martes, 25 de abril de 2017

Obsesión


POV Nahuel
—¡AY! —gritó de dolor la mujer que estaba debajo de mí. No tenía que verle su rostro para saber que estaba empapada en lágrimas.
Sonreí con placer.
La encontré perdida en el bosque, ella se había alejado de su grupo de excursión porque se había detenido a ver una extraña flor. Estúpida humana.
Yo caminaba por el bosque, tratando de pensar donde podría estar mí más preciada obsesión, cuando un exquisito olor llego a mí, la garganta me ardió al instante, sin pensarlo dos veces, corrí hacia mi objetivo. Me detuve a una distancia prudente, escondido detrás de un árbol, porque el color pelirrojo oscuro de su cabellera me hizo recordar a Renesmee, por supuesto que el cabello de mi obsesión es mil veces más hermoso.
La estuve observando unos minutos, hasta que salí de mi escondite cuando note en sus ojos mieles cierto temor.
—Hola —le dije.
Ella se volvió tan rápidamente, que termino cayendo al suelo. Hizo un gesto de dolor.
No reaccione a tiempo, porque su rostro también tenía cierto parecido al de Renesmee. Pero lamentablemente no era mi Renesmee, esta era solo una simple humana, una frágil e exquisita humana.
Tendría unos 20 años aproximadamente, su rostro era un poco redondo, ojos mieles, nariz respingada, labios pálidos —quizás sea por el temor de estar sola en el bosque— y sus mejillas estaban salpicadas de unas cuantas pecas, delgada, pero no muy alta, y vestía una horrible ropa de deporte.
—¿Te encuentras bien? —le pregunté a la vez que le estiraba mi mano para ayudarla a levantarse. Ella se me quedo mirando, y su corazón empezó a latir más rápidamente a la vez que sus mejillas tomaban un color rubí. Dudo unos tres minutos antes de tomar mi mano.
—Sí, estoy bien, gracias.
Su voz era sosa, no me agradaba. Por un momento casi imagine poder escuchar la melodiosa voz de Renesmee.
Solté su mano y volví a detallarla.
Sus mejillas se colorearon más, y el ardor de mi garganta se incrementó.
Evite respirar, ya que antes de beber su sangre me divertiría un poco con ella.
—Soy Nahuel —me presente.
—Yo… —su mirada no se apartaba de mi rostro. Típico de las humanas—… soy… Elizabeth, pero…
—Elizabeth —repetí su nombre interrumpiéndola—, un nombre común —ella bajo la mirada avergonzada—, ¿qué te parece otro nombre?
Ella alzo la mirada, llena de confusión.
—Por lo menos por unas horas.
—¿Qué? —susurró.
La ignoré y seguí hablando.
—Renesmee, ¿qué te parece? —ella parpadeó confundida—, tendrás el honor de llevar el nombre de una mujer hermosa.
—Eh… yo creo… —retrocedió un par de pasos, pasos que yo rápidamente camine. Ella abrió los ojos sorprendida y el terror en sus ojos fue muy notorio—, te-tengo que i-irme.
—¿Por qué tan rápido? —le pregunté. Este juego me gustaba.
—Mis compañeros… —hizo una pausa—, deben de estar buscándome… si… ellos…
Saborear su miedo me excitaba. Así que la acorrale contra un árbol, y ella gritó de miedo y de dolor, creo que no medí mi fuerza. Con mi próxima víctima tendré más cuidado.
Hundí mi cabeza en el hueco de su cuello.
—Nadie te busca —susurré en su oído—, los excursionistas que estaban contigo ya se alejaron una milla, puedo oírlos —su corazón parecía que quería salirse de su pecho; sonreí—, y al parecer nadie se ha dado cuenta de que tú no estás.
Bese su cuello, y me aleje un poco de ella, para poder mirarla directamente a la cara.
—¿Qué me dices, te agrada el nombre de Renesmee? —pregunté.
Sus lágrimas empezaron a resbalarse por sus mejillas.
—P-por fa-favor… —suplicó. Este era el mejor momento, cuando la víctima intuye que ya le queda muy pocos minutos de vida.
—No me has contestado.
Siguió llorando, y sopesando todas las opciones para poder escapar. Pobre ilusa, ya nada la salvaría de su destino.
Pero decidí ser misericordioso con ella. Así que me concentre y la hipnotice, si, se podría decir que hipnotizar era uno de mis dones.
—Tranquila —le susurré acariciándole la mejilla—, deja de llorar.
Ella hipo varias veces más, hasta que por fin sus lágrimas cesaron.
—Tu nombre será Renesmee —dije, y ella asintió—. Muy bien, vamos a ver si has entendido. ¿Cómo te llamas?
Su mirada estaba perdida en mis ojos, y respondió como una autómata.
—Renesmee.
—Bien, muy bien, eres una buena chica —la observé de pies a cabeza—. Te gustaría acompañarme a un lugar más privado.
Mi nueva Renesmee asintió.
Sin esperar más la tome en mis brazos y corrí con ella hasta una pequeña cabaña, la cual solo constaba con una cama y un baño.
La acosté sobre la cama y yo me coloqué sobre ella, cerré los ojos y su rostro desapareció, y el rostro de mi Renesmee apareció al instante.
La bese con pasión y fuerza, y ella me respondió el beso. Mis manos empezaron a acariciar sus piernas y fueron subiendo por sus caderas, cintura, estómago y por último por sus pechos; tome su cazadora y la destroce, lo mismo hice con su polera y su pantalón, la deje en ropa interior, seguí acariciándola a la vez que volvía a besarla en los labios y fui bajando hasta llegar a su cuello, su vena palpito, y me garganta ardió, me contuve, y la desnude por completo, me separe de ella para poder detallarla, y me decepcione al darme cuenta de que no era tan parecida a mi Renesmee como me lo pareció al comienzo. Pero aun así no me detuve, y volví a besarla, hice un recorrido desde su boca a su cuello y por último a sus pechos.
Ella suspiró con gozo, y sus manos acariciaban mi cuerpo, pero yo no soportaba sus manos en mi cuerpo, así que la tome por las muñecas y las levante sobre su cabeza, ella protesto, y yo no le di importancia.
Me desnude y me coloque entre sus piernas, observé sus ojos mieles y en mi mente los imagine achocolatados, y llenos de pasión como estaban los ella; sin esperar más la penetre, y ella dio un grito de dolor.
Había sido virgen. Que suerte la mía.
Me moví dentro de ella, sin importarme su dolor, sus quejidos y sus lágrimas, pero el olor de su sangre al desvirgarla, me enloqueció más, la penetre con más frenesí.
