martes, 11 de abril de 2017

Yo conocí a un mago

Phineas Nigellus Black

POV Renesmee
—¿Tú sabes la razón del por qué no te podía ver cuando estabas con tu amigo Draco Malfoy? —me preguntó.
Y al instante todas las miradas de mi familia recayeron sobre mí.
No supe que contestarle. Había prometido a los padres de Draco no decir nada, pero…
—¿Por qué no puedo leer tus pensamientos, Nessie? —preguntó mi padre de repente, y tenía levemente el ceño fruncido—. ¿Qué estás ocultando?
—No oculto nada, papá —mentí.
—¿Entonces por qué ocultas tus pensamientos? —replicó mi padre.
—Renesmee, ¿qué pasa? —preguntó mi madre ahora.
—Un momento —demando tía Alice—, yo primero quiero saber, ¿por qué no te podía ver cuando estabas con Malfoy?
—Es que… —negué con la cabeza—, yo prometí no decir nada. Lo siento —susurré.
—Pero nosotros somos tus padres —alegó mamá un poco ofendida—, somos tu familia, Renesmee.
—¿Acaso ese tal Draco Malfoy es un… lobo? —preguntó mi tío Emmett sorprendiendo a todos.
La tristeza me invadió al escuchar sobre los lobos, porque lo primero que me vino a la mente fue Jake.
—No, no es un lobo —dijo mi padre muy seguro de su respuesta—, cuando Bella y yo fuimos a su casa, no percibí ningún olor a lobo, así que esa opción está descartada.
—Tal vez un semi-vampiro —tanteó mi tía Rose.
—Yo lo hubiera visto, Rose, no tan claramente, pero lo hubiera visto —dijo tía Alice—. Aunque tal vez si tuviera un don como el de Bella…
—¿Un escudo? —preguntó mi madre.
—Los dones no se repiten —habló por primera vez mi tío Jasper. Todo este rato se había mantenido callado, sopesando las opciones.
Los que también estaban callados eran mis abuelos, ellos solo prestaban atención a lo que decían mis tíos y mis padres.
—Si no es un lobo, ni un vampiro y un semi-vampiro… ¿entonces qué es? —divago mi madre.
Negué con la cabeza, no había tenido tiempo a pensar lo que iba a decir cuando me preguntaran por Draco, y a decir verdad, no sé qué inventar. Yo no soy buena para estas cosas.
—Por supuesto que no es nada de eso, mamá —susurré—, lo único que les puedo decir es que Draco es humano.
Papá asintió.
—Aunque su efluvio no era como el de un humano común —cuando mi padre menciono ese detalle, recordé cuando quise atacarlo y con mucho autocontrol me contuve. Rápidamente borre ese recuerdo de mi mente porque no quería que mi padre se enterara de lo que estuve a punto de hacer por descuido al no alimentarme a tiempo—, su olor era mucho más atrayente —agregó.
Por supuesto que lo era, al parecer la sangre de los magos es más atrayente para nuestra especie. Pero no puedo, no puedo decirles la verdad, porque si no estaría traicionando a Draco y a sus padre.
Mi padre me miró directamente.
—Si nos dices la verdad, nosotros no se la diremos a nadie, Renesmee —dijo mi padre, que de seguro había leído mi mente—. Solo queremos saber con qué clase de seres has estado… tal vez podrían ser peligrosos.
—No son peligrosos, papá —defendí a los Malfoy.
—No podemos estar completamente seguros de eso, Nessie, ¿tienes que entenderlo? —insistió papá.
Suspiré, de todas formas me terminarían sacando la verdad, tarde o temprano lo harían, así que, para que esperar más tiempo.
Lo siento, Draco, dije mentalmente.
—Yo sé qué clase de seres son, Edward, o por lo menos creo saberlo —dijo mi abuelo con voz serena, llamando la atención de todos.
Las miradas de mi familia estaban posadas en mi abuelo, y sin duda la mía era la más insistente. ¿En verdad mi abuelito sabía lo que era Draco y sus padres?
Papá se quedó quieto un momento, hasta se le había olvidado mover los hombros fingiendo respirar, luego su ceño se frunció.
