POV Autora
—Lo siento —susurró la chica en su oído, un poco
avergonzada por la demora. Pero su voz melodiosa lo enloqueció. Sí, eso era lo
que Draco más había extrañado, su voz, esa voz tan dulce y tierna.
Lentamente rompieron el abrazo. El rubio no podía
apartar la mirada de tan adorable criatura.
—Lo siento —dijo nuevamente Nessie, pero se sonrojo
al sentir la mirada de Draco sobre ella. Él no podía dejar de mirarla, la
observaba de pies a cabeza, estaba embelesado con la chica frente a él.
Nessie llevaba puesto un vestido strapless rojo
sangre, el cual llegaba hasta el suelo, y el color del vestido combinaba
perfectamente con el color de su cabello y sus ojos, los zapatos de tacones
también eran rojos.
Cuando Draco pudo apartar la vista de Nessie, la
ayudo a sentarse como el caballero que era.
—Estás hermosa, mucho más hermosa que la última vez
que te vi —la alagó el rubio, y la chica se sonrojo aún más. Y aunque ella
sabía que los humanos siempre la veían hermosa al igual que a cualquier miembro
de su familia, el tono de voz de Draco lo sintió distinto.
—Y tú eres demasiado amable al considerarme hermosa
—dijo Renesmee, con las mejillas sonrojadas.
—¿Amable? ¿Piensas que te alago solo por amabilidad?
—preguntó un incrédulo Draco—. ¿Es que no te has dado cuenta de lo hermosa que
eres, y de lo que causas en las personas?
De lo que tú
me causas a mí,
pensaba Draco.
Renesmee bajo la mirada y prefirió no responder.
El anfitrión se acercó a ellos con la carta, pero
detuvo su mirada admirada en la cobriza.
Draco noto esto y le molestó, no le gustaba como
ese hombre miraba a su Nessie.
Renesmee leyó rápidamente la carta, pero nada se le
antojaba, la verdad era que no tenía hambre, ella había ido de caza con su
madre antes de encontrarse nuevamente con Draco y volverlo a poner en peligro
por causa de su sed.
Luego de unos minutos hicieron su elección y el anfitrión
les preguntó que se deseaban beber.
—Tal vez les podría… ofrecerles champán… o… —el anfitrión
hablaba entrecortadamente sin poder quitar la vista de encima de Renesmee.
—Sí, tomaremos champán —siseó Draco, perdiendo todo
su buen humor.
Nessie observó a Draco, y le sorprendió verlo
enojado, ella no recordaba haber hecho nada que lo molestará.
—Eh… —susurró tímidamente—, yo no bebo…
Draco clavaba sus orbes grises —que en ese momento
parecía haberse oscurecido— sobre el anfitrión, pero se volvió hacia su
acompañante, apenas la escuchó su voz de soprano.
—Tal vez alguna bebida que no contenga alcohol,
estaría bien para mí.
—Con un par de copas no te emborracharas —dijo
Draco, cambiando su tono de voz a uno más amable con ella.
—Las burbujitas del champán suelen causar efectos nada
favorables en mí —dijo Nessie, recordando cuando una vez, por curiosidad, probo
uno capa de champán, de esas que no sabía ni porque las tenían en su casa,
cuando nadie bebía allí, por lo menos no ese tipo de bebidas. Se le subió a la
cabeza y reía por todo lo que le decían sus tíos. Por supuesto su padre se
enojó con ella cuando lo notó, y la regaño.
—Tal vez podría… ofrecerle otra… cosa, señorita
—dijo el anfitrión demasiado meloso.
Draco respiró profundo, para no sacar su varita y
torturar al hombre que suspiraba por su Nessie.
—Estás conmigo, nada te pasara —insistió Draco.
—Pero…
—Compláceme —pidió el rubio, y Nessie asintió
confundida cuando miró directamente los ojos grises de Draco.
Cuando el anfitrión se fue por su comida y su
botella de champán, Draco observó a Nessie con fijeza.
—¿Y aun así dudas del poder de tu belleza? —le
cuestionó—. Acabas de deslumbrar a ese hombre, y eso que tú no le has prestado
demasiada atención, solo la necesaria.
