| Phineas Nigellus Black |
POV Renesmee
—¿Tú sabes la
razón del por qué no te podía ver cuando estabas con tu amigo Draco Malfoy? —me
preguntó.
Y al instante
todas las miradas de mi familia recayeron sobre mí.
No supe que
contestarle. Había prometido a los padres de Draco no decir nada, pero…
—¿Por qué no
puedo leer tus pensamientos, Nessie? —preguntó mi padre de repente, y tenía
levemente el ceño fruncido—. ¿Qué estás ocultando?
—No oculto nada,
papá —mentí.
—¿Entonces por
qué ocultas tus pensamientos? —replicó mi padre.
—Renesmee, ¿qué
pasa? —preguntó mi madre ahora.
—Un momento
—demando tía Alice—, yo primero quiero saber, ¿por qué no te podía ver cuando
estabas con Malfoy?
—Es que… —negué
con la cabeza—, yo prometí no decir nada. Lo siento —susurré.
—Pero nosotros
somos tus padres —alegó mamá un poco ofendida—, somos tu familia, Renesmee.
—¿Acaso ese tal
Draco Malfoy es un… lobo? —preguntó mi tío Emmett sorprendiendo a todos.
La tristeza me
invadió al escuchar sobre los lobos, porque lo primero que me vino a la mente
fue Jake.
—No, no es un
lobo —dijo mi padre muy seguro de su respuesta—, cuando Bella y yo fuimos a su
casa, no percibí ningún olor a lobo, así que esa opción está descartada.
—Tal vez un
semi-vampiro —tanteó mi tía Rose.
—Yo lo hubiera
visto, Rose, no tan claramente, pero lo hubiera visto —dijo tía Alice—. Aunque
tal vez si tuviera un don como el de Bella…
—¿Un escudo?
—preguntó mi madre.
—Los dones no se
repiten —habló por primera vez mi tío Jasper. Todo este rato se había mantenido
callado, sopesando las opciones.
Los que también
estaban callados eran mis abuelos, ellos solo prestaban atención a lo que
decían mis tíos y mis padres.
—Si no es un
lobo, ni un vampiro y un semi-vampiro… ¿entonces qué es? —divago mi madre.
Negué con la
cabeza, no había tenido tiempo a pensar lo que iba a decir cuando me
preguntaran por Draco, y a decir verdad, no sé qué inventar. Yo no soy buena
para estas cosas.
—Por supuesto
que no es nada de eso, mamá —susurré—, lo único que les puedo decir es que
Draco es humano.
Papá asintió.
—Aunque su
efluvio no era como el de un humano común —cuando mi padre menciono ese
detalle, recordé cuando quise atacarlo y con mucho autocontrol me contuve.
Rápidamente borre ese recuerdo de mi mente porque no quería que mi padre se
enterara de lo que estuve a punto de hacer por descuido al no alimentarme a
tiempo—, su olor era mucho más atrayente —agregó.
Por supuesto que
lo era, al parecer la sangre de los magos es más atrayente para nuestra
especie. Pero no puedo, no puedo decirles la verdad, porque si no estaría
traicionando a Draco y a sus padre.
Mi padre me miró
directamente.
—Si nos dices la
verdad, nosotros no se la diremos a nadie, Renesmee —dijo mi padre, que de
seguro había leído mi mente—. Solo queremos saber con qué clase de seres has
estado… tal vez podrían ser peligrosos.
—No son
peligrosos, papá —defendí a los Malfoy.
—No podemos
estar completamente seguros de eso, Nessie, ¿tienes que entenderlo? —insistió
papá.
Suspiré, de
todas formas me terminarían sacando la verdad, tarde o temprano lo harían, así
que, para que esperar más tiempo.
Lo siento, Draco, dije mentalmente.
—Yo sé qué clase
de seres son, Edward, o por lo menos creo saberlo —dijo mi abuelo con voz
serena, llamando la atención de todos.
Las miradas de
mi familia estaban posadas en mi abuelo, y sin duda la mía era la más
insistente. ¿En verdad mi abuelito sabía lo que era Draco y sus padres?
Papá se quedó
quieto un momento, hasta se le había olvidado mover los hombros fingiendo
respirar, luego su ceño se frunció.
—¿Qué? ¡No es
posible! —exclamó papá.
