lunes, 10 de abril de 2017

De regreso a casa

El nuevo Volvo de Edward Cullen

POV Draco
—Bueno, te quería decir que… —hizo una pausa para respirar profundo—, que he tomado la decisión de regresar mañana con mi familia.
¡No! ¡No puede ser cierto lo que acabo de escuchar! ¡Maldita sea! Todo esto es culpa de la estúpida de Astoria, solo vino a fastidiarlo todo. Todo.
—¿Es por Astoria, verdad? ¿Te quieres ir por ella?
—¿Qué? No, no, Draco, no es por ella —se quedó callada unos minutos, minutos por lo cual yo casi enloquezco—. Es solo que extraño a mi familia, quiero verlos —vi que sus ojos se llenaron de lágrimas cuando menciono a su familia, y una parte de mí se sintió mal, prácticamente la estaba alejando de su familia, pero la otra parte de mí, la egoísta, no la quería dejar ir por nada del mundo.
¡Maldición!
Tenía miedo, sí, tengo que admitirlo tengo miedo de que se alejara de mí, teme ya no volverla a ver, y si su familia la alejaba de mi lado, si ella se olvidaba de mí apenas viera a su familia. ¿Qué haría yo? ¿Dejarla ir o inventarle cualquier excusa con tal de que se quede conmigo? Pero ¿qué podría inventarle ahora? Primero le dije que no se podía ir porque la veía mal, luego le dije que si se sentía bien aquí pues que se quedara, ¿pero ahora que le digo?
Piensa, Draco. Piensa, me exigía mentalmente.
—¿De verdad te quieres ir?
¿Por qué le pregunte eso?
—Sí —respondió asintiendo—. Pero te prometo que volveré para visitarte. No me olvidaré de ti, Draco. Lo juro —tenía el presentimiento de que me había leído la mente o había percibido mi miedo a perderla.
—¿En serio volverás? —pregunté, acercándome a ella.
—Sí. Ya te lo dije, yo volveré, además podemos estar en contacto cuando vayas a mi mundo o tal vez podríamos comunicarnos por celular o por las redes sociales.
Pase mi mano por mis cabellos. Ya no podía hacer nada para retenerla, no podría verla infeliz.
—Está bien, mañana te llevaré a tu casa —acepte resignado.
—Eh… no, no es necesario que me lleves a mi casa —de pronto Nessie parecía nerviosa. ¿Qué le pasa?, me preguntaba—, me puedes dejar en el mismo lugar donde me encontraste.
—¿Qué? No te dejaré cerca de ese bar, no sería apropiado, te podría pasar algo al querer ir a tu casa —no definitivamente en eso no iba a ceder.
—No me pasará nada, mi casa está cerca del bar —insistió.
Negué con la cabeza.
—No me parece correcto, ni hablar, te llevaré a tu casa —sentencié.
—Pero Draco…
—No, Nessie, no.
—En verdad me gustaría que me dejaras en ese lugar, porque —me observó— ese sería nuestro lugar, el lugar donde nos conocimos, por favor. Además tengo que pensar en algo para que mi castigo no sea tan largo.
Ese sería nuestro lugar, mi mente no se casaba de repetir esa frase.
Camine y senté en la cama junto con ella, y la tome de las manos —sus manos eran tan cálidas, y me gustaba esa calidez— y ella se estremeció, la miré a los ojos. Mentiría si dijera que no me perdí en esas orbes chocolates.
—Está bien —mi boca fue más rápida que mis pensamientos, pero vamos, ni siquiera podía pensar bien cuando tenía a Nessie cerca—. Te dejaré en el lugar donde nos conocimos. No me gusta, pero lo haré. Aunque si vas a tener problemas con tus padres… yo podría hablar con ellos para que no te regañen —intenté convencerla.
—No —su melodiosa voz se elevó—, quiero decir que me gustaría hablar a solas con ellos, si te ven a ti tal vez se podría armar un problema, mi padre es muy celoso —susurró, pero logré escucharla—, pero si yo hablo seriamente con mis padres, entenderán, lo sé.
Asentí.
—Regresaré, Draco —prometió—, ¿o acaso te estas olvidando de que me enseñarás a volar en escoba?
—Cómo olvidarlo —sonreí levemente—, entonces es una promesa.
—Sí, Draco es una promesa, esa será mi promesa de que volveré.
