POV Autora
Astoria Greengrass era una mujer que se decía ser
de la alta sociedad del mundo mágico —aunque para Draco era todo lo contrario:
Vulgar—, era hermosa, sí, y portaba uno de los apellidos más respetados de Gran
Bretaña, su familia contaba con una gran fortuna. Ella era tan refinada, tan
educada como arpía. Siempre mostrando una sonrisa coqueta a los hombres que le
interesaba y una sonrisa fingida para la sociedad.
Y Draco se preguntaba cómo es que había podido
fijarse una vez en ella, ¿qué le vio de interesante? Bueno, sí, ya recordaba:
era apasionada en la intimidad, y eso le basto en ese momento.
Y para sus padres ella era la mujer perfecta para
él. Sobre todo para su madre.
Aun recordaba cuando la conoció. Draco nunca le
prestaba mucha atención a las chicas que no estaban en su mismo año escolar,
así que había pasado de la hermana menor de su compañera de estudios: Daphne
Greengrass. Pero después de la guerra, más exacto cinco años después de la
guerra, él fue invitado junto con su familia a la fiesta de compromiso de
Daphne, y aunque no tenía muchas ganas de ir, tenía que cumplir con su deber
social. Y allí fue cuando la vio.
Una joven dama de sociedad, con unos ojos verdes
tan vivaces que le hizo detenerse a verla por unos minutos más de lo necesario.
Los señores Greengrass le presentaron formalmente a
su hija menor, y no solo él quedo encantado, también sus padres, ya que ella
era toda una sangre pura.
Esa misma noche se besaron, quizás fue el whisky de
fuego o simplemente por querían hacerlo. Y desde ese momento empezaron a salir;
al teatro, a la ópera, o simplemente pasear por el Callejón Diagon. A las dos
semanas empezaron a salir más formalmente, y le pusieron un título a su
relación: eran novios.
Sí, Draco se la pasaba bien con ella, era divertida
y malvada a la vez, y porque no decirlo, también ambiciosa. Ella decía ser una
princesa y quería que la trataran como tal.
Le gustaban los obsequios —sobre todo si eran joyas
preciosas y caras— y capturar miradas por donde pasaba.
Draco la complacía, porque ella también lo
complacía.
Su noviazgo se alargó por unos ocho años, y sus
padres —sobre todo su madre— empezaron a presionarlo para que le propusiera
matrimonio, decían que era una vergüenza que todavía siguieran siendo novios
cuando prácticamente vivían juntos, ya que ella pasaba temporadas en la mansión
Malfoy, o también se iban juntos de viaje de negocios a distintos países. Un
día su padre habló seriamente con él y le dio un ultimátum.
Draco no soportando más sus reclamos y presiones,
tomo la decisión de hacer lo que se esperaba de él: proponerle matrimonio a
Astoria.
Ya es hora de
que forme una familia,
pensaba Draco.
Y así lo hizo, en una fiesta que habían organizado
los Malfoy, Draco hizo oficial su compromiso con Astoria, ahora ella era su
prometida, la futura señora Malfoy.
El carácter de Astoria empezó cambiar, o tal vez a
mostrarse tal y como era realmente: una arpía. Ella quería controlar su vida,
siempre quería saber en dónde estaba, no lo dejaba en paz ni siquiera en su
trabajo, y que decir al momento de empezar a organizar la boda. Draco siempre
trataba de escabullirse y muchas veces lo lograba, sintiéndose aliviado. Pero
todo ese alivio se iba cuando su prometida lo encaraba al día siguiente.
Draco era un hombre con muy poco paciencia —algo
que había heredado de su progenitor—, así que un día ya no la soporto más, y
termino con ella.
Él se sintió tan en paz y feliz después de terminar
su relación con la menor de las Greengrass que ni los reclamos de su madre y
padre lo hicieron cambiar su decisión. Ya estaba bien grandecito como para
seguir obedeciendo ciegamente a sus progenitores.
Astoria estaba tan enojada, que grito, rompió
objetos muy preciados de los Malfoy —los cuales eran de muchos años de
antigüedad—, pero ni aun así hizo cambiar de opinión a Draco. Ella se fue
amenazando: «No te dejaré ser feliz con ninguna otra mujer que no sea yo. Al
final terminaras pidiéndome perdón de rodillas para que regrese contigo».