POV
Carlisle
—Yo sé qué clase
de seres son, Edward, o por lo menos creo saberlo —dije luego de recordar que
hace más de un siglo conocí a un ser especial.
Edward me leyó
la mente.
—¿Qué? ¡No es
posible! —exclamó Edward, sin poder creer lo que vio en mi mente.
—Sí, Edward
—asentí—, esos seres existen, al parecer siempre han existido, pero están en un
mundo paralelo al nuestro.
—¿Por qué nunca
nos dijiste nada acerca de estos seres? —me reclamó Edward.
—No lo sé. Ya
que después de ese momento nunca más supe de una persona como esa.
—Detesto cuando
empiezan a comunicarse de esa manera, nosotros no nos enteramos de nada —dijo
Emmett, refunfuñando un poco.
—¿Qué sucede?
¿De qué seres hablan? —preguntó Alice.
—Carlisle cree
que las personas que han estado conviviendo con Nessie tienen la misma
capacidad que tenía un hombre que conoció hace más de un siglo —respondió
Edward.
—¿De qué clase
de «capacidad» te refieres, Edward? —preguntó Bella.
Me volví para
ver a mi nieta, la cual estaba muy atenta a lo que decíamos. Entonces puede ese
hombre, Draco Malfoy, si sea un mago.
—Magia —dijo
Edward. Y apenas Edward termino de hablar, Emmett soltó una gran carcajada,
pero al notar que nadie reía junto con él y sobre todo ver que Nessie
empalideció se calló al instante.
—¿Magia? ¿De qué
rayos hablar, Edward? —dijo Emmett entre incrédulo y serio.
—¡Emmett! —lo
regañó Rosalie al escucharlo hablar de un modo nada adecuado enfrente de
Nessie, y aunque mi nieta había escuchado muchas veces decir groserías y lanzar
maldiciones a diestra y siniestra a su tío, para la todos ella aun no debería saber sobre estas palabras.
—Que al hombre
que conoció Carlisle era un mago, Emmett —contestó seriamente Edward.
—¿Un mago?
Puedes explicarnos eso, Carlisle —pidió Jasper.
Yo asentí.
—Yo conocí a un
mago —hice una pausa para ver las expresiones de cada uno de los integrantes de
mi familia—. Dos años antes de que yo transformara a Edward, yo salía del
hospital donde trabajaba y…
Flashback
Cuando salí del
hospital me sorprendí que ya hubiera anochecido, había pasado tantas horas
metido en el hospital porque había habido un terrible accidente y se requería
de mucho personal para poder atender a todos los heridos, y yo me ofrecí como
voluntario —de todas maneras nadie me esperaba en mi casa—; y solo salía a la
cafetería a fingir que comía o tomaba un café o sino empezarían a sospechar que
había algo raro en mí.
Y esa noche no
fue normal para mí, porque luego de haber caminado una cuadra a paso humano, vi
en un callejón un halo de luz blanca, y luego allí apareció un hombre mayor, como de unos cincuenta y tantos
años, se mantuvo de pie unos minutos y después cayó de rodillas al suelo, yo no
lo pensé dos veces y corrí hacia él cuidando que nadie me vea, cuando llegue a
su lado le puse una mano en el hombro. El hombre levanto la cabeza de golpe y
me observó.
—¿Puedo ayudarlo
en algo? —le pregunté, aunque no me hizo falta escuchar su respuesta porque
desde que lo vi aparecer en el callejón percibí un olor a sangre, pero el olor
de su sangre tenía un olor distinto al de los otros humanos a los quien curaba.
—No, gracias, no
necesito su ayuda —susurró, pero su voz a pesar de ser entrecortada también era
dura.
Quite mi mano de
su hombro y él trato de ponerse nuevamente de pie, pero fallo porque volvió a
caer de rodillas.
—Yo creo que si
necesita mi ayuda —insistí.
—Un muggle nunca podría ayudarme —susurró,
pero yo lo escuche perfectamente.
Me quede
pensando en cómo me había llamado «muggle». ¿Qué significa esa palabra?, me
preguntaba.
—Podría
intentarlo —apenas terminé de hablar, el hombre se desplomo por completo en el
suelo.
Así que no lo
pensé y lo cargue, él apenas sintió que lo tome en brazos abrió los ojos
sorprendido, pero al instante los cerró. Yo corrí por una calle que no era muy
transitada hasta llegar a mi casa.