—¿Lo deslumbre? —preguntó Nessie, pero ya sabía que
así era, siempre pasaba lo mismo—. No lo hago con intención —se defendió.
—Lo sé —dijo Draco—. Eres demasiado inocente como
para hacerlo adrede.
—¿Te molesta? —preguntó la chica.
Draco estuvo tentado en decirle que sí, pero viendo
su rostro inocente, se contuvo.
—No, no me molesta. Solo… no, nada, olvídalo.
Nessie decidió que lo mejor era dejar esa
conversación ahí. No le veía el caso, siempre terminaría con la misma
respuesta: Belleza sobrenatural por lo que los humanos se sentían atraídos.
Minutos después el anfitrión llego con la comida y
la bebida, y nuevamente se quedó mirando embobado a Nessie; el rubio le dedico
una mirada que solo era honor de Potter en sus tiempos de escuela, este se
retiró inmediatamente, estaba asustado.
Draco y Nessie cenaban y bebían el champán a la vez
que conversaban muy animadamente sobre lo que habían hecho todos esos días que
habían estado separados.
—Estaba tan preocupada de que mi padre me castigara
—contaba Renesmee—, pero al parecer papá sí que me echaba de menos porque me
estrecho fuertemente en sus brazos, y ni siquiera me regaño mucho.
—Me da gusto de que no hayas tenido problemas —dijo
sinceramente Draco.
—Sí, fue una suerte, casi estaba esperando un:
«Estas castigada para todo tu eternidad, Renesmee Cullen» —dijo Nessie imitando
la voz de su padre cuando se enojaba.
Draco sonrió.
Es tan dulce, pensó.
—¿Castigada para todo tu eternidad? —cuestionó
Draco—. No crees que exageras.
Nessie sonrió nerviosamente.
—Bueno, es que tú no conoces a mi padre, él sería
capaz de eso —confesó—. Estoy segura que si por él fuera, me encerraría en una
fortaleza para que nadie me lastime. Solo que mamá no lo deja —agregó.
Draco frunció el ceño.
—Tu padre es demasiado sobre protector.
—Y celoso.
—Demasiado —susurró Draco, aunque él también lo
era, no creía llegar a esos extremos.
Nessie sonrió.
—El abuelito Charlie suele decir que es venganza
divina, por lo que pasaba papá cada vez que un compañero de escuela se me
acerba y trataba de conseguir una cita. «Eso mismo sentía yo cuando salías con
mi Bella».
—¿Y aceptabas esas «citas»? —preguntó Draco entre
celoso y enojado.
Nessie negó con la cabeza.
—Los rechazaba amablemente.
Siguieron hablando, Draco le decía que la extrañaba
mucho en su casa, y Nessie le decía que también extrañaba estar a su lado. Eso
puso de un humor excelente a Draco.
Draco también le conto sobre la desagradable visita
de Astoria Greengrass a su oficina, Nessie frunció el ceño. Draco pensó que
incluso con el ceño fruncido se veía adorable y hermosa.
—¿Sigue creyendo que eres su prometido? —preguntó
Nessie a Draco.
—Esa mujer esta desquiciada —bufó Draco.
La pareja de amigos seguían conversando y bebiendo
champán, a Nessie ya le estaba haciendo efecto —las burbujitas se le estaban
subiendo a la cabeza— porque cada vez le parecía más gracioso cuando Draco refunfuñaba
o comentaba algo malo referente a su ex prometida.
—Vaya, parece que si te sienta mal el champán
—comentó Draco, al ver los ojos brillosos de Nessie, las mejillas más
sonrojadas y una sonrisita boba—. Basta, dame esa copa, Nessie —el rubio
extendió su mano para tomar la copa de las manos de chica.
—Tengo sed —dijo Nessie y de pronto soltó una
risita, parecía que le hubieran contado un chite.
Pero antes de que Nessie volviera a beber de su
copa, Draco se la quitó.
—Eres malo —se quejó la cobriza.
—La próxima vez te haré caso —dijo Draco—. Tú no
sabes beber.
Draco sacó su billetera del bolsillo de su
pantalón, y saco un par de billetes, los cuales dejo sobre la mesa. Se levantó
de su silla y ayuda a Nessie a pararse, esta se tambaleó, pero Draco la cogió
de la cintura. Ella volvió a soltar una risita.