—¿Qué? ¡No es posible! —exclamó papá.

POV Carlisle
—Yo sé qué clase de seres son, Edward, o por lo menos creo saberlo —dije luego de recordar que hace más de un siglo conocí a un ser especial.
Edward me leyó la mente.
—¿Qué? ¡No es posible! —exclamó Edward, sin poder creer lo que vio en mi mente.
—Sí, Edward —asentí—, esos seres existen, al parecer siempre han existido, pero están en un mundo paralelo al nuestro.
—¿Por qué nunca nos dijiste nada acerca de estos seres? —me reclamó Edward.
—No lo sé. Ya que después de ese momento nunca más supe de una persona como esa.
—Detesto cuando empiezan a comunicarse de esa manera, nosotros no nos enteramos de nada —dijo Emmett, refunfuñando un poco.
—¿Qué sucede? ¿De qué seres hablan? —preguntó Alice.
—Carlisle cree que las personas que han estado conviviendo con Nessie tienen la misma capacidad que tenía un hombre que conoció hace más de un siglo —respondió Edward.
—¿De qué clase de «capacidad» te refieres, Edward? —preguntó Bella.
Me volví para ver a mi nieta, la cual estaba muy atenta a lo que decíamos. Entonces puede ese hombre, Draco Malfoy, si sea un mago.
—Magia —dijo Edward. Y apenas Edward termino de hablar, Emmett soltó una gran carcajada, pero al notar que nadie reía junto con él y sobre todo ver que Nessie empalideció se calló al instante.
—¿Magia? ¿De qué rayos hablar, Edward? —dijo Emmett entre incrédulo y serio.
—¡Emmett! —lo regañó Rosalie al escucharlo hablar de un modo nada adecuado enfrente de Nessie, y aunque mi nieta había escuchado muchas veces decir groserías y lanzar maldiciones a diestra y siniestra a su tío, para la todos ella aun no debería saber sobre estas palabras.
—Que al hombre que conoció Carlisle era un mago, Emmett —contestó seriamente Edward.
—¿Un mago? Puedes explicarnos eso, Carlisle —pidió Jasper.
Yo asentí.
—Yo conocí a un mago —hice una pausa para ver las expresiones de cada uno de los integrantes de mi familia—. Dos años antes de que yo transformara a Edward, yo salía del hospital donde trabajaba y…

Flashback
Cuando salí del hospital me sorprendí que ya hubiera anochecido, había pasado tantas horas metido en el hospital porque había habido un terrible accidente y se requería de mucho personal para poder atender a todos los heridos, y yo me ofrecí como voluntario —de todas maneras nadie me esperaba en mi casa—; y solo salía a la cafetería a fingir que comía o tomaba un café o sino empezarían a sospechar que había algo raro en mí.
Y esa noche no fue normal para mí, porque luego de haber caminado una cuadra a paso humano, vi en un callejón un halo de luz blanca, y luego allí apareció un  hombre mayor, como de unos cincuenta y tantos años, se mantuvo de pie unos minutos y después cayó de rodillas al suelo, yo no lo pensé dos veces y corrí hacia él cuidando que nadie me vea, cuando llegue a su lado le puse una mano en el hombro. El hombre levanto la cabeza de golpe y me observó.
—¿Puedo ayudarlo en algo? —le pregunté, aunque no me hizo falta escuchar su respuesta porque desde que lo vi aparecer en el callejón percibí un olor a sangre, pero el olor de su sangre tenía un olor distinto al de los otros humanos a los quien curaba.
—No, gracias, no necesito su ayuda —susurró, pero su voz a pesar de ser entrecortada también era dura.
Quite mi mano de su hombro y él trato de ponerse nuevamente de pie, pero fallo porque volvió a caer de rodillas.
—Yo creo que si necesita mi ayuda —insistí.
—Un muggle nunca podría ayudarme —susurró, pero yo lo escuche perfectamente.
Me quede pensando en cómo me había llamado «muggle». ¿Qué significa esa palabra?, me preguntaba.
—Podría intentarlo —apenas terminé de hablar, el hombre se desplomo por completo en el suelo.