Apenas llegue a
casa, lo acosté en una camilla provisional que tenía, él estaba inconsciente,
así que le quité una especie de túnica y le abrí la camisa ensangrentada, y
empecé a hacerle la curación en la herida que tenía en el abdomen. Era una
herida rara, no parecía hecha con algún cuchillo o alguna arma de fuego y menos
parecía ser una herida de algún accidente, sus heridas eran como quemaduras,
pero tampoco parecía quemado con fuego, quizás su herida parecía asemejarse
como a una explosión o algo así.
También pude
darme cuenta de que sus heridas eran muy profundas, cuando moje el algodón con
alcohol para limpiarle la herida, él despertó con el ardor.
—¿Dónde estoy?
—preguntó confundido mirando toda la sala.
—En mi casa —le
respondí sin dejar de limpiarle la herida—, te traje aquí porque pensé que
quizás no querías ir a un hospital.
—Debo irme —dijo
sin prestar atención a mis palabras.
—Esperé, recién
estoy empezando a curar sus heridas —lo detuve—, están muy profundas y se le
infectaran rápido.
—No, gracias —me
sorprendió el tono tan petulante que uso a pesar de estar tan herido—, pero no
me puedo quedar. Además no creo que tú
puedas hacer nada por mí.
—Por lo menos
déjeme terminar de limpiar la herida y le ofrezco que pase la noche aquí, ya
mañana si quiere, se puede ir, pero por lo m…
—No, debo irme
ahora —trató de pararse, pero soltó un quejido de dolor.
—Lo mejor será
que se quede —le insistí.
No podía dejarlo
irse en ese estado tan lamentable en que se encontraba.
—No, debo irme
ahora —repitió.
—De acuerdo —ya
no tenía caso insistirle más, era muy obstinado—, pero por lo menos déjeme
llevarlo a su casa.
Y así de mal
como estaba sonrió con arrogancia.
—¿Y cómo me
piensas llevar a mi casa? —me preguntó con sarcasmo, y yo no entendí su
preguntó, ni mucho menos su tono de voz—, ¿acaso me piensas cargar nuevamente y
salir corriendo a una velocidad impresionante?
Yo lo miré
desconcertado, cuando lo cargue y salí corriendo pensé que él estaba
inconsciente. Nunca imagine que había podido sentir la velocidad con la que
corrí.
—¿Te diste
cuenta de la velocidad con la que corrí? —le pregunté. Aunque ya sabía cuál
sería su respuesta.
—Sí —hizo una
pausa antes de volver a hablar—. Tú no eres normal, ¿qué clase de hombre podría
correr así como lo hiciste tú? —hablo cansadamente a la vez que se ponía una
mano sobre la herida.
—Yo podría decir
lo mismo de ti. Tú tampoco eres normal, o ¿qué clase de hombre tendría la
capacidad de aparecer con halo de luz así como lo hiciste tú? Y no trates de
negarlo porque yo no he negado nada de lo que has dicho. Además de que yo sé
perfectamente bien lo que vi en ese callejón.
Trato de
sonreír, pero solo le salió un gesto.
—No eres un
muggle común, eres amable conmigo y eso que yo no me he comportado
adecuadamente, eres inteligente, tienes una buena vista… y eres valiente, no
cualquiera me habla de la forma en que tú lo has hecho —hizo una pausa para
respirar—, hubieras sido un perfecto Gryffindor, muchacho. Ah, y otra cosa más,
tienes las manos muy heladas, tienes la temperatura de un hielo y la dureza de
tu piel es como la dureza de una roca.
Lo último que
dijo me dejo pensativo.
—Ah, tal vez
sientes mis manos heladas porque estas con fiebre —trate de convencerlo, ya que
no estaba preparado para su apreciación.
—No me tomes por
estúpido, porque no lo soy. Sé que hay algo raro en ti, algo que ocultas… igual
que yo —susurró lo último.
—Sí, en eso
tienes razón, pero ya que sabemos que los dos ocultamos un secreto, me podrías
dejar que te curé.
—Eres obstinado,
muchacho —sonreí, él también era obstinado—. Está bien, dejaré que me trates de
curar, pero antes me tienes que decir lo que eres —me ordenó y eso causo que
volviera a sonreír.
—Una persona
—contesté.
