptado quedarte un poco más,
Nessie —dijo Draco, sacándome de mis cavilaciones.
—Y a mí me alegra que seas mi amigo, Draco —camine
el paso que nos separaba y lo abracé, él también me abrazo; necesitaba tanto
saber porque la voz de Jake me pedía que me quedara con los Malfoy. Tal vez
sería porque Draco es bueno conmigo, o porque era tan fácil estar con él, o
sería porque fue Draco quien me salvo de esa noche llena de lluvia, oscuridad y
tristeza.
Lentamente me fui separando de Draco. Y para que no
note nada raro en mí pregunte lo primero que se me vino a la mente.
—Y ese chico que desapareció por la chimenea, ¿es
tu amigo?
—Sí, es mi amigo, lo conozco desde el colegio —me
respondió.
—Ah…, y ¿por qué se fue por la chimenea? ¿Acaso
tiene complejo de Santa Claus? —trate de bromear. Y lo logré porque Draco soltó
una carcajada.
—No tiene complejo de Santa Claus, es solo que esa
es una de las maneras que tenemos los magos para desplazarnos a otros lugares
—contestó.
Esa nueva información me sorprendió. Los magos sí
que tienen una manera rara de desplazarse, no me imaginaba a los vampiros
haciendo lo mismo. Estoy segura que sería muy peligroso para nosotros.
—Sorprendente —susurré—. Me gusta tu mundo —le
dije, tratando de dejar de pensar en Jake.
—Y eso que no has visto nada todavía —comentó de
manera enigmática.
—Pero tú me lo enseñaras, ¿verdad? —pregunté, él
asintió.
—Sabes, ahora me siento más tranquilo porque ya no
te guardo ningún secreto —me confesó. Y eso me hizo sentir mal, porque ahora la
única que guardaba secretos era yo. Solo esperaba que el día que Draco se
enterara de lo que soy no me desprecié.
Suspiré. Algún día tenía que decirle mi secreto, y
no importa que después mis padres se enojen conmigo. Los Malfoy han confiado en
mí, así que porque yo no podría confiar en ellos.
—Draco, yo… —él me miró, esperando a que dijera
algo más, pero no me salían las palabras, parecía que las tenía atoradas en la
garganta—, solo quería decirte que nada cambiara entre nosotros, seguiremos
siendo amigos —él me acarició la mejilla y me sonrió; su mano era suave, pero
la mejilla que me había acariciado me cosquilleaba, parecía como si una
corriente eléctrica solo me hubiera pasado y solo había afectado esa zona.
Mientras que yo me decía constantemente: «Cobarde,
cobarde, cobarde».
POV Narcissa
Draco se fue a su habitación con esa niña. Y apenas lo vi desaparecer, me
volvía hacia Lucius, dispuesta a encararlo por lo que había hecho. No me lo
podía creer, que mi esposo le hubiera dicho nuestro secreto a esa muggle;
primero Draco diciendo que nunca dejaría ir a esa niña, y luego Lucius. ¿Qué es
lo que les pasa a los hombres de esta casa? ¿Qué es lo que les pasa los hombres
Malfoy?
Y lo que más me preocupa es que a esa muggle no el
afecto la magia de Draco. ¿Por qué? ¿Qué es lo que está mal? ¿Qué tiene esa
muggle en especial que no tenga otra muggle cualquiera? Tal vez sea peligrosa.
—Dilo de una vez, Narcissa.
—¿Por qué lo hiciste, Lucius? ¿Por qué le dijiste
la verdad a esa muggle? —le reclamé.
—Lo hice por Draco —contestó.
¿Por Draco? ¿Qué es lo que había hecho por nuestro
hijo? Lo único que había hecho era meterle más esa tonta idea a Draco de
quedarse con esa.
—Por Draco —repetí, indignada—. ¿Qué tiene que ver
Draco, para que tú hayas dicho nuestro secreto? —le recriminé.