—De acuerdo, Nessie, entonces mañana te llevaré al lugar donde te encontré —solté sus manos y le acaricié el rostro, el cual se encontraba incluso más cálido que sus manos. Sonrió—. Buenas noches, Nessie —le di un beso en la mejilla.
—Buenas noches, Draco —susurró y volvió a sonreír, luego de eso salí de su habitación y me dirigí a la mía.
Pero apenas salí de la habitación de Nessie sentí como algo se rompía en mí. Era extraño esa sensación, nunca había sentido algo parecido, pero dolía.

POV Renesmee
Ahora que la prometida de Draco regreso, lo mejor era alejarme de él, y regresar con mi familia, ya era tiempo de regresar a casa, los extraño mucho a cada uno de ellos. Apenas vea a Draco le comunicaré mi decisión de regresar a mi casa.
Espero que no me regañen mucho mis padres, les dije que me quedaría solo unos días más y ya llevo muchos…
El efluvio de los señores Malfoy me saco de mis cavilaciones. Luego escuché que entraban en su habitación, de seguro decidieron darles privacidad a su hijo y su prometida.
Tenía mucha curiosidad por escuchar lo que hablaban Draco y Greengrass, pero no, no podía hacer eso, no podía aprovecharme de mis sentidos desarrollados. Así que para distraerme de la conversación de la sala, me puse a tararear la última melodía que compuso mi padre.
Y en eso estuve dedicada por varios minutos, cuando de pronto escuche unos golpecitos en la puerta distrayéndome de la melodía.
—Adelante —dije, pero ya sabía quién era, había reconocido su efluvio.
Era Draco, me sorprendí al verlo frente a mí, yo pensaba que todavía estaba con su prometida, y hasta creí que la había dejado sola, pero no fue así porque Draco me dijo que Greengrass ya se había ido, y lo pude comprobar al no escuchar el latido de su corazón. Luego Draco se disculpó, y no entiendo porque, ya que si se disculpaba por besarse con su novia, no tenía por qué hacerlo, y así se lo hice saber, pero me dejo sorprendida cuando me dijo que Greengrass no era su prometida, que lo había sido hace más de un año, pero ya no.
Vaya, hasta las brujas son arrastradas, eso me hizo recordar una vez que mi tío Emmett me dijo que había muchos tipos de mujeres, entre ellas: las arrastradas, ofrecidas, posesivas, locas… Pero luego ya no me pudo decir más porque mi papá le dio un golpe en la cabeza y le dedico una mirada asesina.
Y después de que Draco me aclarara de que Greengrass no es su prometida, me dijo que cumpliría con su palabra, y yo no entendí de que me hablaba, hasta que me recordó que me enseñaría a volar en escoba, y por supuesto me sonroje llena de vergüenza, ¿cómo se me había podido olvidar que me enseñaría a volar? —«Eres una tonta, Renesmee. Una tonta», me recriminé mentalmente—. Pero aun y la vergüenza que sentía, yo no tenía ánimos para salir nuevamente, así que me disculpé con él y le invente que estaba cansada; pero eso fue un error, porque se preocupó y pensó que me sentía mal por la caída que tuve cuando atrape a Lorcan en mis brazos, y luego tropecé, para variar. Le tuve que asegurar que no fue nada, y aproveche para decirle que me regresaba a casa con mi familia. Y al instante Draco pensó que era por su ex prometida, yo le dije que no, pero debo reconocer que si tuvo algo que ver, en realidad mucho que ver, ya que verlos juntos me hacía sentirme rara.
Negué con la cabeza. Pero no iba a decirle lo que pensaba, así que le dije que era porque extrañaba a mi familia, y era cierto, los extrañaba mucho.
Y en ese momento mis nervios me jugaron una mala pasada, porque ya no pude más con esta sensación extraña que me embargaba, y sentí como mis ojos me picaban por derramar las lágrimas que estaba conteniendo. Temía soltarme a llorar en cualquier momento, y más cuando vi a Draco un poco afligido por mi decisión de regresar con mi familia.
Baje la mirada, no quería verlo de ese modo, me dolía tanto como a él esta decisión, ya que yo también me sentía muy triste porque me había acostumbrado a él, a su presencia, a su protección… Pero ya era tiempo de volver con los míos.
Suspiré.