—Me refiero a lo
que eres realmente —dijo con el semblante sombrío de dolor.
—Porque no lo
adivinas mientras te voy curando —le propuse y él asintió.
Le empecé a
curar otra vez, la herida era grande y profunda. Cuando le volví a echar
alcohol para desinfectar la herida, se quejó.
—¿Qué cosa me
echas? Hace que me queme y me arda la herida.
—Solo es
alcohol, y sirve para desinfectar las heridas —le expliqué porque parecía que
no sabía su uso, era como si nunca hubiera usado el alcohol en su vida.
—¿Y ya
adivinaste lo que soy? —pregunté después de unos minutos.
—No. Pero déjame
pensarlo, eres muy rápido, fuerte, inteligente, tu piel es dura y helada,
tienes una buena audición, eres pálido… —sonreí al escuchar sus deducciones—,
y… —se quedó pensativo.
En ese momento
que él se quedó en silencio, yo seguí curándolo, hasta que volvió a hablar.
—Eres… eres un…
vampiro —deje de curarlo al instante que dijo lo que era—. Sí, eres un vampiro
—dijo mucho más seguro, pero estaba vez pude ver que se puso alerta—. No creí
una especie de la tuya existiera en este mundo.
No entendí
cuando dijo «en este mundo», pero lo deje pasar por el momento.
—Pues si
existimos —afirmé.
—Entonces,
¿beberás mi sangre? —preguntó y recién en ese momento su poses arrogantes se
desvanecieron.
—No. Yo no bebo
sangre humana, solo sangre animal.
Mi respuesta lo
desconcertó.
—Si eres un
vampiro, entonces… ¿cómo puedes soportar el olor a mi sangre?
—Estoy muy
controlado, no me afecta el olor de tu sangre. Es como un don, por eso es que
puedo trabajar como médico.
—Asombroso, no
existen seres como tú en donde yo vivo.
Asentí.
—Ahora es mi
turno. ¿Qué eres tú? —le pregunté.
—Te lo diré de
frente —metió su mano en el bolsillo de su pantalón y saco una especie de
vara—, esto es una varita mágica —me confirmo lo que pensaba que era—, soy un mago.
—¿Un mago?
—pregunté.
—Sí.
—Yo tampoco creí
que los seres como tú existieran, pero es obvio, ahora entiendo porque
apareciste así de la nada.
Él asintió
lentamente.
—Sí, ahora los
dos ya sabemos el secreto del otro, pero hasta ahora yo no sé tu nombre ni tú
el mío.
—Cierto. Soy
Carlisle Cullen —me presenté.
—Phineas
Nigellus Black —se presentó él.
—Mencionaste que
no había seres como dónde vives, así que mi pregunta es: ¿Dónde vives?
Ya casi le
estaba terminando de poner una crema cicatrizante, esperaba que al menos le
hiciera algo en su herida.
—Yo vivo en el
Mundo Mágico, es un mundo muy distinto al tuyo —contestó haciendo un gesto de
dolor.
—Interesante
—afirmé—. ¿Y cómo fue que te lastimaste de este modo? —pregunté.
Frunció el ceño.
—Estaba en una lucha
con un viejo enemigo, y antes de que yo pudiera lanzarle la maldición asesina,
la escoria lanzo un hechizo de magia negra que me causo estas heridas… yo
pensaba aparecerme en mi casa, pero me equivoque al momento de aparecerme, es
que estaba muy débil.
Fin
del Flashback
—Eso es tan
raro, nunca creí que los magos existieran —comentó Emmett.
—Existimos
nosotros, Emmett, ¿por qué los magos no existirían? —le dijo Rosalie.
—Sí, pero no por
eso deja de ser raro —dijo Alice.
—Pero no nos has
dicho, qué paso luego de que curaste a ese mago —me preguntó Emmett.
—Nada, regresó a
su mundo al siguiente día, y ya no volví a saber nada de Phineas Nigellus Black
—contesté—. Simplemente desapareció.
Bella asintió.
—Pero a todo
esto, Renesmee ¿estuviste conviviendo con… magos? —le preguntó Bella a Nessie.
—Eh… yo… —Nessie
titubeó al hablar.
—¿Sí o no,
Nessie? —la presionó Alice, demasiado ansiosa por saber si era cierto mis
suposiciones.