—Te llevaré a casa —murmuró Draco.
Draco pasó su brazo por la diminuta cintura de
Nessie y lentamente caminaron hasta la salida del restaurant.
—Está helando —dijo Draco, y vio que Nessie no
había traído un abrigo, y empezó a sacarse el saco para pasarlo por sus
hombros.
Nessie adivino sus intenciones, y sonrientemente
dijo:
—No te moleste, Draco, no tengo nada de frío.
Draco hubiera insistido, pero se dio cuenta de que
decía la verdad, ya que su cuerpo seguía trasmitiendo ese calor tan sobrecogedor.
Draco la dirigía a su deportivo verde, cuando
Nessie tropezó con uno de sus tacones, pero afortunadamente Draco la sostuvo
más firmemente.
—Uy —susurró ella—. Que torpe soy.
Draco no dijo nada, él solo pensaba en lo que le
dirían los padres de Nessie cuando la llevara en aquel estado a su casa.
—Aún tengo sed —comentó Nessie—, que te parece si
vamos al bosque y cazamos un oso —rió.
Draco parpadeó confundido.
—¿Cazar un oso? —repitió un sorprendido Draco, pero
luego negó con la cabeza—. Sí que se te subió el alcohol.
—Son las burbujitas del champán, ya te lo había
dicho, no suelen causar un buen efecto en mí.
—Ahora lo sé —dijo el rubio.
Nessie abrazo a Draco, este le devolvió el abrazo
al principio con sorpresa, pero luego con ganas.
—Extrañe tu olor —dijo Nessie apoyada en su pecho.
Draco sonrió, como buen ex Slytherin aprovecharía
esta situación, ya que las personas ebrias por lo general suelen ser demasiado
sinceros.
—Yo también extrañe tu olor —dijo Draco—. Y sabes
una cosa, me gustas demasiado, Nessie —confesó.
Nessie no se separó de él al oír su confesión, esa
era una buena señal para el rubio. Ella levantó la cabeza y centro su mirada en
él.
—¿De verdad? —le preguntó sonriendo tímidamente, y
en sus ojos chocolates se reflejaba la esperanza.
—Sí, de verdad —aseguró Draco.
Nessie sonrió, pero de pronto parpadeó confusa
cuando el rostro de Draco empezó a volverse cada vez más bronceado, y sus ojos
y cabellos dejaban de ser grises y rubios para coger un color negro.
—Tú también me gustas —dijo Nessie viendo ahora a
Jacob Black, levanto una mano y acaricio con suavidad el rostro de “Jacob”—,
desde que te vi por primera vez me gustaste —agregó, volviendo su voz mucho más
melodiosa que de costumbre.
Draco sonrió y la observó como el objeto más
preciado. Él levantó la mano y acaricio la sonrosada mejilla de Nessie y
lentamente se fue inclinando para rosar sus labios de color cereza. Pero antes
de cumplir con sus deseos unas ruedas de un auto rechinaron en la pista. Esto
hizo que Draco y Nessie se separaran inmediatamente.
Nessie parpadeó confusa, hasta que se percató que
el antiguo Mercedes de su abuelo Carlisle estaba frete a ella, pero el efluvio
de la persona dentro del coche no era de su abuelo, era el de su padre. Eso la
hizo volver en sí.
Draco se enfureció por la interrupción y estaba
dispuesto a sacar su varita e hechizar al estúpido conductor. Ya que ¿cómo se
atrevía a interrumpir de esa manera? ¿Es que acaso el tipo no sabía conducir?
Pero antes de que Draco pudiera decir algo, la
puerta del copiloto se abrió; y Nessie sabía perfectamente que su padre no
diría nada, no hacía falta palabras, con solo haber escuchado el rechinar de
las llantas del auto y que la puerta se haya abierto era claro lo que quería
decir su padre: «Sube inmediatamente al auto» y «Estas metida en problemas».
Y si su padre no la había castigado por pasar más
días de lo necesario en la casa de los Malfoy, ahora sí que lo haría. Su padre
había presenciado cuando Draco Malfoy estuvo a punto de besarla.
Oh, Cielos,
eso suena tan irreal,
pensaba Nessie.