—De-deten-te —me suplicó entrecortadamente.
Pero yo la ignoré y seguí penetrándola con más fuerza. La cama temblaba y luego las patas se rompieron por mi fuerza, al igual que la pelvis de mi Renesmee.
—Aahhhh —chilló de dolor, pero yo continué, ya casi estaba alcanzando mi orgasmo, solo unas embestidas más…
Gruñí cuando alcance el éxtasis, viniéndome dentro de ella.
Aún sin salir de su interior, levanté la cabeza y la observé, la chica estaba pálida y tenía el rostro consternado de dolor y bañado en lágrimas.
—No te preocupes, mi amor. Ahora mismo acabaré con tu dolor —no espere a que ella hiciera el amago de contestarme, simplemente hundí mi rostro en su cuello y clave mis colmillos en su cuello. Ella gritó, me sorprendí de que todavía pudiera gritar, trato de apartarme, pero fue inútil, yo ya estaba bebiendo su sangre, la cual era deliciosa; había sentido placer al hacerla mía, pero ahora estaba sintiendo más placer al beber su sangre.
Unos minutos después su corazón se detuvo, a la vez que yo saborea el último sorbo de su sangre.
Salí de su cuerpo flácido y la observé por última vez. Una sonrisa se formó en mis labios, este era mi nuevo pasatiempo mientras encontraba a mi verdadera Renesmee, por ahora me conformaría con las chicas que se le pareciera y luego me alimentaria de ella.
Recogí mi ropa y me la puse.
—Adiós, preciosa, fuiste un muy buen consuelo, lástima que no hayas sido tan duradera —le dije a su cadáver.
Me encogí de hombros y salí de la cabaña ya de mejor humor.
—Aparece pronto, mi querida Renesmee. Aparece o terminaré con todas las mujeres que tengan aunque sea un mínimo de parecido contigo.

POV Renesmee
Imprimación.
Desde que mi abuelito había pronunciado esa palabra, no podía encontrarle una razón para que la imprimación de mi lobito en mí tenga una relación con Draco Malfoy.
¿Qué relación podría haber entre los dos?, me preguntaba.
A simple vista ambos son diferentes… pero si me pongo a pensar en todos lo que he vivido con ambos, puedo llegar a encontrar algunas similitudes, por ejemplo: su forma de obsérvame, casi con adoración. Claro que eso lo podría atribuir a que los humanos siempre se sienten atraídos por mí —y por cualquier miembro de mi familia—, pero algo en su mirada me hace recordar a Jake. Y sí, por fin lo reconozco —aunque sea en mis pensamientos— ya no puedo seguir engañándome a mí misma; Draco me mira de una forma que solo había reconocido en un lobo imprimado.
¿Pero por qué? Y nuevamente me hago la misma pregunta. ¿Qué es lo que ocasiona estas coincidencias entre ambos?
—Jacob era un licántropo, mientras que Draco es un mago. Y ambos pertenecen a distintas especies —susurré—. Pero da la casualidad de que ambas especies se vieron entrelazadas con mi especie.
Pase una mano por mis cabellos, llena de frustración. Y sin que me diera cuenta de ello, las lágrimas empezaron a derramarse de mis ojos y estas cayeron en el dorso de mi mano.
Trate de limpiarme las lágrimas con mis manos, pero estas no dejaban de salir de mis ojos.
Respiré profundo, pero eso tampoco sirvió. No quería que nadie me escuchara llorar, no quería preocuparlos por mí, ya era suficiente con toda la preocupación de la otra tarde.
—Jacob, mi lobito, ayúdame a entender lo que me sucede —supliqué en la soledad de mi habitación—. Mándame una señal, ¿qué es lo que debo hacer?
Pasaron varios minutos, y por supuesto nadie dijo nada, todo estaba en silencio, tanto en la planta baja de la casa, como en mi habitación.
Pero luego una voz me hizo dar un bote.
«Mi Nessie».
Aunque no era una simple voz, era la voz de Jacob.
Me levante de mi cama y camine hacia la puerta, dispuesta a escapar de mi locura, pero luego desistí de salir.
—Jake —murmuré.
«No temas. No estas enloqueciendo».
¿Si no estoy enloqueciendo, entonces como puedo escucharte?, pensé.
«No puedo darte una respuesta para eso, mi Nessie, pero confía en mí cuando te digo que no estas enloqueciendo».
Suspiré. Bien, la voz de Jake, me dice que no estoy enloqueciendo, pero ¿en verdad debo fiarme de la voz que escucho en mi cabeza?
Camine de un lado a otro en mi habitación. Volví a pasar una mano por mis cabellos, desordenando mis risos.
—No entiendo lo que pasa, ¿por qué los confundo? —pregunté en un murmullo.
Quince segundos después volví a escuchar su voz.
«No lo comprenderías ahora, mi Nessie. No, lo siento, estoy cometiendo un error, sí, sí que lo comprenderías y tratarías de evitarlo, porque pensarías que lo estas usando. Pero trata de comprenderme, por favor. Esto es por tu bien, y él mío».
—¿Qué es por mi bien? ¿Qué cosa es por mi bien? —susurré. Pero los segundos pasaron y con ello los minutos y la voz de mí adorado Jacob se negó a responderme—. ¡¿Qué cosa es por mi bien?!
—Renesmee, ¿hija? —mi madre entro rápidamente a mi habitación abriendo la puerta de golpe—. ¿Por qué gritabas? ¿Estas herida?
¿Gritaba? ¿Yo había gritado? No me había percatado de que había terminado gritando, pero me frustre al no obtener una respuesta.
Mamá tenía sus manos sobre mis hombros y su mirada dorada estaba puesta fijamente en mí, revisando que no esté herida.
—Nessie —escuché la voz de soprano de mi tía Alice, y rápidamente se acercó a mí.
Junto con ella también entraron los demás miembros de mi familia: la abuelita Esme, mi tía Rosalie y mi tío Jasper.
—¿Por qué gritabas? —volvió a preguntarme mamá, ya más calmada al darse cuenta de que estaba bien, por lo menos físicamente.
—Lo siento —dije—, no me di cuenta de cuanto empecé a gritar.
—Estas muy nerviosa y frustrada —dijo la voz pausada del tío Jasper.
—Lo siento —susurré—, no quise asustarlos.
—¿Por qué quitabas «¡¿Qué cosa es por mi bien?!»? —preguntó mi tía Rose.
No respondí.
—¿No quieres contarnos lo que sucedió, cielo? —preguntó la abuela Esme.