POV
Renesmee
—¿Sí o no,
Nessie? —me preguntó tía Alice.
Respiré
profundo. Ya no podía seguir mintiendo. Pero ¿los estaría traicionando? Aunque
prácticamente no sería una traición, ya que el abuelito Carlisle ya sabía de la
existencia de los magos, solo que no nos lo había dicho, y ahora yo solo tenía
que confirmarles lo que sospechaban.
Levante la
cabeza y observe a cada miembro de mi familia, primero a mis padres, los
abuelos y finalmente a mis tíos.
—Sí —asentí—,
los Malfoy son una familia de magos —susurré, aunque sabía que mi familia me
había podido escuchar perfectamente casi como si lo hubiera gritado a todo
pulmón.
—Fascinante
—dijo tío Emmett y una sonrisa se le formo en sus labios.
—Estuviste
viviendo en su mundo, ¿verdad? —preguntó mamá entre preocupada y enojada.
Asentí.
—Eso es —dijo de
pronto tía Alice dando saltitos y aplaudiendo con emoción—, es por eso que no
te podía ver, Nessie. Tal vez sería que como tú estaba viviendo en su mundo
había un campo de magia que te protegía de mi visión.
Volví a asentir.
—¿No trataron de
lastimarte con sus hechizos? —preguntó mi papá dudoso.
—No, por
supuesto que no, papá, ellos son muy buenas personas. Aunque…
—¿Aunque?
—preguntó mi mamá.
—Él desapareció por allí —dije señalando la
chimenea.
—¿Pero qué dices, niña? Eso no es posible —dijo la
madre de Draco, observándome como si hubiera perdido la razón.
—Draco —dijo el señor Malfoy con seriedad.
Me acerque a los Malfoy con pasos cautelosos y
observé a cada uno de ellos, todos estaban serios. De pronto sentí a Draco
cerca de mí, me tomo del brazo y vi que saco algo del bolsillo de su pantalón,
enseguida me apunto con esa especie de vara a la cabeza.
—Lo siento —lo escuché susurrar, lo observé con
sorpresa, y luego—: Obliviate.
Cerré los ojos apenas escuche que pronuncio esa
palabra tan extraña, y después de eso me desmaye.
—¡Te hechizaron!
—dijo mi padre muy enojado—. ¿Cómo se atrevió a hacerte eso Malfoy?
Oh, cielos, no debí recordar eso.
—De todas
maneras me hubiera enterado —dijo mi padre volviendo a leer mi mente. Sí, ya me
había olvidado de la sensación de que te lean la mente todo el tiempo. Y aunque
parezca raro, extrañe esa sensación.
—No, no fue así
—trate de defender la acción de Draco al hechizarme a toda mi familia que
esperaba mi respuesta—. Bueno, Draco si me hechizo, pero solo lo hizo para que
no descubriera su secreto. No fue tan malo —agregué.
—Oh, ¿y estás
bien, cariño? —me preguntó mi abuelita pasando su delgado y helado brazo por
mis hombros.
—Sí, abuelita,
estoy bien, no me paso nada, porque sus poderes son inmunes conmigo.
—¿Qué? ¿Cómo que
eres inmune? —preguntó mi tío Jasper, tan sorprendido como el resto de la
familia.
—No sé porque
soy inmune, pero estuve pensando que tal vez se deba a mi condición de híbrida.
—¡Eso es genial!
—exclamó tío Emmett, estaba feliz por mi inmunidad ante los poderes de Draco—.
Seguramente todos nosotros también somos inmunes a sus poderes. ¿Sabes algo de
eso, Carlisle? —le preguntó a mi abuelito.
—En realidad,
Emmett, yo nunca le pedí una demostración de su poder a Phineas, y mucho menos
que lo usara en mí —respondió serenamente mi abuelito.
Tío Emmett hizo
un gesto infantil. Sonreí, pero mi sonrisa se borró al notar aun la seriedad de
mi padre y de mi madre.
—Bueno —dije
llamando la atención de mi familia—, yo quisiera irme a dormir un rato, estoy
un poco cansada.
Y era cierto, me
había entrado muchas ganas de dormir.
—Claro, anda,
cariño —dijo mi tía Rose mientras me acariciaba el cabello.
Vi que los demás
integrantes de mi familia solo asentían.
—Renesmee en un
rato voy a subir a tu habitación —me avisó mamá.