Así que no lo pensé y lo cargue, él apenas sintió que lo tome en brazos abrió los ojos sorprendido, pero al instante los cerró. Yo corrí por una calle que no era muy transitada hasta llegar a mi casa.
Apenas llegue a casa, lo acosté en una camilla provisional que tenía, él estaba inconsciente, así que le quité una especie de túnica y le abrí la camisa ensangrentada, y empecé a hacerle la curación en la herida que tenía en el abdomen. Era una herida rara, no parecía hecha con algún cuchillo o alguna arma de fuego y menos parecía ser una herida de algún accidente, sus heridas eran como quemaduras, pero tampoco parecía quemado con fuego, quizás su herida parecía asemejarse como a una explosión o algo así.
También pude darme cuenta de que sus heridas eran muy profundas, cuando moje el algodón con alcohol para limpiarle la herida, él despertó con el ardor.
—¿Dónde estoy? —preguntó confundido mirando toda la sala.
—En mi casa —le respondí sin dejar de limpiarle la herida—, te traje aquí porque pensé que quizás no querías ir a un hospital.
—Debo irme —dijo sin prestar atención a mis palabras.
—Esperé, recién estoy empezando a curar sus heridas —lo detuve—, están muy profundas y se le infectaran rápido.
—No, gracias —me sorprendió el tono tan petulante que uso a pesar de estar tan herido—, pero no me puedo quedar. Además no creo que puedas hacer nada por mí.
—Por lo menos déjeme terminar de limpiar la herida y le ofrezco que pase la noche aquí, ya mañana si quiere, se puede ir, pero por lo m…
—No, debo irme ahora —trató de pararse, pero soltó un quejido de dolor.
—Lo mejor será que se quede —le insistí.
No podía dejarlo irse en ese estado tan lamentable en que se encontraba.
—No, debo irme ahora —repitió.
—De acuerdo —ya no tenía caso insistirle más, era muy obstinado—, pero por lo menos déjeme llevarlo a su casa.
Y así de mal como estaba sonrió con arrogancia.
—¿Y cómo me piensas llevar a mi casa? —me preguntó con sarcasmo, y yo no entendí su preguntó, ni mucho menos su tono de voz—, ¿acaso me piensas cargar nuevamente y salir corriendo a una velocidad impresionante?
Yo lo miré desconcertado, cuando lo cargue y salí corriendo pensé que él estaba inconsciente. Nunca imagine que había podido sentir la velocidad con la que corrí.
—¿Te diste cuenta de la velocidad con la que corrí? —le pregunté. Aunque ya sabía cuál sería su respuesta.
—Sí —hizo una pausa antes de volver a hablar—. Tú no eres normal, ¿qué clase de hombre podría correr así como lo hiciste tú? —hablo cansadamente a la vez que se ponía una mano sobre la herida.
—Yo podría decir lo mismo de ti. Tú tampoco eres normal, o ¿qué clase de hombre tendría la capacidad de aparecer con halo de luz así como lo hiciste tú? Y no trates de negarlo porque yo no he negado nada de lo que has dicho. Además de que yo sé perfectamente bien lo que vi en ese callejón.
Trato de sonreír, pero solo le salió un gesto.
—No eres un muggle común, eres amable conmigo y eso que yo no me he comportado adecuadamente, eres inteligente, tienes una buena vista… y eres valiente, no cualquiera me habla de la forma en que tú lo has hecho —hizo una pausa para respirar—, hubieras sido un perfecto Gryffindor, muchacho. Ah, y otra cosa más, tienes las manos muy heladas, tienes la temperatura de un hielo y la dureza de tu piel es como la dureza de una roca.
Lo último que dijo me dejo pensativo.
—Ah, tal vez sientes mis manos heladas porque estas con fiebre —trate de convencerlo, ya que no estaba preparado para su apreciación.
—No me tomes por estúpido, porque no lo soy. Sé que hay algo raro en ti, algo que ocultas… igual que yo —susurró lo último.
—Sí, en eso tienes razón, pero ya que sabemos que los dos ocultamos un secreto, me podrías dejar que te curé.