Negué con la cabeza. Estaba cansada y no quería hablar, por lo menos sobre lo que había pasado hace unos momentos.
—No te preocupes, cuando quieras hablar, sabes que nosotros estamos para escucharte —dijo la abuela.
Trate de sonreírle por ser tan comprensiva, pero solo me salió una mueca.
Jacob, pensé.
—Nessie —dijo el tío Jasper, mirándome fijamente, y luego de eso empecé a sentir su don actuando en mí. La tranquilidad me invadió, y se lo agradecí. En verdad necesitaba un poco de paz.
—¿Dónde está papá y tío Emmett? —pregunté.
—Salieron de caza —respondió tía Alice.
Asentí.
Eso estaba bien, porque si papá estuviera aquí, de seguro que ya sabría lo que me pasa, y en verdad necesito un poco de privacidad. No voy a pensar en nada de esto cuando papá regrese.
—Tal vez deberías dormir un poco, cariño —dijo mamá.
—No quiero dormir. Quiero salir a tomar un poco de aire.
Quiero distraerme, me siento encerrada, pensé.
—¿Quieres ir de compras? —propuso tía Alice.
—No creo que… —empezó a hablar mamá, pero yo la interrumpí.
—Sí, ir de compras estaría bien.
—¡Sí! —celebró tía Alice—. Ya verás que te divertirás.
—Yo también iré —dijo tía Rose.
Note que mamá no puso buena cara.
Me aleje de mi familia y camine directo a mi muy amplio closet. Y mientras buscaba que ponerme, escuche a tío Jasper murmurar: iré a ver la televisión. Y en un parpadeó salió de mi habitación.
—¿Estás segura? —me preguntó mamá.
—Sí —respondí—. ¿No quieres venir con nosotras, mamá?
Mamá se cruzó de brazos, lo medito por unos segundos.
—De acuerdo —dijo no muy animada.
Yo me volví para mirarla, esa respuesta sí que me había sorprendido. Ya que Bella Cullen siempre encontraba la manera de escabullirse de las compras. Claro, no cabe duda de que está preocupada por mí, y quiere estar pendiente de cada uno de mis pasos, y aunque odia ir de compras ha aceptado.
No comente nada al respecto.
—¿No quieres venir con nosotras, abuelita? —le pregunté.
Ella me sonrió.
—Por supuesto.

***

Varias horas después regresábamos a casa cargadas de bolsas. Habíamos comprado de todo, vestidos, pantalones, blusas, abrigos, cazadoras, faldas, ropa interior, todo tipo de zapatos y accesorios.
Tía Alice había insistido en comprarle a mamá un vestido de fiesta de color rojo sangre, el cual tenía la espalda descubierta; mamá no quería alegando que no tendría oportunidad de usarlo, pero nadie puede decirle que no a tía Alice, así que término aceptándolo.
También compramos mucha ropa para papá, el abuelo y los tíos Jasper y Emmett, casi parecía que todos íbamos a remodelar nuestro closet.
Las dependientas de los centros comerciales y de las boutiques eran demasiado amable con nosotros, sobre todo cuando se daban cuenta de que nuestras tarjetas de crédito no tenían límites.
—Vaya, por fin regresaron, por un momento pensábamos que se amanecerían en los centros comerciales —comentó tío Emmett apenas entramos a la casa.
Papá alzo una de sus perfectas cejas.
—Dejaron los centros comerciales vacíos —dijo, al darse cuenta de que cada una tenía cinco bolsas en cada mano.
Tía Rose sonrió.
—Ya conoces a tía Alice —dije.
—Esto no es nada —dijo mi pequeña tía—, deberían de ir por las demás bolsas que están en el auto.
Tío Emmett y tío Jasper fueron por las demás bolsas, mientras yo subía a mi habitación a dejar mis compras sobre mi cama.
No ordene nada, simplemente lo deje allí, y luego baje a la sala.
Me encontré a papá pasando un brazo por la cintura de mamá —esto no era novedad para mí, ni para nadie de mi familia— ellos se miraban de una manera que me hacía sonrojarme.
—Hey, pequeño monstruo del lago Ness —me dijo tío Emmett.
Lo observé fingiendo estar ofendida por el apodo, y él soltó una carcajada.
—¿Cómo hiciste para convencer a tu madre para ir de compras? —preguntó.
Me acerque a él.
—No fue tan difícil —admití—, simplemente la invite y ella accedió.
Él puso cara de incredulidad. Y aunque no veía a papá, yo sabía que él también estaba impresionado de que mamá aceptara ir de compras por propia voluntad. Como también estaba segura de que mamá le contaría porque acepto, y entonces empezarían a hablar sobre mí en privado, tratando de encontrar la forma de ayudarme.
—Te prepararé la cena —dijo mi abuelita.
Yo solo sonreí, no tenía mucha hambre, pero no quería hacerle un desaire a mi abuela, así que comería.
Un teléfono móvil empezó a sonar. Era el de mamá, compartió una mirada con papá antes de contestar.
—Hola —dijo.
Agudice mi oído para saber quién era el que llamaba.
—Bella, cielo —dijo la voz del otro lado de la línea. Voz que reconocí como la de mi abuelito Charlie.
Me sorprendí, la última vez que vi al abuelito fue en el… velorio.
—Papá —dijo mamá—. ¿Cómo has estado? —preguntó.
Deje de escuchar la conversación de mi madre. Estaba gratamente sorprendida, el abuelo Charlie, hace un par de meses que no sabía nada de él. Lo extrañaba mucho, pero no había tenido el valor de llamarlo porque no podría soportar más escuchar su voz llena de lastima como las voces y miradas de los demás miembros de mi familia, y mucho menos quería escuchar algo sobre las manadas, no tenía el valor para enfrentarme a ellos.
Suspiré.
Había sido demasiado egoísta, encerrándome solo en mi dolor y prácticamente ignorando a los demás. Pero es que no podía manejar lo que sentía, bueno, aun no puedo, todavía estoy tratando de reponer del dolor.
—¿Hija? ¿Renesmee? —mamá puso su mano sobre mi hombro, sacándome de mis cavilaciones, las cuales estaba segura había escuchado mi padre—. Charlie quiere hablar contigo —me extendió el teléfono.
Yo miré el teléfono por unos segundos para finalmente tomarlo, lo lleve a mi oído.
—Hola, abuelo —dije.
—Nessie, cariño, me alegra escuchar tu voz nuevamente —el abuelo no solo parecía feliz de escucharme sino también aliviado.