—Está bien, mamá
—respondí, y luego a velocidad humana subí a mi habitación.
Cuando entre en
mi habitación, me di cuenta que todo estaba tal cual lo había dejado hace unas
semanas, cuando salí corriendo desesperada del encierro y prisionera del dolor.
Observe cada
detalle de mi habitación. Estas paredes estaban pintadas de un suave color
crema, un poco más amplia a mi habitación de Forks, pero definitivamente la
habitación que tenía en la casa de Draco era mucho más amplia que esta, pero
estaba pintada de rosa igual que mi habitación de mi antigua casa.
—Draco —susurré.
¿Cómo estarás ahora?, me pregunté mentalmente.
Suspiré.
Me tire en mi
cama y me envolví con las cobijas, pero cuando estaba a punto de cerrar mis
ojos, escuché la voz preocupada de mi padre en la sala.
—Jasper, ¿Nessie
aún sigue deprimida? —le preguntó mi padre a mi tío Jazz.
Mi padre no
menciono su nombre —cosa que mi lastimado corazón le agradeció
silenciosamente—, pero eso no evito que me acordará de él. Jake. Sentí tristeza
al no tenerlo a mi lado. Lo único que me quedaba de Jake, eran las fotos que
compartimos juntos y la pulsera que me había regalado en mi primera Navidad que
pase —antes de que los Vulturis vinieran con intensión de asesinarme—. Ahora
recién lo entiendo, esa pulsera significaba su compromiso hacia mí por ser su
impronta, un compromiso de estar juntos toda la eternidad, y se hubiera
cumplido si no se hubieran aparecido esos neófitos, esos malditos neófitos que
vinieron solo a destruir mis ilusiones de un futuro con mi lobito.
—Sigue
deprimida, Edward, pero ahora ya puedo controlarla, ya puedo darle paz. Parece
que haber estado unas semanas lejos le hizo bien —contestó el tío Jasper.
Ya no quise
seguir escuchando su conversación, así que cerré mis ojos. A los segundos
escuché que la puerta de mi habitación se abría y se cerraba. Luego sentí que
alguien se sentaba a un costado de mi cama y unos labios helados depositaba un
beso en mí frente.
Sin necesidad de
abrir los ojos supe quién era.
—Mamá —susurré.
—Hola, mi
pequeña. Me alegro de que hayas regresado, te extrañe tanto —dijo acariciándome
el rostro. En ese momento yo abrí mis ojos y me encontré con los hermosos ojos
dorados de mi madre.
Le sonreí y ella
me sonrió también.
—Yo también te
extrañe, mami —le respondí.
—Me voy a poner
celoso —escuché la voz de mi padre a mi lado, no me había percatado de que él
también estaba dentro de mi habitación. Pero,
¿cuándo entro?, me pregunté—. Acabo de llegar —respondió a la pregunta que
me hice mentalmente.
Papá se sentó al
otro lado de mi cama, beso mi frente igual que mamá y me dedico una de sus
sonrisas torcidas que tanto le gustan a mamá.
—También te
extrañe a ti, papá. Los extrañe a todos —admití.
—Me alegra que
ya estés mejor —dijo mi madre de repente. Yo asentí, ya sabía al tema que se
refería.
Sonreí
levemente.
—Sí, esa es una
buena noticia —papá estuvo de acuerdo.
Los tres nos
quedamos callados, pero no era un silencio incomodo, ese silencio para nosotros
era natural, a veces no había necesidad de hablar para demostrarnos que nos
queríamos, tan solo se sentía. Y estar así, los tres juntos me hacía recordar
cuando yo era más pequeña.
—Los dejaré
solos un momento —dijo mamá de pronto. Me dio un beso en la frente y salió de
mi habitación en un parpadeo de ojos.
Papá me volvió a
sonreír, me acarició el rostro y me abrazo, yo volví a cerrar mis ojos y me
acurruque en su pecho, y ese olor tan delicioso y característico de papá me
volvió hacer recordar cuando era pequeña y él venía a mi habitación, se
acostaba a un lado de mi cama, me envolvía en sus brazos y me leía un cuento
antes de dormir o simplemente me tarareaba algunas de sus melodías.
Y así lo hizo
otra vez, papá empezó a tararearme una melodía que compuso para mí, me acomodé
mejor en su pétreo pecho, que me resulto muy cómodo y sin darme cuenta me quede
dormida, escuchando el nana que tarareaba.