—Eres obstinado, muchacho —sonreí, él también era obstinado—. Está bien, dejaré que me trates de curar, pero antes me tienes que decir lo que eres —me ordenó y eso causo que volviera a sonreír.
—Una persona —contesté.
—Me refiero a lo que eres realmente —dijo con el semblante sombrío de dolor.
—Porque no lo adivinas mientras te voy curando —le propuse y él asintió.
Le empecé a curar otra vez, la herida era grande y profunda. Cuando le volví a echar alcohol para desinfectar la herida, se quejó.
—¿Qué cosa me echas? Hace que me queme y me arda la herida.
—Solo es alcohol, y sirve para desinfectar las heridas —le expliqué porque parecía que no sabía su uso, era como si nunca hubiera usado el alcohol en su vida.
—¿Y ya adivinaste lo que soy? —pregunté después de unos minutos.
—No. Pero déjame pensarlo, eres muy rápido, fuerte, inteligente, tu piel es dura y helada, tienes una buena audición, eres pálido… —sonreí al escuchar sus deducciones—, y… —se quedó pensativo.
En ese momento que él se quedó en silencio, yo seguí curándolo, hasta que volvió a hablar.
—Eres… eres un… vampiro —deje de curarlo al instante que dijo lo que era—. Sí, eres un vampiro —dijo mucho más seguro, pero estaba vez pude ver que se puso alerta—. No creí una especie de la tuya existiera en este mundo.
No entendí cuando dijo «en este mundo», pero lo deje pasar por el momento.
—Pues si existimos —afirmé.
—Entonces, ¿beberás mi sangre? —preguntó y recién en ese momento su poses arrogantes se desvanecieron.
—No. Yo no bebo sangre humana, solo sangre animal.
Mi respuesta lo desconcertó.
—Si eres un vampiro, entonces… ¿cómo puedes soportar el olor a mi sangre?
—Estoy muy controlado, no me afecta el olor de tu sangre. Es como un don, por eso es que puedo trabajar como médico.
—Asombroso, no existen seres como tú en donde yo vivo.
Asentí.
—Ahora es mi turno. ¿Qué eres tú? —le pregunté.
—Te lo diré de frente —metió su mano en el bolsillo de su pantalón y saco una especie de vara—, esto es una varita mágica —me confirmo lo que pensaba que era—, soy un mago.
—¿Un mago? —pregunté.
—Sí.
—Yo tampoco creí que los seres como tú existieran, pero es obvio, ahora entiendo porque apareciste así de la nada.
Él asintió lentamente.
—Sí, ahora los dos ya sabemos el secreto del otro, pero hasta ahora yo no sé tu nombre ni tú el mío.
—Cierto. Soy Carlisle Cullen —me presenté.
—Phineas Nigellus Black —se presentó él.
—Mencionaste que no había seres como dónde vives, así que mi pregunta es: ¿Dónde vives?
Ya casi le estaba terminando de poner una crema cicatrizante, esperaba que al menos le hiciera algo en su herida.
—Yo vivo en el Mundo Mágico, es un mundo muy distinto al tuyo —contestó haciendo un gesto de dolor.
—Interesante —afirmé—. ¿Y cómo fue que te lastimaste de este modo? —pregunté.
Frunció el ceño.
—Estaba en una lucha con un viejo enemigo, y antes de que yo pudiera lanzarle la maldición asesina, la escoria lanzo un hechizo de magia negra que me causo estas heridas… yo pensaba aparecerme en mi casa, pero me equivoque al momento de aparecerme, es que estaba muy débil.
Fin del Flashback

—Eso es tan raro, nunca creí que los magos existieran —comentó Emmett.
—Existimos nosotros, Emmett, ¿por qué los magos no existirían? —le dijo Rosalie.
—Sí, pero no por eso deja de ser raro —dijo Alice.
—Pero no nos has dicho, qué paso luego de que curaste a ese mago —me preguntó Emmett.
—Nada, regresó a su mundo al siguiente día, y ya no volví a saber nada de Phineas Nigellus Black —contesté—. Simplemente desapareció.