Todo lo refinada y educada se fue por el retrete
cuando vio que sus amenazas no hacían el efecto que ella quería en él.
En cambio Renesmee Cullen era todo lo contrario a
Astoria. Primero porque ella ni siquiera era una hija de muggles, ella en
verdad era una muggle; era tímida, refinada, educada, tierna, y mil veces más
hermosa que aquella bruja sangre pura que tenía por prometida.
Todo en Renesmee era deslumbrante e irresistible,
su cabello, su rostro en forma de corazón, sus ojos de color chocolate, sus
mejillas que siempre se sonrojaban cada vez que él le hacía un cumplido o un
simple comentario, su porte, su forma de caminar, que más que caminar parecía
que danzaba. Y el tono de su voz, tan melodioso y atrayente.
Más atrayente que un canto de sirenas.
Renesmee era sencilla y delicada, tanto como
inteligente, sensible y amorosa —lo había comprobado cuando la escuchaba hablar
de su familia— con un carácter fácil de tratar; siempre de buen humor.
Aunque tiene una tristeza que Draco no puede
comprender. No sabe quién le ha causado tanto dolor, pero si tiene en claro que
mataría con sus propias manos a ese ser que la ha lastimado tanto.
Y además hay otros aspectos en ella que le llama la
atención a Draco, como por ejemplo, su calidez, sí, su piel suele ser más
cálida que de cualquier otro ser humano que haya conocido, tanto así que una
vez su madre pensó que tenía fiebre —y por supuesto él también lo pensó—, pero
ella le aseguro que así era su temperatura, que no había nada de qué
preocuparse, y él le creyó, confió en ella, y después de todo a él le gustaba
su piel, que sea así de cálida. Lo hacía sentir reconfortado.
Pero el aspecto que le llamaba más la atención era
que Renesmee Cullen era inmune a su magia. Eso lo dejo completamente
sorprendido y perplejo, no sabía a qué se debía, bueno, aún no sabe a qué se
debe este aspecto; lo tiene tan intrigado.
¿Cómo es posible que mi magia no funcione en ella?
Se pregunta contantemente, pero nunca sacaba una respuesta lo suficientemente
satisfactoria.
Aunque tampoco sabe muy bien que fue lo que le
llevo parar su auto y bajar de él cuándo esa noche de lluvia a cantaros, solo
sabe que fue un impulso, una atracción irrevocable.
Y cuando observó sus ojos, simplemente ya no pudo
apartar su vista de ella, ya nada era más importante que esa chica de la cual
no sabía ni su nombre; y en un parpadeó su vida ya no tenía importancia, solo
era ella, solo por ella viviría, sí tenía que admitir eso: desde ese momento la
empezó a necesitar, a pesar de que la tenía cerca.
No le importaba que fuera solo una chica muggle, no
le importaba que fuera más joven que él —aunque había veces que ese detalle lo
hacía sentir como un pedófilo—, no le importaba lo que tendría que hacer para
conseguir su amor. Porque al fin y al cabo ella ya le pertenecía, desde esa
noche que la recogió y la llevo a su mansión, ella le pertenecía, por eso la
cuidaba tan celosamente.
Y ni siquiera le importaba si sus padres la
aceptaban o no, aunque a decir verdad, le sorprendió mucho cuando su padre,
Lucius Malfoy, le confeso a Renesmee lo que verdaderamente eran para evitar que
se fuera de su vida, al parecer su padre se había tomado la noticia mejor que
su madre, de que su único hijo estaba enamorado de una muggle, casi no había
puesto quejas. Su padre por muy sorprendente que fuera lo apoyaba, y quería que
fuera feliz.
Y eso iba a ser él, iba a conquistar a Renesmee,
aunque primero tenía que borrar de ella todo rastro de tristeza. Él era
positivo y sabía que lo lograría.
Aunque ahora que su Nessie no estaba en su mansión
junto a él, no sabía cómo hacer para acercarse nuevamente a ella, sobre todo
después de que el padre de Nessie casi, casi los encontró besándose.