Draco se acercó los pasos que Nessie se había
separado, y la tomo de la mano. Ella se soltó sutilmente de él.
—¿Qué sucede? —interrogó Draco, ya que la actitud
de Nessie había cambiado drásticamente.
—Mi padre —dijo.
Y él lo comprendió, al tipo al cual él tenía ganas
de hechizar era el padre de Nessie.
—Tengo que irme, Draco. Fue lindo volverte a ver.
Adiós —ella solo se despidió con la mano de Draco, y camino lo más serena
posible al auto, luego se subió al Mercedes y cerró la puerta.
El carro arranco al instante.
***
Edward Cullen estaba furioso, había visto en la
mente de su hermana Alice, lo que Malfoy le hacía a su pequeña hija. El rubio
se inclinaba sobre Nessie y luego la besaba.
Sintió la ponzoña en su paladar. Él no lo
permitiría, por supuesto que no.
Pero principalmente nunca debió dejarse convencer
por Bella en darle permiso a Nessie para que vaya a cenar con ese rubio.
Así que sin dar explicaciones ni siquiera a Bella,
salió de la casa hecho un demonio, fue directo al garaje y cogió las llaves del
Mercedes de Carlisle, se subió y arranco el auto. Él aun podida escuchar las
preguntas confusas de su familia, y a Alice diciendo que había sido muy
descuidada.
Un par de minutos después llego al restaurant donde
su hija cenaba con Draco Malfoy.
Las llantas del auto patinaron por la velocidad en
que conducía. Edward los había podido ver desde antes de que llegara a la
puerta del restaurant, también había escuchado lo que decían, y por supuesto
también había leído los pensamientos de ambos; los pensamientos de hija eran
confusos —ella creía que Malfoy era Jacob—, y los pensamientos de Malfoy no
dejaban de repetir que Renesmee muy pronto se convertiría en la próxima señora
Malfoy, y del deseo que sentía por ella.
Antes de que
le pongas un solo dedo encima, te mato, pensaba Edward.
Sus dientes rechinaron por la ira que sentía. No
podía hablar, ya que sabía que se descontrolaría si lo hacía, así que solo opto
por abrir la puerta del copiloto, dándole a entender a su hija que subiera.
Ella se demoró unos segundos, en los cuales utilizo para despedirse del rubio.
Pero luego subió.
No espero que Nessie dijera nada simplemente
arranco el auto.
Edward tenía la boca recta, el ceño fruncido, y la
vista fija al frente, señal de que estaba furioso.
Mientras que Nessie tenía la vista fija en sus
manos, ella estaba confundida, no sabía exactamente como había llegado a tal
extremo con Draco, solo sabía que de pronto no era Draco quien quería besarla,
sino Jacob, y ella quería ser besada por Jacob.
Levantó la cabeza y dirigió sus orbes chocolates a
su padre. Se mordió el labio al verlo enojado.
—Papi —apenas pronuncio la palabra, pero sabía que
su padre la escucharía perfectamente. Aun así este no se volvió para verla—. Lo
siento —murmuró.
Edward siguió sin prestarle atención, pero sus
pálidos nudillos estaban más blancos, por la presión que hacia al sostener el
timón, el cual parecía que iba quedar hecho añicos si seguía apretándolo de esa
manera.
Nessie al verse ignorara por su padre —cosa que
nunca había pasado— se sintió desfallecer. Las lágrimas empezaron a acumularse
en sus ojos, y al instante estas empezaron a resbalarse por sus mejillas. Y por
supuesto los sollozos no se hicieron esperar.
Le dolía que su padre la ignorara.
Edward al notar esto, se sintió mal. Él escuchaba
los pensamientos de su hija, en los cuales ella no paraba de preguntarse hasta
cuando su padre seguiría enojado con ella, y de lo mucho que le dolía que su
padre no la ignorara. ¿Cómo podía lastimar de esa manera a su hija?
Malfoy tiene
la culpa,
pensaba.
Estaciono el Mercedes en una cuadra donde no
llegaba mucho las luces de los faroles. Y con un rápido movimiento cogió a
Nessie de la cintura y la sentó en su regazo.
Nessie se abrazó a su padre y no dejo de llorar,
Edward le hacía suaves caricias en su cabello y espalda.
