miércoles, 12 de abril de 2017

Mensajes


POV Renesmee
Corte la llamada porque al parecer Draco tenía mucho trabajo —suspiré—. Sí, en verdad yo también lo extrañaba, no mentía cuando se lo dije. Draco es un gran amigo.
Volví a suspirar.
—¿Y ese suspiro? ¿Por qué, querida sobrinita? —dijo mi tío Emmett, quien tenía una gran sonrisa en sus labios.
—No te importa, además ¿por qué me espías cuando estoy hablando por teléfono? —le reclamé.
—No tenía nada que hacer —se encogió de hombros—. Así que me dije, Emmett ya que regreso tu sobrina, el pequeño monstruo del lago Ness, porque no vas a molestarla un poco.
Lo miré seria y él rompió a reír. Pero su risa era tan agradable que me contagio a mí también, ya extrañaba su manera de ser del tío oso.
—Te extrañe, tío oso, extrañe tus bromas todos estos días fuera de casa —lo abracé, y él correspondió a mi abrazo, aunque con un poco más de fuerza que la necesaria.
—Por supuesto que tenía que extrañarme, puesto que yo soy tu tío favorito, no como el aburrido de Jasper —susurró en mi oído, para luego soltar una risita.
—Te escuche, Emmett —dijo mi tío Jazz desde la sala de estar.
Como toda respuesta mi tío volvió a reír.
Tío Emmett y yo caminamos hacia la sala de estar, donde estaba el tío Jasper viendo un partido de beisbol en la televisión. Nos sentamos en el sofá, quedando yo al medio de ambos. Tía Alice y tía Rosalie estaban sentadas en el otro sofá, tía Alice tenía su laptop sobre sus piernas e intercambiaban ideas sobre moda. Escuchaba a la abuelita Esme en el jardín, seguramente estaba arreglándolo, no lo entendía el jardín estaba hermoso, no necesitaba más arreglos.
—¿Y mis papás? —pregunté al no verlos ni sentir su presencia por ningún lado.
—Se fueron de caza —contestó mi tío Jazz.
—No me invitaron a ir con ellos —susurré decepcionada.
—Como te iban a invitar, sobrinita, si eso de ir de caza solo era un pretexto para no tener que decir que se iban a tener sexo salvaje —miré a mi tío Emmett para comprobar si lo que me estaba diciendo era una de sus clásicas bromas, lamentablemente comprobé que lo que me dijo era cierto.
—¡EMMETT! —lo regañaron tía Rosalie y tía Alice, mientras que el tío Jazz lo miraba entre divertido y serio.
Sentía mis mejillas calientes, espero no haberme sonrojado, pero de solo imaginar a mis padres teniendo… ¡Ay! Ni siquiera podía mencionar esa palabra.
Escuché la risa de mi tío Emmett, lo miré para ver de qué se reía. Error. Me estaba viendo a mí, cuando noto que lo observe se empezó a reír más.
—Estás tan sonrojada —dijo entre risas.
—Emmett, no molestes a la niña —volvió a regañar tía Rose.
—Y eso que no te he dicho lo que… —interrumpí a mi tío oso.
—Ya no me digas más nada, por favor. Con lo que has dicho ya tengo suficiente información hasta dentro de un siglo.
Me levanté del sofá y camine hasta la ventana, desde ahí podía ver todo el jardín y a mi abuelita sembrando nuevos rosales, me vio y me sonrió, yo le devolví la sonrisa.
—¿Y el abuelito Carlisle? —pregunté luego de estar un rato observando el jardín.
—Consiguió un puesto como médico en el hospital del centro —contestó tía Alice.
Asentí.
A paso humano subí las escaleras, sentía las miradas de mis tíos sobre mí, pero yo seguí adelante. Entre a mi habitación, y me acosté en mi cama, cerré los ojos. Pero los abrí al instante al ver en mi mente a Jacob sonriéndome.
—Jacob —susurré.
A una velocidad que para un humano hubiera sido imposible llevar a cabo, me levanté de mi cama y no pare hasta estar frente a mi gran closet.