Por supuesto, lo sabía, después de la tragedia había estado actuando monótonamente, no hablaba con nadie por voluntad propia, solo respondía con monosílabos cuando me hablaban, paraba encerrada llorando, tampoco dormía porque apenas cerraba los ojos veía a mi Jake caer… no respiraba más, nunca más lo haría.
—A mí también, abuelo —respondí luego de un par de segundos.
—Eh, esto… ¿cómo has estado? —preguntó, su voz sonaba incomoda.
Nada bien, me hubiera gustada responder, pero no lo hice.
—Pues… mejorando —esa fue la mejor respuesta que pude dar.
Lo escuché suspirar.
—¿Cómo está el trabajo? —pregunté más por educación que por interés.
—Bien, todo tranquilo, solo algunas conductores ebrios, algunas violaciones en las señales de tránsito… lo normal.
—Claro, todo normal —dije.
Otro suspiro y un carraspeo de parte de mi abuelito Charlie me daba a entender que estaba incómodo.
Por favor, por favor, que no me diga nada acerca de la manada, tengo fuerzas para soportarlo, pensé sin importarme siquiera ocultarlos de mi padre.
—Esto… hum… Sue te manda saludos… —murmuró.
—Gracias. Yo también le envió saludos —contesté con educación—. Bueno, abuelo… me agrado mucho hablar contigo, pero la abuela Esme quiere que vaya a cenar… Adiós. Llama pronto.
—Sí, por supuesto, cariño. Adiós —eso fue lo último que escuche del abuelo, porque luego le devolví el teléfono móvil a mamá.
Mamá continua hablando por teléfono con el abuelo mientras yo cenaba.
Observé a mi familia, sabía que habían escuchado mi conversación, pero aun así parecía muy serenos, cada uno en lo suyo. Los tíos Emmett y Jasper jugaban nuevamente ajedrez, tía Rose retocaba sus uñas a velocidad humana, podía escuchar a tía Alice en mi habitación guardando toda mi ropa nueva, la abuelita Esme limpiaba su ya de por sí, su inmaculada cocina —que solo solía usar por mí— y mis padres; mamá ya había colgado, y ahora estaba sentada junto a papá, a simple vista parecería que solo estaban mirándose el uno al otro, profesándose su amor eterno, pero si me fijaba bien en sus labios, los podía ver moverse a una velocidad inimaginable para un humano.
Y el tema central era yo.
Decidí no escuchar su conversación, no quería enterarme de nada, solo quería saber: ¿Por qué escuchaba la voz de mi lobito? ¿Por qué lo confundía con Draco? ¿Qué los unía?
Cuando termine de cenar, dude en ir directamente a mí habitación o pasar unas horas más en familia. Opte por la última opción, ya que no quería que mi familia pensara que me volvería a recluir en mi habitación. Camine lentamente hacia mis padres, estos dejaron de hablar, me observaron y me sonrieron, pero no era una sonrisa de las de antes, estas eras unas sonrisas que no le llegaban a los ojos.
Y era por mí, estaban muy preocupados por mí. Me sentí mal por preocuparlos, era una mala hija.
Papá tiró de mi mano hasta sentarme en su regazo, recargue mi cabeza en su pecho y puse mi mente en blanco.
—¿Estás bien? —me preguntó papá.
—Sí —respondí—. Fue entretenido ir de compras —comenté a la vez que mamá hacia un gesto de desagrado. Eso me hizo sonreír.
—¿Por qué no me dejas leer tus pensamientos? —dijo papá con tono preocupado al notar mi mente en blanco.
Me encogí de hombros.
—No hay nada interesante en mi cabeza, a menos que quieras saber que falda o pantalón combinaré con la blusa verde que compre.
¡Cielos! Era una patética mentirosa.
—Preferiría leer eso a no leer nada.
—Tampoco puedes leer los pensamientos de mamá, y no parece afectarte —susurré.
Tío Emmett soltó una carcajada, pero al notar la mirada molesta de papá volvió su vista al juego.
—Puedo leer los pensamientos de tu madre, sin necesidad de buscar en su cabeza, sus ojos lo dicen todo —respondió papá.
Eso era muy romántico.
—Solo es lo mismo de siempre —susurré.
—Vamos a encontrar una solución para todo esto, hija —dijo mamá tomándome de la mano y apretándola ligeramente.
Le sonreí en respuesta.
Bostece llevándome una mano a la boca, estaba cansada, pero no se debía a mi tarde compras, ya que no era un cansancio físico, era un cansancio mental.
—Estoy cansada —murmuré, a la vez que me acomodaba mejor en el regazo de papá.
Cerré los ojos y poco a poco caí dormida.
—Nessie —dijeron dos voces muy familiares para mí.
Miré a mí alrededor, pero no vi a nadie, iba a salir corriendo de la casa para buscar a las personas que me llamaron, sin embargo, me quede allí, mirando todo, era una casa desconocida para mí.
La casa era de dos pisos, blanca, parecía decorada por un artista, porque tenía un estilo exquisito, todos los muebles, adornos y pinturas combinaban perfectamente.
—Nessie —volvieron a llamarme, pero esta vez era solo la voz de Draco.
—Draco —dije, caminando hacia el segundo piso, donde podía escuchar los latidos de su corazón. Abrí la puerta de una habitación, me adentre en ella—. Draco —caminé hacia el balcón, y allí pude verlo, con su cabello tan rubio, que casi parecía blanco, vestido pulcramente de gris y una túnica negra, sin ninguna arruga, concluía su precioso atuendo. Sentí la sangre agolparse en mis mejillas, verlo tan varonil me puso nerviosa—, ¿qué sucede?
—Oh, Nessie —me observó de pies a cabeza—, estás hermosa, nunca me cansaré de decírtelo.
—Gracias —murmuré.
—Eres un ángel, no eres más que un ángel, eres una deidad.
Se acercó a mí y levanto su mano para luego posarlo en una de mis sonrojadas mejillas.
—Te amo —me dijo.
Quise alejarme de él, pero mis pies no me respondían, es más parecían hacer todo lo contrario, me acerque más a él y rodeé su cuello con mis brazos.
—Yo también te amo, Draco —le respondí sin poder controlar mi boca.
Él paso su otro brazo en mi cintura, pegándome más a su cuerpo, se inclinó y me beso en los labios, quise detenerlo, alejarlo, pero no pude, el sabor a menta de sus labios me embriago como la mejor de las sangres que alguna vez había probado. Le devolví el beso con timidez, así permanecimos por unos minutos más, hasta que mis pulmones me hicieron sepárame de él para poder respirar, aun con los ojos cerrados busque sus labios nuevamente, cuando los encontré, los bese.