Tenía que ser astuto para volver hacer que Renesmee
se vea con él, pero ahora ganándose el permiso y el respeto de los padres —y
toda su familia— de ella. Ese sería el primer paso para poder verla nuevamente.
La extrañaba tanto, la necesitaba, era como si ella
fuera el aire que mantenían en funcionamiento sus pulmones. No, era más que
eso, ella era la luz de sus ojos, la que lo guiaba.
Y ahora que no la tenía a su lado, era como si se
hubiera quedado ciego.
Renesmee era todo lo que él quería.
Bien, y allí estaba la comparación que su madre le
había pedido que hiciera esa noche después de que rechazara a Astoria por
milésima vez.
—He cumplido, madre —dijo Draco en la oscuridad de
su habitación—. Y Renesmee ha ganado, ella es mejor que Astoria Greengrass. Mil
veces mejor. Ella es única.
Nada me
detendrá al momento de conseguir su amor, pensaba Draco. Además, ella también dijo que gustaba de mí.
Ese recuerdo hizo que Draco sonriera de una manera
que nunca nadie había presenciado jamás, era una sonrisa, esperanzada, llena de
amor, sí, era amor, por primera vez se enamoraba y no lo dejaría pasar.
—Los Malfoy también nos enamoramos —susurró—. No
somos tan fríos como la gente cree. Nosotros también sentimos.
Luego de eso cerró los ojos dispuesto a dormir
luego de un arduo día de trabajo; y en sus sueños la pudo ver, Nessie le
sonreía y le decía que lo amaba. Y él le decía lo mismo, y allí, él si logro
besarla como tanto había querido esa noche fuera del restaurant.
***
—¿Hoy día tampoco quiere salir de su habitación?
—preguntó Esme a Bella.
—No —respondió la aludida, apesadumbrada—. Ocho
días sin salir de esa habitación —suspiró.
—Edward no debía meterse en la cita de Nessie —dijo
Alice caminando con pasos gráciles hacia la sala principal, para luego sentarse
junto a Jasper.
—Tampoco estuvo bien que ese tipo le diera de beber
a Nessie —comentó Jasper.
Alice hizo un mohín.
—Bueno, reconozco que eso no estuvo bien, pero aun
así, yo aún sigo pensando que Nessie está avergonzada por como Edward irrumpió
en su cita.
—Por primera vez estoy de acuerdo con el actuar de
Edward, ese rubio quiso besar a mi pequeña sobrina —dijo Emmett apartando su
vista de la televisión, en donde estaban pasando un partido de béisbol.
Rosalie frunció el ceño, aunque nadie la vio porque
ella, estaba para junto a la ventana, viendo el extenso bosque que protegía la
gran casa.
—Iré a verla —informó.
Y en menos de medio minuto ya estaba tocando la
puerta de la habitación de su sobrina.
—Adelante, tía Rose —dijo Nessie apenas, abriendo
la boca para hablar.
La rubia abrió la puerta e ingreso a la habitación,
y rápidamente vio a Nessie acurrucada en su cama, aun en pijama y algunos de
sus risos cobrizos caían desordenados por su rostro.
Nessie llevaba ocho días sin salir de su
habitación, estaba avergonzada y confundida, desde que se despertó al día
siguiente de su encuentro con Draco.
Ella estaba avergonzada por que su padre la había
encontrado en una situación comprometedora con Draco. Y se sentía confundida
porque cuando casi acepta el beso del rubio, ella no lo veía a él, sino a
Jacob. ¿Cómo puede ser eso posible?,
se preguntaba una y otra vez, pero por más que ponía a su cerebro a trabajar,
no encontraba una respuesta satisfactoria, a menos que todo sea porque se
estaba volviendo loca.
Seguramente
es cierto,
se dijo mentalmente. Recuerda que ya
antes has escuchado que Jacob te habla. Y es imposible que lo escuches… porque
él… él esta…
Rosalie se sentó junto a su sobrina e hizo que ella
recostara su cabeza en su frío y duro hombro. Esta acción hizo que Nessie detuviera
sus pensamientos.