Abrí las puertas y busque entre los cajones mis álbumes de fotos.
Nada. No había nada ahí, ningún álbum.
Hice memoria. Y luego comprendí todo, cuando salí de Forks, yo parecía ser más una zombi que una semi-vampira normal.
Ni siquiera recuerdo bien cómo fue que aborde el avión y luego llegue hasta la nueva casa aquí en Londres.
De seguro que mi madre decidió dejar todo lo que me recordara a Jake para que no sufra. Pero eso no sirvió porque aunque no tenga esos álbumes conmigo aún tengo mis recuerdos.
Toc, toc.
Unos ligeros golpes en la puerta me distrajo de mis cavilaciones.
—Pase —dije.
Por la puerta entraron mis dos tías.
—Nessie —dijo mi tía Rose maternamente.
—¿Te encuentras bien? —preguntó tía Alice.
—Sí. ¿Por qué?
—Jasper percibió un poco de tristeza de tu parte —contestó tía Alice.
Camine hacia la ventana de mi habitación y miré los alrededores.
—Solo recordaba a… Jacob —confesé.
Sentí una mano helada sobre mi hombro. Era tía Rosalie.
—Ya no se puede hacer nada por él, cielo —hizo una pausa—. Lo mejor será dejarlo ir.
El tono de voz de mi tía Rose era suave, sabía que aunque a ella nunca le pareció bien que Jacob sea tan cercano a mí, a ella no le alegraba su muerte, es más hasta podría decir que siente agradecida con él por haberme salvado la vida.
—No es fácil. Saben que tan solo unos minutos antes de que los neófitos aparecieran, Jacob me había confesado que yo era su impronta.
—Edward comento algo al respecto —dijo tía Alice.
Nos quedamos en silencio. Solo sentía las miradas insistentes de mis tías sobre mí.
—Vamos, Nessie, anímate un poco —mi tía Rosalie fue la primera en romper el silencio—, porque mejor no nos cuentas como es ese mundo de tu amigo.
Sonreí.
Caminé hasta mi cama y me senté en ella.
—Le prometí a Draco que no le contaría a nadie su secreto.
—Pero no los has hecho, fue Carlisle quien dedujo con que personas estabas y luego tú solo confirmaste todo lo que él conto —alegó mi tía la vidente.
—Pero…
—Estamos muy interesadas en saber sobre ese mundo, ¿cierto, Rose?
Mi tía Rose asintió.
Lo pensé por unos minutos.
—De acuerdo —dije, así que puse mis manos sobre sus mejillas de cada una, por lo menos así no estaría rompiendo del todo la promesa que le hice a Draco, porque básicamente no estoy contando sobre su mundo, solo lo estoy mostrando, y eso no es lo mismo que contar.
Mis tías se sorprendieron mucho —al igual que yo lo hice en su momento— cuando les mostré el recuerdo cuando fui al Callejón Diagon, también les mostré el recuerdo cuando Draco me llevo a la casa de su amigo Blaise, se enteraron cuando impedí que Lorcan tuviera un accidente, luego cuando regresamos nuevamente a casa de Draco y llego Greengrass y lo besó de una manera hambrienta, y al recordar ese besó, casi me hace mostrarles a mis tías cuando Draco casi me da mi primer beso, lo bueno es que rápidamente quite mis manos de sus mejillas.
—Vaya —dijo tía Alice—, es increíble.
—Sí, es increíble. Pero de lo que también me pude dar cuenta es que ese Draco Malfoy es muy guapo —comentó tía Rose, y mi tía Alice asintió.
—Lo que me intriga es cómo fue que te enteraste de que eran magos —dijo tía Alice con curiosidad.
—Fue una casualidad. Vi a su amigo desaparecer por la chimenea y luego de todo un alboroto el papá de Draco me dijo lo que eran.
Mis tías asintieron.
—¿Y ellos saben lo que eres? —preguntó tía Rosalie con cautela.
Negué con la cabeza.
—No tuve el valor para contarles mi secreto —confesé.
—¿Por qué? ¿Acaso tienes miedo de que te rechacen? —ahora preguntó tía Alice.