Draco me tomo en brazos y me coloco sobre la cama sin abandonar mis labios, él se colocó sobre mí, y mi corazón latía más debocado que de costumbre, sabiendo lo que pasaría en aquella cama si lo dejaba continuar.
Y por primera vez no me importo dejarme llevar. Solo quería sentirme querida, amada.
Volvimos a romper el beso por falta de aire, y su mano extrañamente caliente empezó hacer caricias en mi mejilla, abrí los ojos para encontrarme con su mirada gris.
Pero los ojos que me devolvieron la mirada no eran grises, sino cafés, no me moví a causa de la sorpresa, el rostro del hombre que estaba sobre mí, había dejado de ser pálido para volverse bronceada, el cabello rubio había desaparecido, y en su lugar había cabellos negros azabaches.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Ja-Jake —murmuré.
—Mi Nessie —dijo con su voz ligeramente ronca y me sonrió como solo Jake lo hacía.
—¿Q-Qué… significa e-esto? —sollocé.
—No, no, mi Nessie, no llores —dijo Jacob—, yo no quiero que llores, yo quiero que seas feliz… y por eso te estoy dando una segunda oportunidad.
Las lágrimas no dejaban de salir de mis ojos, y él con sus calientes manos trató de limpiarme las lágrimas.
—Tranquila, mi Nessie —arrulló—. Te amo y quiero que seas feliz…
—Me duele —dije posando una mano sobre mi corazón, el cual latía mucho más desbocado—, me duele mucho… estoy confundida… Dra-Draco… t-tú… no sé… no s-sé…
—Shhh —susurró—, entiende las señales. Todo estará bien. Te amo… tanto como él.
—No… no…
—Nessie. Mi Nessie —dijo con devoción y se inclinó en besar mi mejilla.
Luego sus labios buscaron los míos, y me beso, no profundizo el beso, solo los roso, y cuando volvió a levantar la cabeza, nuevamente era Draco.
—Mi Nessie —susurró.
Negué con la cabeza con desesperación.
—¡No! —grité—. ¿Qué está pasando?
—¡¿Qué está pasando?! ¿QUÉ ESTÁ PASANDO? —grité llena de desesperación abriendo los ojos.
Todo estaba oscuro, pero eso no duro mucho, porque la puerta de mi habitación se abrió de golpe y la luz se encendió.
Parpadeé un par de veces a causa de las lágrimas y la luz. Unos brazos me rodearon.


domingo, 23 de abril de 2017

Comparaciones

POV Autora
Astoria Greengrass era una mujer que se decía ser de la alta sociedad del mundo mágico —aunque para Draco era todo lo contrario: Vulgar—, era hermosa, sí, y portaba uno de los apellidos más respetados de Gran Bretaña, su familia contaba con una gran fortuna. Ella era tan refinada, tan educada como arpía. Siempre mostrando una sonrisa coqueta a los hombres que le interesaba y una sonrisa fingida para la sociedad.
Y Draco se preguntaba cómo es que había podido fijarse una vez en ella, ¿qué le vio de interesante? Bueno, sí, ya recordaba: era apasionada en la intimidad, y eso le basto en ese momento.
Y para sus padres ella era la mujer perfecta para él. Sobre todo para su madre.
Aun recordaba cuando la conoció. Draco nunca le prestaba mucha atención a las chicas que no estaban en su mismo año escolar, así que había pasado de la hermana menor de su compañera de estudios: Daphne Greengrass. Pero después de la guerra, más exacto cinco años después de la guerra, él fue invitado junto con su familia a la fiesta de compromiso de Daphne, y aunque no tenía muchas ganas de ir, tenía que cumplir con su deber social. Y allí fue cuando la vio.
Una joven dama de sociedad, con unos ojos verdes tan vivaces que le hizo detenerse a verla por unos minutos más de lo necesario.
Los señores Greengrass le presentaron formalmente a su hija menor, y no solo él quedo encantado, también sus padres, ya que ella era toda una sangre pura.
Esa misma noche se besaron, quizás fue el whisky de fuego o simplemente por querían hacerlo. Y desde ese momento empezaron a salir; al teatro, a la ópera, o simplemente pasear por el Callejón Diagon. A las dos semanas empezaron a salir más formalmente, y le pusieron un título a su relación: eran novios.
Sí, Draco se la pasaba bien con ella, era divertida y malvada a la vez, y porque no decirlo, también ambiciosa. Ella decía ser una princesa y quería que la trataran como tal.
Le gustaban los obsequios —sobre todo si eran joyas preciosas y caras— y capturar miradas por donde pasaba.
Draco la complacía, porque ella también lo complacía.
Su noviazgo se alargó por unos ocho años, y sus padres —sobre todo su madre— empezaron a presionarlo para que le propusiera matrimonio, decían que era una vergüenza que todavía siguieran siendo novios cuando prácticamente vivían juntos, ya que ella pasaba temporadas en la mansión Malfoy, o también se iban juntos de viaje de negocios a distintos países. Un día su padre habló seriamente con él y le dio un ultimátum.
Draco no soportando más sus reclamos y presiones, tomo la decisión de hacer lo que se esperaba de él: proponerle matrimonio a Astoria.
Ya es hora de que forme una familia, pensaba Draco.
Y así lo hizo, en una fiesta que habían organizado los Malfoy, Draco hizo oficial su compromiso con Astoria, ahora ella era su prometida, la futura señora Malfoy.
El carácter de Astoria empezó cambiar, o tal vez a mostrarse tal y como era realmente: una arpía. Ella quería controlar su vida, siempre quería saber en dónde estaba, no lo dejaba en paz ni siquiera en su trabajo, y que decir al momento de empezar a organizar la boda. Draco siempre trataba de escabullirse y muchas veces lo lograba, sintiéndose aliviado. Pero todo ese alivio se iba cuando su prometida lo encaraba al día siguiente.
Draco era un hombre con muy poco paciencia —algo que había heredado de su progenitor—, así que un día ya no la soporto más, y termino con ella.
Él se sintió tan en paz y feliz después de terminar su relación con la menor de las Greengrass que ni los reclamos de su madre y padre lo hicieron cambiar su decisión. Ya estaba bien grandecito como para seguir obedeciendo ciegamente a sus progenitores.
Astoria estaba tan enojada, que grito, rompió objetos muy preciados de los Malfoy —los cuales eran de muchos años de antigüedad—, pero ni aun así hizo cambiar de opinión a Draco. Ella se fue amenazando: «No te dejaré ser feliz con ninguna otra mujer que no sea yo. Al final terminaras pidiéndome perdón de rodillas para que regrese contigo».