Me descolocó cuando Draco me dijo que me llevaría a casa, yo no sabía que inventarle para hacerlo desistir de que no me llevara, así que le dije que me dejara en el lugar donde me encontró, cerca del bar, pero eso no le pareció bien, si hasta parecía alarmado, y dijo que podría ser peligroso para mí. Si supiera que yo no soy tan frágil como él piensa, si supiera que yo podría con cualquier humano que intentara hacerme algo, pero no le podía decir eso, me tomaría por loca. Y por supuesto Draco siguió insistiendo en dejarme en mi casa y hasta quería hablar con mis padres para que no me regañaran, le dije que era mejor que yo hablara a solas con ellos, y volví a insistir en que me dejara en el lugar donde me encontró, porque ese era nuestro lugar.
Nuestro lugar, repetí en mi mente, y un calor embargo dentro de mí, específicamente en mi muy herido corazón, y fue como si estuviera reparando lo dañado. Y la sensación aumento cuando él se sentó junto a mí y me tomo de las manos y me miró a los ojos. Esos ojos que me hacían sentir como en casa, me hacían sentir completa. Y me asuste porque eso mismo sentía cuando estaba junto a Jacob y miraba sus ojos cafés.
No podía dejar de mirarlo a los ojos, esos hermosos ojos grises que en esos momentos trasmitían tristeza. Y de un momento a otro el acepto dejarme cerca al bar donde me encontró.
Suspiré aliviada.
He de confesar que me hubiera gustado que él me llevara a casa de mi familia, pero no podía permitirlo, así que tuve que mentirle aunque no me gustara, porque si le permitía que me llevara a casa, se enteraría de nuestro secreto, estoy segura que lo descubriría al instante y temo que me desprecie por eso. Por ser diferente y peligrosa.
Contuve un sollozo.
Había veces que quería contarle mi secreto, pero luego desidia, todavía no era el momento adecuado, quizás cuando venga de visita a su casa.
—De acuerdo, Nessie, entonces mañana te llevaré al lugar donde te encontré —me soltó de las manos e increíblemente sentí un vacío dentro de mí, pero lentamente me acarició el rostro, y mi corazón empezó a latir mucho más rápido a un, que hasta creí que se me saldría del pecho—. Buenas noches, Nessie —y beso mi mejilla.
—Buenas noches, Draco —susurré y sonreí, después de eso salió de su habitación.
Me acosté en la cama y suspiré con pesar.
Me levante de la cama y entre al baño para darme una ducha rápida y así quitarme todas esta tristeza que estaba sintiendo. Veinte minutos después salí del baño ya con la pijama puesta, apague las lámparas y me acosté en la cama.
—Está será la última noche que paso aquí, la última vez que duermo en esta cama, en verdad lo voy a extrañar —susurré y luego cerré los ojos.

***

Me levanté temprano, creo que serían como las seis de la mañana, porque no escuché ninguna señal de que Draco y sus padres ya estuvieran levantados.
Decir que dormí toda la noche, era una mentira, en realidad no pude dormir, cada vez que cerraba los ojos tratando dormir, veía Draco desolado por mi partida o cuando quería acercarme a él había alguien que me lo impedía, y ese alguien era: Astoria Greengrass.
También pesaba mucho en mi familia, ahora que recuerdo mi papá me dijo que tía Alice no podía ver muy bien a Draco, seguro se debe a que él de otro mundo —suspiré—. ¿Qué voy hacer cuando tía Alice me pregunte el motivo por el cual no puede ver a Draco?
¿Le diría la verdad o callaría? Pero si le digo la verdad no creo que ellos les impresionen, total si nuestra especie existe, porque no podrían existir los magos y su mundo mágico.
Ya luego decidiré que les digo.
Me levanté de la cama y me duche rápidamente, me vestí con unos jeans pitillos, una blusa color blanco y una casaca negra, y por último me calce unos zapatos de tacón color negro, me peine dejando que las ondas de mi cabello cayeran en cascada por mi espalda. Cuando termine de vestirme ya eran cerca de las siete, pero aun no quería bajar, así que camine hacia la ventana y me quede allí parada observando el amplio y buen cuidado jardín, los pavos reales caminaban tan elegantemente que me causaba gracia.
Cuando me di cuenta que ya eran las ocho, salí de la habitación y apenas di unos pasos me encontré con Draco en el pasillo, él también salía de su habitación.
