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| El nuevo Volvo de Edward Cullen |
POV Draco
—Bueno, te quería decir que… —hizo una pausa para
respirar profundo—, que he tomado la decisión de regresar mañana con mi
familia.
¡No! ¡No puede ser cierto lo que acabo de escuchar!
¡Maldita sea! Todo esto es culpa de la estúpida de Astoria, solo vino a
fastidiarlo todo. Todo.
—¿Es por Astoria, verdad? ¿Te quieres ir por ella?
—¿Qué? No, no, Draco, no es por ella —se quedó
callada unos minutos, minutos por lo cual yo casi enloquezco—. Es solo que
extraño a mi familia, quiero verlos —vi que sus ojos se llenaron de lágrimas
cuando menciono a su familia, y una parte de mí se sintió mal, prácticamente la
estaba alejando de su familia, pero la otra parte de mí, la egoísta, no la
quería dejar ir por nada del mundo.
¡Maldición!
Tenía miedo, sí, tengo que admitirlo tengo miedo de
que se alejara de mí, teme ya no volverla a ver, y si su familia la alejaba de
mi lado, si ella se olvidaba de mí apenas viera a su familia. ¿Qué haría yo?
¿Dejarla ir o inventarle cualquier excusa con tal de que se quede conmigo? Pero
¿qué podría inventarle ahora? Primero le dije que no se podía ir porque la veía
mal, luego le dije que si se sentía bien aquí pues que se quedara, ¿pero ahora
que le digo?
Piensa,
Draco. Piensa,
me exigía mentalmente.
—¿De verdad te quieres ir?
¿Por qué le
pregunte eso?
—Sí —respondió asintiendo—. Pero te prometo que
volveré para visitarte. No me olvidaré de ti, Draco. Lo juro —tenía el
presentimiento de que me había leído la mente o había percibido mi miedo a
perderla.
—¿En serio volverás? —pregunté, acercándome a ella.
—Sí. Ya te lo dije, yo volveré, además podemos
estar en contacto cuando vayas a mi mundo o tal vez podríamos comunicarnos por
celular o por las redes sociales.
Pase mi mano por mis cabellos. Ya no podía hacer
nada para retenerla, no podría verla infeliz.
—Está bien, mañana te llevaré a tu casa —acepte
resignado.
—Eh… no, no es necesario que me lleves a mi casa
—de pronto Nessie parecía nerviosa. ¿Qué
le pasa?, me preguntaba—, me puedes dejar en el mismo lugar donde me
encontraste.
—¿Qué? No te dejaré cerca de ese bar, no sería
apropiado, te podría pasar algo al querer ir a tu casa —no definitivamente en
eso no iba a ceder.
—No me pasará nada, mi casa está cerca del bar
—insistió.
Negué con la cabeza.
—No me parece correcto, ni hablar, te llevaré a tu
casa —sentencié.
—Pero Draco…
—No, Nessie, no.
—En verdad me gustaría que me dejaras en ese lugar,
porque —me observó— ese sería nuestro lugar, el lugar donde nos conocimos, por
favor. Además tengo que pensar en algo para que mi castigo no sea tan largo.
Ese sería
nuestro lugar,
mi mente no se casaba de repetir esa frase.
Camine y senté en la cama junto con ella, y la tome
de las manos —sus manos eran tan cálidas, y me gustaba esa calidez— y ella se
estremeció, la miré a los ojos. Mentiría si dijera que no me perdí en esas
orbes chocolates.
—Está bien —mi boca fue más rápida que mis
pensamientos, pero vamos, ni siquiera podía pensar bien cuando tenía a Nessie
cerca—. Te dejaré en el lugar donde nos conocimos. No me gusta, pero lo haré.
Aunque si vas a tener problemas con tus padres… yo podría hablar con ellos para
que no te regañen —intenté convencerla.
—No —su melodiosa voz se elevó—, quiero decir que
me gustaría hablar a solas con ellos, si te ven a ti tal vez se podría armar un
problema, mi padre es muy celoso —susurró, pero logré escucharla—, pero si yo
hablo seriamente con mis padres, entenderán, lo sé.
Asentí.
—Regresaré, Draco —prometió—, ¿o acaso te estas
olvidando de que me enseñarás a volar en escoba?
—Cómo olvidarlo —sonreí levemente—, entonces es una
promesa.
—Sí, Draco es una promesa, esa será mi promesa de
que volveré.