POV
Draco
Ya había pasado
dos días, dos días eternos desde que Nessie se había ido de mi casa, y no sabía
nada de ella. Y eso me preocupaba en sobre manera. Temía que no hubiera podido
llegar a su casa, o quizás volvió a escapar.
¡Maldición! Me
iba a volver loco al no saber nada de Nessie.
La extraño y la
necesito. La necesito tanto como nunca esperé extrañar a alguien —no eso es muy
poco aun—. La necesito tanto como el aire para respirar. ¿Estará bien? ¿Por qué
no se comunica conmigo? ¿Acaso tan pronto se habrá olvidado de mí?, me
preguntaba constantemente.
Estos dos días
sin verla he estado quedándome a trabajar hasta tarde para no pensar mucho en
ella, pero no ha dado resultado y más si a cada momento miraba ese dichoso
aparato muggle que llevaba conmigo —aunque en mi mundo este aparato no era
necesario, lo llevaba conmigo a todas partes con la esperanza de recibir una
llamada de ella—. Espera con ansias su llamada y poder escuchar su dulce voz
melodiosa. Pero hasta ahora no ha llamado. Y eso me ponía ansioso.
Respiré profundo,
tratando de tranquilizarme.
Aunque tal vez
sus padres la hayan castigado por quedarse tanto tiempo en mi mundo, y lo peor
de todo es que le hice caso de dejarla cerca al bar en vez de llevarla a su
casa y hablar seriamente con sus padres para que así no le pusieran ningún
castigo.
—Señor —la voz
de mi secretaria me saco de mis pensamientos.
—¿Qué pasa,
April? —le pregunté.
—Es la señorita
Greengrass —dijo April con rostro compungido—, está afuera e insiste en querer
pasar a verlo, señor Malfoy.
—No, April, dile
que no puedo atenderla ahora —le ordené a mi secretaria.
—Eso fue lo que
le dije, señor, pero la señorita insiste en que quiere…
April no pudo
terminar su frase porque la puerta se abrió de golpe y por ella entro Astoria,
empujando a mi secretaria.
—¡Draco!
—gritó—. Deberías cambiar de secretaria, como se atreve a impedirme el paso a
tu oficina. ¿Qué acaso no le has dicho que yo soy tu prometida?
April se puso
pálida al escuchar a la loca de Astoria decir que es mi «prometida».
—Yo no lo sabía,
señor Malfoy. Disculpe mi imprudencia —se excusó April temerosa de que la
despida.
—No importa,
April. Déjanos solos —April salió de mi oficina dejándome con la arpía de
Astoria.
La miré con el
ceño fruncido.
—Astoria, en
primera, yo no soy tu prometido, entiéndelo de una vez. Y en segunda, no puedes
pasar a mi oficina sin mi permiso, no vez que estoy trabajando.
¡Merlín! Esa
mujer me irritaba, en serio, no sé en que estuve pensando en cuando me metí con
ella.
—Oh, vamos,
Draco, amor —se acercó a mí melosamente y trato de abrazarme, pero yo fui más
rápido que ella y me zafe antes de que llegara a ponerme un solo dedo encima.
—Astoria, te lo
voy a decir amablemente, has el favor de irte de mi oficina porque estoy
trabajando.
—Pero…
De pronto mi
celular sonó interrumpiendo a Astoria —respiré aliviado, no me importa quién
sea el que llame, responderé solo para quitarme a esta maldita mujer de
encima—. Observé la pantalla, era un número desconocido. Al instante una luz de
esperanza me lleno por dentro, tal vez la que me llamaba fuera Nessie.
—Astoria,
podrías dejarme solo, es un asunto importante de las empresas en el mundo
muggle —le mentí.
Astoria se fue
enojada, dio un portazo al salir. No me importo. Presioné el botón verde para
contestar.
—Hola —dije.
—Draco —esa voz de soprano, me era muy
familiar.
—¿Nessie?
—respondí sin evitar que una sonrisa se me formara en los labios.
—Sí, soy yo, Draco. Siento no haberme podido
comunicar contigo el mismo día que llegue a mi casa, pero es que mi familia no
me dejo ni un minuto sola —la escuché reír.