—Buenos días, Draco —lo saludé.
—Buenos días, Nessie —respondió él, pero se le notaba que tampoco había pasado una buena noche.
—¿Estás segura que quieres regresar a tu casa? —me preguntó, pesando que cambiaría de parecer.
—Sí. Pero regresaré a visitarte.
—Bien, entonces después de desayunar te dejare en el lugar donde te encontré —note que su semblante no estaba igual a otros días, y no tenía que tener el don de mi tía Jasper para notarlo, ya que su sola mirada lo decía todo.
Asentí, sin agregar nada.
Draco me tomó de la mano como de costumbre y yo también como de costumbre puse mi mente en blanco. Pero está vez sentía que él ejercía un poco más de fuerza alrededor de mi mano, como queriéndome tener lo más cerca posible. Caminamos en silencio hasta el comedor.
—Buenos días, señores Malfoy —saludé educadamente a los padres de Draco.
—Buenos días —contestó el señor Malfoy.
—¿Qué sucede? —preguntó la señora Malfoy, mientras Draco me acercaba la silla para que me sentara.
—No entiendo de que hablas, madre —le contestó Draco y me sorprendió que su voz sonara igual que siempre cuando hace un momento hasta su voz era diferente.
—Los veo un poco serios a los dos —dijo la medre de Draco.
—Cissy, no empieces por favor —susurró el señor Malfoy, solo para que su esposa lo escuche, pero claro que yo también pude escucharlo.
Kreacher apareció el desayuno interrumpiendo la siguiente pregunta que iba a formular la señora Malfoy.
Cuando Kreacher desapareció, empezamos a desayunar, y extrañamente todos estábamos callados.
—Te vas, ¿cierto? —dijo luego de unos minutos la aristocrática mujer.
—¿Cómo? —me hice la tonta.
—Que regresas con tu familia —afirmó.
Draco la miró con seriedad y el señor Malfoy tenía aun expresión que no pude descifrar, pero note que miraba de reojo a su hijo.
—Sí —contesté luego de respirar profundo.
—¿Cuándo regresas con tu familia? —esta vez me cuestiono el padre de Draco.
—Hoy.
—¿Pero porque te vas? —me sorprendió la pregunta de la señora Malfoy, ¿acaso no quería que me vaya de su casa? Me pareció que eso fue lo que siempre quiso—. ¿Astoria influyo en tu decisión de irte?
—Madre —le advirtió Draco.
—No, por supuesto que Greengrass no influyo en mi decisión de irme —hice una pausa, para callar a mí subconsciente que me llamaba mentirosa—, es solo que extraño a mi familia.
Nadie dijo nada más, y volvimos a quedarnos en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos.
Minutos después terminamos de desayunar. Draco me dijo que lo esperara un momento y se fue a la biblioteca con sus padres. He hice todo lo posible por darles privacidad y no escuchar lo que decían.
—Ama —escuché la voz de Kreacher.
—Kreacher —sonreí al verlo—, yo no soy tu ama, yo soy tu amiga —le corregí con amabilidad.
—¿Se va? —me preguntó y yo asentí—. Dejará solo al amo Draco. ¿Por qué no se queda?
—Regresaré a visitarlo, Kreacher. Yo no puedo quedarme toda una vida aquí, sino mis padres pensaran que me secuestraron, y ya que tú sabes lo que somos —le susurré esto último— debes de imaginar que mi familia me buscarían entre mar, cielo y tierra hasta encontrarme, y estoy segura de que ellos lograrían enterarse de donde estoy, y vendrían con ganas de matar al que fue capaz de retenerme, debo de reconocer que pueden llegar a ser muy violentos cuando se trata de defender a algún miembro de la familia.
—Está bien, am… —lo miré seria y el elfo automáticamente se corrigió—, Renesmee. Entonces no te impediré que regreses con tu familia, solo si prometes regresar.
—Lo prometo, Kreacher —levante mi mano derecha en son de promesa—. Adiós, Kreacher, te extrañaré —le dije al pequeño y gruñón elfo, el cual sonrió ligeramente, pero al instante despareció, yo me quede muy confundida.
Pero luego entendí porque desapareció, Draco y sus padres se acercaban a la sala —podía sentir sus efluvios—, donde yo me encontraba.