—De acuerdo, Nessie, entonces mañana te llevaré al
lugar donde te encontré —solté sus manos y le acaricié el rostro, el cual se
encontraba incluso más cálido que sus manos. Sonrió—. Buenas noches, Nessie —le
di un beso en la mejilla.
—Buenas noches, Draco —susurró y volvió a sonreír,
luego de eso salí de su habitación y me dirigí a la mía.
Pero apenas salí de la habitación de Nessie sentí
como algo se rompía en mí. Era extraño esa sensación, nunca había sentido algo
parecido, pero dolía.
POV Renesmee
Ahora que la prometida de Draco regreso, lo mejor
era alejarme de él, y regresar con mi familia, ya era tiempo de regresar a
casa, los extraño mucho a cada uno de ellos. Apenas vea a Draco le comunicaré
mi decisión de regresar a mi casa.
Espero que no me regañen mucho mis padres, les dije
que me quedaría solo unos días más y ya llevo muchos…
El efluvio de los señores Malfoy me saco de mis
cavilaciones. Luego escuché que entraban en su habitación, de seguro decidieron
darles privacidad a su hijo y su prometida.
Tenía mucha curiosidad por escuchar lo que hablaban
Draco y Greengrass, pero no, no podía hacer eso, no podía aprovecharme de mis
sentidos desarrollados. Así que para distraerme de la conversación de la sala,
me puse a tararear la última melodía que compuso mi padre.
Y en eso estuve dedicada por varios minutos, cuando
de pronto escuche unos golpecitos en la puerta distrayéndome de la melodía.
—Adelante —dije, pero ya sabía quién era, había reconocido
su efluvio.
Era Draco, me sorprendí al verlo frente a mí, yo
pensaba que todavía estaba con su prometida, y hasta creí que la había dejado
sola, pero no fue así porque Draco me dijo que Greengrass ya se había ido, y lo
pude comprobar al no escuchar el latido de su corazón. Luego Draco se disculpó,
y no entiendo porque, ya que si se disculpaba por besarse con su novia, no
tenía por qué hacerlo, y así se lo hice saber, pero me dejo sorprendida cuando
me dijo que Greengrass no era su prometida, que lo había sido hace más de un
año, pero ya no.
Vaya, hasta las brujas son arrastradas, eso me hizo
recordar una vez que mi tío Emmett me dijo que había muchos tipos de mujeres,
entre ellas: las arrastradas, ofrecidas, posesivas, locas… Pero luego ya no me
pudo decir más porque mi papá le dio un golpe en la cabeza y le dedico una
mirada asesina.
Y después de que Draco me aclarara de que
Greengrass no es su prometida, me dijo que cumpliría con su palabra, y yo no
entendí de que me hablaba, hasta que me recordó que me enseñaría a volar en
escoba, y por supuesto me sonroje llena de vergüenza, ¿cómo se me había podido
olvidar que me enseñaría a volar? —«Eres una tonta, Renesmee. Una tonta», me
recriminé mentalmente—. Pero aun y la vergüenza que sentía, yo no tenía ánimos
para salir nuevamente, así que me disculpé con él y le invente que estaba
cansada; pero eso fue un error, porque se preocupó y pensó que me sentía mal
por la caída que tuve cuando atrape a Lorcan en mis brazos, y luego tropecé,
para variar. Le tuve que asegurar que no fue nada, y aproveche para decirle que
me regresaba a casa con mi familia. Y al instante Draco pensó que era por su ex
prometida, yo le dije que no, pero debo reconocer que si tuvo algo que ver, en
realidad mucho que ver, ya que verlos juntos me hacía sentirme rara.
Negué con la cabeza. Pero no iba a decirle lo que
pensaba, así que le dije que era porque extrañaba a mi familia, y era cierto,
los extrañaba mucho.
Y en ese momento mis nervios me jugaron una mala
pasada, porque ya no pude más con esta sensación extraña que me embargaba, y
sentí como mis ojos me picaban por derramar las lágrimas que estaba
conteniendo. Temía soltarme a llorar en cualquier momento, y más cuando vi a
Draco un poco afligido por mi decisión de regresar con mi familia.
Baje la mirada, no quería verlo de ese modo, me
dolía tanto como a él esta decisión, ya que yo también me sentía muy triste
porque me había acostumbrado a él, a su presencia, a su protección… Pero ya era
tiempo de volver con los míos.
Suspiré.