—La verdad, creo que sí, hay un poco de eso —admití.
—Pues serían unos tontos —dijo tía Rosalie—, si tú eres la niña más hermosa y buena que he conocido.
Le sonreí. Mi tía me quería como si fuera su hija, era obvio que pensara maravillas de mí, pero estoy segura que las demás personas pensarían todo lo contrario. Los demás no comprenderían mi especie, y mucho menos a mi familia.
Suspiré.
Luego de eso, mis tías me contaron que todos me buscaron porque estaban muy preocupados por mi desaparición, y no ayuda el hecho de que tía Alice no pudiera verme en sus visiones.
Ya me imagino, pobre de toda mi familia, lo bueno fue que por lo menos me pude comunicar con papá y decirle que no se preocuparan por mí, porque estaba bien.
Seguimos platicando hasta que escuche la voz de mi madre en la cocina, que me llamaba para cenar.
Miré por la ventana y me di cuenta que ya estaba oscuro, que rápido se habían pasado las horas platicando con mis tías. Las tres bajamos a velocidad humana.

***

Luego de que cenara unos hot cakes que papá había preparado. Me dirigí a la sala, ahí pude ver a mis abuelitos sentados juntos, estaban abrazados mientras miraban las noticias, tío Jasper estaba también en la sala, pero él estaba leyendo un viejo libro, tía Alice estaba junto a mi tío jugueteando con su rubio cabello, tío Emmett y tía Rosalie habían salido a pasear por el bosque. Mis padres estaban en el otro sofá sonriéndose como en complicidad.
Camine hasta a ellos y luego me senté sobre las piernas de papá.
Mis padres me sonrieron.
—Se demoraron —les dije.
—Lo sentimos —contestó mamá.
—Ya no importa —dije quitándole importancia. Puesto que me gustaba que mis padres se amen tanto.
—¿Cómo estuvo tu tarde? —preguntó mamá.
—Bien —contesté para no preocuparlos, aunque en realidad me había sentido un poco triste cuando recordé a mi lobito.
—¿Te comunicaste con Malfoy? —preguntó papá, un poco serio.
—Sí. Es que le prometí a Draco que lo llamaría para decirle que llegue bien a casa. Solo eso.
—No me agrada del todo ese hombre —comentó mi padre.
Escuché una queda sonrisa. Volteé para ver quien se reía. Tío Jasper tenía una sonrisita en los labios, me miró y su sonrisa se agrando. Yo también sonreí.
—Te caerá bien. Es un buen chico —defendí a mi rubio amigo.
—Permíteme dudarlo —dijo papá.
Sí, estaba en casa, todo volvía a ser como antes, papá sobre protector siempre estaba presente.
Apoyé la cabeza en el pecho de mi padre y él me abrazo, besó mi cabeza y yo cerré los ojos. Poco a poco todos los sonidos se me hacían muy lejanos, escuchaba la voz del narrador de noticias de la televisión como distorsionado.
Un sonidito me hizo abrir los ojos, todo estaba oscuro, parpadeé varias veces y pude acostumbrarme a la oscuridad. Estaba en mi habitación.
¿Cómo llegué aquí?, me pregunté. Pero luego recordé que me había quedado dormida en el regazo de mi padre, seguramente él me cargo y me trajo hasta aquí, porque ahora estaba en pijama —seguramente mi mamá se encargó de cambiarme— y acostada sobre mi suave cama.
Encendí la luz de la lámpara de mi velador. Y aun costado de la lámpara estaba mi celular, que tenía levemente la luz encendida.
Tomé mi celular y había un mensaje de… ¿Draco?
Miré bien. Y si, efectivamente era un mensaje de Draco.
“Siento no haber podido seguir conversando contigo en la tarde”, decía el mensaje de Draco.

POV Nahuel
—Hola, Kate, ¿puedo pasar? —le pregunté fingiendo amabilidad, y ella asintió aun sorprendida.
Se hizo a un lado para darme paso.
—Hola, Tanya —saludé a la otra vampira rubia, que se encontraba sentada en el sofá crema.