—Renesmee —dijo el señor Malfoy apenas entro a su sala.
—¿Sí, señor? —dije.
—Ahora que regresas con tu familia, está de más que te recuerde que no le tienes que decir nada a nadie de lo que realmente somos, ¿no? —su voz era seria.
—No pensaba decir nada, señor.
—Es solo un recordatorio, niña, ya sabes, nada de esto a nadie, y ni siquiera a tu familia —advirtió la señora Malfoy.
—Entiendo —respondí.
Note que la señora Malfoy no parecía creerme, ya que me dedicaba una mirada de absoluta seriedad.
—Bueno, creo que es hora de irnos, Nessie —la voz de Draco llamó mi atención, y aunque no lo miré escuché la tristeza en su voz.
Respiré profundo, y asentí.
—Sí, está bien —contesté—. Muchas gracias por todo, señores Malfoy, y no se preocupen, no diré nada —me despedí de ellos dándole la mano a cada uno.
El señor Malfoy tomo mi mano y le dio un ligero apretón, su esposa dudo en darme la mano, pero al final lo hizo y puso cara de preocupación.
—¿Estás con fiebre? —me preguntó, seguramente noto que mi temperatura es más elevada que de la de los demás humanos.
Pase una mano por mi cabello.
—No, estoy perfectamente —le aseguré.
—Pero…
—Madre —le dijo Draco—. Ya nos tenemos que ir.
Suspiré aliviada.
—Adiós —me volví a despedir de los padres de Draco.
Draco me tomó del brazo y a los segundos sentí un tirón en el ombligo, cerré los ojos por instinto y cuando los abrí estábamos en una calle menos transitada; y un mareo hizo que me tambaleara, Draco me tomo de cintura para estabilizarme —cielos, no creo poder acostumbrarme a esto de la aparición nunca—, respiré profundo y lentamente me fui separando de mi amigo rubio.
—¿Estás bien? —me preguntó Draco.
—Sí, solo me maree un poco.
Los grises ojos de Draco no se apartaban de mí, y eso me hizo sentir muy expuesta parecía que podía ver a través de mi alma, si es que la tengo.
—¿Qué harás ahora? —me preguntó.
Exhalé.
—Creo que tomaré un taxi.
Asintió.
—¿Estás segura de que no quieres que te lleve a tu casa?
—Sí, estoy segura. —No tengo otra opción por el momento, me dije internamente—. Te llamaré después de que hable con mi familia.
—Pero no sabes cuál es mi número telefónico.
Sonreí levemente.
—Es cierto. Pero recuerdas que me prestaste tu celular para llamar a mi padre —él asintió—, pues tu número quedo registrado en el celular de mi padre, así que si tengo tu número.
—De acuerdo.
¡Dios mío! Nunca he sido buena para las despedidas.
Caminamos lentamente hasta llegar a una cuadra del bar.
—Adiós, Draco —me despedí de él, pero no me contuve y lo abracé y él correspondí a mi abrazo.
Aspiré su olor, olía a perfume fino y menta.
—Adiós, Nessie —me susurró en mi oído.
—Te voy a extrañar —le susurré yo.
—Y yo a ti —volvió a susurrar.
Y cuando escuché que me iba a extrañar me entraron muchas ganas de llorar, tuve que hacer un verdadero esfuerzo para no hacerlo estando aun abrazada a él. Aspiré nuevamente su aroma y lentamente me fui separando de él y lo miré a los ojos, no sé en qué momento Draco Malfoy, un perfecto desconocido hace unas semanas se había vuelto en alguien muy especial para mí, él era mi amigo, un buen amigo.
Un taxi para cerca de nosotros y de allí dentro bajo un hombre de terno azul. Me aleje un paso de Draco y sonreí levemente; le taxista para cuando le hice una seña, pero antes de subir al taxi volví a abrazar a Draco y bese su mejilla, él hizo lo mismo.
—Adiós —susurré.
Subí al taxi y por la ventanilla le volví a decir a adiós con la mano a Draco.
—¿A dónde quiere que la lleve, señorita? —me preguntó el taxista.
—Siga derecho, yo le avisaré cuando tengo que doblar hacia una esquina.
El taxista hizo lo que le dije, pero de pronto freno y para en seco. Yo parpadeé un par de veces por la sorpresa.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Un auto se me abalanzo sobre mi auto.