Me descolocó cuando Draco me dijo que me llevaría a
casa, yo no sabía que inventarle para hacerlo desistir de que no me llevara,
así que le dije que me dejara en el lugar donde me encontró, cerca del bar,
pero eso no le pareció bien, si hasta parecía alarmado, y dijo que podría ser
peligroso para mí. Si supiera que yo no soy tan frágil como él piensa, si
supiera que yo podría con cualquier humano que intentara hacerme algo, pero no
le podía decir eso, me tomaría por loca. Y por supuesto Draco siguió insistiendo
en dejarme en mi casa y hasta quería hablar con mis padres para que no me
regañaran, le dije que era mejor que yo hablara a solas con ellos, y volví a
insistir en que me dejara en el lugar donde me encontró, porque ese era nuestro lugar.
Nuestro lugar, repetí en mi mente, y un
calor embargo dentro de mí, específicamente en mi muy herido corazón, y fue
como si estuviera reparando lo dañado. Y la sensación aumento cuando él se
sentó junto a mí y me tomo de las manos y me miró a los ojos. Esos ojos que me
hacían sentir como en casa, me hacían sentir completa. Y me asuste porque eso
mismo sentía cuando estaba junto a Jacob y miraba sus ojos cafés.
No podía dejar de mirarlo a los ojos, esos hermosos
ojos grises que en esos momentos trasmitían tristeza. Y de un momento a otro el
acepto dejarme cerca al bar donde me encontró.
Suspiré aliviada.
He de confesar que me hubiera gustado que él me
llevara a casa de mi familia, pero no podía permitirlo, así que tuve que
mentirle aunque no me gustara, porque si le permitía que me llevara a casa, se
enteraría de nuestro secreto, estoy segura que lo descubriría al instante y
temo que me desprecie por eso. Por ser diferente y peligrosa.
Contuve un sollozo.
Había veces que quería contarle mi secreto, pero
luego desidia, todavía no era el momento adecuado, quizás cuando venga de
visita a su casa.
—De acuerdo, Nessie, entonces mañana te llevaré al
lugar donde te encontré —me soltó de las manos e increíblemente sentí un vacío
dentro de mí, pero lentamente me acarició el rostro, y mi corazón empezó a
latir mucho más rápido a un, que hasta creí que se me saldría del pecho—.
Buenas noches, Nessie —y beso mi mejilla.
—Buenas noches, Draco —susurré y sonreí, después de
eso salió de su habitación.
Me acosté en la cama y suspiré con pesar.
Me levante de la cama y entre al baño para darme
una ducha rápida y así quitarme todas esta tristeza que estaba sintiendo.
Veinte minutos después salí del baño ya con la pijama puesta, apague las
lámparas y me acosté en la cama.
—Está será la última noche que paso aquí, la última
vez que duermo en esta cama, en verdad lo voy a extrañar —susurré y luego cerré
los ojos.
***
Me levanté temprano, creo que serían como las seis
de la mañana, porque no escuché ninguna señal de que Draco y sus padres ya
estuvieran levantados.
Decir que dormí toda la noche, era una mentira, en
realidad no pude dormir, cada vez que cerraba los ojos tratando dormir, veía
Draco desolado por mi partida o cuando quería acercarme a él había alguien que
me lo impedía, y ese alguien era: Astoria Greengrass.
También pesaba mucho en mi familia, ahora que
recuerdo mi papá me dijo que tía Alice no podía ver muy bien a Draco, seguro se
debe a que él de otro mundo —suspiré—. ¿Qué voy hacer cuando tía Alice me
pregunte el motivo por el cual no puede ver a Draco?
¿Le diría la verdad o callaría? Pero si le digo la
verdad no creo que ellos les impresionen, total si nuestra especie existe,
porque no podrían existir los magos y su mundo mágico.
Ya luego decidiré que les digo.
Me levanté de la cama y me duche rápidamente, me
vestí con unos jeans pitillos, una blusa color blanco y una casaca negra, y por
último me calce unos zapatos de tacón color negro, me peine dejando que las
ondas de mi cabello cayeran en cascada por mi espalda. Cuando termine de vestirme
ya eran cerca de las siete, pero aun no quería bajar, así que camine hacia la
ventana y me quede allí parada observando el amplio y buen cuidado jardín, los
pavos reales caminaban tan elegantemente que me causaba gracia.
Cuando me di cuenta que ya eran las ocho, salí de
la habitación y apenas di unos pasos me encontré con Draco en el pasillo, él
también salía de su habitación.