Bella asintió.
—Pero a todo esto, Renesmee ¿estuviste conviviendo con… magos? —le preguntó Bella a Nessie.
—Eh… yo… —Nessie titubeó al hablar.
—¿Sí o no, Nessie? —la presionó Alice, demasiado ansiosa por saber si era cierto mis suposiciones.

POV Renesmee
—¿Sí o no, Nessie? —me preguntó tía Alice.
Respiré profundo. Ya no podía seguir mintiendo. Pero ¿los estaría traicionando? Aunque prácticamente no sería una traición, ya que el abuelito Carlisle ya sabía de la existencia de los magos, solo que no nos lo había dicho, y ahora yo solo tenía que confirmarles lo que sospechaban.
Levante la cabeza y observe a cada miembro de mi familia, primero a mis padres, los abuelos y finalmente a mis tíos.
—Sí —asentí—, los Malfoy son una familia de magos —susurré, aunque sabía que mi familia me había podido escuchar perfectamente casi como si lo hubiera gritado a todo pulmón.
—Fascinante —dijo tío Emmett y una sonrisa se le formo en sus labios.
—Estuviste viviendo en su mundo, ¿verdad? —preguntó mamá entre preocupada y enojada.
Asentí.
—Eso es —dijo de pronto tía Alice dando saltitos y aplaudiendo con emoción—, es por eso que no te podía ver, Nessie. Tal vez sería que como tú estaba viviendo en su mundo había un campo de magia que te protegía de mi visión.
Volví a asentir.
—¿No trataron de lastimarte con sus hechizos? —preguntó mi papá dudoso.
—No, por supuesto que no, papá, ellos son muy buenas personas. Aunque…
—¿Aunque? —preguntó mi mamá.
—Él desapareció por allí —dije señalando la chimenea.
—¿Pero qué dices, niña? Eso no es posible —dijo la madre de Draco, observándome como si hubiera perdido la razón.
—Draco —dijo el señor Malfoy con seriedad.
Me acerque a los Malfoy con pasos cautelosos y observé a cada uno de ellos, todos estaban serios. De pronto sentí a Draco cerca de mí, me tomo del brazo y vi que saco algo del bolsillo de su pantalón, enseguida me apunto con esa especie de vara a la cabeza.
—Lo siento —lo escuché susurrar, lo observé con sorpresa, y luego—: Obliviate.
Cerré los ojos apenas escuche que pronuncio esa palabra tan extraña, y después de eso me desmaye.
—¡Te hechizaron! —dijo mi padre muy enojado—. ¿Cómo se atrevió a hacerte eso Malfoy?
Oh, cielos, no debí recordar eso.
—De todas maneras me hubiera enterado —dijo mi padre volviendo a leer mi mente. Sí, ya me había olvidado de la sensación de que te lean la mente todo el tiempo. Y aunque parezca raro, extrañe esa sensación.
—No, no fue así —trate de defender la acción de Draco al hechizarme a toda mi familia que esperaba mi respuesta—. Bueno, Draco si me hechizo, pero solo lo hizo para que no descubriera su secreto. No fue tan malo —agregué.
—Oh, ¿y estás bien, cariño? —me preguntó mi abuelita pasando su delgado y helado brazo por mis hombros.
—Sí, abuelita, estoy bien, no me paso nada, porque sus poderes son inmunes conmigo.
—¿Qué? ¿Cómo que eres inmune? —preguntó mi tío Jasper, tan sorprendido como el resto de la familia.
—No sé porque soy inmune, pero estuve pensando que tal vez se deba a mi condición de híbrida.
—¡Eso es genial! —exclamó tío Emmett, estaba feliz por mi inmunidad ante los poderes de Draco—. Seguramente todos nosotros también somos inmunes a sus poderes. ¿Sabes algo de eso, Carlisle? —le preguntó a mi abuelito.
—En realidad, Emmett, yo nunca le pedí una demostración de su poder a Phineas, y mucho menos que lo usara en mí —respondió serenamente mi abuelito.
Tío Emmett hizo un gesto infantil. Sonreí, pero mi sonrisa se borró al notar aun la seriedad de mi padre y de mi madre.