Esa respuesta me pareció extraña, así que baje la ventanilla, y ahí fue cuando lo vi, muy cerca del taxi había un Volvo azul marino, y yo lo conocía —ese era el nuevo carro de mi padre, hace un año había cambiado su preciado Volvo plateado por un Volvo azul marino. Era muy rápido, me gustaba—, y de pronto el efluvio de mi padre llego a mí.
Espero que no esté muy enojado, pensé.
—Oh, lo siento, es el auto de mi hermano —le tuve que mentir al taxista—, debo bajar… espéreme un momento, por favor, es que él me dará dinero para pagarle.
El taxista sonrió.
—No me debe nada, señorita, apenas hemos recorrido una cuadra, eso no es nada.
—Oh, muchas gracias. Que tenga un buen día, y lo siento.
Baje del taxi y caminé hasta el Volvo de mi padre. Cuando llegue a la puerta del copiloto, esta se abrió al instante.
—Papá —medio grité y lo abrace cuando subí al Volvo.
—Nessie, princesa —papá me devolvió el abrazo y beso mi coronilla.
—¿Cómo supiste donde estaba? —le pregunté.
—Alice —y eso contestó mi pregunta—. Ella te vio aparecer sorpresivamente cerca al bar.
—Eh… yo… —titubeé al hablar.
Mi padre sonrió de la manera en que le gustaba a mamá, pero luego frunció ligeramente el ceño.
—Menta —lo escuché susurrar—. Nos explicarás todo cuando lleguemos a casa. Tu madre te extraño mucho, bueno, en realidad todos te extrañamos —me contó. Sí, ya estaba en casa. Y luego de cerrar la puerta del copiloto, y de asegurarse de que me abrochará bien el cinturón de seguridad, arranco a una gran velocidad.
Tomo una ruta donde no pasaba muchos transeúntes. La velocidad era increíble, un humano apenas podría haber visto algunos borrones de árboles, pero yo los veía perfectamente. Adoro la velocidad, la extrañaba tanto, cerré mis ojos para dejarme llevar por esa tan conocida sensación, que ya casi la olvidaba.
En unos minutos ya estaba en mi casa de Londres, la casa, la inmensa casa —me corregí— estaba al medio de un bosque, así como la casa de Forks; muy bien escondida para que ningún humano pueda curiosear.
Apenas puse un pie en la casa, sentí unos delgados y fríos brazos rodearme, esa era mi madre, lo sabía, ya que su efluvio penetro en mis fosas nasales. Luego de ese gran abrazo, sentí que mis tías y mis tíos también me abrazaban y me besaban la frente, lo mismo hicieron mis abuelos, pero definitivamente el abrazo que logro sacarme el aire fue el abrazo del tío oso.
Luego de que terminaran de saludarme, la tía Alice se me acercó con una sonrisa que intuía era para sonsacarme cosas.
—Nessie —dijo y su voz de soprano hizo eco en mis sensibles oídos.
—¿Sí, tía Alice? —le contesté inocentemente. Porque ya sabía lo que me iba a preguntar, así que lo trataría de evitar lo más que podía.
—¿Tú sabes la razón del por qué no te podía ver cuando estabas con tu amigo Draco Malfoy? —me preguntó.
Y al instante todas las miradas de mi familia recayeron sobre mí.
No supe que contestarle. Había prometido a los padres de Draco no decir nada, pero…

POV Autora
En un lejano pueblo de Chile…
—¿Dónde demonios se pueden haber ido los Cullen? —decía a la vez que caminaba de un lado a otro un chico como de unos veinte años, de cabello negro recogido en una trenza, de un hermoso color de piel marrón oscuro, ojos de un color del teca caliente, muy alto y corpulento—. Hace unos días, cuando fui a Forks a visitarlos para ver a mi amada Renesmee, me di cuenta de que su casa estaba abandonada, y parecía que llevaba más de un mes así. Pero ¿dónde se pueden haber ido? ¿Dónde?