—No te
preocupes, Nessie. Pero dime, ¿cómo estás? ¿Estás feliz de reencontrarte con tu
familia? —le pregunté.
—Estoy bien, y sí, estoy muy feliz de estar
nuevamente con mi familia, ya los extrañaba —esa respuesta me hizo sentir
como un cretino con ella por mantenerla separara de su familia cuando estaba en
Malfoy Manor.
—Me alegra que
estés bien —le dije sinceramente.
—¿Y cómo has estado tú, Draco? —me
preguntó.
Extrañándote
hasta el desespero.
—Bien, pero
extrañándote mucho, la casa se siente muy sola sin tu presencia.
—Espero poder irte a visitar pronto, yo
también te extraño mucho —«yo también te extraño mucho», escuché que
alguien repetía muy cerca de ella y luego soltaba una risa—, tío Emmett no
molestes —susurró, pero yo logré escucharla— o le diré a papá que me estás
molestando —lo amenazó, pero su tío volvió a reír—. Oh, lo siento tanto, Draco, pero es mi tío que le gusta escuchar
conversaciones ajenas, ya te había dicho que es muy infantil.
—Sí, no te preocupes, comprendo.
—Pero como te decía, mientras no pueda ir a
visitarte, podemos conversar mediante las redes sociales y mandarnos mensajes
por celular.
Le iba a
contestar, pero April entro a mi oficina sin llamar, aún estaba pálida.
—Señor Malfoy,
disculpe que lo interrumpa, pero el señor Jones lo está esperando —informó
April, me enojo que me interrumpiera, había esperado tanto esta llamada para
que al final tener que cortar. En estos momentos me daban ganas de mandar al
demonio a Jones, sin importarme los negocios que podríamos tener.
Maldije
internamente.
—Espérame un
momento a que corte la llamada, April —separé mi celular de mi oreja para que
Nessie no escuchara.
—Nessie, lo
siento, pero tengo que colgar, mi secretaria me ha avisado de mi cita con un
nuevo socio —le dije con pesar.
—Oh, no te preocupes, Draco, comprendo. Tal
vez en la noche te vuelva a llamar, o tú también puedes llamarme o mandarme un
mensaje del celular del cual te estoy hablando, ya que este es mi número, así
que puedes hablarme cuando quieras. Adiós —se despidió.
—Adiós, Nessie
—colgué.
Suspiré.
—April, has
pasar a Jones.
—Enseguida,
señor.
POV
Nahuel
Decidí dejar
pasar un par de días para ir a ver al clan Denali, ya que ese mismo día que
decidí ir a verlos me pareció muy apresurado y seguramente se me notaria lo
angustiado que estaba por saber el paradero de los Cullen.
Así que recién
hoy día me estoy dirigiendo hacia Alaska a la casa de los Denali. Ya me faltaba
solo dos kilómetros para llegar. Me apresuré y corrí lo más rápido que pude y
no pare hasta llegar a la puerta de su casa.
Apenas llegue,
toque la puerta, no pasaron ni dos segundos y la puerta se abrió dejando ver a
una hermosa mujer, no tan alta, rubia, de cabellos lacios, pálida y de ojos
dorados, señal de que su dieta se basaba en cazar animales en vez de humanos.
Era Kate.
—Hola… ¿Nahuel?
—dijo sorprendida de mi presencia.
Asentí.
—Sí, soy Nahuel.
Ella me observó
detenidamente.
—Hola, Kate,
¿puedo pasar? —le pregunté fingiendo amabilidad, y ella asintió aun
sorprendida.

siguela please
ResponderEliminarmaravilloso, me encanta
ResponderEliminarvaya, no puedo creer que Carlisle se haya conocido con Phineas Black, me super encanto
ResponderEliminarEL PRÉSTAMO URGENTE ESTÁ DISPONIBLE AHORA
ResponderEliminarHOY RECIBÍ LA CANTIDAD DE PRÉSTAMO DESEADA $760,000.00 DE UNA COMPAÑÍA DE PRÉSTAMOS CONFIABLE Y CONFIABLE LA SEMANA PASADA ¿NEGOCIO/HOGAR/EMPRESA/PROYECTO/PRÉSTAMO PERSONAL? AHORA SON ASEQUIBLES AQUÍ PARA USTED HOY CONTACTO Whatsapp +1(541)279-1406 Correo electrónico profdorothyinvestments@gmail.com
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