—Bueno —dije llamando la atención de mi familia—, yo quisiera irme a dormir un rato, estoy un poco cansada.
Y era cierto, me había entrado muchas ganas de dormir.
—Claro, anda, cariño —dijo mi tía Rose mientras me acariciaba el cabello.
Vi que los demás integrantes de mi familia solo asentían.
—Renesmee en un rato voy a subir a tu habitación —me avisó mamá.
—Está bien, mamá —respondí, y luego a velocidad humana subí a mi habitación.
Cuando entre en mi habitación, me di cuenta que todo estaba tal cual lo había dejado hace unas semanas, cuando salí corriendo desesperada del encierro y prisionera del dolor.
Observe cada detalle de mi habitación. Estas paredes estaban pintadas de un suave color crema, un poco más amplia a mi habitación de Forks, pero definitivamente la habitación que tenía en la casa de Draco era mucho más amplia que esta, pero estaba pintada de rosa igual que mi habitación de mi antigua casa.
—Draco —susurré.
¿Cómo estarás ahora?, me pregunté mentalmente.
Suspiré.
Me tire en mi cama y me envolví con las cobijas, pero cuando estaba a punto de cerrar mis ojos, escuché la voz preocupada de mi padre en la sala.
—Jasper, ¿Nessie aún sigue deprimida? —le preguntó mi padre a mi tío Jazz.
Mi padre no menciono su nombre —cosa que mi lastimado corazón le agradeció silenciosamente—, pero eso no evito que me acordará de él. Jake. Sentí tristeza al no tenerlo a mi lado. Lo único que me quedaba de Jake, eran las fotos que compartimos juntos y la pulsera que me había regalado en mi primera Navidad que pase —antes de que los Vulturis vinieran con intensión de asesinarme—. Ahora recién lo entiendo, esa pulsera significaba su compromiso hacia mí por ser su impronta, un compromiso de estar juntos toda la eternidad, y se hubiera cumplido si no se hubieran aparecido esos neófitos, esos malditos neófitos que vinieron solo a destruir mis ilusiones de un futuro con mi lobito.
—Sigue deprimida, Edward, pero ahora ya puedo controlarla, ya puedo darle paz. Parece que haber estado unas semanas lejos le hizo bien —contestó el tío Jasper.
Ya no quise seguir escuchando su conversación, así que cerré mis ojos. A los segundos escuché que la puerta de mi habitación se abría y se cerraba. Luego sentí que alguien se sentaba a un costado de mi cama y unos labios helados depositaba un beso en mí frente.
Sin necesidad de abrir los ojos supe quién era.
—Mamá —susurré.
—Hola, mi pequeña. Me alegro de que hayas regresado, te extrañe tanto —dijo acariciándome el rostro. En ese momento yo abrí mis ojos y me encontré con los hermosos ojos dorados de mi madre.
Le sonreí y ella me sonrió también.
—Yo también te extrañe, mami —le respondí.
—Me voy a poner celoso —escuché la voz de mi padre a mi lado, no me había percatado de que él también estaba dentro de mi habitación. Pero, ¿cuándo entro?, me pregunté—. Acabo de llegar —respondió a la pregunta que me hice mentalmente.
Papá se sentó al otro lado de mi cama, beso mi frente igual que mamá y me dedico una de sus sonrisas torcidas que tanto le gustan a mamá.
—También te extrañe a ti, papá. Los extrañe a todos —admití.
—Me alegra que ya estés mejor —dijo mi madre de repente. Yo asentí, ya sabía al tema que se refería.
Sonreí levemente.
—Sí, esa es una buena noticia —papá estuvo de acuerdo.
Los tres nos quedamos callados, pero no era un silencio incomodo, ese silencio para nosotros era natural, a veces no había necesidad de hablar para demostrarnos que nos queríamos, tan solo se sentía. Y estar así, los tres juntos me hacía recordar cuando yo era más pequeña.
—Los dejaré solos un momento —dijo mamá de pronto. Me dio un beso en la frente y salió de mi habitación en un parpadeo de ojos.