—L-lo… si-siento… —sollozó Nessie.
Él beso la coronilla de su hija.
—Tranquila, Nessie —susurró Edward con su voz
melodiosa—, el que lo siente soy yo, nunca debí dejar que vayas a esta cena
—otro sollozo de parte de Nessie—, pero no te preocupes no volveré a cometer el
mismo error. Malfoy es una mala influencia para ti.
Draco no es
malo,
pensó Nessie.
—No me agrada —dijo Edward con seriedad—, te hizo
beber —gruñó.
—Solo… fueron tres… copas —dijo la cobriza entre
sollozos.
—No debiste tomar ni una sola. Recuerda tu
condición, no sabemos cómo podrías reaccionar.
—Prometo que no lo volveré a hacer —prometió
Nessie.
Cuando los las lágrimas dejaron de salir y los
sollozos se calmaron, Edward volvió a sentar a Nessie en el asiento del
copiloto y siguió conduciendo.
Unos minutos después estacionaba el Mercedes cerca
de la casa. Edward bajo del auto y rápidamente abrió la puerta del copiloto y
cargo a su hija, la cual se había quedado dormida, por el cansancio y los
estragos del champán. Subió los escalones del porche y antes de abrir la
puerta, Bella lo hizo.
—¿Qué le paso? —preguntó con preocupación, sin
prestar atención a los apacibles latidos del corazón de Nessie.
—Solo se quedó dormida —contestó Edward.
Bella se puso a un lado para que Edward pasara a la
casa, y ella rápidamente se colocó a su lado.
—¿Por qué saliste de ese modo? ¿Acaso Renesmee
estaba en peligro? —preguntó Bella.
—Malfoy —esa fue toda su respuesta, y subió las
escaleras con su hija en brazos, prácticamente ignorando a su familia, los
cuales no le quitaban los ojos de encima.
—¿Malfoy? —repitió Bella—. ¿Qué le hizo?
—¿Acaso Alice no se los dijo ya? —preguntó Edward,
aunque ya sabía que Alice no había dicho nada, pudo leerle la confusión en las
mentes de su familia.
Bella bufó.
—Malfoy beso a Nessie —rugió Edward mientras
acostaba a su hija en su cama, y Bella se quedó perpleja.
—¿Qué hizo qué? —dijo Bella en un tono no muy
amable, mientras que en el piso de abajo, Emmett gruño, sí, él también era muy
celoso con su sobrina—. Pero como se atrevió, es solo una niña.
Bella también estaba enojada.
Edward se acercó a ella, y puso sus manos sobre sus
hombros.
—Ni siquiera Jacob se atrevió a hacerlo —dijo entre
dientes la madre de Nessie.
—En realidad, llegue a tiempo de que lo hiciera,
pero esa fue su clara intención… oh, y sus malditos pensamientos que no dejaban
de gritar que quería que mi princesa fuera su esposa.
Bella parpadeó.
—Espera, eso quiere decir que no la llego a besar.
—No, no lo hizo, los detuve, porque pude ver la
visión de Alice —contó.
—Con que eso era —susurró Bella.
Un beso no es
tan malo,
pensó Alice.
—Sí, si lo es —respondió Edward a los pensamientos
de su hermana.
—Paranoico —le respondió está en el piso inferior.
—¿Y lo… qué hiciste con Malfoy? —preguntó Bella.
—Nada, lo deje parado en la acera, pero mi hija no
volverá a verlo, y esta vez no podrás conversarme de lo contrario, Bella.
—No te preocupes, yo tampoco quiero que lo vea
—contestó su esposa.
Edward se quedó pensativo por unos segundos.
—¿Qué sucede? ¿Qué es lo que va mal? —preguntó
Bella a su esposo al ver como su hermoso y perfecto rostro se fruncía.
—Hay algo raro —murmuró volviendo su vista a su
hija dormida en su cama—, ella no veía a Malfoy.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Bella,
también frunciendo el ceño.
—Cuando Malfoy —escupió con ira el apellido del
rubio—, iba a besarla, Nessie creía que quien iba a besarla era Jacob. Lo veía
a él. Para ella Malfoy era Jacob.
Bella jadeó.