—Buenos días, Draco —lo saludé.
—Buenos días, Nessie —respondió él, pero se le
notaba que tampoco había pasado una buena noche.
—¿Estás segura que quieres regresar a tu casa? —me
preguntó, pesando que cambiaría de parecer.
—Sí. Pero regresaré a visitarte.
—Bien, entonces después de desayunar te dejare en
el lugar donde te encontré —note que su semblante no estaba igual a otros días,
y no tenía que tener el don de mi tía Jasper para notarlo, ya que su sola
mirada lo decía todo.
Asentí, sin agregar nada.
Draco me tomó de la mano como de costumbre y yo
también como de costumbre puse mi mente en blanco. Pero está vez sentía que él
ejercía un poco más de fuerza alrededor de mi mano, como queriéndome tener lo
más cerca posible. Caminamos en silencio hasta el comedor.
—Buenos días, señores Malfoy —saludé educadamente a
los padres de Draco.
—Buenos días —contestó el señor Malfoy.
—¿Qué sucede? —preguntó la señora Malfoy, mientras
Draco me acercaba la silla para que me sentara.
—No entiendo de que hablas, madre —le contestó
Draco y me sorprendió que su voz sonara igual que siempre cuando hace un
momento hasta su voz era diferente.
—Los veo un poco serios a los dos —dijo la medre de
Draco.
—Cissy, no empieces por favor —susurró el señor
Malfoy, solo para que su esposa lo escuche, pero claro que yo también pude
escucharlo.
Kreacher apareció el desayuno interrumpiendo la
siguiente pregunta que iba a formular la señora Malfoy.
Cuando Kreacher desapareció, empezamos a desayunar,
y extrañamente todos estábamos callados.
—Te vas, ¿cierto? —dijo luego de unos minutos la
aristocrática mujer.
—¿Cómo? —me hice la tonta.
—Que regresas con tu familia —afirmó.
Draco la miró con seriedad y el señor Malfoy tenía
aun expresión que no pude descifrar, pero note que miraba de reojo a su hijo.
—Sí —contesté luego de respirar profundo.
—¿Cuándo regresas con tu familia? —esta vez me
cuestiono el padre de Draco.
—Hoy.
—¿Pero porque te vas? —me sorprendió la pregunta de
la señora Malfoy, ¿acaso no quería que me vaya de su casa? Me pareció que eso
fue lo que siempre quiso—. ¿Astoria influyo en tu decisión de irte?
—Madre —le advirtió Draco.
—No, por supuesto que Greengrass no influyo en mi
decisión de irme —hice una pausa, para callar a mí subconsciente que me llamaba
mentirosa—, es solo que extraño a mi familia.
Nadie dijo nada más, y volvimos a quedarnos en
silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos.
Minutos después terminamos de desayunar. Draco me
dijo que lo esperara un momento y se fue a la biblioteca con sus padres. He
hice todo lo posible por darles privacidad y no escuchar lo que decían.
—Ama —escuché la voz de Kreacher.
—Kreacher —sonreí al verlo—, yo no soy tu ama, yo
soy tu amiga —le corregí con amabilidad.
—¿Se va? —me preguntó y yo asentí—. Dejará solo al
amo Draco. ¿Por qué no se queda?
—Regresaré a visitarlo, Kreacher. Yo no puedo
quedarme toda una vida aquí, sino mis padres pensaran que me secuestraron, y ya
que tú sabes lo que somos —le susurré
esto último— debes de imaginar que mi familia me buscarían entre mar, cielo y
tierra hasta encontrarme, y estoy segura de que ellos lograrían enterarse de
donde estoy, y vendrían con ganas de matar al que fue capaz de retenerme, debo
de reconocer que pueden llegar a ser muy violentos cuando se trata de defender
a algún miembro de la familia.
—Está bien, am… —lo miré seria y el elfo
automáticamente se corrigió—, Renesmee. Entonces no te impediré que regreses con
tu familia, solo si prometes regresar.
—Lo prometo, Kreacher —levante mi mano derecha en
son de promesa—. Adiós, Kreacher, te extrañaré —le dije al pequeño y gruñón
elfo, el cual sonrió ligeramente, pero al instante despareció, yo me quede muy
confundida.
Pero luego entendí porque desapareció, Draco y sus
padres se acercaban a la sala —podía sentir sus efluvios—, donde yo me
encontraba.