Todo lo refinada y educada se fue por el retrete cuando vio que sus amenazas no hacían el efecto que ella quería en él.
En cambio Renesmee Cullen era todo lo contrario a Astoria. Primero porque ella ni siquiera era una hija de muggles, ella en verdad era una muggle; era tímida, refinada, educada, tierna, y mil veces más hermosa que aquella bruja sangre pura que tenía por prometida.
Todo en Renesmee era deslumbrante e irresistible, su cabello, su rostro en forma de corazón, sus ojos de color chocolate, sus mejillas que siempre se sonrojaban cada vez que él le hacía un cumplido o un simple comentario, su porte, su forma de caminar, que más que caminar parecía que danzaba. Y el tono de su voz, tan melodioso y atrayente.
Más atrayente que un canto de sirenas.
Renesmee era sencilla y delicada, tanto como inteligente, sensible y amorosa —lo había comprobado cuando la escuchaba hablar de su familia— con un carácter fácil de tratar; siempre de buen humor.
Aunque tiene una tristeza que Draco no puede comprender. No sabe quién le ha causado tanto dolor, pero si tiene en claro que mataría con sus propias manos a ese ser que la ha lastimado tanto.
Y además hay otros aspectos en ella que le llama la atención a Draco, como por ejemplo, su calidez, sí, su piel suele ser más cálida que de cualquier otro ser humano que haya conocido, tanto así que una vez su madre pensó que tenía fiebre —y por supuesto él también lo pensó—, pero ella le aseguro que así era su temperatura, que no había nada de qué preocuparse, y él le creyó, confió en ella, y después de todo a él le gustaba su piel, que sea así de cálida. Lo hacía sentir reconfortado.
Pero el aspecto que le llamaba más la atención era que Renesmee Cullen era inmune a su magia. Eso lo dejo completamente sorprendido y perplejo, no sabía a qué se debía, bueno, aún no sabe a qué se debe este aspecto; lo tiene tan intrigado.
¿Cómo es posible que mi magia no funcione en ella? Se pregunta contantemente, pero nunca sacaba una respuesta lo suficientemente satisfactoria.
Aunque tampoco sabe muy bien que fue lo que le llevo parar su auto y bajar de él cuándo esa noche de lluvia a cantaros, solo sabe que fue un impulso, una atracción irrevocable.
Y cuando observó sus ojos, simplemente ya no pudo apartar su vista de ella, ya nada era más importante que esa chica de la cual no sabía ni su nombre; y en un parpadeó su vida ya no tenía importancia, solo era ella, solo por ella viviría, sí tenía que admitir eso: desde ese momento la empezó a necesitar, a pesar de que la tenía cerca.
No le importaba que fuera solo una chica muggle, no le importaba que fuera más joven que él —aunque había veces que ese detalle lo hacía sentir como un pedófilo—, no le importaba lo que tendría que hacer para conseguir su amor. Porque al fin y al cabo ella ya le pertenecía, desde esa noche que la recogió y la llevo a su mansión, ella le pertenecía, por eso la cuidaba tan celosamente.
Y ni siquiera le importaba si sus padres la aceptaban o no, aunque a decir verdad, le sorprendió mucho cuando su padre, Lucius Malfoy, le confeso a Renesmee lo que verdaderamente eran para evitar que se fuera de su vida, al parecer su padre se había tomado la noticia mejor que su madre, de que su único hijo estaba enamorado de una muggle, casi no había puesto quejas. Su padre por muy sorprendente que fuera lo apoyaba, y quería que fuera feliz.
Y eso iba a ser él, iba a conquistar a Renesmee, aunque primero tenía que borrar de ella todo rastro de tristeza. Él era positivo y sabía que lo lograría.
Aunque ahora que su Nessie no estaba en su mansión junto a él, no sabía cómo hacer para acercarse nuevamente a ella, sobre todo después de que el padre de Nessie casi, casi los encontró besándose.
Tenía que ser astuto para volver hacer que Renesmee se vea con él, pero ahora ganándose el permiso y el respeto de los padres —y toda su familia— de ella. Ese sería el primer paso para poder verla nuevamente.
La extrañaba tanto, la necesitaba, era como si ella fuera el aire que mantenían en funcionamiento sus pulmones. No, era más que eso, ella era la luz de sus ojos, la que lo guiaba.
Y ahora que no la tenía a su lado, era como si se hubiera quedado ciego.
Renesmee era todo lo que él quería.
Bien, y allí estaba la comparación que su madre le había pedido que hiciera esa noche después de que rechazara a Astoria por milésima vez.
—He cumplido, madre —dijo Draco en la oscuridad de su habitación—. Y Renesmee ha ganado, ella es mejor que Astoria Greengrass. Mil veces mejor. Ella es única.
Nada me detendrá al momento de conseguir su amor, pensaba Draco. Además, ella también dijo que gustaba de mí.
Ese recuerdo hizo que Draco sonriera de una manera que nunca nadie había presenciado jamás, era una sonrisa, esperanzada, llena de amor, sí, era amor, por primera vez se enamoraba y no lo dejaría pasar.
—Los Malfoy también nos enamoramos —susurró—. No somos tan fríos como la gente cree. Nosotros también sentimos.
Luego de eso cerró los ojos dispuesto a dormir luego de un arduo día de trabajo; y en sus sueños la pudo ver, Nessie le sonreía y le decía que lo amaba. Y él le decía lo mismo, y allí, él si logro besarla como tanto había querido esa noche fuera del restaurant.

***

—¿Hoy día tampoco quiere salir de su habitación? —preguntó Esme a Bella.
—No —respondió la aludida, apesadumbrada—. Ocho días sin salir de esa habitación —suspiró.
—Edward no debía meterse en la cita de Nessie —dijo Alice caminando con pasos gráciles hacia la sala principal, para luego sentarse junto a Jasper.
—Tampoco estuvo bien que ese tipo le diera de beber a Nessie —comentó Jasper.
Alice hizo un mohín.
—Bueno, reconozco que eso no estuvo bien, pero aun así, yo aún sigo pensando que Nessie está avergonzada por como Edward irrumpió en su cita.
—Por primera vez estoy de acuerdo con el actuar de Edward, ese rubio quiso besar a mi pequeña sobrina —dijo Emmett apartando su vista de la televisión, en donde estaban pasando un partido de béisbol.
Rosalie frunció el ceño, aunque nadie la vio porque ella, estaba para junto a la ventana, viendo el extenso bosque que protegía la gran casa.
—Iré a verla —informó.
Y en menos de medio minuto ya estaba tocando la puerta de la habitación de su sobrina.