—Mi pobre niña está muy afectada —dijo Bella—, la
magia de la imprimación no la dejara nunca, así Jacob ya no esté con ella. Esa
magia es un lazo irrompible.
—La ayudaremos, nuestra hija volverá hacer la de
antes —dijo Edward.
***
Furioso y contrariado. Así se encontraba Draco
Malfoy; simplemente por más que trataba de encontrarle sentido a la marcha de
Renesmee, no lo veía claro.
¿Cómo es que el padre de Nessie había llegado así,
tan abruptamente? Impidiendo lo que Draco más deseaba en ese momento: besar los
labios rosas de Renesmee.
Maldecía a ese hombre, sí, a pesar de saber que era
el padre de su Nessie, y que sin él, ella no hubiera existido, lo maldecía.
Ya habían pasado varios días de la cena que Draco tuvo
con Nessie, su cena, en donde todo iba perfecto, sino fuera por la inoportuna
llegada del padre de su amada.
Ese sábado Draco había decido no ir a la empresa,
estaba cansado y de mal humor, como desde hace días. Estaba encerrado en su
habitación, acostado en su cama, mirando el techo, y recordando el beso que
casi le da a Renesmee.
Plop.
Draco ni siquiera se tomó la molestia de mirar al
elfo que se había aparecido y hacia una reverencia.
—Amo —dijo Kreacher—, tiene visitas.
—No quiero ver a nadie —contestó Draco aun sin
mirar al elfo.
—Pero los señores Zabini y Nott le pidieron a
Kreacher que…
—¡No me interesa! —rugió Draco.
Al instante se escuchó que habrían la puerta de su
habitación y unos hombres entraban en ella.
—Vaya, Draco que honor escuchar tus agradables
palabras, casi se escuchan por todo el pasillo —se irónicamente Zabini.
Draco se volvió y vio allí a sus viejos compañeros
de escuela.
—¡Vete, Kreacher! —dijo antes de dirigirse a sus
amigos.
El elfo desapareció al instante captando la orden
de su amo.
—¿Qué hacen aquí? ¿Es que acaso no tiene una vida
aparte… o es que no pueden vivir sin mí?
—¿Por qué el mal humor? Casi parece que echaras
humor por la nariz y las orejas —dijo Theo.
—Tan mal estuvo tu cena con la preciosura de Ren…
—Blaise dejo de hablar cuando la oscura y fría mirada de Draco se posó en él.
Pasaron varios minutos en silencio, hasta que Draco
se levantó de la cama y saco una cajetilla de cigarros de uno de los cajones de
su cómoda. Se llevó un cigarrillo a la boca y lo encendió.
Sí, era una vieja costumbre muggle que el heredo de
los Malfoy había aprendido desde que empezó a hacer negocios en el mundo
muggle. No fumaba siempre, solo lo hacía cuando estaba estresado, o muy
frustrado.
—¿Cómo puedes fumar esas cosas? —se quejó Theo—.
Huele horrible.
Draco le dio una calada al cigarro y luego boto el
humo.
—Pues si no te gusta, puedes irte por donde viniste
—dijo el rubio.
—Hey, hey, no desquites tu mal humor con nosotros
—dijo Zabini—, nosotros solo venimos a ver como estabas.
Draco rodó los ojos.
—¿Y tú, como crees que estoy, Zabini?
—Pues de muy mal humor —dijo Zabini, ya
acostumbrado al carácter tan difícil del rubio—. ¿Paso algo con Renesmee?
—No, no pasó nada —admitió el rubio, luego de botar
el humo del cigarro—, su padre vino a arruinarlo todo.
Draco recordó el casi beso.
—Todo iba bien en la cena, bueno, sin contar al
tonto muggle que le quitaba los ojos de encima a Nessie, bah, pero eso no
importa —contó Draco—. Nessie estaba un poco tomada, pero lucida, yo le dije
que me gustaba y ella dijo que yo también le gustaba, pero cuando estaba a
punto de besarla… el inoportuno de su padre freno su coche como un loco… y
luego solo abrió la puerta del copiloto y Nessie se subió al auto.
—¿Qué? Solo hizo que su hija subiera al auto y no
te reclamó nada —dijo Theo pensativo.
—Extraño —murmuró Zabini.