—Renesmee —dijo el señor Malfoy apenas entro a su
sala.
—¿Sí, señor? —dije.
—Ahora que regresas con tu familia, está de más que
te recuerde que no le tienes que decir nada a nadie de lo que realmente somos,
¿no? —su voz era seria.
—No pensaba decir nada, señor.
—Es solo un recordatorio, niña, ya sabes, nada de
esto a nadie, y ni siquiera a tu familia —advirtió la señora Malfoy.
—Entiendo —respondí.
Note que la señora Malfoy no parecía creerme, ya
que me dedicaba una mirada de absoluta seriedad.
—Bueno, creo que es hora de irnos, Nessie —la voz
de Draco llamó mi atención, y aunque no lo miré escuché la tristeza en su voz.
Respiré profundo, y asentí.
—Sí, está bien —contesté—. Muchas gracias por todo,
señores Malfoy, y no se preocupen, no diré nada —me despedí de ellos dándole la
mano a cada uno.
El señor Malfoy tomo mi mano y le dio un ligero
apretón, su esposa dudo en darme la mano, pero al final lo hizo y puso cara de
preocupación.
—¿Estás con fiebre? —me preguntó, seguramente noto
que mi temperatura es más elevada que de la de los demás humanos.
Pase una mano por mi cabello.
—No, estoy perfectamente —le aseguré.
—Pero…
—Madre —le dijo Draco—. Ya nos tenemos que ir.
Suspiré aliviada.
—Adiós —me volví a despedir de los padres de Draco.
Draco me tomó del brazo y a los segundos sentí un
tirón en el ombligo, cerré los ojos por instinto y cuando los abrí estábamos en
una calle menos transitada; y un mareo hizo que me tambaleara, Draco me tomo de
cintura para estabilizarme —cielos, no creo poder acostumbrarme a esto de la
aparición nunca—, respiré profundo y lentamente me fui separando de mi amigo
rubio.
—¿Estás bien? —me preguntó Draco.
—Sí, solo me maree un poco.
Los grises ojos de Draco no se apartaban de mí, y
eso me hizo sentir muy expuesta parecía que podía ver a través de mi alma, si
es que la tengo.
—¿Qué harás ahora? —me preguntó.
Exhalé.
—Creo que tomaré un taxi.
Asintió.
—¿Estás segura de que no quieres que te lleve a tu
casa?
—Sí, estoy segura. —No tengo otra opción por el momento, me dije internamente—. Te
llamaré después de que hable con mi familia.
—Pero no sabes cuál es mi número telefónico.
Sonreí levemente.
—Es cierto. Pero recuerdas que me prestaste tu
celular para llamar a mi padre —él asintió—, pues tu número quedo registrado en
el celular de mi padre, así que si tengo tu número.
—De acuerdo.
¡Dios mío! Nunca he sido buena para las despedidas.
Caminamos lentamente hasta llegar a una cuadra del
bar.
—Adiós, Draco —me despedí de él, pero no me contuve
y lo abracé y él correspondí a mi abrazo.
Aspiré su olor, olía a perfume fino y menta.
—Adiós, Nessie —me susurró en mi oído.
—Te voy a extrañar —le susurré yo.
—Y yo a ti —volvió a susurrar.
Y cuando escuché que me iba a extrañar me entraron
muchas ganas de llorar, tuve que hacer un verdadero esfuerzo para no hacerlo
estando aun abrazada a él. Aspiré nuevamente su aroma y lentamente me fui
separando de él y lo miré a los ojos, no sé en qué momento Draco Malfoy, un
perfecto desconocido hace unas semanas se había vuelto en alguien muy especial
para mí, él era mi amigo, un buen amigo.
Un taxi para cerca de nosotros y de allí dentro
bajo un hombre de terno azul. Me aleje un paso de Draco y sonreí levemente; le
taxista para cuando le hice una seña, pero antes de subir al taxi volví a
abrazar a Draco y bese su mejilla, él hizo lo mismo.
—Adiós —susurré.
Subí al taxi y por la ventanilla le volví a decir a
adiós con la mano a Draco.
—¿A dónde quiere que la lleve, señorita? —me
preguntó el taxista.
—Siga derecho, yo le avisaré cuando tengo que
doblar hacia una esquina.
El taxista hizo lo que le dije, pero de pronto
freno y para en seco. Yo parpadeé un par de veces por la sorpresa.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Un auto se me abalanzo sobre mi auto.