—¿Nahuel? —dijo sorprendida—. No nos veíamos desde hace 7 años… cuando los Vulturis…
—Quisieron acabar con la vida de Renesmee —completé y ella asintió.
Tanya hizo un ademan con la mano invitándome a sentarme en el sofá frente al suyo, así lo hice, y Kate se sentó junto a su hermana.
—Y bien, Nahuel, eres bienvenido…, pero puedo saber que te trae por aquí —dijo Kate.
—Eh, gracias. Y bueno, yo viene porque quería saber sobre los Cullen.
—¿Sobre la familia de Carlisle? —preguntó Tanya.
Por supuesto, sobre la familia de Carlisle. ¿Qué acaso era estúpida, o es que conocía a otra familia de vampiros que se apellidaban Cullen?, pensé.
—Sí. ¿Saben algo de ellos?
—Pues lo último que supimos es que seguían en Forks. ¿Por qué, acaso ya no se encuentras ahí? —preguntó Kate.
Maldita sea, si ellos se encontraran todavía en Forks, entonces no habría venido hasta aquí para recibir respuestas estúpidas, me dije mentalmente.
—No, ya no están en Forks, hace unos días fui a su casa, pero está vacía. Tenía la esperanza de que ustedes sabrían su paradero, como son algo así como familia —le contesté con el tono más educado que pude.
—Oh, lo sentimos mucho, Nahuel, pero solo hace unos días nosotros acabamos de regresar de Brasil —dijo Tanya.
¡Demonios!, este no es mí día de suerte. Y lo peor de todo es que no hay ninguna pista del efluvio de los Cullen en los alrededores de Forks, ¿Dónde podrán estar?
—¿Los necesitabas para algún asunto en especial? —preguntó Tanya.
—En realidad, solo quería saludarlos —sonreí.
—Bueno, si solo es porque querías saludarlos, entonces podrías esperar hasta que ellos regresen del lugar en donde están —dijo Kate.
Estúpida.
—Kate —la regañó Tanya—, no seas grosera. Mira, Nahuel, tal vez podría comunicarme con ellos —asentí—, los llamaré a sus teléfonos.
Tanya cogió su teléfono móvil y a una gran velocidad marco los números, se llevó el móvil a la oreja y espero.
Un minuto, dos minutos, esto me estaba desesperando.
—No responde. Parece que Edward tiene el celular apagado. Llamaré a Carlisle —avisó.
Y paso lo mismo que con el móvil de Edward.
—Tal vez cambiaron de número —sugirió Kate.
—Tal vez… —repitió Tanya pensativamente—, lo siento mucho, Nahuel, pero no responden, podría intentarlo luego. Porque no te quedas, hasta que vuelva a intentar comunicarme con ellos, de seguro que están de caza y por eso no responden.
—Claro —respondí con amabilidad. Pero pasar el día con estas intento de vampiresas iba hacer de lo más desesperante—. ¿Y Carmen, Eleazar y Garret? —pregunté por educación, más no por interés, por mí que a esos se los trague la tierra.
—Están de caza, nosotras íbamos a alcanzarlo ahora, no quieres venir con nosotros, Nahuel —me ofreció Tanya, ella parecía más amable que la idiota de que Kate.
—Sí, me encantaría —esto es lo peor, tener que cazar animales, en vez de humanos, ¿Qué acaso ellos no se enteran de que son vampiros?
Mierda, se me había olvidado que los Cullen tienen la misma dieta que los Denali. Pero eso cambiara cuando los encuentre y tome lo que me pertenece —y lo que me pertenece es Renesmee—. Me la llevaré lejos, y ella aprenderá a comportarse y alimentarse como un verdadero vampiro, y si su familia la quiere tenerla cerca, entonces ellos también tendrán que cambiar su dieta y su manera de pensar, esa será la única forma de que permita que estén cerca de mi Renesmee, y sino pues entonces que se olviden de ella.
He esperado mucho por ella, y ya es hora de que sea mía para siempre, por eso quiete al estúpido perro de Black de mi camino, y así también quitaré a su familia, si es necesario, o ha cualquier otro que intente interponerse entre ella y yo.