—Adelante, tía Rose —dijo Nessie apenas, abriendo la boca para hablar.
La rubia abrió la puerta e ingreso a la habitación, y rápidamente vio a Nessie acurrucada en su cama, aun en pijama y algunos de sus risos cobrizos caían desordenados por su rostro.
Nessie llevaba ocho días sin salir de su habitación, estaba avergonzada y confundida, desde que se despertó al día siguiente de su encuentro con Draco.
Ella estaba avergonzada por que su padre la había encontrado en una situación comprometedora con Draco. Y se sentía confundida porque cuando casi acepta el beso del rubio, ella no lo veía a él, sino a Jacob. ¿Cómo puede ser eso posible?, se preguntaba una y otra vez, pero por más que ponía a su cerebro a trabajar, no encontraba una respuesta satisfactoria, a menos que todo sea porque se estaba volviendo loca.
Seguramente es cierto, se dijo mentalmente. Recuerda que ya antes has escuchado que Jacob te habla. Y es imposible que lo escuches… porque él… él esta…
Rosalie se sentó junto a su sobrina e hizo que ella recostara su cabeza en su frío y duro hombro. Esta acción hizo que Nessie detuviera sus pensamientos.
La rubia quería mucho a Nessie, casi como si fuera su hija, y aunque ella nunca usurpaba el lugar de Bella adrede, no podía evitar a veces comportarse como una madre para su sobrina.
Nessie levantó su brazo y puso su caliente mano en una mejilla de su tía. Y nuevamente le mostro su encuentro con su amigo Draco en el restaurant y como había acabado.
—Tu padre es un imbécil —susurró la rubia.
Nessie no comentó nada ante el insulto de su tía hacia su padre, quizás en otra ocasión habría sonreído, pero ahora no tenía ánimos.
¿Dónde está papá?, preguntó Nessie, la cual aún no quitaba su mano del rostro de Rosalie.
—Salió nuevamente con Carlisle.
¿Crees que este enojado conmigo?, volvió a preguntar la cobriza.
—No, por supuesto que no, Nessie, tu padre no está enojado —le aseguró.
Pero cuando sube a mi habitación me queda mirando raro, y cuando me habla es como si esperada que hiciera algo inapropiado.
Rosalie frunció el ceño.
—Solo está preocupado por ti, Nessie —Rosalie trato de que su voz sonara natural, aunque interiormente estuviera disgustada con su hermano—. Igual que todos. ¿No crees que ya estado encerrada muchos días en tu habitación?
Nessie no respondió, y lentamente quitos su mano de la mejilla de su tía.
—Qué te parece si vamos de caza —propuso la rubia, tratando de animar a su pequeña sobrina.
Nuevamente Nessie no respondió.
Rosalie suspiró a la vez que le apartaba algunos rizos de la cara a Nessie.
—Llevas varios días sin cazar.
—No me encuentro sedienta —contestó la chica.
Rosalie volvió a suspirar.
—Está bien —dijo—, entonces las dos nos quedaremos aquí.
—Te vas a aburrir, tía, no pienso hacer nada especial.
—Pues entonces las dos nos aburriremos como unas ostras —sentenció Rosalie.
Nessie no dijo nada más, y volvió a meterse en sus pensamientos. Y sobre todo un pensamiento en especial le llego a la mente.
«Y sabes una cosa, me gustas demasiado, Nessie». Eso era precisamente lo que ella siempre quiso evitar, que Draco se sintiera atraído por ella, pero era imposible que eso no pasara, ya que para los ojos humanos, ella y su familia eran hermosos e irresistibles.
Pero eso no fue lo peor. Lo peor es que cuando escucho la declaración de Draco, ella vio a Jacob, así que metida en su error, ella le dijo: «Tú también me gustas».
¿Qué voy hacer contigo, Draco?, se preguntaba mentalmente. Me siento tan confundida.
Ya que ella sabía que solo era cuestión de tiempo para que Draco se contactara con ella nuevamente.
Ahora fue Nessie la que suspiró.
—Quiero bañarme —dijo Nessie.
Rosalie sonrió. Le dio un beso en la frente y se levantó de la cama.
—Te prepararé un baño relajante —dijo la rubia, y a paso humano se dirigió a la puerta que estaba junto al extenso closet de Nessie.
La chica de rizos cobrizos, escuchó como su tía abría los grifos para que su tina se llenara de agua tibia. Se levantó de la cama con parsimonia, camino hacia su closet, abrió las puertas y observó toda la ropa que había dentro, tenía de todo, entre vestidos largos y cortos, pantalones de formales como jeans, blusas de manga larga y corta, faldas, abrigos, suertes, etc., etc., y que decir de los zapatos, había todos los modelos habidos y por haber.
Pero ella opto por un vestido color palo rosa de manga larga, el cual le llegaba hasta las rodillas, entallado hasta la cintura y luego caía suelto, saco unos zapatos del mismo color del vestido, pero de toco bajo. Todo lo coloco sobre su cama.
Camino hacia su baño, y vio a su tía vertiendo jabón líquido de olor a jazmines, la rubia se volvió y le sonrió a su sobrina.
—Ya puedes meterte a la tina —le dijo maternalmente Rosalie.
Nessie asintió, y empezó a quitarse el pijama.
Y mientras Nessie se desnudaba, Rosalie volvió a la habitación y empezó a ordenar todo, cambio la ropa de cama y abrió las cortinas y las ventanas, y aunque el cielo estaba un poco encapotado, la luz natural era mejor que estar a oscuras.
Media hora después Nessie salía del baño con el albornoz puesto y con una toalla en la cabeza. Rosalie que aún estaba allí, esperándola, se acercó a ella, y le quito la toalla de la cabeza, conecto la secadora, y empezó a secarle el cabello con una mano y con la otra mano le cepillaba el cabello.
Minutos después Nessie se encontraba con el cabello seco y cepillado, sus rizos cobrizos caían ordenados por su espalda y algunos por su mejilla.
—Gracias, tía —susurró la chica.
Rosalie le sonrió en respuesta y la dejó sola para que se cambie.
Y cuando volvió a la sala se encontró con su familia igual a como los había dejado, Emmett aún seguía viendo la televisión, Alice y Jasper estaban sentados en el sofá, Esme estaba sentada en otro sofá mirando hacia la gran ventana, y Bella parada junto a Esme, con expresión pensativa.
—Nessie tomo una ducha y ahora se está cambiando de ropa —le informó, compadeciéndose de su hermana adoptiva.