La rubia quería mucho a Nessie, casi como si fuera
su hija, y aunque ella nunca usurpaba el lugar de Bella adrede, no podía evitar
a veces comportarse como una madre para su sobrina.
Nessie levantó su brazo y puso su caliente mano en una
mejilla de su tía. Y nuevamente le mostro su encuentro con su amigo Draco en el
restaurant y como había acabado.
—Tu padre es un imbécil —susurró la rubia.
Nessie no comentó nada ante el insulto de su tía
hacia su padre, quizás en otra ocasión habría sonreído, pero ahora no tenía
ánimos.
¿Dónde está
papá?,
preguntó Nessie, la cual aún no quitaba su mano del rostro de Rosalie.
—Salió nuevamente con Carlisle.
¿Crees que
este enojado conmigo?,
volvió a preguntar la cobriza.
—No, por supuesto que no, Nessie, tu padre no está enojado
—le aseguró.
Pero cuando
sube a mi habitación me queda mirando raro, y cuando me habla es como si
esperada que hiciera algo inapropiado.
Rosalie frunció el ceño.
—Solo está preocupado por ti, Nessie —Rosalie trato
de que su voz sonara natural, aunque interiormente estuviera disgustada con su
hermano—. Igual que todos. ¿No crees que ya estado encerrada muchos días en tu
habitación?
Nessie no respondió, y lentamente quitos su mano de
la mejilla de su tía.
—Qué te parece si vamos de caza —propuso la rubia,
tratando de animar a su pequeña sobrina.
Nuevamente Nessie no respondió.
Rosalie suspiró a la vez que le apartaba algunos
rizos de la cara a Nessie.
—Llevas varios días sin cazar.
—No me encuentro sedienta —contestó la chica.
Rosalie volvió a suspirar.
—Está bien —dijo—, entonces las dos nos quedaremos
aquí.
—Te vas a aburrir, tía, no pienso hacer nada
especial.
—Pues entonces las dos nos aburriremos como unas
ostras —sentenció Rosalie.
Nessie no dijo nada más, y volvió a meterse en sus
pensamientos. Y sobre todo un pensamiento en especial le llego a la mente.
«Y sabes una cosa, me gustas demasiado, Nessie».
Eso era precisamente lo que ella siempre quiso evitar, que Draco se sintiera
atraído por ella, pero era imposible que eso no pasara, ya que para los ojos
humanos, ella y su familia eran hermosos e irresistibles.
Pero eso no fue lo peor. Lo peor es que cuando
escucho la declaración de Draco, ella vio a Jacob, así que metida en su error,
ella le dijo: «Tú también me gustas».
¿Qué voy
hacer contigo, Draco?,
se preguntaba mentalmente. Me siento tan
confundida.
Ya que ella sabía que solo era cuestión de tiempo
para que Draco se contactara con ella nuevamente.
Ahora fue Nessie la que suspiró.
—Quiero bañarme —dijo Nessie.
Rosalie sonrió. Le dio un beso en la frente y se
levantó de la cama.
—Te prepararé un baño relajante —dijo la rubia, y a
paso humano se dirigió a la puerta que estaba junto al extenso closet de
Nessie.
La chica de rizos cobrizos, escuchó como su tía
abría los grifos para que su tina se llenara de agua tibia. Se levantó de la
cama con parsimonia, camino hacia su closet, abrió las puertas y observó toda
la ropa que había dentro, tenía de todo, entre vestidos largos y cortos,
pantalones de formales como jeans, blusas de manga larga y corta, faldas,
abrigos, suertes, etc., etc., y que decir de los zapatos, había todos los
modelos habidos y por haber.
Pero ella opto por un vestido color palo rosa de
manga larga, el cual le llegaba hasta las rodillas, entallado hasta la cintura y
luego caía suelto, saco unos zapatos del mismo color del vestido, pero de toco
bajo. Todo lo coloco sobre su cama.
Camino hacia su baño, y vio a su tía vertiendo
jabón líquido de olor a jazmines, la rubia se volvió y le sonrió a su sobrina.
—Ya puedes meterte a la tina —le dijo maternalmente
Rosalie.