Esa respuesta me pareció extraña, así que baje la
ventanilla, y ahí fue cuando lo vi, muy cerca del taxi había un Volvo azul
marino, y yo lo conocía —ese era el nuevo carro de mi padre, hace un año había
cambiado su preciado Volvo plateado por un Volvo azul marino. Era muy rápido,
me gustaba—, y de pronto el efluvio de mi padre llego a mí.
Espero que no
esté muy enojado,
pensé.
—Oh, lo siento, es el auto de mi hermano —le tuve que mentir al taxista—,
debo bajar… espéreme un momento, por favor, es que él me dará dinero para
pagarle.
El taxista sonrió.
—No me debe nada, señorita, apenas hemos recorrido
una cuadra, eso no es nada.
—Oh, muchas gracias. Que tenga un buen día, y lo
siento.
Baje del taxi y caminé hasta el Volvo de mi padre.
Cuando llegue a la puerta del copiloto, esta se abrió al instante.
—Papá —medio grité y lo abrace cuando subí al
Volvo.
—Nessie, princesa —papá me devolvió el abrazo y
beso mi coronilla.
—¿Cómo supiste donde estaba? —le pregunté.
—Alice —y eso contestó mi pregunta—. Ella te vio
aparecer sorpresivamente cerca al bar.
—Eh… yo… —titubeé al hablar.
Mi padre sonrió de la manera en que le gustaba a
mamá, pero luego frunció ligeramente el ceño.
—Menta —lo escuché susurrar—. Nos explicarás todo
cuando lleguemos a casa. Tu madre te extraño mucho, bueno, en realidad todos te
extrañamos —me contó. Sí, ya estaba en casa. Y luego de cerrar la puerta del
copiloto, y de asegurarse de que me abrochará bien el cinturón de seguridad,
arranco a una gran velocidad.
Tomo una ruta donde no pasaba muchos transeúntes.
La velocidad era increíble, un humano apenas podría haber visto algunos
borrones de árboles, pero yo los veía perfectamente. Adoro la velocidad, la
extrañaba tanto, cerré mis ojos para dejarme llevar por esa tan conocida
sensación, que ya casi la olvidaba.
En unos minutos ya estaba en mi casa de Londres, la
casa, la inmensa casa —me corregí— estaba al medio de un bosque, así como la
casa de Forks; muy bien escondida para que ningún humano pueda curiosear.
Apenas puse un pie en la casa, sentí unos delgados
y fríos brazos rodearme, esa era mi madre, lo sabía, ya que su efluvio penetro
en mis fosas nasales. Luego de ese gran abrazo, sentí que mis tías y mis tíos
también me abrazaban y me besaban la frente, lo mismo hicieron mis abuelos,
pero definitivamente el abrazo que logro sacarme el aire fue el abrazo del tío
oso.
Luego de que terminaran de saludarme, la tía Alice
se me acercó con una sonrisa que intuía era para sonsacarme cosas.
—Nessie —dijo y su voz de soprano hizo eco en mis
sensibles oídos.
—¿Sí, tía Alice? —le contesté inocentemente. Porque
ya sabía lo que me iba a preguntar, así que lo trataría de evitar lo más que
podía.
—¿Tú sabes la razón del por qué no te podía ver
cuando estabas con tu amigo Draco Malfoy? —me preguntó.
Y al instante todas las miradas de mi familia
recayeron sobre mí.
No supe que contestarle. Había prometido a los
padres de Draco no decir nada, pero…
POV Autora
En un lejano pueblo de Chile…
—¿Dónde demonios se pueden haber ido los Cullen?
—decía a la vez que caminaba de un lado a otro un chico como de unos veinte
años, de cabello negro recogido en una trenza, de un hermoso color de piel
marrón oscuro, ojos de un color del teca caliente, muy alto y corpulento—. Hace
unos días, cuando fui a Forks a visitarlos para ver a mi amada Renesmee, me di
cuenta de que su casa estaba abandonada, y parecía que llevaba más de un mes
así. Pero ¿dónde se pueden haber ido? ¿Dónde?