POV Draco
Llegue a casa como a eso de las 9 de la noche
Suspiré.
Hubiera tenido un día más o menos bueno, si no hubiera sido por la molesta visita de Astoria. Lo bueno es que la llamada —muy oportuna— de Nessie me hizo deshacerme de Astoria rápidamente.
Nessie, la extrañaba tanto, porque permití que se aleje de mi lado. Hubiera inventado algún pretexto para retenerla un tiempo más conmigo, pero como nunca, no se me ocurrió nada coherente para retenerla. Y además, tampoco me hubiera gustado tenerla junto a mí, estando ella incomoda y extrañando a su familia.
Escuché un plop.
—Amo —Kreacher había aparecido y hacia una reverencia.
Miré al elfo, e hice una indicación para que hable.
—Tiene visita, amo.
—¿Quién? —pregunté.
—La señorita Astoria Greengrass.
¡Maldición! ¿Qué acaso esa mujer no entiende que su presencia me molesta?
—¿Dónde está?
—En la sala, amo.
—Bien —asentí—. Vete —le ordené al elfo y este desapareció.
Caminé hasta llegar a la sala, y ahí la vi, estaba sonriendo, y sentada en el sofá como dueña y señora. Eso me molesto.
—¿Qué haces aquí, Astoria?
Ella puso cara de ofendida, pero luego volvió a sonreír.
—Vine, porque ya que no pude conversar contigo en tu oficina, entonces decidí venir a tu casa a esperarte —cruzó las piernas.
Respiré profundo. Tenía que quitarme a esta molesta mujer de encima.
—No puedo hablar contigo ahora. Estoy cansado, así que espero que entiendas.
—¿Cansado? —preguntó—. Vamos, Draco, la podríamos pasar bien, y más ahora de que esa tonta niña se fue —sonrió con coquetería, pero ahora su sonrisa me molestaba en sobremanera.
—¿Quién te dijo que Nessie se fue? —pregunté.
—Me lo dijo tu madre.
¡Maldición! Madre no debió decirle nada, pensé.
—Así que, qué te parece si aprovechamos la noche para divertirnos, como lo hacíamos antes —se levantó lentamente del sofá y caminó hacia mí, pero yo me aleje.
—Astoria, te lo voy a decir educadamente, una sola vez, y espero que captes el mensaje: No quiero nada contigo, lo nuestro termino hace más de un año, no te quiero, es más creo que nunca te quise de la manera que esperabas. Entiende la pasábamos bien, pero nada más.
—¡NO! ¡NO! TÚ ME QUIERES, DRACO. YO SE QUE TÚ ME QUIERES, ES SOLO QUE  TODAVÍA ESTÁS ENOJADO CONMIGO PORQUE NO TE DABA TU ESPACIO —gritó, y parecía verdaderamente demente.
Me preguntó que me pasaba por la cabeza cuando pensé en la idea de casarme con ella. Hubiera cometido el peor error de mi vida.
—TODA LA CULPA LA TIENE ESA ESTÚPIDA NIÑA, ¿VERDAD? —Astoria volvió a gritar sacándome de mis pensamientos.
—No le digas estúpida a Nessie y menos la culpes por algo de lo que es inocente —le aclaré—. Y ahora te pido de la manera más amable que salgas de esta casa, no me obligues a tomar otras medidas, Astoria —la amenacé.
—Algún día te vas a arrepentir de tratarme así, Draco. Ya verás que llegara el día en que tú volverás a mí y me pedidas que me case contigo. Tan solo espera ese día —y luego de decir todas esas estupideces, se fue.
Suspiré.
Esa mujer me sacaba de quicio. Y algún día la iba a terminar matando.
Subí a mi habitación, y me acosté en mi cama, cerré los ojos, y como de costumbre, desde que la conocí, ella aparece en mi mente.
Me sonreía, su cabello cobrizo y ondeado brillaba a la luz del sol, al igual que sus ojos chocolates, sus labios color cereza y su piel, tenía un cierto brillo que la hacía ver más hermosa aun de lo que ya era, creo que hasta era más bella que un ángel, era como una diosa del Olimpo.