Papá me volvió a sonreír, me acarició el rostro y me abrazo, yo volví a cerrar mis ojos y me acurruque en su pecho, y ese olor tan delicioso y característico de papá me volvió hacer recordar cuando era pequeña y él venía a mi habitación, se acostaba a un lado de mi cama, me envolvía en sus brazos y me leía un cuento antes de dormir o simplemente me tarareaba algunas de sus melodías.
Y así lo hizo otra vez, papá empezó a tararearme una melodía que compuso para mí, me acomodé mejor en su pétreo pecho, que me resulto muy cómodo y sin darme cuenta me quede dormida, escuchando el nana que tarareaba.

POV Draco
Ya había pasado dos días, dos días eternos desde que Nessie se había ido de mi casa, y no sabía nada de ella. Y eso me preocupaba en sobre manera. Temía que no hubiera podido llegar a su casa, o quizás volvió a escapar.
¡Maldición! Me iba a volver loco al no saber nada de Nessie.
La extraño y la necesito. La necesito tanto como nunca esperé extrañar a alguien —no eso es muy poco aun—. La necesito tanto como el aire para respirar. ¿Estará bien? ¿Por qué no se comunica conmigo? ¿Acaso tan pronto se habrá olvidado de mí?, me preguntaba constantemente.
Estos dos días sin verla he estado quedándome a trabajar hasta tarde para no pensar mucho en ella, pero no ha dado resultado y más si a cada momento miraba ese dichoso aparato muggle que llevaba conmigo —aunque en mi mundo este aparato no era necesario, lo llevaba conmigo a todas partes con la esperanza de recibir una llamada de ella—. Espera con ansias su llamada y poder escuchar su dulce voz melodiosa. Pero hasta ahora no ha llamado. Y eso me ponía ansioso.
Respiré profundo, tratando de tranquilizarme.
Aunque tal vez sus padres la hayan castigado por quedarse tanto tiempo en mi mundo, y lo peor de todo es que le hice caso de dejarla cerca al bar en vez de llevarla a su casa y hablar seriamente con sus padres para que así no le pusieran ningún castigo.
—Señor —la voz de mi secretaria me saco de mis pensamientos.
—¿Qué pasa, April? —le pregunté.
—Es la señorita Greengrass —dijo April con rostro compungido—, está afuera e insiste en querer pasar a verlo, señor Malfoy.
—No, April, dile que no puedo atenderla ahora —le ordené a mi secretaria.
—Eso fue lo que le dije, señor, pero la señorita insiste en que quiere…
April no pudo terminar su frase porque la puerta se abrió de golpe y por ella entro Astoria, empujando a mi secretaria.
—¡Draco! —gritó—. Deberías cambiar de secretaria, como se atreve a impedirme el paso a tu oficina. ¿Qué acaso no le has dicho que yo soy tu prometida?
April se puso pálida al escuchar a la loca de Astoria decir que es mi «prometida».
—Yo no lo sabía, señor Malfoy. Disculpe mi imprudencia —se excusó April temerosa de que la despida.
—No importa, April. Déjanos solos —April salió de mi oficina dejándome con la arpía de Astoria.
La miré con el ceño fruncido.
—Astoria, en primera, yo no soy tu prometido, entiéndelo de una vez. Y en segunda, no puedes pasar a mi oficina sin mi permiso, no vez que estoy trabajando.
¡Merlín! Esa mujer me irritaba, en serio, no sé en que estuve pensando en cuando me metí con ella.
—Oh, vamos, Draco, amor —se acercó a mí melosamente y trato de abrazarme, pero yo fui más rápido que ella y me zafe antes de que llegara a ponerme un solo dedo encima.
—Astoria, te lo voy a decir amablemente, has el favor de irte de mi oficina porque estoy trabajando.
—Pero…
De pronto mi celular sonó interrumpiendo a Astoria —respiré aliviado, no me importa quién sea el que llame, responderé solo para quitarme a esta maldita mujer de encima—. Observé la pantalla, era un número desconocido. Al instante una luz de esperanza me lleno por dentro, tal vez la que me llamaba fuera Nessie.