—¿Acaso no lo escuchaste? Draco está enamorado de
Renesmee, así que yo solo me adelante y le dije la verdad. Además, solo era
cuestión de minutos para que el mismo
Draco le confesara la verdad con tal de que esa chica se quede aquí. Y con eso
me quedo claro que Draco si está enamorado de Renesmee.
No podía creerlo, años atrás Lucius no consentiría
que su primogénito tuviera algo que ver con una muggle, antes lo echaba de la
casa y le quitaba el apellido, y negaría ante el mundo entero haber tenido un
hijo. Pero yo sabía que era lo que pasaba con Lucius; desde que la guerra
termino y fuimos absueltos de todos los cargos que se nos imputaba, él ha
estado tratando de compensar a Draco por todo lo que sufrió desde que se unió a
los mortífagos, y acepta todo lo que Draco propone, fue por eso que no dijo que
“no” cuando un día Draco llego con la propuesta de asociarnos con una empresa
muggle, al comienzo le sorprendió, pero luego lo acepto, así sin poner
pretextos. Y aunque aparentemente Lucius actuara igual de altivo, digno y frío
con todos, con Draco era diferente.
Pero aun así, yo no quería que mi único hijo
terminara casado con una muggle.
—Mi hijo no puede estar enamorado de esa muggle
—insistí—, seguro que solo esta encaprichado con ella, tal vez le llame la
atención su juventud o le da lástima por como la encontró —definitivamente no
podía aceptarlo, mi hijo enamorado de esa niñita muggle.
—No está encaprichado, Narcissa, él nunca ha
confesado sus sentimientos por ninguna mujer, ni siquiera por Astoria —tenía
que reconocer muy a mi pesar que eso era cierto—, en cambio con esa chica
muggle si lo ha hecho sin importar lo que nosotros opinemos —hablaba con tanta
tranquilidad, que aún no me acostumbro a su nueva aptitud. Todavía recuerdo que
hace más de diez años él hubiera sido capaz de acabar el solo con todo los
muggles e impuros, sin esperar las ordenes de Lord Voldemort.
—¿Y no te importa que tu hijo termine casándose con
una muggle? —pregunté, tratando de encontrar en el algún signo de asco o
molestia, pero seguía igual de tranquilo—. Porque como va Draco, no dudo que
termine casado con esa mocosa.
Note que se puso tenso de repente.
—No creas que me agrada tanto la idea —por fin lo
dijo—, pero trato de comprender a Draco, él está enamorado —se puso serio, sus
grises ojos se oscurecieron un poco y su mandíbula de tenso—. Lo único que me
preocupa es que a Renesmee no le afecte la magia.
—¿A qué crees que se deba eso? —pregunté.
—No lo sé —contestó, sin cambiar de ánimo. Yo sabía
que a Lucius no le gustaba no saber las respuesta, y esto no solo le
preocupaba, le molestaba, tanto o más que a mí—. Pero lo averiguaré —sentenció.
Nos quedamos callados cada uno metido en sus
pensamientos. No sé exactamente cuánto tiempo pasamos así, pero unos pasos nos
hicieron volver a la realidad. Lucius y yo volteamos a ver quién se acercaba.
Era mi hijo y esa niña. Y como de costumbre, pude
ver a Draco que la tomaba de la mano, parecía que necesitaba su contacto tanto
como respirar y eso me enervaba.
—Padre, madre —nos dijo—, Nessie se quedara unos
días más en casa.
Y esto, era
la cereza del pastel,
pensé.
Miré a mi hijo, y note que tenía una sonrisa
radiante, nunca lo había visto sonreír de esa manera. Pero por volver a verlo
sonreír de esa manera, estaba dispuesta a aceptar a esa mocosa en mi casa.


gracias por actualizar, Merodeadora
ResponderEliminareste fue un fascinante capitulo, sobre todo la parte en que Lucius le dice la verdad a Nessie, fue emocianante
saludos
espero la pronta actualizacion
oh, por dios, amo tu novela, y muero de ganas por leer el siguiente capitulo...
ResponderEliminarsoy tu nueva lectora :)