Nessie asintió, y empezó a quitarse el pijama.
Y mientras Nessie se desnudaba, Rosalie volvió a la
habitación y empezó a ordenar todo, cambio la ropa de cama y abrió las cortinas
y las ventanas, y aunque el cielo estaba un poco encapotado, la luz natural era
mejor que estar a oscuras.
Media hora después Nessie salía del baño con el
albornoz puesto y con una toalla en la cabeza. Rosalie que aún estaba allí,
esperándola, se acercó a ella, y le quito la toalla de la cabeza, conecto la
secadora, y empezó a secarle el cabello con una mano y con la otra mano le
cepillaba el cabello.
Minutos después Nessie se encontraba con el cabello
seco y cepillado, sus rizos cobrizos caían ordenados por su espalda y algunos
por su mejilla.
—Gracias, tía —susurró la chica.
Rosalie le sonrió en respuesta y la dejó sola para
que se cambie.
Y cuando volvió a la sala se encontró con su
familia igual a como los había dejado, Emmett aún seguía viendo la televisión,
Alice y Jasper estaban sentados en el sofá, Esme estaba sentada en otro sofá
mirando hacia la gran ventana, y Bella parada junto a Esme, con expresión
pensativa.
—Nessie tomo una ducha y ahora se está cambiando de
ropa —le informó, compadeciéndose de su hermana adoptiva.
Rosalie sabía que Bella estaba preocupada por su
hija, y que a veces no sabía qué hacer para Nessie saliera de esa depresión por
Jacob Black, y ahora sumándole lo que había sucedido con Draco Malfoy, todo
estaba peor. Y por supuesto, ella también sabía que Bella también se sentía
apenada por la muerte de Jacob, al fin y al cabo era su mejor amigo.
—Gracias, Rose —dijo Bella, sonriéndole
ligeramente.
Rosalie asintió y se sentó junto a Emmett, este
paso un brazo por los hombros de su esposa.
Y como si se hubieran puesto de acuerdo, diez
minutos después padre e hija se hicieron presente en la sala de estar de la
mansión Cullen. Edward abrió la puerta y en menos de un minuto ya estaba en la
sala abrazando a su esposa por la cintura, al mismo momento que Nessie terminaba
de bajar las escaleras y caminaba hacia la sala.
Todos posaron sus ojos en ella.
—Nessie —dijo Edward.
La chica sonrió levemente.
—Bajaste —dijo Bella feliz de que su hija decidiera
ponerle fin a su mal estado de ánimo.
—Sí, decidí que ya había sido muchos días de
encierro —contestó.
Y antes de que la chica se acercara a sus padres,
Emmett se levantó, se acercó a Nessie, y pasando sus manos por su cintura, la
cargo y le dio vueltas. Nessie reía por las ocurrencias de su tío. Unos
segundos después Emmett la volvió a colocar en el suelo.
Edward y Bella se acercaron a su hija y esta se
dejó abrazar por ellos.
—¿Sucede algo, Nessie? —preguntó Edward al leer los
pensamientos confusos de su hija.
Nessie suspiró, observó a cada uno de los
integrantes de su familia, volvió a suspirar y al fin decidió contar lo que le
pasaba.
—¿Crees que es posible que una híbrida como yo,
podría enloquecer? —le preguntó a su padre, y en el tono de su voz se podía saborear
el temor.
Emmett parpadeó confuso, Rosalie se tensó, Esme tenía
una mirada de pesar, Alice y Jasper no dejaban de mirar a su sobrina. Mientras
que Bella no sabía que es lo quería decir su hija.
Edward frunció el ceño.
—¿Te refieres a tu confusión de Jacob y Malfoy? —preguntó.
Nessie asintió.
—¿Qué confusión? —preguntó Emmett, que no sabía
nada de lo que hablaban padre e hija.
—Hay momentos en los que confundo a Draco con Jacob
—respondió Nessie luego de unos segundos en silencio.
—¿Qué? —murmuró Jasper.
—Pues eso, no sé cómo lo hago, pero hay veces en
que los confundo a ambos, y no sé a qué se debe —Nessie hizo una pausa—, y
también hay ocasiones en que Draco platica conmigo, y resulta que esas mis
palabras ya me las había dicho Jacob.