—Astoria, podrías dejarme solo, es un asunto importante de las empresas en el mundo muggle —le mentí.
Astoria se fue enojada, dio un portazo al salir. No me importo. Presioné el botón verde para contestar.
—Hola —dije.
Draco —esa voz de soprano, me era muy familiar.
—¿Nessie? —respondí sin evitar que una sonrisa se me formara en los labios.
Sí, soy yo, Draco. Siento no haberme podido comunicar contigo el mismo día que llegue a mi casa, pero es que mi familia no me dejo ni un minuto sola —la escuché reír.
—No te preocupes, Nessie. Pero dime, ¿cómo estás? ¿Estás feliz de reencontrarte con tu familia? —le pregunté.
Estoy bien, y sí, estoy muy feliz de estar nuevamente con mi familia, ya los extrañaba —esa respuesta me hizo sentir como un cretino con ella por mantenerla separara de su familia cuando estaba en Malfoy Manor.
—Me alegra que estés bien —le dije sinceramente.
¿Y cómo has estado tú, Draco? —me preguntó.
Extrañándote hasta el desespero.
—Bien, pero extrañándote mucho, la casa se siente muy sola sin tu presencia.
Espero poder irte a visitar pronto, yo también te extraño mucho —«yo también te extraño mucho», escuché que alguien repetía muy cerca de ella y luego soltaba una risa—, tío Emmett no molestes —susurró, pero yo logré escucharla— o le diré a papá que me estás molestando —lo amenazó, pero su tío volvió a reír—. Oh, lo siento tanto, Draco, pero es mi tío que le gusta escuchar conversaciones ajenas, ya te había dicho que es muy infantil.
 —Sí, no te preocupes, comprendo.
Pero como te decía, mientras no pueda ir a visitarte, podemos conversar mediante las redes sociales y mandarnos mensajes por celular.
Le iba a contestar, pero April entro a mi oficina sin llamar, aún estaba pálida.
—Señor Malfoy, disculpe que lo interrumpa, pero el señor Jones lo está esperando —informó April, me enojo que me interrumpiera, había esperado tanto esta llamada para que al final tener que cortar. En estos momentos me daban ganas de mandar al demonio a Jones, sin importarme los negocios que podríamos tener.
Maldije internamente.
—Espérame un momento a que corte la llamada, April —separé mi celular de mi oreja para que Nessie no escuchara.
—Nessie, lo siento, pero tengo que colgar, mi secretaria me ha avisado de mi cita con un nuevo socio —le dije con pesar.
Oh, no te preocupes, Draco, comprendo. Tal vez en la noche te vuelva a llamar, o tú también puedes llamarme o mandarme un mensaje del celular del cual te estoy hablando, ya que este es mi número, así que puedes hablarme cuando quieras. Adiós —se despidió.
—Adiós, Nessie —colgué.
Suspiré.
—April, has pasar a Jones.
—Enseguida, señor.

POV Nahuel
Decidí dejar pasar un par de días para ir a ver al clan Denali, ya que ese mismo día que decidí ir a verlos me pareció muy apresurado y seguramente se me notaria lo angustiado que estaba por saber el paradero de los Cullen.
Así que recién hoy día me estoy dirigiendo hacia Alaska a la casa de los Denali. Ya me faltaba solo dos kilómetros para llegar. Me apresuré y corrí lo más rápido que pude y no pare hasta llegar a la puerta de su casa.
Apenas llegue, toque la puerta, no pasaron ni dos segundos y la puerta se abrió dejando ver a una hermosa mujer, no tan alta, rubia, de cabellos lacios, pálida y de ojos dorados, señal de que su dieta se basaba en cazar animales en vez de humanos.
Era Kate.
—Hola… ¿Nahuel? —dijo sorprendida de mi presencia.
Asentí.
—Sí, soy Nahuel.
Ella me observó detenidamente.
—Hola, Kate, ¿puedo pasar? —le pregunté fingiendo amabilidad, y ella asintió aun sorprendida.


4 comentarios:

  1. vaya, no puedo creer que Carlisle se haya conocido con Phineas Black, me super encanto

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