Eso era, Nessie era una diosa, hermosa, y… iba a ser mía.
Abrí los ojos, me senté en mi cama, y metí una mano a mi bolsillo, saque el teléfono móvil y escribí el mensaje que le enviaría.
“Siento no haber podido seguir conversando contigo en la tarde”. Presioné el botón enviar.
Pasaron unos minutos y me teléfono sonó, era la respuesta de mi Nessie.
“No te preocupes, Draco, sé que tienes que trabajar, no puedes estar siempre a mi disposición”, decía el mensaje.
“Tú eres mucho más importante que cualquier otra cosa”, le escribí de regreso.
“Vaya. Me siento alagada, y me has hecho que me sonrojé”.
Sonreí al imaginármela sonrojada. Sus mejillas se tiñen de un hermoso color rojo, y eso que a mí no me gusta ese color, pero en ella se ve adorable.
“Me gustaría verte en este momento que tan sonrojada te has puesto”, envié el mensaje.
“Para burlarte de mí. Oh, eso no sería muy educado.”, el mensaje de Nessie no tardo ni un minuto en llegar, eso me dejo sorprendido.
Es rápida, me dije.
Luego que salí de mi asombro, le respondí.
“No sería para burlarme, sino para maravillarme, porque te vez adorable sonrojada”.
“Eh, tío Emmett no piensa lo mismo que tú, es más en ese momento soy el objeto de sus bromas”.
Ese Emmett, parece ser como los gemelos Weasley en su época de Hogwarts, y no me gustaba mucho en realidad.
“Nessie, no te castigaron, ¿verdad?”, decidí cambiar de tema, porque en el saber que no había sido castigada me daba más posibilidades de que le dieran permiso a Nessie para que vuelva junto a mí.
“No, no me castigaron, mi familia estaba más felices de tenerme junto a ellos nuevamente que no me castigaron, aunque claro no dejaron de interrogarme”.
¿Interrogarla? ¿Qué trataba de decirme?
“¿Qué les dijiste? ¿Acaso contaste algo sobre mi mundo?”, era urgente que preguntara eso.
“No, claro que no. Te prometí que no diría nada, y lo he cumplido”, su mensaje volvió a llegar con rapidez.
“Lo siento, no quise desconfiar de ti”, respondí.
“Es lógico, no te preocupes”, nuevamente el mensaje llego al instante que yo le envié el mío.
Esta vez no pude evitar no comentárselo.
“Vaya, eres muy rápida escribiendo mensajes”.
“Eh, sí. Tengo práctica, ya sabes en mi mundo la tecnología es primordial”, respondió.
Tenía razón, en cambio en el mundo mágico apenas algunos magos usaban la tecnología muggle, mientras que su mundo es muy normal.
Miré la hora en mi reloj y me di cuenta de que ya pasaba la una, tal vez Nessie ya estaría con sueño.
“Lo siento, Nessie, no me di cuenta de lo tarde que era y yo enviándote mensajes. Te dejo dormir. Buenas noches.”, escribí el mensaje y lo envié.
“No importa, no me molestas, pero en algo tienes razón, ya es tarde y al parecer mis padres ya se dieron cuenta de que aún sigo despierta. Buenas noches, Draco, mañana seguíamos conversando”.
Ese fue el último mensaje de esa noche, me había controlado un poco mi ansiedad de no tenerla junto a mí, pero no era suficiente.
La extrañaba tanto.
Suspiré.       
—Renesmee. Nessie, te gusta que te llamen así, aunque ese sea el nombre de un monstruo. ¡Por Merlín! ¿Qué me has hecho, Nessie Cullen? —suspiré de nuevo tratando de encontrar una respuesta coherente—. Te necesito junto a mí. No soporto tenerte lejos.
Pero ¿cómo hacer para que regreses a mí, ahora que estas con tu familia?
Me acosté en mi cama y cuando cerré los ojos el rostro de Nessie apareció de nuevo, sonreí y me deje llevar a los brazos de Morfeo, con el precioso rostro de mi diosa en mi mente.


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