Rosalie sabía que Bella estaba preocupada por su hija, y que a veces no sabía qué hacer para Nessie saliera de esa depresión por Jacob Black, y ahora sumándole lo que había sucedido con Draco Malfoy, todo estaba peor. Y por supuesto, ella también sabía que Bella también se sentía apenada por la muerte de Jacob, al fin y al cabo era su mejor amigo.
—Gracias, Rose —dijo Bella, sonriéndole ligeramente.
Rosalie asintió y se sentó junto a Emmett, este paso un brazo por los hombros de su esposa.
Y como si se hubieran puesto de acuerdo, diez minutos después padre e hija se hicieron presente en la sala de estar de la mansión Cullen. Edward abrió la puerta y en menos de un minuto ya estaba en la sala abrazando a su esposa por la cintura, al mismo momento que Nessie terminaba de bajar las escaleras y caminaba hacia la sala.
Todos posaron sus ojos en ella.
—Nessie —dijo Edward.
La chica sonrió levemente.
—Bajaste —dijo Bella feliz de que su hija decidiera ponerle fin a su mal estado de ánimo.
—Sí, decidí que ya había sido muchos días de encierro —contestó.
Y antes de que la chica se acercara a sus padres, Emmett se levantó, se acercó a Nessie, y pasando sus manos por su cintura, la cargo y le dio vueltas. Nessie reía por las ocurrencias de su tío. Unos segundos después Emmett la volvió a colocar en el suelo.
Edward y Bella se acercaron a su hija y esta se dejó abrazar por ellos.
—¿Sucede algo, Nessie? —preguntó Edward al leer los pensamientos confusos de su hija.
Nessie suspiró, observó a cada uno de los integrantes de su familia, volvió a suspirar y al fin decidió contar lo que le pasaba.
—¿Crees que es posible que una híbrida como yo, podría enloquecer? —le preguntó a su padre, y en el tono de su voz se podía saborear el temor.
Emmett parpadeó confuso, Rosalie se tensó, Esme tenía una mirada de pesar, Alice y Jasper no dejaban de mirar a su sobrina. Mientras que Bella no sabía que es lo quería decir su hija.
Edward frunció el ceño.
—¿Te refieres a tu confusión de Jacob y Malfoy? —preguntó.
Nessie asintió.
—¿Qué confusión? —preguntó Emmett, que no sabía nada de lo que hablaban padre e hija.
—Hay momentos en los que confundo a Draco con Jacob —respondió Nessie luego de unos segundos en silencio.
—¿Qué? —murmuró Jasper.
—Pues eso, no sé cómo lo hago, pero hay veces en que los confundo a ambos, y no sé a qué se debe —Nessie hizo una pausa—, y también hay ocasiones en que Draco platica conmigo, y resulta que esas mis palabras ya me las había dicho Jacob.
Bella y Edward se miraron.
—Y eso no es todo —dijo la menor de las Cullen.
Edward leyó la mente a su hija y se sorprendió con sus recuerdos.
—¿Cómo es posible? —preguntó.
—No lo sé —dijo Nessie negando con la cabeza.
—Podrían decirnos lo que sucede, si se dan cuenta de que no nos enteramos de nada, ¿verdad? —reclamó Emmett.
—También haya veces en las que escuchó a Jacob hablarme.
Bella observó con fijeza a su hija.
—¿Qué? —dijo Rosalie, acercándose a su sobrina—. ¿En qué momentos puedes escucharlo?
Nessie respiró profundo, porque de pronto sentía que se ahogaba.
—Puedo escucharlo mayormente cuando estoy metida en problemas…, la primera vez que escuché su voz, fue cuando quería irme de la casa de los Malfoy luego de enterarme de que eran magos, y él me dijo: «Debes quedarte, Nessie. Mi Nessie». Creí que había enloquecido, e insistí con irme de la casa de los Malfoy, pero nuevamente escuché su voz: «Quédate, mi Nessie… aquí encontraras lo que perdiste» y «Aquí estarás bien, Ness. Quédate».
En ese momento Bella tuvo un déjà vu, un borroso recuerdo humano, cuando Edward la dejo y ella escuchaba su voz, en los mementos en que se ponía en peligro.
Nadie dijo nada por unos minutos.
—¿Creen que estaré enloqueciendo? —volvió a preguntar Nessie.
—No, por supuesto que no, hija —dijo Bella maternalmente—. Solo que aún es muy reciente lo sucedido con… Jacob —a ella también le costaba decir el nombre de su mejor amigo, ya que sentía en su frío corazón dolor por su muerte, y gratitud por lo que Jacob Black hizo por su hija—, y el dolor te hace creer escuchar su voz…
—Pero… —Nessie interrumpió a su madre, pero no encontró las palabras precisas para poder decir lo que sentía.
—No estás enloqueciendo, Nessie —aseguró Edward, pero interiormente se preguntaba porque su hija escuchaba la voz de Jacob y porque lo confundía con Malfoy. Ya que era más que obvio que entre Jacob y el rubio no había nada en común. Principalmente porque uno era un licántropo y el otro un mago, uno era amable, despreocupado y algo rebelde, y el otro era tan arrogante como petulante (por lo que había escuchó al hablar por teléfono con él y por sus pensamientos), y por último Jacob Black le caía bien, pero Draco Malfoy no le caía en gracia y tal vez nunca lo haga.
Por todos los cielos había querido besar a su hija.
Bella busco su mirada, y ambos par de orbes doradas se encontraron. Y aunque él no podía leerle los pensamientos a su esposa —solo cuando esta quitaba su escudo—, si podía leer en ella cada mirada y expresión, es por eso que capto rápidamente lo que Bella quería decirle con la mirada, todo lo que su hija sentía era debido a la magia de la imprimación.
Por supuesto, él también lo había pensado, pero no se lo diría a su hija, quizás eso podría deprimirla más.
Nadie se había movido de su lugar, parecían estatuas de deidades, completamente hermosas y perfectas, y así fue como los encontró el patriarca de los Cullen, cuando entro a su casa.
—¿Qué sucede? —preguntó Carlisle con voz amable, pero con un toque de preocupación y sorpresa al ver que su nieta había salido de su habitación, pero la cual tenía una mirada temerosa—. ¿Te encuentras bien, Nessie?
La chica corrió a refugiarse a los brazos de su abuelo, y al instante puso su mano en una de las mejillas de Carlisle.
Se lo mostro todo, sus temores y confusiones.
—No estás enloqueciendo, cielo —dijo Carlisle, diciéndolo lo mismo que le habían dicho sus padres—, lo que yo creo es que todo lo que te sucede es debido a la imprimación.
—La imprimación —repitió Nessie.