—Sí, eso fue lo que dije —gruñó Draco—. Me hubiera
gustado hechizarlo.
—Vamos, Draco no es tan malo —dijo Blaise.
Draco le dirigió una mirada envenenada.
—Es extraño —murmuró Draco—, no parecía una
coincidencia que el padre de Nessie llegara de esa manera tan abrupta, era como
si él supiera que yo iba a besar a Nessie…
—Es ilógico lo que dices, Draco —habló Theo—, nadie
puede saber lo que pasara. Lo que yo creo es que él padre de Renesmee ya intuía
lo que pasaría al final de la cena y por eso llego de esa manera.
—O simplemente estuvo todo el momento ahí,
vigilando a su hija —dijo Zabini—. Tal vez intuía lo mujeriego que eres.
Draco frunció el ceño.
—Lo que sea —graznó—, es hombre es un maldito
inoportuno.
Pero luego Draco rió de la nada. Blaise y Theo se
le quedaron mirando como si el rubio se hubiera vuelto loco.
—Sí que le afecto no haber podido besar a Renesmee
—murmuró Blaise.
—¿Qué es lo gracioso? —preguntó Theo, lleno de
interés.
—Es que… —otra carcajada—, hubo un momento que
Nessie dijo… «Que te parece si vamos al bosque y cazamos un oso».
—¿Cazar un oso? —preguntó Blaise.
—¿Por qué? —preguntó Theo.
—Porque tenía sed —respondió Draco.
Los dos magos amigos del rubio se quedaron perplejos.
—Sí, estás loco —dijo Zabini—. Tal vez sacar una
cita en San Mungo te hará bien.
Draco frunció el ceño.
—No estoy loco —gruñó el rubio—. Solo les estoy
diciendo lo que dijo Nessie, porque estaba un poco subida de copas. No le hace
bien tomar champán.
—Ah, ya me habías asustado —dijo Theo.
—¿Y cuando la volverás a ver? —preguntó Zabini
luego de unos minutos.
—No lo sé —respondió el rubio—, creo que ahora si
está castigada, no quiero empeorar las cosas y formarme una peor imagen ante el
padre de Nessie.
Ahora el que rió fue Zabini. Draco estuvo tentado
en quemarlo con el cigarrillo.
—Desde cuando te importa lo que los demás pienses
—dijo el moreno.
—Basta, Blaise —advirtió Theo—. Renesmee le
interesa de verdad a Draco, y formarse una mala imagen ante la familia podría
arruinarlo todo, y más si la chica es menor de edad. Los padres podrían
impedirle a Renesmee que lo vuelva a ver.
—No lo había pensado —admitió Zabini.
—¿Y tú piensas? —dijo Draco—. Esa sí que es una
novedad.
Zabini hizo un gesto de molestia, pero luego
sonrió.
—¿Sabes lo que necesitas, Draco?
—Sí, que me dejes tranquilo —dijo Draco.
—No, eso no —dijo Blaise—. Unas copas con whisky de
fuego y…
—No quiero emborracharme —alegó el rubio.
—No tientes tu suerte, Blaise —dijo Nott, luego se
volvió a Draco—. Astoria ha estado preguntando por ti, hace dos días fue a mi
casa a sonsacarle información a Luna —contó y su ceño se frunció.
—Maldición —rugió Draco—. No entiende que no quiero
nada con ella. No la soporto.
—Esa mujer esta loquita por ti, Draco —dijo Blaise.
—Esa no es una mujer, es una arpía.
Theo y Blaise asintieron.
—Creo que prefiero ir a beber whisky de fuego
contigo, Blaise —dijo Draco.
El moreno rió.
—Nunca creí ver a Draco Malfoy huir de una muj…
—Draco lo observó de mala manera—. Bueno, sí, tienes razón, Astoria es una
arpía. Completamente diferente a su hermana.
Y después de eso los tres magos salieron de la
mansión Malfoy, para aparecerse en un lujoso bar, a beber whisky de fuego, lo
mismo que hacían cuando aún eran estudiantes de Hogwarts.
Pero a pesar de que Draco se sentía bien en
compañía de sus amigos, tenía una presión en el pecho, más bien era una
necesidad, necesidad por Renesmee Cullen.

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