Se suponía que tendrían que está allí, en su casa
—se decía mentalmente el chico—. Ya me imaginaba a mi pobre Renesmee muy
deprimida por la muerte de ese chucho, y a toda su familia consolándola, pero
no, no estaban. ¿Estarían con el clan Denali? Tal vez, seguramente como
Renesmee está tan deprimida quisieron alejarla de Forks para que el recuerdo
del chucho no la haga sufrir. ¡Maldición! Pero y si no está con ellos…, tengo
que averiguarlo lo más pronto posible. Ya no aguanto estar más tiempo alejado
de ella. Renesmee es mi pareja ideal, por ley lo es, no solo porque es de mi
misma especie, sino porque desde que la vi la sentí mía; ella tiene que estar
conmigo. Renesmee, esa adorable y dulce criatura no le pertenecía al chucho,
por eso lo tuve que sacar de mi camino.
Por eso fue que creé a esos neófitos, para que
acabaran con el chucho y eso fue lo que hicieron —lo único malo fue que mis
neófitos fueron destruidos—. Estuve planeando durante mucho tiempo como
deshacerme del perro guardián que siempre paraba con Renesmee, nunca la dejaba
sola, donde ella iba, el chucho iba detrás de ella, y eso me enfurecía.
Averigüe cada una de las actividades de los
chuchos, esos chuchos lo único que hacían eran hacer guardia de noche para que
ningún vampiro que no perteneciera al clan Cullen o Denali se atrevieran a
entrar en sus tierras y lastimar a los humanos, que estúpidos son —el chico rió
al recordar—, ni cuenta se daban de que yo los vigilaba, y todo gracias a mi
don, que nunca les hice saber a los Cullen en ese par de visitas que les hice,
y del cual siempre me llevaba la sorpresa de que Renesmee estaba con los
chuchos —no sé cómo su familia se lo permitían—. Era pocos los momentos en que
podía platicar con ella, momentos que yo atesoraba… pero apenas el chucho de
Black aparecía, ella se disculpaba conmigo diciéndome que tenía que irse con él
porque ya habían quedado con la manada, y cada vez que escuchaba eso, yo hervía
de cólera, pero tenía que contenerme porque no quería que nadie descubriera lo
que me pasaba, y mucho menos la propia Renesmee.
En otras ocasiones estaba en casa de su abuelo, el
padre de Bella, ese hombre me tenía sin el más mínimo cuidado, solo era un
simple humano, un humano que podría convertirse en un bocadillo si empezaba a
pasar más tiempo con mi futura pareja.
¡Maldita sea!
Debo de controlarme, ni siquiera puedo recordar a Renesmee cerca de otras
personas porque me pone mal. Debo controlarme, debo controlarme, se repetía mentalmente el
chico.
Él adoraba su don porque era muy extraño y
poderoso, y gracias a él podía bloquear el don de Edward, sin que el mismísimo
Edward sospechara algo, también podía bloquear el don de Alice y el de Jasper;
por eso Jasper nunca pudo sentir ese sentimiento de posesividad y egoísmo que
él tenía hacia su sobrina.
El chico de trenza rió quedamente.
Luego de averiguar las actividades de los
Quileutes, se aseguró del día específico que los Cullen salían de caza, pero no
conto con que Renesmee no se fuera de caza con su familia, se sorprendió mucho
cuando la vio dando un paseo por la playa con Jacob. Quiso detener a sus
neófitos, pero no podía controlarlos a todos, ya era demasiado tarde, su
ejército de neófitos habían seguido a Renesmee y Jacob desde que estos estaban
en el bosque, y ellos iban a cumplir la orden que les dio su creador: acabar
con el chucho de Jacob Black.
Y así lo hicieron, pero su creador se enfureció
cuando uno de sus neófitos quiso atacar a su amada Renesmee y por eso el mismo
mato a aquel neófito; del resto se encargaron los Cullen y las manadas.
El chico seguía caminando desesperado.
—Tengo que ir hoy mismo con el clan Denali. Quizás
ellos sepan algo de los Cullen, o tal vez estén con ellos —murmuraba—. Ya está
decidido, hoy iré a darles una visita.
De pronto un conocido efluvio lleno sus fosas
nasales, y él hizo un gesto de molestia.
—Nahuel —lo llamó una mujer de estatura media,
cabellos largos y negros con las puntas algo rizadas, piel marrón oscuro y ojos
color borgoña—. Voy a ir de caza, ¿no quieres venir conmigo? —le preguntó.
—Sí, ya voy tía —le contestó él. Se acercó a ella y
segundos después ambos corrían en busca de su alimento.


siguela por lo que mas quieras, me encanta tu historia, me encanta esta extraña y alucinante pareja, nunca habia leido sobre ellos juntos, y me gusta
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