Se suponía que tendrían que está allí, en su casa —se decía mentalmente el chico—. Ya me imaginaba a mi pobre Renesmee muy deprimida por la muerte de ese chucho, y a toda su familia consolándola, pero no, no estaban. ¿Estarían con el clan Denali? Tal vez, seguramente como Renesmee está tan deprimida quisieron alejarla de Forks para que el recuerdo del chucho no la haga sufrir. ¡Maldición! Pero y si no está con ellos…, tengo que averiguarlo lo más pronto posible. Ya no aguanto estar más tiempo alejado de ella. Renesmee es mi pareja ideal, por ley lo es, no solo porque es de mi misma especie, sino porque desde que la vi la sentí mía; ella tiene que estar conmigo. Renesmee, esa adorable y dulce criatura no le pertenecía al chucho, por eso lo tuve que sacar de mi camino.
Por eso fue que creé a esos neófitos, para que acabaran con el chucho y eso fue lo que hicieron —lo único malo fue que mis neófitos fueron destruidos—. Estuve planeando durante mucho tiempo como deshacerme del perro guardián que siempre paraba con Renesmee, nunca la dejaba sola, donde ella iba, el chucho iba detrás de ella, y eso me enfurecía.
Averigüe cada una de las actividades de los chuchos, esos chuchos lo único que hacían eran hacer guardia de noche para que ningún vampiro que no perteneciera al clan Cullen o Denali se atrevieran a entrar en sus tierras y lastimar a los humanos, que estúpidos son —el chico rió al recordar—, ni cuenta se daban de que yo los vigilaba, y todo gracias a mi don, que nunca les hice saber a los Cullen en ese par de visitas que les hice, y del cual siempre me llevaba la sorpresa de que Renesmee estaba con los chuchos —no sé cómo su familia se lo permitían—. Era pocos los momentos en que podía platicar con ella, momentos que yo atesoraba… pero apenas el chucho de Black aparecía, ella se disculpaba conmigo diciéndome que tenía que irse con él porque ya habían quedado con la manada, y cada vez que escuchaba eso, yo hervía de cólera, pero tenía que contenerme porque no quería que nadie descubriera lo que me pasaba, y mucho menos la propia Renesmee.
En otras ocasiones estaba en casa de su abuelo, el padre de Bella, ese hombre me tenía sin el más mínimo cuidado, solo era un simple humano, un humano que podría convertirse en un bocadillo si empezaba a pasar más tiempo con mi futura pareja.
¡Maldita sea! Debo de controlarme, ni siquiera puedo recordar a Renesmee cerca de otras personas porque me pone mal. Debo controlarme, debo controlarme, se repetía mentalmente el chico.
Él adoraba su don porque era muy extraño y poderoso, y gracias a él podía bloquear el don de Edward, sin que el mismísimo Edward sospechara algo, también podía bloquear el don de Alice y el de Jasper; por eso Jasper nunca pudo sentir ese sentimiento de posesividad y egoísmo que él tenía hacia su sobrina.
El chico de trenza rió quedamente.
Luego de averiguar las actividades de los Quileutes, se aseguró del día específico que los Cullen salían de caza, pero no conto con que Renesmee no se fuera de caza con su familia, se sorprendió mucho cuando la vio dando un paseo por la playa con Jacob. Quiso detener a sus neófitos, pero no podía controlarlos a todos, ya era demasiado tarde, su ejército de neófitos habían seguido a Renesmee y Jacob desde que estos estaban en el bosque, y ellos iban a cumplir la orden que les dio su creador: acabar con el chucho de Jacob Black.
Y así lo hicieron, pero su creador se enfureció cuando uno de sus neófitos quiso atacar a su amada Renesmee y por eso el mismo mato a aquel neófito; del resto se encargaron los Cullen y las manadas.
El chico seguía caminando desesperado.
—Tengo que ir hoy mismo con el clan Denali. Quizás ellos sepan algo de los Cullen, o tal vez estén con ellos —murmuraba—. Ya está decidido, hoy iré a darles una visita.
De pronto un conocido efluvio lleno sus fosas nasales, y él hizo un gesto de molestia.
—Nahuel —lo llamó una mujer de estatura media, cabellos largos y negros con las puntas algo rizadas, piel marrón oscuro y ojos color borgoña—. Voy a ir de caza, ¿no quieres venir conmigo? —le preguntó.
—Sí, ya voy tía —le contestó él. Se acercó a ella y segundos después ambos corrían en busca de su alimento.


2 comentarios:

  1. siguela por lo que mas quieras, me encanta tu historia, me encanta esta extraña y alucinante pareja, nunca habia leido sobre ellos juntos, y me gusta

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