Bella y Edward se miraron.
—Y eso no es todo —dijo la menor de las Cullen.
Edward leyó la mente a su hija y se sorprendió con
sus recuerdos.
—¿Cómo es posible? —preguntó.
—No lo sé —dijo Nessie negando con la cabeza.
—Podrían decirnos lo que sucede, si se dan cuenta de
que no nos enteramos de nada, ¿verdad? —reclamó Emmett.
—También haya veces en las que escuchó a Jacob
hablarme.
Bella observó con fijeza a su hija.
—¿Qué? —dijo Rosalie, acercándose a su sobrina—.
¿En qué momentos puedes escucharlo?
Nessie respiró profundo, porque de pronto sentía
que se ahogaba.
—Puedo escucharlo mayormente cuando estoy metida en
problemas…, la primera vez que escuché su voz, fue cuando quería irme de la
casa de los Malfoy luego de enterarme de que eran magos, y él me dijo: «Debes quedarte, Nessie. Mi Nessie». Creí que había
enloquecido, e insistí con irme de la casa de los Malfoy, pero nuevamente
escuché su voz: «Quédate, mi
Nessie… aquí encontraras lo que perdiste» y «Aquí
estarás bien, Ness. Quédate».
En ese momento Bella tuvo un déjà vu, un borroso
recuerdo humano, cuando Edward la dejo y ella escuchaba su voz, en los mementos
en que se ponía en peligro.
Nadie dijo nada por unos minutos.
—¿Creen que estaré enloqueciendo? —volvió a
preguntar Nessie.
—No, por supuesto que no, hija —dijo Bella
maternalmente—. Solo que aún es muy reciente lo sucedido con… Jacob —a ella
también le costaba decir el nombre de su mejor amigo, ya que sentía en su frío
corazón dolor por su muerte, y gratitud por lo que Jacob Black hizo por su
hija—, y el dolor te hace creer escuchar su voz…
—Pero… —Nessie interrumpió a su madre, pero no
encontró las palabras precisas para poder decir lo que sentía.
—No estás enloqueciendo, Nessie —aseguró Edward,
pero interiormente se preguntaba porque su hija escuchaba la voz de Jacob y
porque lo confundía con Malfoy. Ya que era más que obvio que entre Jacob y el
rubio no había nada en común. Principalmente porque uno era un licántropo y el
otro un mago, uno era amable, despreocupado y algo rebelde, y el otro era tan
arrogante como petulante (por lo que había escuchó al hablar por teléfono con
él y por sus pensamientos), y por último Jacob Black le caía bien, pero Draco
Malfoy no le caía en gracia y tal vez nunca lo haga.
Por todos los cielos había querido besar a su hija.
Bella busco su mirada, y ambos par de orbes doradas
se encontraron. Y aunque él no podía leerle los pensamientos a su esposa —solo
cuando esta quitaba su escudo—, si podía leer en ella cada mirada y expresión,
es por eso que capto rápidamente lo que Bella quería decirle con la mirada,
todo lo que su hija sentía era debido a la magia de la imprimación.
Por supuesto, él también lo había pensado, pero no
se lo diría a su hija, quizás eso podría deprimirla más.
Nadie se había movido de su lugar, parecían
estatuas de deidades, completamente hermosas y perfectas, y así fue como los
encontró el patriarca de los Cullen, cuando entro a su casa.
—¿Qué sucede? —preguntó Carlisle con voz amable,
pero con un toque de preocupación y sorpresa al ver que su nieta había salido
de su habitación, pero la cual tenía una mirada temerosa—. ¿Te encuentras bien,
Nessie?
La chica corrió a refugiarse a los brazos de su
abuelo, y al instante puso su mano en una de las mejillas de Carlisle.
Se lo mostro todo, sus temores y confusiones.
—No estás enloqueciendo, cielo —dijo Carlisle,
diciéndolo lo mismo que le habían dicho sus padres—, lo que yo creo es que todo
lo que te sucede es debido a la imprimación.
—La imprimación —repitió Nessie.

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